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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2005

Tony Blair, Spiro Agnew y el movimiento pacifista
Esos malditos intelectuales urbanos!

Mike Marqusee
CounterPunch

Traducido para Rebelin por Felisa Sastre


Tony Blair ha despachado la oposicin a su poltica en Irak calificndola de reducto de los intelectuales urbanos. Extrao comentario el de un Primer Ministro de una de las sociedades ms urbanizadas de la tierra que, adems, trata de ignorar la ms reciente encuesta que indica que el 57% de su electorado quiere ver a las tropas fuera de Irak.

Volviendo al pasado, en 1970, Spiro Agnew, vicepresidente de Estados Unidos, menospreci a los activistas contra la guerra de Vietnam llamndoles intelectuales trasnochados. Tres aos despus de semejante burla, un escndalo de soborno oblig a Agnew a dimitir cayendo en desgracia. Su maestro, Richard Nixon, le sigui enseguida, cubierto por el barro del Watergate.

Nixon y Agnew eran izquierdistas comparados con los actuales ocupantes de la Casa Blanca, as que desde una perspectiva histrica resulta extraordinario que el ms firme aliado mundial de Bush sea un primer ministro laborista. Como el humorista Michael Moore planteaba a su audiencia britnica, nosotros somos tontos, Cul es vuestra disculpa?

Es indudable que existe un elemento personal en la pasin de Downing Street por Washington. Las desvergonzadas mentiras y evasiones de Blair se mantienen no slo gracias al oportunismo y al desprecio de estilo nixoniano por decir la verdad, sino tambin por unas convicciones conservadoras y lo que parece ser una profunda sumisin hacia los ricos. Existe tambin una evidente incapacidad para comprender las consecuencias que sus decisiones tienen en los dems. En las memorias recin publicadas de un antiguo empleado, se describe su infantil excitacin la primera vez que orden que las tropas britnicas entraran en combate en 1998, cuando coaligado con Bill Clinton emprendi un fugaz pero letal ataque areo contra Irak.

Pero sera un error creer que Blair est solo. Su Gabinete le ha servido fervientemente, con la nica excepcin del desaparecido Robin Cook que present su dimisin por la guerra de Irak. Habida cuenta del tamao de la oposicin popular a la invasin, por no mencionar la crudeza de la opcin moral y poltica, el aislamiento de Cook fue notable y ciertamente sin precedente en la historia de los gobiernos laboristas. Pero la inmensa mayora de los diputados laboristas han dado de lado su inquietud inicial sobre la invasin y ahora comparten la impaciencia de Blair por ver que su programa sigue adelante. El rechazo a la guerra de Irak se ha extendido entre las filas cada vez menores de los miembros del partido laborista (200.000, un 50 % menos que en 1997) pero, el efecto acumulativo de los cambios impuestos al partido desde la derrota de la huelga de los mineros de 1984-85, ha separado a la organizacin de sus bases sociales y la ha inclinado hacia la elite que toma las decisiones.

Aunque se queja, Blair se ha visto apoyado por la BBC y por los principales medios de informacin. La investigacin de Lord Hutton sobre las circunstancias que rodearon el suicidio del Dr. David Kelly, publicada a principios de 2004, exoner de culpa a la camarilla de Blair mientras criticaba duramente a la BBC. El resultado fue que se castig a la BBC por informar, de forma responsable, de que la oficina de Blair haba exagerado las pruebas de que Saddam Hussein tena armas de destruccin masiva para asegurarse el apoyo parlamentario y de la opinin pblica en la guerra. Aunque el informe de Hutton fuera ridiculizado ampliamente como un encubrimiento, sirvi para intimidar a la BBC, cuya cobertura de Irak ha sido lamentable desde entonces. Las vctimas civiles de las acciones militares de los ejrcitos estadounidense y britnico son raramente citadas, aunque suponen cinco veces el nmero de muertos originados por los coches bomba o por otras acciones violentas de los iraques sobre sus compatriotas. Del sitio y bombardeo de Faluya el ao pasado, en el que pudieron morir miles de personas, se inform exclusivamente desde fuera de la ciudad por periodistas incrustados entre las fuerzas estadounidenses. El reciente ataque por tierra y aire a Tel Afur, en el que se ha informado de que murieron centenares de personas, ha sido ignorado.

La BBC, preocupada por los atentados suicidas y las discrepancias entre chies y sunnes, en escasas ocasiones informa sobre la oposicin chi a la ocupacin, o sobre la oposicin civil y poltica en general. Cualquiera que slo se informe a travs de la BBC no sabr que ms de un tercio de los miembros de la Asamblea iraqu elegidos en enero han exigido la inmediata retirada de las fuerzas extranjeras. Quienes piden el fin de la ocupacin, bien sean iraques o britnicos, son en gran medida silenciados, aunque las encuestas indican que esa es la opinin mayoritaria en ambos pases.

Pero, no se trata slo de la BBC. El Observer, el venerable semanario liberal, en su cobertura de los recientes acontecimientos en Basora, se refiere al secuestro de dos soldados britnicos de las SAS, cuando debera haber informado de la detencin por la polica iraqu de dos soldados britnicos disfrazados de rabes y en posesin de un arsenal de armas de gran potencia y sofisticados equipos de espionaje. La respuesta del ejrcito britnico a la detencin de esos hombres, cuya misin hasta el momento no ha sido explicada, fue atacar y destruir un complejo policial iraqu con tanques, vehculos blindados y helicpteros. La poblacin civil rode a los britnicos y les lanzaron ccteles molotov. Los britnicos contestaron abriendo fuego y matando a un nmero indeterminado de alborotadores.

Muchos britnicos se consuelan pensando que al menos no son tan malos como los estadounidenses, ya que est muy extendida la idea de que en el sudeste de Irak los sofisticados britnicos han conseguido sabiamente impedir la clase de hostilidad a la que se enfrentan por todas partes los cowboys estadounidenses. Una vez ms, la informacin sobre el terreno desde la zona britnica ha sido extremadamente escasa, de ah que los sucesos de Basora hayan producido una gran conmocin. Pero el mito de la contencin britnica no ha sido el nico que se ha venido abajo con estos sucesos, la mayor vctima informativa es el mito de la soberana iraqu. La opinin pblica britnica tiene que lidiar con la injusticia principal de la poltica de EE.UU. y Gran Bretaa de ocupacin militar de un pas extranjero, en contra de la voluntad de sus pueblos y para continuar con un proyecto colonial apenas encubierto. El eje Londres-Washington constituye la representacin de algo ms que el romance Bush-Blair. La vinculacin entre los dos gobiernos y sus sectores empresariales ha sido total desde la Segunda Guerra Mundial, al final de la cual Estados Unidos hered el Imperio Britnico, en especial su zona del sudoeste asitico tan rica en petrleo.

La burla de los intelectuales es una actuacin ya utilizada del vodevil poltico que se corresponde por completo con el elitismo hipcrita de Blair. Irnicamente, una parte importante de la intelectualidad britnica le apoya, si no en lo acertado de la invasin s en su compromiso de mantener las tropas britnicas en Irak en el futuro previsible. Cada vez un nmero mayor de no intelectuales tanto aqu como en Estados Unidos estn en desacuerdo con l, por lo que el problema de Blair, entonces, no son los intelectuales urbanos sino la realidad de la guerra en Irak.

Mike Marcusee es autor de Chains of Freedom: the Politics of Bob Dylan's Art and Redemption Song: Muhammed Ali and the Sixties. Se le puede contactar en su web : www.mikemarqusee.com
Este artculo se public originalmente en
The Hindu



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