Portada :: Colombia :: Dilogos de paz 2012-2015
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-03-2016

Por qu se posterg la firma de la paz?

Juan Fernando Londoo
Razn Pblica


Aunque hace mucho dao y aunque muchos lo critiquen, tanto el gobierno como la guerrilla tienen razones serias para no concluir con tanta prisa una negociacin que ha estado tan marcada por la falta de confianza entre las partes.

A quin conviene?

No hay que engaarse: los principales ganadores con el aplazamiento de la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y las FARC - que estaba programado para el prximo 23 de marzo- son los opositores al proceso. Cuanto ms larga sea la negociacin, ms razones habr para el escepticismo, ms oportunidades para los errores de las partes y ms argumentos para desgastar al gobierno.

El presidente Santos tiene la razn: es mejor retrasar la firma que sellar un mal acuerdo, especialmente si este debe ser refrendado en las urnas. Posponer la culminacin del proceso es sin duda la actitud ms responsable; pero esta decisin alimentar el escepticismo de muchos ciudadanos sobre la voluntad de paz de la guerrilla y sobre la bondad de las negociaciones.

Ambas partes intentan obtener en la mesa lo que creen que ganaron en el campo de batalla.

Un 66 por ciento de la opinin pblica ve con pesimismo la posibilidad de que los dilogos con las FARC lleven a un acuerdo y a que la guerrilla se desmovilice. En este escenario es muy fcil difundir la idea de que aplazar la firma es una prueba elocuente sobre la falta de voluntad de la guerrilla y sobre la gran debilidad del gobierno.

Pero debe aclararse que ese 66 por ciento no se refiere a los opositores decididos del proceso, porque aqu se incluyen tanto quienes no quieren que la negociacin se lleve a cabo como aquellos que expresan dudas o temores sobre sus alcances o sus resultados. Catalogar a estos dos grupos como enemigos de la paz contribuye a la causa de los sectores ms radicales e interesados en el fracaso del proceso de La Habana.

Por qu, entonces, no se ha podido culminar la negociacin? Qu implica este nuevo aplazamiento? Para entender mejor la coyuntura y sus implicaciones, en lo que sigue esbozar algunas hiptesis.

Negociar en tablas

Poner punto final a 50 aos de guerra no es tarea fcil. Las guerras dejan demasiadas cicatrices en el alma de los pueblos, demasiadas fracturas en el tejido social, demasiadas verdades sumergidas y demasiados intereses en conflicto.

Adems, en el caso colombiano, la negociacin no fue la va preferida por las partes, sino el resultado de una valoracin tanto del gobierno como de las FARC sobre la inutilidad de continuar las acciones armadas para lograr la derrota final del adversario.

Pese a que las FARC nunca han tenido una opcin clara de toma del poder, s han aspirado a conseguir la mejor correlacin de fuerzas posible para obtener ventajas en la mesa de negociaciones (como intentaron hacer en el proceso del Cagun con su agenda de refundacin del Estado). Pero la guerrilla vio debilitarse su poder militar y su influencia poltica como consecuencia de la arremetida de la seguridad democrtica. Por eso, sentarse a la mesa gracias a la oferta del presidente Santos no solo representaba una salida digna para quienes carecan de futuro militar, sino que ofreca la oportunidad de recuperar la legitimidad poltica minada por los propios errores, por el adecuado despliegue de la propaganda del Estado y por el cambio en el panorama poltico internacional.

Por su parte el Estado y las lites ms pragmticas reconocieron que continuar la guerra era un esfuerzo tan intil como desgastante. No solo las ganancias de la confrontacin militar resultan cada vez ms costosas (es decir, se requiere hacer cada vez ms esfuerzos para obtener avances marginales), sino que el desgaste institucional y la baja capacidad de convocatoria a los colombianos para una guerra intil hacen mucho ms rentable una negociacin para terminar el enfrentamiento.

Pero esta falta de claridad en la correlacin de fuerzas ha hecho que los avances de los dilogos en La Habana se hagan entre ambigedades e incertidumbres, pues ambas partes intentan obtener en la mesa lo que creen que ganaron en el campo de batalla. El gobierno lo hace por el supuesto arrinconamiento de la guerrilla, y las FARC por su teora del fracaso militar del Estado.

Para resolver esta situacin los negociadores idearon un modelo donde el gobierno aceptaba hacer concesiones en temas que, de todas maneras, eran tareas postergadas del Estado y las ofreca como oferta poltica para una salida digna a quienes no consiguieron nada con su guerra de cinco dcadas. A cambio de ello, la guerrilla pactara abandonar la guerra y someterse a un sistema de justicia que sirva tanto para darle la cara a la sociedad como para brindarle seguridad jurdica en el futuro.

Pero como la guerra no produjo una victoria clara para ninguna de las partes, la guerrilla no tiene confianza en que las promesas se cumplan y exige como mnimo que el mecanismo de justicia transicional no se convierta en otra forma del sometimiento que el Estado no consigui en el campo de batalla.

De all que los puntos que tienen que ver con la renuncia efectiva de la guerrilla al ejercicio de las armas sean los ms complicados pues, desde su punto de vista, sin armas no hay garanta de que el Estado cumpla su palabra e implemente los acuerdos. La experiencia internacional y las experiencias nacionales previas tambin sirven para alimentar este escepticismo de las FARC.

Los difciles temas pendientes

Si se analizan los temores de las FARC se entienden mejor la complejidad y la magnitud de los temas pendientes en La Habana. A diferencia de los puntos de la agenda que ya han sido negociados (desarrollo rural, participacin poltica y lucha contra el narcotrfico) -que involucran polticas pblicas y cuyo cumplimiento o resultados son difciles de controlar- los puntos pendientes afectan la vida y el futuro personal y colectivo de los alzados en armas.

Y no son pocas las preocupaciones de la guerrilla, que es la que tiene que dejar las armas:

-El diseo del sistema de justicia transicional fue tan demorado y engorroso porque entre menos detalles se dejaran para un desarrollo posterior haba menos opciones de trastocar los acuerdos.

-Del mismo modo, el desarme, la desmovilizacin y la reintegracin son temas complejos porque, si bien en el pasado se adoptaron procesos basados en los individuos, ahora se busca un modelo colectivo donde los miembros de la organizacin se reintegren a las sociedades perifricas en lugar de migrar a la vida laboral en las capitales.

-Finalmente, y sobre todo, est la pregunta por el mecanismo que ofrece el Estado para garantizar la seriedad de su oferta, as como su cumplimiento.

Si a estas incertidumbres se suma la zozobra que despierta un ambiente poltico exacerbado por las tensiones que la misma negociacin ha producido en la sociedad, se entiende mejor la insistencia de las FARC en buscar un mecanismo de cierre que ofrezca la seguridad jurdica real de que los acuerdos sern respetados.

Con el reloj en contra

Lamentablemente, la fase final de los acuerdos ha coincidido con la reduccin del margen de maniobra del gobierno por el deterioro de la situacin econmica y por la misma falta de resultados de la negociacin de paz.

El gobierno sabe que el tiempo juega en su contra, pero las FARC no se resignan a no conseguir el galardn mximo del cierre del conflicto: la asamblea constituyente.

Para el pas es fundamental cerrar la negociacin pronto para evitar que la campaa de 2018 empiece a intoxicarse con los dilogos de paz. Esto, sin embargo, parece inevitable, pues las prximas elecciones presidenciales se debatirn entre quienes se comprometan con el cumplimiento de los acuerdos y quienes ofrezcan desconocerlos en distintos grados. En cualquier caso, no ser sano que las FARC sean de nuevo las protagonistas del proceso electoral, como ha sucedido en nuestra historia reciente.

La paz, aunque postergada, parece cada vez ms cercana e inexorable, pero su cercana hace ms evidentes las tensiones que existen sobre las garantas que tendrn las partes una vez el acuerdo est firmado. Pero no es igual la incertidumbre de quienes conservaran las armas en ejercicio del monopolio legal de estas que la preocupacin de quienes las dejarn y se enfrentarn a un mundo, no solo desconocido sino amenazante.

 

Juan Fernando Londoo, Comunicador social de la Universidad de la Sabana, mster en Ciencia Poltica de la Universidad de los Andes y en Relaciones Internacionales en la Universidad Johns Hopkins, ex viceministro del interior, director del Centro de Anlisis y Asuntos Pblicos.

Fuente original: http://www.razonpublica.com/index.php/conflicto-drogas-y-paz-temas-30/9302-por-que-se-postergo-la-firma-de-la-paz?utm_source=MadMimi&utm_medium=email&utm_content=%C2%BFPor+qu%C3%A9+se+posterg%C3%B3+la+firma+de+la+paz%3F&utm_campaign=20160314_m130238892_%C2%BFPor+qu%C3%A9+se+posterg%C3%B3+la+firma+de+la+paz%3F&utm_term=Juan+Fernando+Londo_C3_B1o


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