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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-03-2016

Triste, y vomitiva, Europa

Diego Taboada Varela
Rebelin


Ustedes lo han visto. No es la clsica historia de ricchi contro poveri, no. Ustedes lo han visto, no haba motivacin poltica alguna en el acto, no. Reconzcanlo; ustedes lo han visto claro y difano como lo han visto millones de personas en toda Europa, y no hay excusa: un pequeo grupo de mujeres en la ms prfida miseria humillndose y haciendo de marionetas para satisfacer las burlas de un nutrido grupo de machos-alfa centroeuropeos tratndolas del mismo modo en que algunos seres humanos tratan a un burro con la clsica tcnica de la zanahoria atada a un palo. Recientemente, a la salida del partido entre el Barcelona y el Arsenal, se ha repetido la misma pauta de conducta por parte de los hinchas del Arsenal.

Es deseo de humillar, sin ms. Deseo de burlarse y de controlar al otro. Deseo de sentirse superior. Conviccin de que el ser con el que se est jugando tiene la categora de no-persona y placer morboso, indisimulado, en sentir que, durante un momento, los movimientos de otro ser dependen de nuestro capricho.

A eso, a palo seco, se le llam siempre voluntad de poder. Y la decisin auto-determinada de usarlo contra los dems trasciende incluso las explicaciones que utilizan las clsicas variables sociolgicas. El vomitivo comportamiento de los hinchas del PSV ilustra claramente hasta qu punto los seres humanos seres de costumbres aprendidas que somos, para lo bueno y para lo malo imitan y practican entre s el mismo trato que un ser puede infligir a otro en una posicin de superioridad econmica o privilegio poltico, pero en mbitos ms cotidianos y alejados de las cmaras.

Ninguno de los all presentes eran parte de esa malvola clase media susceptible de traicionar la causa de la solidaridad entre los pueblos, ni tampoco eran parte de esa malvola clase media que se hace mecnicamente conservadora y votante de la extrema derecha, ni tampoco parte de esa mala, malsima clase media que suele dar preeminencia a sus intereses particulares que a la solidaridad entre la clase trabajadora. He crecido toda mi vida con ese absurdo relato y, desde hoy, no pienso hacerle el ms mnimo caso. Es el relato de la sospecha moral, poltica y cultural permanente que los autnticos revolucionarios que vienen de las alcantarillas de la sociedad proyectan sobre el supuesto egosmo insolidario de los estratos sociales intermedios. Es el relato de la aristocracia intelectual de la clase trabajadora que considera como enemigo a batir a las clases medias, y no, no pienso hacerle el ms mnimo caso. Esta sociedad es mucho ms compleja que la reduccin a un relato totalizador.

Hechos son hechos, y ustedes podrn odiarme si quieren, pero la verdad es la siguiente: todos los all presentes eran pueblo raso. Todos los all presentes, humilladores y predispuestas a humillarse, eran occidentales y no-occidentales. Todos los all presentes, humilladores y predispuestas a humillarse, eran hombres y mujeres, como muestra el hecho de que muchas de las parejas de los machos-alfa centroeuropeos all presentes se rean y aplaudan la vomitiva macarrera de sus parejas o esposos. Todos los all presentes eran, sencillamente, la manifestacin concreta del exitoso efecto pedaggico y cultural que el capitalismo neoliberal ha inoculado en la vida civil y cotidiana de los pueblos. La analfabetizacin y el analfabetismo moderno consiste, al fin y al cabo, en ser capaces de hacer de un sujeto que sabe leer y escribir un encefalograma plano en lo referente a su desarrollo intelectual y volicin moral.

En verdad, el hombre nuevo que fundamentaba la cosmovisin de las formas ms ideologizadas de ese significante llamado socialismo, hace tiempo que ha sido creado y alimentado por el capitalismo, pero con la intencin y el resultado inverso. Ese hombre nuevo se llama, a secas, ignorancia. Y a efectos prcticos, a secas, slo puede manifestarse en mltiples formas de cosificar y tratar violentamente al otro. Las alternativas, por supuesto, siguen susurrndose entre el silencio del desierto y el ruido de la tv-poltica monopolizada por tertulianos expertos en nada y sabedores de todo.

Triste Europa, triste condicin humana. Triste eres cuando observo el comportamiento de tus pueblos, y triste, tambin, cuando observo el nihilismo financiero de tus lites.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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