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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-03-2016

Caudillismos y cesarismos en la coyuntura latinoamericana y mexicana

Massimo Modonesi
Desinformmonos


La coyuntura latinoamericana se juega aparentemente alrededor de nombres y apellidos, del destino poltico y personal de un puado de individuos: Lula perseguido judicialmente por supuestos sobornos; Dilma amenazada de destitucin; Evo no podr re-elegirse despus de tres mandatos presidenciales; Cristina K derrotada desaparece del escenario; Mujica tiene ms de 80 aos; Maduro no alcanza a ser Chvez, pierde las elecciones parlamentarias y es amenazado de destitucin; Correa pierde consensos a diestra y siniestra y parece no poder ni querer re-elegirse; Daniel Ortega, cada da ms conservador y desptico, se apresta a buscar la re-eleccin. El progresismo latinoamericano est ligado al destino de unos hombres y mujeres providenciales en crecientes dificultades o cada da menos consistentes. Al haber abusado del caudillismo como recurso poltico estratgico, el progresismo tambalea desde la cspide y no se sostiene desde abajo.

A pesar de partir de principios que sostienen que la emancipacin de los trabajadores ser obra de ellos mismos, que hay que servir el pueblo o mandar obedeciendo, la historia de la izquierda est repleta de personalismos y de caudillismos, unos ms rescatables que otros, que ms all de la psicologa y la ambiciones de los lderes en cuestin- operaron y fungieron como eficaces catalizadores y mitos movilizadores o como instancias de mediacin y arbitraje al interior de movimientos de composicin social heterognea y diversidad ideolgica. En medio de la exaltacin de muchos ismos que acompaaron los nombres y apellidos de dirigentes, ya fueran de lucha y/o de gobierno, las mejores tradiciones del marxismo crtico no dejaron de preocuparse por los lmites y los vicios de este formato de la poltica tan difuso y recurrente, en particular en su versin nacional-popular, pero tambin socialista-revolucionaria. En efecto, por virtuoso que pretenda ser un liderazgo, le es consustancial una pendiente autoritaria, a la cual corresponde la delegacin, que restringe, cuando no obstruye, los canales de participacin desde abajo. Esto redunda en una tendencia radicalmente contraria a las finalidades educativas que deberan atravesar todo movimiento social y poltico de las clases subalternas; finalidades orientadas a la difusin y socializacin del conocimiento y la toma de decisiones, del ejercicio de la autonoma y la autodeterminacin como prcticas que adems de haber demostrado ser eficaces y de permitir acumulacin de experiencias, tienen un alcance prefigurativo, al delinear los contornos y las formas de relaciones sociales y polticas igualitarias.

Es lamentable que la disputa en curso a raz de la crisis de la hegemona progresista en Amrica Latina se juegue en trminos de la suerte que corran los dioses en turno cuando detrs de su investidura estuvieron luchas y movimientos antineoliberales extensos y prolongados, impulsados por aquellas clases subalternas que no slo hoy, sino desde el inicio de los gobiernos progresistas, aparecen en segundo plano. Como consecuencia, esas clases no muestran ser particularmente reactivas a la hora de defender a los hombres y mujeres que supuestamente encarnan sus intereses ya que pesa una dcada, o ms segn los casos, de desmovilizacin sostenida desde arriba, desde la rectora del Estado-Gobierno-Presidente, desde una concentracin de poder decisional que se mantuvo intacta a pesar de que los movimientos populares de los 90 y principios de los 2000 eran portadores de banderas participativas y de profundas y radicales crticas al liberaldemocratismo de la gobernabilidad, el presidencialismo y la partidocracia.

An ms lamentable es que la polarizacin en curso tienda a paralizar el ejercicio de la crtica y la autocrtica, ya sea bajo el formato de la autocensura o bajo la presin del chantaje que sentencia que todos aquellos izquierdistas que no se sumen disciplinadamente a la defensa de los hroes en apuros de las patrias latinoamericanas terminan siendo vendepatrias, cmplices o aliados de la alianza de derechas nacionales e imperiales restauradoras.

Este esquematismo no slo impide a los propios partidarios del progresismo cualquier margen de maniobra crtico que redundara en beneficio de su debilitado proyecto, sino que oculta cuestiones de fondo. En efecto, respecto de la cuestin de los caudillismos, al margen de las consideraciones anteriores, queda por explorar a profundidad la hiptesis cesarista, segn la cual desde Marx pasando por Gramsci- liderazgos de esta naturaleza suelen surgir para resolver empates catastrficos, situaciones en donde las clases subalternas se movilizan pero no estn en condicin de tomar el poder y las clases dominantes se debilitan y no pueden seguir ejerciendo plenamente el dominio. Desde esta perspectiva, las figuras carismticas encarnaran un punto de equilibrio, ms o menos progresivo o regresivo segn las circunstancias histricas y la correlacin de fuerzas, un nuevo equilibrio de clase en el cual se preservara lo esencial de las relaciones de dominacin, incorporando reformas y correctivos en el inters substancial de las clases dominantes pero respondiendo a demandas puntuales de las clases subalternas. Este esquema se realizara como revolucin pasiva, es decir, una ajuste hegemnico basado en la combinacin de transformaciones estructurales significativas y de procesos de pasivizacin, desmovilizacin o si se quiere, resubalternizacin de las clases populares.

Al margen de esta lectura especfica de la cuestin del caudillismo, el tema de la personalizacin de los proyectos progresistas y nacional-populares tal y como se presenta en el escenario de poca en nuestro sur no puede pasar inobservada en Mxico donde una propuesta similar, aunque actualmente situada en la oposicin, est indisolublemente asociada al nombre y la figura de Andrs Manuel Lpez Obrador.

http://desinformemonos.org.mx/caudillismos-y-cesarismos-en-la-coyuntura-latinoamericana-y-mexicana/


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