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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-03-2016

Extracto del libro "La Palestine des ONG"
"La Palestina de las ONG", entre la resistencia y la colaboracin

Julien Salingue
Contretemps

Traducido del francs para Rebelin por Caty R.


Introduccin  

Resistir o colaborar. Estos parecen, a primera vista, los trminos de la alternativa impuesta a la poblacin de los territorios palestinos ocupados. Los palestinos se dividiran as en dos bandos definidos por sus relaciones con la potencia ocupante y por su participacin -o no- en la lucha de liberacin nacional.

La historia de Hicham al-Rakh, oficial de las fuerzas de seguridad palestinas, invita a relativizar esa divisin e incluso a volver a cuestionarla. Este joven, a quien conoc en 2008 durante mi trabajo de tesis, formaba parte entonces de los cuadros locales de la seguridad preventiva, uno de los mltiples servicios palestinos de seguridad cuyas atribuciones estn prximas a las de una polica poltica. En palabras de uno de sus dirigentes la seguridad preventiva se encarga de la vigilancia de los partidos polticos, de las organizaciones y de la poblacin palestina con el fin de que el Gobierno pueda gobernar (1). Hicham era responsable de la vigilancia de Hams en la zona (ciudad, campo de refugiados y pueblos) y unos meses antes se haba distinguido por interponerse entre un comando palestino armado y un oficial israel que se haba extraviado en Jenn impidiendo que este ltimo fuese secuestrado y devolvindolo sano y salvo a las autoridades israeles. Cuando me enter de este episodio dese conocerle. El contraste entre su actitud y la de los grupos que en aquel momento retenan a Gilad Shalit en Gaza me pareci revelador de dos posturas entonces irreconciliables: resistir o colaborar.

Mientras Hicham me narraba su infancia y su adolescencia, su condicin de refugiado, los enfrentamientos, los lanzamientos de piedras en la Primera Intifada, las detenciones, los amigos cados bajo las balas del ejrcito de ocupacin, la destruccin de su casa durante la invasin del campo de Jenn en abril de 2002, me preguntaba cmo era posible que finalmente eligiera unirse a las filas de un servicio que no oculta su cooperacin diaria con las fuerzas de ocupacin. Segn confiensan sus propios responsables la seguridad preventiva, en efecto, est en contacto permanente con los que denominan sus homlogos israeles para intercambio de informacin y ficheros, para operaciones conjuntas, coordinacin durante las incursiones militares, etc. Por lo tanto, desde el punto de vista estructural, este servicio est en una lgica de colaboracin abierta y no es casualidad que sus dirigentes histricos Mohammad Dahlan y Jibril Rajoub sean conocidos en los territorios palestinos como excelentes contactos con el ejrcito israel segn sus partidarios- mientras sus adversarios no dudan en calificarlos de traidores, vendidos o colaboracionistas.

Inevitablemente la conversacin con Hicham se orient hacia sus funciones en la seguridad preventiva y sin pudor me explic en qu consista su trabajo:

Estamos ah para vigilar a todos los que se oponen a la construccin de la Autoridad Palestina y del Estado palestino, a todos los que obstaculizan el proceso de paz. Para vigilarlos y tambin para combatirlos si es necesario. Mi trabajo es reunir el mximo de informacin sobre Hams, sobre sus miembros, sobre las asociaciones vinculadas Hemos investigado a lo largo de los aos y hemos elaborado expedientes de cada miembro y cada asociacin de Hams. Qu hacen?, tienen armas?, de dnde viene su dinero?, cmo lo emplean? Yo puedo decrtelo: en Jenn Hams est controlado. Despus de lo que ocurri en Gaza (2) lanzamos una gran operacin contra l exigiendo que depusiera las armas. En un ao detuvimos a varios centenares de miembros de Hams, aqu en Jenn, pero los soltbamos rpidamente cuando aceptaban darnos sus armas y se comprometan a no adquirir otras. Por lo tanto puedo decirte que estn controlados.

Y aadi con respecto a sus homlogos israeles: por supuesto tenemos conexiones con ellos, tratamos de coordinarnos. Les interesa que hagamos nuestro trabajo. Por otra parte, precisa relatndome la historia del oficial israel perdido y salvado gracias a su intervencin, las autoridades israeles me agradecieron el gesto y se comprometieron a no volver a detenerme.

Entonces me sent obligado a plantear la cuestin que me obsesionaba: Hace 20 aos lanzabas piedras a los soldados, ahora proteges a un oficial israel Cmo explicas esta evolucin? Recuerdo con precisin el silencio que sigui y las dudas, incluso los miedos que me asaltaron, al sealar las contradicciones obvias de su trayectoria no estaba simplemente acusndole, apenas veladamente, de haber cambiado de chaqueta y haberse pasado al bando del ocupante? Pero Hicham estall en una gran carcajada y me explic que era una pregunta extraa, la respuesta era evidente: Quiero la paz para mi pueblo. Quiero hacer la paz con Israel. Lanc piedras, como todos los jvenes de mi generacin, para que las tropas de la ocupacin se fuesen y nos dejasen tranquilos. En la actualidad cuando los palestinos lanzan piedras a los israeles la respuesta es terrible. Ahora son mucho ms fuertes con sus aviones y sus tanques. Atacarlos solo nos causar todava ms problemas. Aqu destruyeron el campo en 2002. Mataron a decenas de personas. Eso tiene que acabar. Por lo tanto hay que impedir que hagan lo que quieren, lo primero disparar. Para conseguir la paz es necesario que reinen la ley y el orden. Hacer que se respeten las leyes, ese es mi trabajo. Y continuar hacindolo aunque a algunos no les guste. De esta forma contribuyo a la construccin de la Autoridad Palestina y el Estado palestino.

Al leer esas lneas podra surgir la tentacin de pensar que Hicham reconstruy, a posteriori, una coherencia en una trayectoria catica y contradictoria, en otras palabras, que renunci a la lucha por la liberacin nacional y se aline con el bando colaboracionista. Pero no era eso. Su respuesta fue totalmente sincera y en el curso de los meses que siguieron a esta entrevista o a varias decenas de militantes de su generacin emplear ms o menos los mismos trminos. Son los chicos de la intifada de 1987, los jvenes militantes que arriesgaron sus vidas lanzando piedras a las tropas de la ocupacin y sufrieron cotidianamente las crceles israeles quienes consideraron que los acuerdos de Oslo (1993-1994) fueron su victoria y a continuacin se unieron a las filas de la Autoridad Palestina, a menudo en las fuerzas de seguridad. Sueldo, reconocimiento social, lealtad al viejo (Yasser Arafat), orgullo de construir el futuro Estado palestino y por lo tanto la independencia: muchas motivaciones que les convencieron para renunciar al enfrentamiento directo con el ocupante y dedicarse a la construccin del aparato del Estado. En palabras de un colega de Hicham la continuidad entre sus actividades anteriores y posteriores a Oslo se resume en una palabra: la dignidad. Dignidad en primer lugar levantndose contra las fuerzas de ocupacin y dando a conocer al mundo la suerte de los habitantes de Cisjordania y Gaza. Dignidad, despus, demostrando que los palestinos merecen un Estado, que son aptos para autogobernarse, incluyendo en especial el mantenimiento del orden en las zonas evacuadas por el ejrcito israel. Dignidad, finalmente, negndose a responder a la violencia con violencia y continuando con la defensa de un ideal de paz y coexistencia a pesar de la permanencia de la ocupacin israel.

Aunque en otros escritos califiqu a la Autoridad Palestina de pseudoaparato de Estado integrado en el dispositivo de la administracin colonial (3) nunca logr considerar a Hicham, individualmente, un colaboracionista, pero no era el caso de todo el mundo en Jenn, Hicham al-Rakh fue asesinado por un comando palestino armado el 5 de septiembre de 2012.

Resistir y colaborar en los territorios palestinos

Casi 50 aos de ocupacin militar han generado, sin sorpresa, movimientos de resistencia y movimientos de colaboracin entre la poblacin palestina. Como todas las poblaciones sometidas a ocupacin extranjera los franceses tienen motivos para saberlo bien- los palestinos de Cisjordania y Gaza nunca han sido un todo homogneo en sus relaciones con la potencia ocupante. Atravesada de contradicciones, al contrario de la imagen tpica conducida por algunos crculos dirigentes del movimiento nacional palestino o por ciertos sectores del movimiento de solidaridad, la sociedad palestina no es una colectividad unnimemente resistente dentro de la cual todas las personas estaran dispuestas a renunciar a cualquier comodidad cotidiana en nombre de la lucha por una futura liberacin. Y aunque esa voluntad de ganancias materiales y simblicas no implica necesariamente una colaboracin directa con el ocupante, s constituye la base sobre la cual puede construirse el edificio de la colaboracin.

Como todas las potencias coloniales/ocupantes el Estado de Israel ha intentado construir una extensa red de colaboradores entre la poblacin autctona, no solo para recabar informacin til para combatir a los movimientos de resistencia, sino tambin para facilitar la administracin cotidiana de los territorios ocupados. Mi intencin aqu no es describir o analizar en profundidad esos mecanismos de control, sino sealar esta evidencia muy a menudo olvidada: la vida de un pueblo bajo ocupacin no se resume en la resistencia a la ocupacin, sino que se organiza en torno a una relacin compleja y dialctica entre la lucha por la liberacin y la consecucin de espacios dentro del dispositivo de la ocupacin. La resistencia no es una meta en s, sino un medio para liberarse de la opresin y de la represin. Y cuando este objetivo parece muy lejano, o incluso inalcanzable, muchas personas tienden a acomodarse en la ocupacin y a mejorar su da a da renunciando al enfrentamiento directo con la potencia ocupante.

Entre la resistencia inflexible y la colaboracin asumida existe una amplia zona gris, una gran variedad de actitudes imposibles de clasificar de forma simplista y definitiva, con mayor motivo en la medida en que dependen ampliamente de las modificaciones de las relaciones de fuerza entre Israel y el movimiento nacional palestino y en ese sentido sometidas a variaciones permanentes. Entre la minora de activistas polticos intransigentes y la minora de colaboradores directos una mayora de palestinos se mueve en un espacio que sirve voluntariamente o no- de fuerza de apoyo a una de las minoras que compiten en funcin de la evolucin de mltiples factores, ya se trate de la situacin econmica en los territorios ocupados, de las estrategias del movimiento nacional y de la potencia ocupante, de los procesos de renovacin generacional o de las evoluciones de las relaciones de fuerza internacionales.

La excepcional duracin de la ocupacin israel ha reorganizado ampliamente a la sociedad palestina y las dinmicas que la atraviesan, por lo tanto solo podemos tomarlas en la medida en que se producen dentro del contexto de la ocupacin. Pero eso no significa que haya que observar el conjunto de las acciones palestinas nicamente a travs del prisma de la lucha de liberacin nacional. Existe, en efecto, una tendencia a la hiperpolitizacin de la lectura de las realidades palestinas que consiste en juzgarlas y clasificarlas- solo en la medida de su inscripcin (o no inscripcin) en el bando del combate poltico contra la ocupacin. Esa lectura no solo es rgida en cuanto que tiende a ignorar las subjetividades y los cambios de contexto proponiendo definiciones (ilusoriamente) objetivas de la colaboracin y de la resistencia, sino que adems es errnea porque da un sentido equivocado a los comportamientos de un grupo nacional en el cual, como en todas partes, las relaciones sociales son complejas y no pueden resumirse en una sola forma de interaccin. En otras palabras, sino nada puede explicarse sin la ocupacin, tampoco puede explicarse todo por ella.

Conoc un ejemplo impactante de esa hiperpolitizacin en mayo de 2015 cuando moderaba un debate tras la proyeccin de una serie de cortometrajes en el marco de un festival de cine palestino organizado en Pars. Para algunos espectadores era difcil admitir que varias de aquellas pelculas no se fijasen el objetivo de denunciar la ocupacin sino que se limitasen a contar historias de las que la ocupacin pareca ausente. Llegaron incluso a acusar a algunos realizadores (llegados de Gaza) de dar una visin deformada, embellecida e incluso ingenua de las realidades palestinas haciendo el juego al ocupante israel. Ms all de la torpeza y a veces el paternalismo de este tipo de expresiones, esas afirmaciones son el ejemplo de la tendencia a considerar que la sociedad palestina se reduce a su condicin de sociedad bajo ocupacin extranjera y que el conjunto de sus actividades, incluidas las culturales, deben tomarse nicamente desde el punto de vista de su utilidad inmediata en el combate por la liberacin.

Obviamente este ejemplo no agota por s mismo la tendencia a una lectura binaria de la realidad palestina, pero ilustra los puntos ciegos: en Cisjordania y en Gaza se puede estar o actuar contra la ocupacin, al servicio de la ocupacin y tambin a pesar de la ocupacin, tres actitudes que no pueden definirse solo con criterios objetivos (su sitio en el dispositivo de la administracin colonial), sino tambin por su relacin dinmica con proceso de emancipacin nacional. As vemos, por ejemplo, a palestinos que a partir de 1967 aceptaron un salario por ejercer funciones diversas como profesores, personal sanitario o agentes de polica en instituciones dirigidas por la potencia colonial. La motivacin principal de unos y otros era aceptar trabajar para el ocupante o al contrario estar al servicio de la poblacin palestina, mantener una apariencia de vnculo social o incluso preparar a las generaciones futuras para la lucha? Sirvieron objetivamente a la causa palestina u objetivamente sirvieron a la ocupacin israel? Y qu pasa con los trabajadores palestinos que todava hoy trabajan en las zonas industriales de las colonias de Cisjordania o los que trabajan en la construccin en empresas israeles y reciben un sueldo por construir las colonias? Se les puede calificar de colaboracionistas por vivir de la ocupacin? O son simples asalariados que por necesidad no tienen ms remedio que aceptar el trabajo de las empresas israeles? Todos entendern que es imposible dar una respuesta unilateral a estas preguntas y no es ninguna sorpresa comprender que en funcin de la intensidad de la lucha y de la violencia de la represin los posicionamientos con respecto a comportamientos idnticos han ido variando por parte de los habitantes de los territorios ocupados.

As, aunque los abogados palestinos hicieron huelgas masivas rechazando reconocer la legitimidad de las instituciones judiciales israeles y la legislacin militar vigente en los territorios ocupados, no ha pasado lo mismo entre los agentes de polica o los maestros, que no convocaron huelgas polticas de amplitud ms que a partir de la Primera Intifada (diciembre de 1987). Es lo mismo con respecto a los impuestos exigidos por la potencia ocupante a partir de 1967: aunque nunca hubo un consentimiento real por parte de la poblacin palestina y a menudo se ha pagado de forma aleatoria, el rechazo colectivo a pagar el impuesto, como fue por ejemplo el caso en 1988-1989 en el pueblo de Beit Sahour, prximo a Beln, representa la excepcin y no la regla. Otro ejemplo fue la abstencin en las elecciones municipales organizadas por Israel en los territorios ocupados, cuando en 1972 la Organizacin para la Liberacin de Palestina (OLP) llam a un boicot generalizado de las elecciones que segn ella conferiran una legitimidad a la ocupacin y cuatro aos despus la OLP apoy a los candidatos nacionalistas, que ganaron dos tercios de los municipios (parte de ellos fueron destituidos y algunos incluso expulsados por las autoridades israeles).

As pues la zona gris mencionada arriba es vasta y mvil. Y nicamente un estudio minucioso de las condiciones concretas en las que se desarrolla una prctica o una actividad permite situarla en las dinmicas ms generales que atraviesan la sociedad palestina y en sus complejas relaciones con el dispositivo global de la ocupacin. El dispositivo se entiende aqu en el sentido foucaltiano del trmino, es decir, como un un conjunto decididamente heterogneo que comprende discursos, instituciones, instalaciones arquitectnicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados cientficos, proposiciones filosficas, morales, filantrpicas. En resumen, los elementos del dispositivo pertenecen tanto a lo dicho como a lo no dicho (4), dentro del cual una misma accin puede tener, segn los contextos y segn la escala de temporalidad elegida, resultados muy diferentes e incluso contradictorios. En otras palabras, salvo que se escoja deliberadamente la opcin de focalizarse en comportamientos individuales o colectivos minoritarios (resistencia intransigente y colaboracin directa) y por lo tanto se limite estrechamente el anlisis, es imposible comprender la complejidad de las relaciones palestinas si intentamos voluntariamente o no- encerrarlas en la alternativa binaria resistencia/colaboracin.

La Palestina de Oslo

Esta constatacin es ms autntica desde 1993-1994 y la entrada en el proceso de Oslo, que tuvo como principal consecuencia la constitucin de una administracin palestina en los territorios ocupados encargada (tericamente) de la gestin de la poblacin palestina y prometa (ilusoriamente) ser el primer jaln de un futuro Estado. El establecimiento de esa administracin, la Autoridad Palestina (AP, su verdadero nombre Autoridad de Autogobierno Provisional), modific as el dispositivo de la ocupacin y por lo tanto las relaciones entre las poblaciones de Gaza y Cisjordania y las autoridades israeles. Hay que sealar que hablar de modificacin no implica ninguna apreciacin y ningn juicio en cuanto a los hipotticos efectos positivos y/o negativos del establecimiento de la AP y ms generalmente en cuanto a las consecuencias concretas que el proceso de Oslo tiene desde el punto de vista de los intereses nacionales de los palestinos. Tendremos ocasin de volver ms ampliamente sobre estas cuestiones en el libro y aqu me conformo con sealar un punto esencial: en la medida en que la ocupacin contina a pesar del desarrollo de una administracin autctona, y teniendo en cuenta el hecho de que esta ltima est en una relacin de subordinacin a la potencia ocupante, la poblacin de Cisjordania y Gaza no se emancipa de la tutela israel aunque esta se convierta, por diversos aspectos, en indirecta.

En otras palabras, a pesar de la creacin de estructuras autnomas, la vida de los palestinos permanece sometida a la voluntad y las decisiones israeles y en realidad son los mrgenes de maniobra dentro del dispositivo de la ocupacin los que se modifican sin que el propio dispositivo se tambalee realmente. A lo largo del tiempo, fuesen las que fuesen las ilusiones o las esperanzas de ciertos actores palestinos, el proceso de Oslo ha demostrado que no era una etapa hacia el final de la ocupacin, sino una reorganizacin de la misma. La integracin, tanto econmica como territorial y la de la seguridad de la administracin palestina en la arquitectura de la ocupacin ha impedido estructuralmente a dicha administracin convertirse en un instrumento para luchar contra la potencia ocupante. Se podra decir por lo tanto que la AP no se construy contra la ocupacin, sino a pesar de la ocupacin, un proceso que culminara con la poltica del primer ministro Salam Fayyad, en su puesto en Cisjordania de 2007 a 2013 y su proyecto voluntarista (que algunos calificaron, con razn, de quimrico) de construccin de facto de las infraestructuras de un Estado palestino independiente en desafo de la continuacin de la ocupacin israel.

La AP nunca ha podido ser ms que una entidad intermediaria entre los palestinos de Cisjordania y el Estado de Israel y sus estructuras administrativas y militares encargadas de los territorios ocupados. Al hacerlo se convirti en el centro en torno al cual se reorganizan el conjunto de las fuerzas sociales preexistentes, ya se trate de facciones polticas, estructuras familiares o de clanes, asociaciones, ONG, sindicatos e incluso del sector privado. Esas fuerzas sociales, que hasta entonces se hallaban en un enfrentamiento directo con la potencia ocupante, fueron obligadas a suavizar las relaciones con un centro poltico-administrativo convertido rpidamente en insoslayable y a asistir a un desplazamiento de los vnculos del poder y de la protesta y ms generalmente a una reorganizacin del escenario poltico y social palestino. De esta forma las categoras de resistencia y colaboracin se redefinieron profundamente, igual que el abanico de las actitudes y las acciones que constituan la zona gris, en la medida en que el discurso que se convirti en dominante en la direccin del movimiento nacional palestino histrico consisti en afirmar que desde entonces la independencia pasaba por la negociacin y la cooperacin y no por el enfrentamiento directo con el Estado de Israel.

Este cambio de paradigma no est libre de fricciones y confusin. Los combatientes armados, glorificados en los aos 70, se convierten en adversarios de la causa nacional a los que hay que neutralizar, bien arrestndolos o integrndolos en el aparato del Estado en construccin. Desde entonces asistimos al reciclaje de los antiguos oficiales y los antiguos comandos palestinos en los diversos rganos de seguridad con el fin de llegar, segn la frmula explcita de un cuadro de la seguridad preventiva, a convertir a los combatientes en policas (5). Los que rechazaron este enfoque fueron sometidos inmediatamente a la marginacin poltica y social, cuando no fueron simplemente vctimas de la represin directa de la AP. Al mismo tiempo las figuras acusadas antes de colaboracin con el ocupante, como algunos alcaldes nombrados por Israel en sustitucin de los alcaldes nacionalistas destituidos, fueron mantenidas en sus funciones por la direccin de la AP, deseosa de dar garantas a Israel y de no alinearse con ciertos notables locales (6). Tras las elecciones primarias de Fatah previas a las primeras elecciones legislativas (1996) la direccin de Arafat no dud en ir en busca del voto de los militantes y reemplazar a los cuadros reconocidos por su activismo antiocupacin por personalidades ms conciliadoras y menos subversivas.

La ya compleja configuracin que impeda clasificar estrictamente a los palestinos en resistentes y colaboradores se vuelve entonces ms confusa: si la nica va posible hacia la independencia era desde aquel momento la cooperacin con Israel y/o el esfuerzo en la construccin de la paz, entonces cambian las reglas del juego y la zona gris se modifica y se extiende. Poco a poco la accin poltica (en el sentido militante) se desvaloriza en favor del esfuerzo en el proceso de paz, bien unindose directamente al aparato del Estado o contribuyendo al establecimiento de actividades o estructuras que apoyen el proceso. En todos los mbitos (econmico, social, cultural, educativo, etc.) nacen proyectos conjuntos israeles-palestinos destinados a promover la coexistencia entre los dos pueblos. Adems asistimos a un desarrollo exponencial de las estructuras palestinas procedentes de la sociedad civil, el primer lugar las ONG (7). As, en el ao 2000 se estimaba que casi el 40% de las ONG palestinas registradas en Cisjordania y en la Franja de Gaza (8) se crearon despus de 1994. Estas estructuras se hallan en el centro de la nueva zona gris creada por el proceso de Oslo: ni rganos de lucha directa contra la ocupacin (9) ni estructuras colaboradoras con el Estado de Israel (que no los apoya ni los subvenciona), se convierten en un terreno ocupado al mismo tiempo por los militantes, que lo ven como un sustituto de la actividad poltica ahora desprestigiada, y por los tcnicos que ven la oportunidad de hacer carrera ofreciendo su experiencia a generosos proveedores de fondos.

Son las ONG signos de la despolitizacin que sigui a Oslo?

Se entendera as: No se puede considerar que las ONG palestinas se encuentren dentro de una lgica necesariamente resistente y tampoco se puede considerar que se hallen en una lgica necesariamente colaboradora. La primera de esas tesis querra que las ONG, en la medida en que contribuiran las ONG de desarrollo- a mejorar las condiciones de vida de los palestinos y las ONG de derecho- a informar al mundo de los efectos concretos de la ocupacin, seran una ventaja para la causa palestina. La segunda tesis, por el contrario, querra que las ONG, en tanto que tendran como papel esencial mitigar los efectos de una ocupacin y una colonizacin mantenidas, serviran de hoja de parra a estas ltimas y reforzaran al Estado de Israel borrando todos o parte de los efectos de su poltica.

Esas dos visiones aparentemente opuestas llevan cada una su parte de verdad. Y precisamente por esta razn considero que esta falsa alternativa, aunque obviamente permite cuestionar y analizar en parte en papel de las ONG, no permite cuestionar correctamente su lugar y su funcin en el marco del proceso de Oslo. Porque de eso trata esta obra: de estudiar las trayectorias de las ONG palestinas durante los aos de Oslo para comprender mejor la evolucin de la cuestin palestina. Las ONG se sitan en una encrucijada de temticas y problemticas mltiples, ya se trate de las modificaciones del campo poltico palestino, de la emergencia de nuevas capas sociales cuya supervivencia material y simblica depende de la continuacin del proceso de paz -aun cuando estuviera condenado al fracaso-, de la creciente influencia de los proveedores de fondos en las decisiones palestinas, del sometimiento a tutela de los habitantes de Cisjordania y Gaza o tambin de la ofensiva ideolgica dirigida a cambiar la imagen de los palestinos de un pueblo con derechos a individuos con necesidades.

Nos dedicaremos, pues, a exponer y analizar la evolucin del panorama de las ONG palestinas desde 1993-1994 y la entrada en el proceso de paz comparando sus funciones y actividades con las que tenan durante el perodo denominado de la ocupacin (1967-1987) y observando su integracin y su papel dentro del dispositivo de Oslo. El fracaso poltico del proceso de paz ha conducido a numerosos actores tanto internacionales como locales- a sustituir la perspectiva de una solucin del conflicto por polticas asistenciales destinadas a atenuar los efectos de la ocupacin israel, tanto por medio de la ayuda de urgencia como por la ayuda al desarrollo. Porque aunque la AP fue la principal beneficiaria de esas ayudas y protagonista en el intento de estabilizacin de los territorios palestinos, a pesar de la ausencia de una solucin poltica, las ONG contribuyeron ampliamente -y siguen contribuyendo de forma concreta y simblica- a mantener la fbula de Oslo y la ilusin de la existencia de un proceso de paz mientras este se halla desde hace muchos aos en estado de muerte clnica.

Obviamente las ONG no son las principales responsables del fracaso del proceso de Oslo y las posiciones que se expresan aqu y que se desarrollarn en esta obra en ningn caso son juicios de valor contra los militantes y trabajadores de dichas ONG. Se trata, al contrario, de considerar que las ONG alimentan el proceso de paz tanto como se alimentan de l y que el lugar que ocupan en el dispositivo de Oslo es revelador de las modificaciones de la zona gris sealada arriba. Una zona gris que se define cada vez ms como el lugar donde se organizan las disposiciones de la ocupacin sean individuales o colectivas- y que, con mayor razn en un perodo de crisis histrica del movimiento nacional palestino tanto en trminos de encuadre como de estrategia y perspectivas polticas, tiende a extenderse y a ahogar la lucha directa contra la potencia colonial. Dentro de esta zona gris se desarrolla lo que los militantes palestinos denominan tendencia a la normalizacin de la ocupacin, que no se confunde con la colaboracin en tanto que la normalizacin no implica colaboracin directa con el ocupante, sino proyectos y acciones que consideran la ocupacin un hecho consumado con el que hay que convivir.

En ltima instancia la normalizacin participa del fenmeno general de despolitizacin de la sociedad palestina entendida como un proceso de retirada progresiva del combate poltico nacional en beneficio de estrategias de supervivencia, individuales o locales, situndose fuera de cualquier proyecto de emancipacin colectivo. Las causas de esta despolitizacin son numerosas, algunas de ellas se recordarn en las pginas siguientes. Y aunque la primera responsable es la potencia ocupante y sus apoyos, las lites palestinas, ya sean polticas, econmicas o sociales, tambin han contribuido. El estudio de las trayectorias de las ONG palestinas desde los acuerdos de Oslo permitir comprender mejor ese doble proceso de normalizacin/despolitizacin y abarcar mejor los desafos a los que hoy se enfrentan los palestinos y las personas que en las cuatro esquinas del mundo estn a su lado. El autor de estas lneas mantiene el convencimiento de que la lucha por Palestina sigue siendo una cuestin estructural a escala internacional que condensa y cristaliza dinmicas que sobrepasan con mucho el enfrentamiento entre Israel y los palestinos: entender palestina contina siendo, un poco, entender cmo va el mundo.

Notas:

(1) Entrevista a Jihad Abu Omar, entonces responsable de la seguridad preventiva en Hebrn, marzo de 2007.

(2) Hicham hace aqu referencia a los enfrentamientos entre Hams y Fatah en Gaza durante el verano de 2007.

(3) Ver especialmente Julien Salingue, La Palestine dOslo , Cahiers de lIremmo, LHarmattan, 2014.

(4) Michel Foucault, Le jeu de Michel Foucault, Dits et crits , tome 2 , Paris, Gallimard, 1994 (1977), p. 298-329.

(5) Entrevista a Jihad Abu Omar, op. cit .

(6) Hasta 2004 no se organizaron elecciones municipales. Los alcaldes eran nombrados o reconocidos por Yasser Arafat.

(7) En esta introduccin la expresin las ONG designa a las principales, es decir, a las que perciben la mayora de las ayudas internacionales y emplean a la mayora de los trabajadores. Tendremos ocasin en la obra de establecer una tipologa ms precisa.

(8) Sobre un total de alrededor un millar para 30.000 trabajadores.

(9) Con algunas notables excepciones sobre las que tendremos ocasin de volver en la obra.

* Julien Salingue, La Palestine des ONG. Entre rsistance et collaboration, Paris, La fabrique, 2015, 219 p., 12.

Fuente: http://www.contretemps.eu/lectures/lire-extrait-palestine-ong-julien-salingue

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin como fuente de la traduccin.



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