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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-03-2016

Sin izquierda y sin rumbo

Ral Zibechi
La Jornada


Una de las principales caractersticas del caos sistmico es la opacidad y la imprevisibilidad de los escenarios geopolticos y polticos, globales y locales, fruto en gran medida de las transiciones en curso y de la superposicin de diversos actores que influyen/desvan el curso de los acontecimientos. En suma, una realidad hipercompleja en la que es posible visualizar las grandes tendencias, pero no es tan sencillo comprender la coyuntura. En todo caso, una realidad resistente a las simplificaciones.

Los recientes sucesos en Brasil, la detencin de Lula y su posterior nombramiento al frente del gabinete ministerial, y las manifestaciones del pasado domingo, parecen precipitar los acontecimientos. Sin embargo, no ser sencilla la destitucin de la presidenta Dilma Roussseff para poner fin al gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), ya que la oposicin tambin est afectada por la falta de credibilidad. Lo que se termin en Brasil fue un periodo ms o menos prolongado de estabilidad poltica y econmica, ya que no existe una coalicin capaz de estabilizar el pas.

Veamos las que creo que son las tendencias principales, con sus respectivas contratendencias.

La primera es que resulta evidente que existe una potente ofensiva destituyente contra el gobierno y el PT, por parte de las derechas: los grandes medios, el capital financiero brasileo e internacional, Estados Unidos y, segn parece, una parte del aparato judicial. La operacin Lava Jato (Lavado Rpido) sera parte de esta ofensiva que se acenta a medida que el escenario global se polariza.

Sin embargo, diversos analistas cercanos a la izquierda opinan lo contrario y no miden la actuacin de la justicia por los impactos polticos. El socilogo Luiz Werneck Vianna sostiene que la naturaleza de la operacin Lava Jato es republicana y su funcin es denunciar el contubernio entre la esfera pblica y la esfera privada (http://goo.gl/XnMEDo). Agrega que quienes denuncian al Lava Jato como maniobra de la derecha defienden pequeos intereses y que la relacin entre lo pblico y lo privado haba llegado a extremos que clamaban una intervencin.

La segunda tendencia es la disolucin de las izquierdas. Hay personas que dicen cosas que parecen de izquierda, pero no existe fuerza social y poltica con valores y actitudes de izquierda. El ms importante intelectual de izquierda brasileo, el socilogo Francisco de Oliveira, sostiene que no hay lucha de ideas y de posiciones polticas, apenas desfiles callejeros, y que la izquierda no tiene capacidad de convocatoria. La izquierda est sin rumbo dice. Yo mismo soy de izquierda y estoy sin rumbo (http://goo.gl/67nxKq).

Un sntoma de la inexistencia de izquierda es la incapacidad de autocrtica, no slo por los polticos y dirigentes, sino tambin por los llamados intelectuales que, en su inmensa mayora, culpan de todo a la derecha y a los medios y son incapaces de tomar en cuenta los datos que contradicen su anlisis. El pasado domingo los manifestantes, que se supone son de derecha, abuchearon y echaron a los principales dirigentes de la oposicin, el gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, y el senador Aecio Neves, del Partido Social Demcrata Brasileo, al grito de ladrones y oportunistas.

Cmo encajan estos hechos en el anlisis simplista de los intelectuales de izquierda? Las denuncias ms demoledoras contra Lula y Dilma (y buena parte de los polticos de derecha) provienen de Delcidio Amaral, senador por el PT, elegido por Dilma para liderar el Senado. Antes haba sido ministro de Minas y Energa bajo Itamar Franco (1994 y 1995) y director de Petrobras bajo Fernando Henrique Cardoso (2000 y 2001), y es considerado experto en negocios turbios (Pgina 12, 16/3/16). Este es el tipo de personas que el PT recluta desde que ocupa el gobierno.

No hay izquierda porque el PT se encarg de aniquilarla, poltica y ticamente. Lula fue durante aos el embajador de las multinacionales brasileas. Entre 2011 y 2012 visit 30 pases, de los cuales 20 estn en frica y Amrica Latina. Las constructoras pagaron 13 de esos viajes, la casi totalidad Odebrecht, OAS y Camargo Correa (Folha de Sao Paulo, 22/3/13). Es apenas una cara del consenso lulista. La otra es la domesticacin de los movimientos.

Es cierto que hay una contratendencia desde abajo marcada por un nuevo activismo social, que se manifest en 2013 con el Movimento Passe Livre, luego con las ocupaciones de los sin techo, el nuevo activismo feminista y ms recientemente con la ocupacin de cientos de colegios secundarios. Pero estos movimientos ya no obedecen a la vieja lgica (correa de trasmisin de los partidos), sino a nuevas relaciones sociales, entre las que destaca la autonoma de los partidos y los sindicatos, la horizontalidad y el consenso para tomar decisiones.

La tercera tendencia es el fin de la hegemona de los diversos actores polticos o sociales. Una sociedad sin hegemona quiere decir una sociedad catica, desordenada, en la que ninguna instancia tiene legitimidad ni capacidad para determinar los rumbos que se toman. Para la izquierda institucional y electoral, y para los profesionales del pensamiento, esto es un horror, un peligro del que se debe huir. Para quienes apostamos al autogobierno de pueblos y comunidades, es una posibilidad real de expropiar a los expropiadores, ya que es la antesala de un colapso sistmico.

Con dos condiciones. Una, que no se crea que el viejo mundo caer sin afectarnos. Seremos parte del naufragio, estaremos en peligro, tanto como los sectores populares. Esto no es ni bueno ni malo, es el precio a pagar para tener la posibilidad de crear un mundo nuevo.

La otra es que no existe la menor certeza. Lo previsible es el Estado, las instituciones, las multinacionales. El colapso es una apuesta, pero no un juego, en el que ponemos el cuerpo y nos arriesgamos a perderlo todo, para imprimirle un cambio de rumbo a la humanidad.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/18/opinion/020a2pol



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