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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-03-2016

Hablemos de realismo socialcapitalista

Colectivo Todoazen
Rebelin


Del realismo socialista se ha hablado y habla mucho y mal, muy mal. Del realismo socialcapitalsista se habla poco o nada y si se habla casi nunca se habla mal. El realismo socialista, si nos asomamos a las pantallas de la Wikipedia -esa instancia que representa y refleja el sentido comn semntico del neoliberalismo- es definido como una corriente artstico-literaria cuyo propsito es expandir el conocimiento de los problemas sociales y las vivencias de las personas por medio del arte. Su caracterstica principal sera la exaltacin del hroe positivo y de la clase trabajadora comn al presentar su vida, trabajo y recreacin como algo admirable . Para sus crticos, que hoy son mayora en el mundo cultura el realismo socialista aparece como un rango estrecho, burdo y predecible de produccin intelectual y es considerado un no-arte, una mera herramienta de propaganda sin ningn valor esttico.

El realismo socialcapitalista lo podramos definir como aquella corriente esttica, inserta en la gran corriente cultural del humanismo, cuyo esencial objetivo es reflejar, producir y expandir el conocimiento de las ventajas del sistema capitalista mediante las herramientas propias de lo que conocemos como arte exaltando aquellas acciones, personajes o sucesos que legitimen y glorifiquen los valores que el capitalismo representa: individualismo, competitividad, ambicin, xito, pragmatismo, ganancia y libertad de contratacin. Una esttica mediante la cual el capitalismo impone lo que quiere que veamos y sintamos al codificar, enjuiciar y sentenciar tanto nuestros pensamientos, gustos y sentimientos como el marco de accin en que vivimos al modular y moldear las subjetividades individuales y colectivas.

El realismo socialcapitalismo acompaa al capitalismo a todo lo largo de su historia. A lo largo de la Edad Media las artes eran actividades integradas casi de manera total en la esfera de la religiosidad cristiana encontrando en iglesias y monasterios sus espacios de creacin y exposicin o consumo. A su lado apenas cobraban existencia artes y literaturas caballerescas a su vez sometidas a los valores morales del cristianismo. Como bien conocemos ser en el seno de las sociedades feudales donde tenga lugar el incipiente nacimiento de una burguesa urbana y mercantil que al transcurrir de los siglos va a dar a la aparicin del sistema capitalista bajo el que todava hoy se establecen nuestras vidas.



  En el camino desde las sociedades feudales a un mundo urbano y mercantil las artes tardar a n en perder su impronta religiosa y no ser hasta el asentamiento del emergente poder mercantil que las artes se reconfigura n como espejo de valores ms laicos y civiles. Llegue con recordar la pintura flamenc a que encuentra en la vivienda familiar o en los espacios de negocio su inspiracin y objetivos. En marcha hacia la toma del poder que la Revolucin Francesa va a representar, la nueva burguesa parece descubrir el gusto, el buen gusto, por lo til y cercano huyendo de las grandiosidades- Versalles, el Louvre, el Palacio de Oriente, El Hermitage,- propias de las Monarquas absolutas. Pero c onviene no olvidar que la salida histrica de las revoluciones burgueses se van a res o lve r en clave de Restauracin, de pacto implcito o expreso entre la obsoleta aristocracia y un nuevo poder burgus que va a encontrar en los viejos valores aristocrticos algunas claves estticas que le permitan presentarse ante si misma y ante el conjunto social- un conjunto en el que est emergiendo el proletariado como paradigma universal necesita n do ostentacin para confirmar su triunfo econmico, social y cultural . Es por entonces cuando nace lo que venimos llamando el realismo socialcapitalista con sus hroes individualistas, sus hazaas econmicas, sus vidas de santos (burgueses), su pica guerrera y sus f bulas de conquista.

S i echamos la vista atrs veremos con claridad ese paisaje esttico que la clase burguesa ha ido dibujando mediante la produccin, promocin y consumo de aquellos objetos artsticos que dan testimonio de su dominacin. Miramos lejos y nos encontramos el canto a la industriosidad burguesa en las pginas del Robinsn Crusoe . Miramos ms cerca y en la La Comedia Human a de Balzac comprobamos la epopeya de la clase comercial y financiera; la torre Eiffel nos avisa sobre sus logros tecnolgicos, las estatuas de Rodin certifican su alto entendimiento de la condicin humana, el canal de Suez los logros de su espritu de empresa, la msica de Wagner la altura de su ambicin. Pero q uiz su mayor conquista haya sido algo poco evidente y tangible: el control sobre concepto arte pues es la propia burguesa la que por mediacin de sus agentes culturales establece y jerarquiza aduanas, definiciones y fronteras artsticas.



Cierto que desde que las sociedades ms desarrolladas se transforman en sociedades de consumo de masas las relaciones entre el arte como distincin y el arte como entretenimiento ms prximas se han ido aflojando y las fronteras entre amb o s mundos se han ido difuminando. Y es ahora, cuando la visin del mundo propia de la clase burguesa eres lo que compras, eres lo que vendes- abandona las viejas legitimidades heredadas de las lites aristocrticas e ilustradas y sus valores artsticos se hacen ms evidentes: los nuevos hroes positivos del socialcapitalismo ya no necesitan contener contradic c iones humanistas: con adiestramiento militar y tecnologas punta de combate, Rambo o el Agente 00 7, son los nuevo s Cid del Capital; Disneylandia es el ver da dero Versalles de este mundo, Benid o rm el verdadero para so al alcance de todo los proletarios del mundo; los eventos deportivo s permiten renovar semanalmente la esperanza de que vamos a ganar, series de televisin co mo Los Soprano o B reaking bad legitiman que la rapia y el dao son meros accidentes en la construccin de la libertad individual mientras que primitivas o quinielas nos hacen soportable el tiempo de espera hasta la llegada final al paraso prometido : la jubilacin.

El realismo socialcapitalista es hoy la esttica que domina nuestras vidas, nuestros horizontes, nuestras miradas. Y sin embargo pocas veces somos conscientes de como esa tendencia artstica construye y conforma nuestro imaginar, nuestros desagrados y esperanzas, nuestros sentimientos e indiferencias . Seguimos menospreciando cualquier otra pretensin que quiera reclamrsele al arte. Tenemos tanto miedo de que nos tomen por defensores del realismo socialista que anatemizamos a est sin ni siquiera conocerlo. Y no hay peor ciego que el que no quiere mirar. A veces es necesario una mirada crecida en otra cosmo visin del mundo, ms all o ms ac del capitalismo, para dejar de ver la viga en el ojo nuestro. Dubravka Ugresic es una escritora nacida en la antigua Yugoslavia y sus libros se han traducido a ms de veinte lenguas. En su ensayo Gracias por no leer. La Fbrica Editorial, Madrid 2004 se puede leer esta afilada y certera reflexin: El realismo socialista era un arte optimista y jovial. En ningn lugar ha habido tanta fe en un futuro luminoso y en el triunfo definitivo del bien sobre el mal. En ningn lugar, salvo en la cultura de mercado(...) La literatura de mercado contempornea es realista, optimista, jovial, sexy, explcita e implcitamente didctica y concebida para las amplias masas lectoras. En este sentido, tambin modela y educa ideolgicamente a la clase trabajadora en el espritu de la victoria personal, la victoria de cierto bien sobre el mal. Es social-realista. Curiosa mirada la de una escritora que vivi bajo el peso del socialismo y que hoy vive la libertad que el capitalismo le ofrece. No se trata de nostalgia sino de hechos. No seramos honestos si no admitiramos que no todas las literaturas bajo el capitalismo responden a este porte ms cercano a las fantasas de salvacin que a la inteligencia. La propia resistencia al feliz relato del capitalismo ha dado lugar a otros relatos aunque sea del realismo socialcapitalista el que rentabiliza lecturas e imaginaciones. Existe una literatura crtica que cuestiona las ideologas que se edifican sobre concepciones de tradicin humanista que apoyan una visin individualista de la vida en sociedad. Y existe otra literatura y otro realismo, el realismo socialdemcrata de singular importancia por el lugar que ocupa en nuestra cultura literaria. Un realismo socialdemcrata que por un lado se siente heredero del entendimiento elitista del arte como actividad superior, mientras que por otro pretende reflejar la inevitable conflictividad que toda vida humana supone. El realismo socialdemcrata como esa corriente esttica al servicio de un entendimiento de la vida social como un espacio de contradiccin irresoluble entre el yo y los otros, entre el yo y sus circunstancias y en la que el hroe ya no se presenta como hroe positivo si no como actor escptico o atormentada vctima de un acontecer histrico frente al que solo cabe aceptar la inteligencia como adaptacin. Un realismo entre dos aguas, entre la dura realidad social y la ilusin ideolgica de que todo lo real es necesario y que no hay que por bien no venga. Un realismo socialdemcrata al servicio de unos valores, en los que se mezcla el cinismo con las buenas intenciones, propios de esas psicologas y subjetividades de clase media donde todo destino personal consiste en nadar y guardar la ropa y sobre el que en mejor ocasin habr que detenerse a fin de analizar sus perfiles con mayor atencin y ms espacio dada la relevancia y acogida que nuestras lites culturales le conceden.

Fuente: http://colectivotodoazen.blogspot.cl/


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