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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-03-2016

Prefacio al libro "Las fisuras del neoliberalismo chileno" de Franck Gaudichaud
La contrarrevolucin neoliberal chilena y la construccin poltica estratgica para el hoy

Rafael Agacino
Politika


Hay quienes se dan el trabajo de analizar en profundidad la evolucin de nuestros pases. Franck Gaudichaud es uno de ellos, y acaba de publicar un libro*. Rafael Agacino particip en la presentacin y nos envi el texto del prefacio. Imperdible (Diario Politika)

https://tiemporobadoeditoras.files.wordpress.com/2015/12/portada-fisuras.png?w=420&h=572

Como se sabe Chile ha sido un laboratorio para las elites dominantes y el imperialismo; aqu su intelligentsia, sus intelectuales orgnicos y la tecno-burocracia experta en gestin de conflictos, ensayaron el nuevo arsenal de reformas institucionales diseadas para extirpar de raz las conciencias y voluntades anticapitalistas.

El experimento chileno se llam contra revolucin neoliberal. Su punto de partida, su momento fundacional, arranc de los escombros dejados por el golpe de estado de 1973 y se extendi hasta inicios de los aos ochenta; luego sobrevivi a una severa crisis mundial recurriendo a ajustes heterodoxos, y ya entrada la dcada de los aos noventa, recuperada y ufana, se visti de democracia al cuidado de una coalicin de ex golpistas y franjas de la izquierda conversa.

Su ltima etapa la pax neoliberal como la denomina Gaudichaud ha sido exitosa pues, adems de superar en aos a la dictadura, tambin termin por reconvertir a la izquierda al credo neoliberal.

La guinda de la torta fue la incorporacin de la direccin de PC, primero al parlamento en el ao 2010, y luego, a la alianza de gobierno el 2014. Toda una hazaa de los ingenieros de las transiciones polticas.

Este extenso trayecto dura ya 42 aos, y dado que las reformas estructurales tienen dcadas de aplicacin y sus relaciones sociales y subjetividades son usos y costumbres, nada tiene de extrao que la racionalidad individualista y de mercado sea el sentido comn predominante. En el curso de las reformas neoliberales la sociedad chilena fue adelgazando el tejido de sus relaciones sociales aunque paradojalmente multiplicara su red de interacciones; todos cada vez ms conectados pero a la vez ms empobrecidos de sentido colectivo; tomos guiados segn el inters de cada cual y compitiendo en las arenas de la institucin neoliberal por antonomasia: el mercado.

Pero tambin a 42 aos de la contra revolucin, la utopa neoliberal muestra fisuras y aflora un malestar social inusitado, y en ste, un potencial de ruptura. A nivel de la poltica y lo poltico se estn manifestando las contradicciones derivadas de un agotamiento crtico de la forma que tom la sociedad chilena en el curso de cuatro dcadas; se trata de las anomalas de la contra revolucin neoliberal propias de su etapa de maduracin.

Y eso lo saben, intuyen o vivencian casi todos los sectores en lucha latente o abierta. Por ello, tanto los de arriba como los de abajo, atribulados por la emergencia de las contradicciones estructurales, se agrupan y reagrupan entre la resistencia conservadora y la apertura al post neoliberalismo.

El texto que nos ofrece Franck Gaudichaud precisamente se pone en este borde histrico y sobre la base de una evaluacin de la trayectoria reciente de la sociedad chilena, incursiona sobre las interpretaciones del momento actual y las posibilidades de algn tipo de alternativa poltica de carcter popular. Los ejes en que concentra su anlisis nombro solo los que me parecen principales son la centralidad de la relacin capital/trabajo, el carcter de los movimientos sociales y el peso de la subjetividad de masas que el propio modelo produce y reproduce, todo ello en el marco de la institucionalidad poltica y la estructura de clases que caracterizan en el presente al modelo neoliberal.

La combinacin de dichos ejes y la apelacin a tales aspectos estructurales (lo poltico y las clases), conducen a una sntesis que, a mi juicio, constituyen el aporte central que ofrece el texto, pues permite una discusin sobre las alternativas polticas teniendo a la vista una hiptesis interpretativa del momento por el que hoy atraviesa la sociedad chilena.

En este sentido, aprovecho esta nota para acentuar algunos aspectos en relacin a los ejes que nos propone Gaudichaud; stos comentarios ya han sido expuestos en otros lugares, pero creo viene al caso retomarlos aqu dado el tipo de anlisis que nos presenta el autor.

En primer lugar destacar que las recientes movilizaciones de trabajadores han tendido a desbordar las formas organizativas y de accin tradicionales, y por ello mismo, a la propia institucionalidad sindical conservadora. Este ao 2015 tenemos a la vista la huelga de los subcontratistas del cobre que incluso cost la vida del trabajador Nelson Quichillao a manos de la polica militarizada , el largo conflicto de los profesores que rebas la poltica conciliadora de una parte de la dirigencia del Colegio de Profesores, y finalmente, la lucha de los trabajadores pblicos del Registro Civil que han debido enfrentar al gobierno y al despliegue de todos los dispositivos del poder: la ley, la presin poltica, la campaa meditica e incluso la conducta desleal si no francamente aleve de la dirigencia de la CUT y de la izquierda parlamentaria.

Estas movilizaciones confirman la profunda crisis del sindicalismo clsico pero a la vez abren posibilidades para un nuevo movimiento de trabajadores que rompa con los lmites ideolgicos y objetivos impuestos hasta ahora por el sindicalismo conservador. En efecto, si ste nuevo movimiento logra madurar, lo har a partir de bases totalmente diferentes. Por ejemplo, desprendindose de una concepcin que considera al sindicalismo tradicional y sus sindicatos legales, propios de la etapa desarrollista industrializadora, como la nica y ms efectiva forma de organizacin de los trabajadores.

Hubo antes formas mutualistas, sociedades en resistencia, mancomunales, etc., que en ausencia de una legislacin laboral, organizaron grandes masas obreras que enfrentaron directamente al capital e incluso ofrecieron respuestas autnomas a las necesidades colectivas; los derechos codificados en la legislacin laboral, a cuyo amparo se desarroll luego el sindicalismo clsico, es resultado de dichas luchas.

Tambin comprendiendo que frente a un "capital extendido", es decir, que somete a su racionalidad y dominio actividades sociales antes ajenas a la produccin capitalista, es necesario del mismo modo, concebir de manera "extendida a la clase trabajadora".

Si el capital convierte los servicios antes pblicos y sin fines de lucro en actividad productiva de valor, o somete otras actividades no mercantiles, personales y/o comunitarias, a la lgica de la acumulacin, entonces los que all se desempean y vendan su talento productivo al capital, son igualmente parte de la clase trabajadora.

As como las formas de pago o de contratacin directa o indirecta; parcial o completa; temporal o permanente no importan para definir a la clase trabajadora, tampoco el carcter material o inmaterial del trabajo o de su resultado, son criterios correctos para dilucidar quines son o no parte de aquella. Lo central es la relacin social entre capital y trabajo.

Y finalmente, entendiendo que hay luchas cuya escena no es ya el terreno de la empresa e incluso la rama, pues se trata de derechos colectivos que slo pueden imponerse enfrentndose al conjunto del capital y el Estado.

Un nuevo sistema de relaciones laborales, de salud, de transporte pblico o un sistema educacional, por citar algunas demandas ms inmediatas, indefectiblemente son luchas por derechos generales y no derechos de un sindicato o federacin; son luchas por los intereses globales de los trabajadores constituidos como sujeto colectivo autnomo y opuesto al capital.

En segundo lugar, es necesario resaltar la emergencia entre 2006 y 2011 de las movilizaciones sociales, pues, como bien muestra el autor, la abrupta explosin de lo social cambi severamente el panorama nacional: mostr las arrugas de una contra revolucin madura y devel una suerte de incompletitud del teorema neoliberal.

En efecto, la institucin mercado mostr sus insuficiencias para procesar todos los conflictos y disiparlos en meras contiendas entre partes privadas; el dispositivo de regateo entre privados (el mercado), incluyendo el recurso judicial para resolver las contiendas sobre obligaciones y derechos consignadas en los contratos, no alcanz para contener y mantener los conflictos en la esfera civil, sobre todo cuando una de las contrapartes salt de lo individual a lo colectivo.

El creciente malestar termin por desbordar parcialmente el orden de mercado y la burocracia poltica y sus ingenieros en gestin de conflictos, desacreditados y perplejos, en reiteradas ocasiones fueron superados por la dinmica de las luchas sociales. El conflicto por la educacin es un caso paradigmtico por muchas razones, pero una es crucial y se refiere al sentido menos visible de la lucha de los estudiantes secundarios.

Estos reclamaron por la gratuidad y mejores condiciones materiales, pero dejaron entrever en sus formas organizativas, en sus acciones y en su esttica de lucha, un rechazo feroz a la propia comunidad escolar, a la escuela, como espacio invivible por su autoritarismo, mediocridad, por el colapso de los profesores, por su rgimen de competencia individual y la presin por el xito que enfrenta a unos jvenes y adolescentes con otros.

Por ello, a diferencia de otros movimientos, los secundarios no eran fcilmente domesticables apelando a polticas redistributivas y clientelares: sus demandas no eran susceptibles de reducir a precios; y mirado desde otro ngulo, se trataba de la rebelin de los hijos del modelo neoliberal maduro cuyas lucha no consista en resistir las reformas neoliberales sino en rebelarse contra el efecto de su funcionamiento pleno; en rigor, su malestar era consecuencia, resultado, de un modelo realizado y frente al cual venan reaccionando masiva, espontnea y sistemticamente desde el "mochilazo" del 2001.

No es arriesgado entonces afirmar que fue el movimiento estudiantil secundario y no el universitario la base de las luchas sociales que lograron trizar los consensos de las clases dominantes y la paz social que los gobiernos civiles mostraban al mundo como el exitoso modelo chileno y la exitosa transicin a la democracia.

As las cosas, la incompletitud de la utopa neoliberal puede considerarse una anomala crtica, una verdadera falla estructural, por cuanto la emergencia de las movilizaciones masivas y de los movimientos sociales expresan, tanto el fracaso del intento de diluir la cuestin social en la cuestin privada, como la ineficiencia del propio sistema poltico que dise el neoliberalismo, cuestin central a la hora de calibrar el momento actual de la poltica chilena.

Detengmonos un minuto aqu.

En particular, el sistema de partidos polticos se ha mostrado estril para anticipar, procesar y disipar los conflictos sociales que escalan por abajo, a la par que parece no ser capaz ya de ofrecer una representacin eficaz del inters general de capital y gestionar sus conflictos fraccionales que se precipitan por arriba. Y esto es una debilidad crucial pues manifiesta los limites de lo poltico en el contexto de un modelo cuyas potencialidades se han realizado casi completamente.

En efecto, un rgimen poltico debilitado, que pierde por abajo su capacidad de maniobra va clientelismo frente a las luchas sociales, por default tiende a fortalecer sus dispositivos y formas policiacas de control del orden, mientras por arriba, si es capturado por el capital, tiende a convertirse en un cuasi cascarn jurdico-poltico dirigido desde fuera por un poder dual burgus que comanda a la tecno burocracia y sus polticas.

El rgimen poltico y el Estado actuales en nada se parecen al ideal republicano liberal burgus, al Estado de compromiso y benefactor declarado por la Constitucin de 1925 y aderezado a travs de sus sucesivas reformas. El rgimen poltico actual carece de su aura democrtica y el Estado de su majestad como titular del bien comn; incluso ms, el mismo Estado corre riesgo de lumpenizarse.

Esta posibilidad no es ajena a los momentos en que se conjugan una fuerte concentracin del capital con una debilidad estructural de la institucionalidad poltica burguesa, y en Amrica Latina la asociacin policiaco-mafiosa entre trasnacionales, capital monoplico, partidos polticos y ejrcito no son ninguna sorpresa.

As, la contra revolucin neoliberal chilena se encamina veloz hacia sus propios lmites. Hoy son las instituciones de la repblica las que se trizan. El Estado subsidiario, el parlamento, los partidos polticos, las Fuerzas Armadas, el empresariado, la burocracia eclesistica, y la Constitucin Pinochet-Lagos que las resguarda, todos eslabones de una larga trenza de corrupcin moral y material, ya han entrado en la zona de costos crecientes para sostener su hegemona ideolgica y poltica.

Y si bien todo esto aparece ahora sin claroscuros, que los velos han cado y la decadencia moral se muestra como simple sntoma del fracaso de la utopa neoliberal, no fue as hasta hace muy poco. Escasos meses atrs la mayor parte de la sociedad chilena viva bajo el influjo de un modelo estable y triunfante y ni siquiera imaginaba el devenir reciente.

Fuera por cinismo, miopa o por ambos, las clases dominantes subestimaron las fisuras de esta contra revolucin neoliberal madura, y una vez enfrentadas a las crudas circunstancias, han mostrado sorpresa y cierta perplejidad que ha retardado el diseo de una salida institucional.

Lo que se ha abierto en Chile es un periodo poltico de creciente pugna entre las fracciones conservadoras y reformistas de las elites dominantes, pugna en torno a cmo enfrentar y resolver los dficits estructurales del modelo.

Pero a la vez, un mismo ambiente tenso por arriba, ofrece a los "terceros excluidos" del teorema neoliberal, los trabajadores y sectores populares, enormes posibilidades para dar un salto y constituirse en una fuerza gravitante en los acontecimientos por venir. Y es ste el terreno al que nos conduce directamente y sin rodeos todo el trabajo analtico de Franck Gaudichaud: la construccin poltica estratgica para el hoy, crudo problema al que no en vano le dedica sus mayores esfuerzos tericos y prospectivos en la ltima parte de su texto.

Nada simple por cierto. Se trata nada menos que desentraar las posibilidades de una poltica general que haga plausible la configuracin del bloque de los de abajo, o lo que no es sino su contracara, una estrategia comn capaz entrelazar la multiplicidad de luchas contra el capital que discurren actualmente por el pas. Un desafi no slo para el anlisis poltico sino tambin para la propia prctica poltica inmediata.

Rafael Agacino, Investigador Plataforma Nexos.

(*) El lanzamiento del texto se realiz el Mircoles 13 de enero 2016 en el Aula Magna Universidad Alberto Hurtado, facilitada por el Sindicato de Trabajadores de dicha Universidad. Tambin se present en Valparaiso y Concepcin.

Franck Gaudichaud, Las fisuras del neoliberalismo chileno. Trabajo, crisis de la democracia tutelada y conflicto de clases, Tiempo Robado Editoras y Quimant, Santiago, 2015.

2016 Politika | [email protected]



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