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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-03-2016

Unir Donald Trump a las milicias y al movimiento por el derecho a portar armas?
Eso no puede suceder en Estados Unidos... o s?

Bob Dreyfuss
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Introduccin de Tom Engelhardt

El lector debe haberse dado cuenta de que estoy evocando a Hitler, No es as? En medio de la reciente controversia sobre el nazismo presente en la campaa presidencial de los republicanos (sobre si acaso esas manos derechas levantadas prometiendo votar a Donald Trump son una copia del Sig Hail!), unos cuantos expertos, comentaristas y otras figuras entre ellos el presidente mexicano y la hermanastra de Anna Frank han estado comparando a Donald con Adolf Hitler. Pero, ha notado usted que hay otros que apuntan hacia el dictador fascista italiano Benito Mussolini, o haca el caudillo argentino Juan Pern, o hacia el magnate de los medios de derecha, multimillonario y ex primer ministro de Italia Silvio Berlusconi, o hacia la actual jefa del partido francs de extrema derecha Frente Nacional Marine Le Pen, o hacia su padre, el fundador de ese partido y reconocido negacionista del Holocausto Jean-Marie Le Pen (quien respaldo recientemente a Trump), o incluso hacia el izquierdista que fue presidente de Venezuela, Hugo Chvez? Y eso por no hablar del presidente Richard (Dick el Taimado) Nixon, ni del gobernador segregacionista de Alabama George Wallace, ni del senador y candidato a la presidencia por el Partido Republicano Barry Goldwater, ni del populista gobernador de Louisiana Huey Long, ni del productor de automotores posible presidenciable y conocido antisemita Henry Ford, quienes solo son los primeros de una lista de posibles mulos de Trump en la historia, y no los ltimos (y no me permitis siquiera que empiece a mencionar el fascismo y el autoritarismo de estos das en los medios!).

Si acaso algo ms, esta lista tan extraa y variopinta de comparaciones nos dice una cosa: que Trump ha llevado el sistema poltico estadounidense y particularmente a los votantes de la clase trabajadora blanca a un territorio desconocido hasta ahora. Por lo tanto, vienen a la mente todos esos dedos sealando a unos personajes extremos. Por supuesto, desde al menos los aos de Clinton, el Partido Demcrata ha ido licundose lentamente, dejando una estructura poltica muy carente de una base a medida que se evaporaba la fuerza de los sindicatos; la maquinaria poltica de las grandes ciudades ha quedado relegada a las antiguas vietas de Thomas Nast, y aquellos polticos progresistas que empezaron haciendo horas extraordinarias predicando el evangelio de los viejos buenos tiempos a los grandes bancos en lugar de regularlos se han ganado el prefijo de neo. Desde luego, hoy en da buena parte de ese disolucin es historia antigua, cuando Bernie Sanders invita a buena parte del electorado demcrata a una excursin a algn otro sitio. En el otro lado, el Partido Republicano se est desmoronando ante nuestros propios ojos, ahora mismo; el espectculo no podra ser ms dramtico. Por ejemplo, hace unos das hubo un ataque contra Trump por parte de Mitt Romney, el fallido candidato presidencial de 2012, que le acusaba de ser un hombre de negocios fracasado, un fraude, un capitalista de casino con un talento especial para saquear empresas y destruir fuentes de trabajo. Un sondeo reciente dice que en realidad los ataques verbales y tweets contra Trump le ayudaron a aumentar tanto el apoyo de los votantes como su compromiso (tal como parecan indicar las primarias del martes 8 de marzo).

 

Entonces, tal vez sea tiempo de empezar a escribir el obituario del Partido Republicano. Despus de todo, estamos hablando del partido que, desde la estrategia para el Sur de Nixon hasta aquel tristemente famoso anuncio de George H.W. Bush que vinculaba a Willie Horton con Michael Dukakis, utiliz llamamientos en clave racista para atraer votantes. Mientras tanto, su liderazgo se sita en el interior de la clase de los multimillonarios y en el mundo de la financiacin avalado por el Tribunal Supremo en el que todo lo poltico parecera estar a la venta por sumas ms all de lo imaginable. Entonces, como podran los Romney, los Ryan, y otros no sentir el amargo engao de un multimillonario desbocado que utiliza abiertamente la burla racial y llama a robar su partido al mismo tiempo que rechaza su dinero?

 

En un escenario tan sombro y cargado de racismo, lo lgico es que haya cierta especulacin. Qu otra cosa se puede hacer, cuando el futuro parece ms ignoto que lo acostumbrado? Es por eso que TomDispatch acudi a Bob Dreyfuss, autor de Devils Game: How the United States Helped Unleash Fundamentalist Islam (Un juego diablico: cmo ayud Estados Unidos a desencadenar el fundamentalismo islmico), que sabe un par de cosas sobre los extremistas y autoritarios de variado pelaje, para que nos ayude a pensar si el trumpismo, con o sin Donald, puede funcionar realmente.

* * *

Las tropas de asalto de Trump y la posibilidad de un fascismo estadounidense

Puede pasar esto aqu? Esta es la pregunta que en este momento se hacen muchos, cuando el nacionalista, agitador xenfobo y multimillonario Donald Trump est amenazando con quedarse con la nominacin republicana para las elecciones presidenciales de Estados Unidos; esta no es una pregunta que solo se formule en el mbito de la izquierda. Tambin la ha planteado el New York Times en un artculo de fondo que asegura que Trump ha llevado al Partido Republicano al borde del fascismo; al igual que algunos republicanos que van desde el experto neocon Max Boot al centrista ex gobernador de Virginia Jim Gilmore. El columnista Ross Douthat, del conservador Times, es bastante tpico en un artculo titulado Es fascista Donald Trump?. Si bien admite que puede que Donald no sea un Adolf Hitler ni un Benito Mussolini, seala que Parece justo decir que l que est ms cerca de la zona protofascista del espectro poltico en el que se mueven tanto el conservador estadounidense medio como sus ltimos predecesores del populismo de derechas.

Para algunas figuras que van desde el cmico Louis C.K. hasta el comentarista de derechas Glenn Beck, comparar directamente a Hitler y Trump se ha convertido en la moda del momento. Sin embargo, debo admitir que la expresin protofascista me suena bastante aproximada. Ciertamente, el surgimiento de Trump ha hecho que muchos votantes estn atentos; la cuestin es si el magnate inmobiliario (que viene de agitar an ms el avispero twiteando una cita del fascista dictador italiano Benito Mussolini) podra mantener suficientemente unida una coalicin formada por nacionalistas, hombres blancos irritados, blancos poco educados de la clase trabajadora, la derecha religiosa poco comprometida, los islamfobos, los que despotrican contra los inmigrantes y otros para empuar las metafricas horcas en una marcha hacia la victoria en noviembre.

Si es cierto que Trump es un mero protofascista, cules son los ingredientes, si los hay, que se necesitan todava para la aparicin de un autntico movimiento fascista estadounidense del siglo XXI? Para pensar esta cuestin, le hace poco La llegada del Tercer Reich, el libro de Richard J. Evans. El texto cubre el periodo que se extiende de 1871 a 1933, y describe muy detalladamente la gestacin y el crecimiento del Partido Nazi. Si el lector decide leer este libro, trate de hacer lo que yo hice: dibuje mentalmente dos columnas para confrontar y ver las semejanzas y diferencias entre el Estados Unidos de hoy y la repblica alemana de Weimar en los aos veinte y primeros treinta del siglo XX.

Por supuesto, en este tenso momento que vive Estados Unidos, las similitudes parecen aplastarlo a uno. Con su repetitiva promesa de restaurar la grandeza de este pas, Trump est haciendo lo mismo que hizo Hitler con su promesa de vengar la humillacin sufrida por Alemania en la Primera Guerra Mundial. Con sus exhortaciones, dirigidas sobre todo a los trabajadores blancos, a culpar a los inmigrantes mexicanos y a los musulmanes de todos los problemas, Trump est haciendo lo mismo que hizo Hitler cuando preparaba su brebaje antisemita. Con sus ataques a Wall Street y a los lobbies corporativos todo una sarcasmo para un multimillonario por apaar la economa y convertir a los polticos en sus marionetas, Trump est haciendo lo mismo que hizo Hitler cuando pona en el mismo saco a Wall Sreet, a la City londinense y a sus homnimos alemanes, acusndoles de cargar a su pas con la enorme deuda de las reparaciones impuestas por el Tratado de Versailles despus de la Primera Guerra Mundial y de apoyar a los irresponsables partidos de centroderecha de la repblica de Weimar (lase: el Partido Republicano de hoy). Con sus brutales comentarios acerca de China y sus amenazas de asesinar a los familiares de los terroristas islmicos al mismo tiempo que se apropiase de las reservas de petrleo de Iraq, Trump est haciendo lo mismo que hizo Hitler cuando llamaba a un ultranacionalismo ancestral y temerario.

La Sociedad de la Segunda Enmienda

Pero no nos olvidemos de las diferencias, que no son menos obvias. Estados Unidos tiene una prolongada tradicin de republicanismo democrtico, algo inexistente en la Alemania de los aos veinte del pasado siglo. La economa de la ltima superpotencia del planeta, aunque sumida en una cuasi depresin en 2008, es incomparablemente ms fuerte que la de una Alemania asolada por la hiperinflacin de aquella poca como para parangonarla con ella.

No obstante, hay otra diferencia entre el Donald Trump de 2016 y el Adolf Hitler de 1921 (cuando se hizo con el liderazgo del recin nacido Partido de las Trabajadores Nacionalsocialistas) que eclipsa a las anteriores. Desde el comienzo, Hitler cont con el apoyo de una brutal fuerza paramilitar, las muy famosas Sturmabteilung (SA), el Destacamento de Asalto (o tropas de asalto). Tambin conocidas como las Camisas Pardas, las SA utilizaban a menudo la violencia contra sus oponentes en las calles de las ciudades germanas; su mera presencia bastaba para intimidar a los alemanes de todo el espectro poltico.

Esto me hizo pensar: sera posible que Donald Trump o algn futuro personaje por el estilo montaran una fuerza armada con sus propios seguidores? Aunque bastante aterradora, ciertamente la respuesta es s. Y quiz ni siquiera fuera tan difcil

Tened un poco de paciencia conmigo ahora. Retrocedamos a 2010, en Alexandria, Virginia: unos partidarios extremos del derecho a portar armas consagrado por la Segunda Enmienda de la constitucin de Estados Unidos animados por las muy permisivas leyes sobre armas de Virginia realizaron una manifestacin por la restauracin de la Constitucin en el parque de Fort Hunt junto al ro Potomac, y lo hicieron armados. Dicho sea de paso, el encuentro fue programado para el 19 de abril, la misma fecha en que Thimothy McVeigh atac con bomba un edificio federal en Oklhoma City en 1995. En ese momento, yo viva ms o menos a un kilmetro y medio de ese parque; la mezcla de temor, rabia y repugnancia que semejante exhibicin de armas en una manifestacin poltica pudiera tener lugar prcticamente al lado del Capitolio era palpable.

Es cierto que las personas armadas eran apenas unas 50; sin embargo, alrededor de 2.000 personas ms desarmadas, estas realizaron una demostracin paralela en Washington D.C., donde la portacin de armas est prohibida. Pensemos en cuntas personas ms podran acudir hoy en un pas en el que ha habido unas cuantas manifestaciones y mtines con participacin de personas armadas organizados por activistas de la Segunda Enmienda y, en 2016, gracias a la eficaz presin de la Asociacin Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en ingls), la mayora de los estados han promulgado leyes que aprueban la portacin a la vista completa o parcialmente de armas. Mientras tanto, la totalidad de los estados de este pas ya tienen leyes que permiten la portacin oculta de armas, lo que significa que el maletn para pistolas es legal casi en cualquier sitio menos en Washington D.C.

Entonces, imaginemos un momento este escenario: Donald Trump (o un futuro demagogo a imagen de Trump) anuncia de que est convocando a un mitin en un estado en el que est permitida la exhibicin de armas digamos, en Dallas, en el estadio de los Cowboys AT&T y agrega que desea que sus seguidores vayan armados (durante las primarias, Trump ha defendido a viva voz la interpretacin que la NRA hace de la Segunda Enmienda y en su sitio web hay una pgina titulada La proteccin de nuestra Segunda Enmienda har otra vez un gran Estados Unidos.). En el entorno legal de Texas, sera perfectamente posible que miles de seguidores de Trump asistieran portando armas semiautomticas. Y ah, en el estrado, mirando desde lo alto a la muchedumbre de militantes armados, estara Donald Trump sonriendo de oreja a oreja.

No es difcil imaginar la inmediata reaccin que esto generara, desde unos comentaristas de televisin al borde de la apopleja, pasando por custicos editoriales en el New York Times y otros peridicos hasta las indignadas denuncias de polticos progresistas o moderados, sobre todo los de las zonas urbanas. Pero tambin es fcil imaginar el vitrilico desprecio de Trump hacia todos ellos, mientras las mascotas republicanas de la NRA le criticaran, aunque defenderan su derecho a organizar semejante encuentro.

Imaginemos despus que Trump repitiera ese mitin en otros estadios por ejemplo, en Denver, Phoenix, Indianapolis y Miami y que entonces anunciara que l esta fundando la Sociedad Donald Trump de la Segunda Enmienda. Incluso podra regalar unos cascos de baseball en los que estuviera estampado su nombre. Cunto tiempo faltara para que se produjera la primera marcha armada de la nueva organizacin por las calles de las ciudades estadounidenses; por supuesto, su nombre sera abreviado muy pronto, digamos, Sociedad Trump SA (por Second Amendment**)?

A algunos esto puede parecerles algo descabellado, casi apocalptico (Eso no puede pasar aqu). Sin embargo, algunas cosas que pasaron en este pas en los ltimos aos sugieren que el camino est expedito para una posibilidad como la descrita y que la cuestin no es tanto si acaso como cundo. Potencialmente, el trabajo preliminar ya se ha hecho. Segn el ltimo informe del Centro Pobreza Legal del Sur (SPLC, por sus siglas en ingls), en 2015 se ha observado un significativo aumento de los grupos de odio en Estados Unidos: el nmero de milicias y grupos patriticos anti-gobierno ha crecido de 874 a 998, despus de haber disminuido en 2013 y 2014. De estos, dice el SPLC, por lo menos 276 son milicias. Y agrega que En general, los grupos de este tipo se definen como opuestos al Orden del Nuevo Mundo, estn comprometidos en la teorizacin de la conspiracin de base, o defienden o adhieren a las doctrinas extremas contra los gobiernos.

A primeros del pasado enero, un asombrado Estados Unidos vio como una banda de docenas de hombres blancos armados, ciudadanos de este pas, asalt un refugio federal de la vida silvestre en Oregon para resistir duramente a la tirana del gobierno federal. La accin emocion a otras milicias y grupos patriticos de todo el pas; mientras tanto, los medios de la corriente dominante se mostraron reacios a emplear la palabra ms obvia terrorismo ante este alzamiento armado de unos extremistas encabezados por los hijos del ranchero de Nevada Cliven Bundy (la experta en terrorismo y ex secretaria ayudante de seguridad interior graduada en Harvard, Juliette Kayyem, fue una extraa excepcin en una nota escrita para CNN: Los hombres que, fuertemente armados, animan a otros para que les apoyen en su causa, alegando que aunque pacficos de algn modo sabrn defenderse, son por definicin terroristas).

Finalmente, la ocupacin fue reprimida, pero en la recalentada atmsfera de estos das son esperables otras acciones de provocacin por parte de algunas de las ms de 200 milicias identificadas por el SPLC. Aunque el propio Trump expres una tibia desaprobacin de la milicia de Oregon mediante un llamamiento a la ley y el orden, Gerald DeLemus, que copreside una asociacin de Veteranos con Trump en New Hampshire, calific la accin de gran xito y en una entrevista realizada por Reuters insisti que la causa de la milicia era pacfica y constitucionalmente justa. Ms tarde fue detenido por su condicin de lder de nivel medio y promotor de una conspiracin para reclutar adeptos con el fin de organizarlos, adiestrarlos y proporcionar apoyo a la banda armada del ranchero Cliven Bundy y sus seguidores.

Por supuesto, Trump ha jugado con fuego repetidamente en cuestiones como la violencia, la intimidacin, la supremaca blanca, la extrema derecha y otras por el estilo. Su rechazo a desvincularse rpidamente de David Duke y el Ku Klux Klan en la vspera de las primarias del Sper Martes en el Sur Profundo se gan una amplia condena por parte incluso de funcionarios republicanos. Pero en un caso al menos, un autntico neo-nazi, Matthew Heimbach, lder del Partido de los Trabajadores Tradicionalistas, utiliz la fuerza fsica contra quienes protestaban en un mitin de Trump en Louisville.

La singularidad del fascismo estadounidense

 

Por muy reprensible que pueda ser el coqueteo de Trump con la extrema derecha, con todo lo alarmante que puedan ser las acciones de personajes como Heimbach, todava estamos bastante lejos del nacimiento de un verdadero movimiento nacional fascista, aunque Roger Cohen del Times pueda haber publicado ya una columna titulada La Weimar de Trump (Bienvenidos a la Weimar estadounidense: crece la intranquilidad en las cerveceras. La gente est harta de los polticos de siempre. Quiere que se hable con franqueza. Quiere respuestas). De momento, Trump no ha intentado integrar a sus aliados de la extrema derecha en un verdadero movimiento aunque haya empezado a emplear la palabra movimiento o un partido, tampoco ha hecho un esfuerzo real para unir a los militantes de derecha poseedores de armas en una versin propia de las SA. Y quiz no lo haga nunca.

Tenga tambin el lector en cuenta que un movimiento fascista en Estados Unidos es muy difcil que sea una copia exacta del modelo alemn o del italiano, o incluso de los partidos que en estos momentos construyen movimientos de extrema derecha en Francia, Hungra, Grecia y otros pases. Tampoco sera la copia de la coalicin protofascista de ultranacionalistas y fanticos religiosos cortejados por Vladimir Putin en Rusia. Sin duda, sera una creacin singularmente estadounidense.

A pesar de que Trump se las ha arreglado para reunir a unos elementos bastante dispares en lo que a grandes rasgos podra tener el aspecto de un movimiento fascista estadounidense, finalmente l podra no ser el mandadero correcto para su desarrollo ni el momento adecuado para su completo despliegue. Entre otras cosas, para un movimiento de esta ndole y para el surgimiento de milicias armadas que pudieran fusionarse con aqul, quizs hiciera falta otro derrumbe econmico como el de 2007-2008, una crisis lo suficientemente prolongada y profunda como para que ese movimiento se adueara de la circunstancia. En ese caso, por supuesto, tambin es posible que un izquierdista o socialista como Bernie Sanders o tal vez el mismo Sanders surja y haga suyo el descontento poltico y econmico de una manera totalmente diferente. Sin embargo, en el Estados Unidos de Trump no se puede descartar la posible emergencia de un personaje an ms terrorfico y amenazador que el propio Trump, alguien que no cargue con su personalidad payasesca, su falta de educacin y dems atributos de su condicin de multimillonario.

Gane o no la nominacin de la candidatura presidencial republicana, sea electo o no presidente, a la vista de la coalicin de base que Donald Trump ha logrado reunir, es indudable que ha mostrado de verdad qu es lo que puede pasar en este pas.

* El ttulo de esta nota alude a Eso no puede pasar aqu, la novela semisatrica del escritor estadounidense Sinclair Lewis (1885-1951). (N. del T.)

** En ingls, Second Amendment es Segunda Enmienda. (N. del T.)

Bob Dreyfuss es periodista independiente en Nueva York y Cape May, New Jersey. Se especializa en la poltica y la seguridad nacional. Ha escrito infinidad de notas para The Nation, Rolling Stone, American Prospect, Mother Jones, New Republic y otras publicaciones. Es autor de Devils Game: How the United States Helped Unleash Fundamentalist Islam.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176114/tomgram%3A_bob_dreyfuss%2C_will_the_donald_rally_the_militias_and_the_right-to-carry_movement/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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