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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2016

Resea del libro "Burning Country": Dando voz a los pacifistas sirios olvidados por las narrativas occidentales sobre la guerra
Un pas en llamas

Joe Gill
Middle East Eye

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



Protesta para condenar la violencia de las fuerzas del Gobierno en el distrito de Jobar, Damasco, bajo control de la oposicin (3 de marzo de 2016 - AA)

[Presentacin del libro Burning Country: Syrians in Revolution and War, de Robin Yassin-Kassab y Leila al-Shami (Pluto Press 2016), en la Universidad de Sussex.]

El proyector de la sala de conferencias de la Universidad de Sussex iba mostrando algo que no tena mucho que ver con el tranquilo entorno acadmico: un grupo de asediados revolucionarios sirios, dirigidos por el exportero de ftbol convertido en icono rebelde Abdel Baset Sarrout, cantaban a su amada ciudad de Homs:

Oh, nacin de batallas, suficientes lgrimas derramaste ya

No ests triste, hacia el cielo voy con mi familia

Grito y lloro por los fallecidos

Juro por mi Dios y el vuestro que volveremos a ti

Respondedles, oh revolucionarios, y decidles

Que los habitantes de Homs son hroes, que esta es su tumba.

A diferencia de los hombres de Homs que aparecan en la pantalla detrs de l, al escritor sirio-escocs Yassin-Kassab se le vea desesperado respecto a la guerra en Siria. Pocas esperanzas tena en el alto el fuego acordado entre EE.UU. y Rusia que entraba en vigor esa misma noche. Meses de bombardeos rusos haban servido para ayudar al ejrcito sirio y a sus aliados de las milicias chies iranes a hacer retroceder a los rebeldes en los alrededores de Alepo y otros frentes.

Ante el repleto auditorio, el autor y escritor del Guardian explic que cuando viva en Siria antes de la revolucin no se haba involucrado en el activismo clandestino que despus surgira como movimiento por el cambio democrtico. Me qued al margen, dijo.

La coautora de Burning Country, Leila al-Shami, una bloguera anarquista siria, trabaj en Damasco con la valiente abogada por los derechos humanos Razan Zeitouneh, secuestrada en diciembre de 2013, posiblemente por algn seor local de la guerra y est desde entonces desaparecida. El libro est dedicado a ella. Zeitouneh era una de las activistas de los Comits de Coordinacin Local (CCL) de la revolucin, cuyo incansable trabajo en las zonas liberadas constituye para los autores la personificacin del milagro que el mundo no sabe ver en Siria.

Los CCL asumieron los servicios locales all donde el gobierno estaba ausente, organizaron la distribucin de alimentos y la educacin de los nios en stanos, incluso cuando caan las bombas del rgimen. En esencia, los CCL y los nuevos consejos democrticamente organizados constituan el embrin de una nueva forma de poltica y sociedad que se iniciaba tras dcadas de dictadura aun cuando las fuerzas de Asad trataran de aplastarlos.

El libro, adems de ser un relato no ortodoxo del conflicto desde el punto de vista de los activistas y los combatientes que tomaron parte en la revolucin, habla tambin de la confusin y reticencia de los progresistas de Occidente a comprometerse con la realidad de Siria. Lo que est sucediendo tiene una enorme importancia humana y cultural no slo para Siria y Oriente Medio sino para el mundo entero. En realidad vivimos una poca de revoluciones muy caticas, dice Yassin-Kassab.

Las sospechas de Occidente respecto a los islmicos de cualquier matiz ponen de manifiesto que la forma en que se percibe la revolucin siria les lleva a conclusiones potencialmente desastrosas sobre cmo debe ponerse fin a la guerra. Hay una gama inmensa de combatientes islmicos e islamistas, no estamos en absoluto de acuerdo con ellos, sin embargo estn ah. Algunos son extranjeros y criminales, pero otros son sirios y representan a un electorado, dijo Yassin-Kassab.

A finales de 2013 y desde luego en 2015, surgi un consenso en Occidente, por no hablar de los pases del Golfo y Turqua, de que ya no quedaban sobre el terreno fuerzas de oposicin honestas que pudieran tomar las riendas del pas cuando cayera Asad.

Las revoluciones rabes, como no se ajustan a la tradicional narrativa marxista o anticolonial de las luchas de liberacin y en el caso de Siria y Libia se las clasific diciendo que iban contra regmenes nominalmente antiimperialistas, han sido tambin incomprendidas o incluso descritas de forma obstinadamente errnea por los izquierdistas de Occidente, segn al-Shami y Yassin-Kassab. En realidad, como consecuencia de todo esto, no soy capaz de apreciar diferencias entre la izquierda y la derecha respecto a Siria. En los crculos izquierdistas de Occidente se ignora todo sobre el movimiento revolucionario sirio. Para eso hay que ir a las bases y ver lo que realmente piensa y siente la gente. Sin este enfoque de abajo a arriba, dice el autor, la gente de fuera est abierta a la primera narrativa propagandstica que se les presente.

El libro no pretende ser objetivo respecto a los acontecimientos en Siria. Estamos del lado de la revolucin democrtica y de los grupos de activistas auto-organizados que son revolucionarios, dice Yassin-Qassab, corrector habitual del Guardian y autor de la novela sobre la dispora rabe The Road to Damascus.

El gobierno de Asad y sus partidarios han mantenido siempre que la oposicin est integrada por todo un surtido de terroristas armados financiados por una conspiracin externa en la que estn implicados EE.UU., Arabia Saud, Turqua y Qatar. Desde luego que es verdad que todas esas potencias quieren que Asad se vaya. Pero Burning Country intenta demostrar que la narrativa de Asad es falsa.

El sectarismo y naturaleza poscolonial de Siria, una nacin forjada cuando en 1920 Francia y Gran Bretaa seccionaron Bilad al-Sham [la Gran Siria], ofrecen pistas de la mentalidad histrica que origin el rgimen de los Asad. El autor seala la creacin de un ejrcito de minoras como tctica del divide y vencers por parte de las autoridades coloniales francesas tras la I Guerra Mundial. Fue a partir de esa ingeniera sectaria cuando apareci por vez primera la posicin dominante de los anteriormente empobrecidos y marginados alaues, que llev finalmente al triunfo de Hafez al-Asad, un oficial que fue ascendiendo en la poltica poscolonial a travs de las filas de la fuerza area.

Debera recordarse que el liderazgo alau, del que los Asad formaban parte, tema la partida de los franceses en la dcada de 1940 porque les haban dado un nuevo rol que no queran perder. El temor a la mayora sunn ha sido uno de los hilos que han conformado el tejido del Estado baazista y puede ayudarnos a comprender lo ocurrido en Siria desde 2011.

Los primeros captulos del libro abordan la historia de Siria y el ascenso de los Asad y de las esperanzas de reformas en los primeros aos de la presidencia de Bashar al-Asad despus del 2000. Alejndose del socialismo de Estado de su padre, con sus subsidios a los alimentos y combustibles y expansin del sector estatal, dio paso a un flagrante capitalismo de compinches. Los apoyos sociales a los sirios pobres iban reducindose mientras los personajes del rgimen eran cada vez ms ricos. El primo de Asad, Rami Makhlouf, pas enseguida a controlar el 60% de la economa, explic Yassin-Kassab. Es bien sabido que Makhlouf tiene la propiedad de la red de telecomunicaciones privadas de Siria, SyriaTel, por un valor de 5.000 millones de dlares.

La gente haba sido tolerante con la situacin pero su seguridad vital estaba en peligro Asad era popular a nivel personal, el rgimen no. El contrato social entre los Asad y la poblacin fue tensndose hasta el lmite. Despus, un vendedor ambulante tunecino se prendi fuego y ese fuego se extendi por Egipto, Libia, Yemen y Siria.

La popularidad personal de Asad llev al principio a confiar en que el presidente respondera ante las protestas reformando el sistema e incluso apoyando las demandas de cambio. En un discurso muy esperado del 30 de marzo, Asad, en medio de muchas risitas nerviosas, trunc todas esas ilusiones describiendo las protestas como una conspiracin dirigida contra toda Siria, mientras sus seguidores gritaban su nombre.

El libro se sumerge en los emocionantes primeros das del movimiento de protesta. Por vez primera, miles de personas se sacudan el miedo y encontraban su voz en medio del reino del silencio de los Asad. Una vez liberada esa voz, fue imposible encerrar de nuevo la energa de los jvenes recin movilizados que no estaban vinculados con los tradicionales partidos polticos, en su mayora cooptados o exiliados en el extranjero.

La libertad es como un imn, atrae a la gente que lleva demasiado tiempo siendo silenciada, explica un testigo de las protestas masivas en Homs. Ahora disponamos de la posibilidad de gritar en la cara del represor, de sacar a la luz todas las identidades que tuvieron que esconderse ante un puo de hierro.

Cinco aos despus, se ha olvidado fcilmente algo que los testimonios personales incluidos en Burning Country dejan muy claro: en los primeros das de 2011, antes de que la narrativa sectaria y las tcticas de terror del rgimen arraigaran, se desat un movimiento no sectario a favor del cambio pacfico. El gobierno tema ms a este movimiento que a cualquier milicia o grupo terrorista.

A travs de diversos testimonios vamos entrando en la atormentada etapa de los manifestantes abatidos, de la primera de las masacres de los shabiha, de los cuerpos de los nios devueltos mutilados a sus familiares y de la inevitabilidad de la insurreccin armada, de la que muchos de los activistas no violentos sentan ya entonces que podra fracasar. Yassin-Kassab rechaza la idea de que quienes cogieron las armas tuvieran otra opcin. La brutal violencia de la represin neg cualquier otra posibilidad. La nica opcin era combatir o escapar.

Sin embargo, los activistas saban que una vez que la iniciativa estuviera en manos de las milicias armadas, el espritu inicial de la revolucin, democrtica y no sectaria, quedara eclipsado por la ideologa islamista apoyada por las potencias regionales. Y as sucedi.

Como en 2012 se produjeron matanzas en todas las sectas, las minoras alau y cristiana se aferraron al rgimen. Por qu la mayora de los alaues se pegaron a Asad? Los alaues son seres humanos como cualquier otro. Aparte de uno o dos psicpatas que disfrutaban con la violencia, estaban aterrados, deca el autor, y a travs de una serie de manipuladas masacres sectarias, se haban involucrado en los crmenes del rgimen y teman que les mataran.

Y aun as, los autores se oponen vehementemente a la idea, popular en Occidente, de que no quedan sirios que puedan legtimamente decir algo sobre el futuro de su pas. Que la guerra es simplemente un conflicto geopoltico por delegacin en la que hay implicadas varias potencias y fuerzas regionales aliadas de las milicias tnicas e islamistas locales.

Rechazan tambin el punto de vista dominante en Occidente sobre la izquierda y la derecha, de que hay que elegir entre Asad y Al-Nusra/Estado Islmico y que debemos tomar partido por uno u otro. De que el hombre vestido de traje, a pesar de tener sobre sus manos la sangre de innumerables compatriotas sirios, es la mejor y nica opcin.

Quiz una de las acusaciones ms condenatorias del libro sea la dirigida contra la cnica poltica presuntamente realista sobre Siria del presidente Obama, que apoy al Ejrcito Libre Sirio pero slo con el armamento necesario para mantener la lucha en marcha sin amenazar jams, en todo caso, con inclinar la balanza de forma decisiva. Tan pronto como los rebeldes consiguieron avanzar, las armas se agotaron, escriben los autores. Cuando las fuerzas de Asad avanzaron, de nuevo hubo armas disponibles. Este giro en la guerra pareca irle bien a Washington aunque Siria se convirtiera en un montn de escombros. Desde la operacin de conmocin y pavor de Bush en Iraq, llegamos a la guerra de adelante y atrs de Obama en Siria, con su enfoque en el Estado Islmico mientras ignora el papel del rgimen en la creacin de las condiciones para que florezcan los militantes extremistas.

EE.UU. quera quitar al mascarn de proa aunque conservando el rgimen y al hacerlo as evitar el desastre de Iraq causado por el desmantelamiento del Estado provocado por el secretario de defensa de Bush, Donald Rumsfeld. Y sin embargo, al rechazar la doctrina de Bush y empujar a sus aliados moderados carentes de armas en brazos de Nusra y Ahrar al-Sham, la doctrina de Obama ayud a crear un escenario de pesadilla con la entrada del Estado Islmico a travs de Iraq.

Por supuesto, nadie puede pretender que las opciones de Occidente eran fciles. Los llamamientos de los activistas y de los saudes para que se proporcionara a los rebeldes armamento antiareo tienen sentido cuando te encuentras bajo las bombas de barril, hasta que recuerdas lo que sucedi con el equipamiento estadounidense en Iraq en 2014, e imaginas al EI dirigiendo esos misiles contra la aviacin civil (hay firmes pruebas que sugieren que fue esto lo que sucedi en 1996, cuando un misil tierra-aire estadounidense entregado a los combatientes bosnios vinculados con al-Qaida alcanz al avin TWA 800 en el estado de Nueva York).

En su conclusin, los autores se desesperan ante la visin del mundo procedente de la era bipolar de la Guerra Fra, en funcin de la cual el rgimen de Asad es parte del campo de la resistencia ante la hegemona de EE.UU. junto con sus aliados Rusia e Irn. Segn esa lectura, el Estado sirio (y no el pueblo sirio) es el indefenso.

Sealan que la narrativa de la resistencia utilizada por el rgimen, con bases militares fuera de cada ciudad supuestamente para defenderse contra la agresin israel hasta que durante la guerra contrarrevolucionaria se ha ido revelando su verdadera funcin. En contraposicin a su acogida a los palestinos y apoyo a Hizbollah en sus batallas con Israel, aparece la alianza del rgimen con las fuerzas cristianas de derechas durante la guerra civil del Lbano y la masacre de palestinos en Tel Zaatar en 1976, as como su cooperacin con Occidente durante la guerra contra el terror.

Los autores mantienen el optimismo en que, a pesar de los reveses y horrores, los activistas exiliados tienen an coraje para reanudar su revolucin democrtica. Hay razones para confiar en que cuando las bombas dejen finalmente de caer, cuando los controles del rgimen y del EI ya no amenacen ms con la muerte, el pueblo sirio regresar y har or de nuevo su voz por un futuro mejor.

Slo cabe esperar que as sea.


Joe Gill ha vivido y trabajado como periodista en Omn, Londres, Venezuela y EE.UU. en peridicos como el Financial Times, Brand Republic, Morning Star and Caracas Daily Journal. Tiene un mster en Economa Mundial por la London School of Economics. Es subeditor jefe del Middle East Eye.

Fuente: http://www.middleeasteye.net/in-depth/reviews/review-burning-country-287752950

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin como fuente de la traduccin.



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