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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-03-2016

Balcarce / los otros

Leandro Andrini
Rebelin


Te escribo, entonces, desarmado, y me acojo al sueo eterno de la

revolucin para resistir a lo que no resiste en m. Te escribo, y el sueo

eterno de la revolucin sostiene mi pluma, pero no le permito que se

deslice al papel y sea, en el papel, una inventiva pomposa, una

interpelacin pedante o, para complacer a los flojos, un estertor.

Te escribo para que no confundas lo real con la verdad.

La revolucin es un sueo eterno. Andrs Rivera


Si ponemos a Balcarce cuando Mauricio es presidente, estamos diciendo no nos la creemos, no somos dioses. Balcarce viene ac y est perfecto, somos seres humanos comunes, expresa don Jaime Durn Barba, y Balcarce va a Balcarce, y Balcarce escribe (y lee) a travs de las redes sociales Twitter y Facebook. Y Balcarce sale en los diarios, en boca de Marcos Pea: Es un celebrity el perro (risas). Habla de una agenda. Es muy interesante, el tema de las mascotas es muy importante para mucha gente. Y mucho ms importante que muchas discusiones que parecen de gran valor poltico. En ese sentido, lo del perro surgi genuinamente del equipo y es lindo lo que produce en la gente.

En cambio, cuando Balcarce habla del Pro-Plan desata el espanto que sea un humano el que habla como un perro: s, l hablando como un perro dice el articulista annimo de Clarn horrorizado! por el escrito de Horacio Gonzlez. El articulista pasa una aplanadora cultural, en la que no detecta ninguna huella de la historia literaria en ese escrito, y da por sentado en el mismo acto de su horrorizacin que Balcarce el otro- lee y escribe a la vez que es un perro!

Ms verosmil que el perro que lee y escribe es el Juan J. Castelli, que en letra de Rivera, le dice a Belgrano Qu hago yo, primo, un abogado, arrestndolos, formndoles consejo de guerra por ladrones, por insubordinacin, por amotinamiento, a ellos, que se guan por los reglamentos espaoles del siglo de mariacastaa, para que no me hagan, amotinados, lo que le hicieron a usted y a Balcarce, sabiendo que aun a los ms miserables les sobran padrinos, aqu, en Buenos Aires?.

Balcarce y la (no) identidad. O la identidad suspendida.

La historia como un imposible. Y las conjeturas del nombre de un perro cuyo dueo es el aparato de PROpaganda, a decir del jefe de ministros lo del perro surgi genuinamente del equipo y es lindo lo que produce en la gente. Adoptar un perro pulgoso y callejero, para mostrar que se es capaz de tener un perro pulgoso y callejero! Y observar, por si no alcanzara, que es lindo lo que produce en la gente, dado que habla de una agenda (poltica), y el perro-mascota (objeto de subjetivacin y propaganda) es mucho ms importante que muchas discusiones que parecen de gran valor poltico.

Aun me sorprende que en ninguno de los PROgramas televisivos hayan PROpuesto algo as cmo #porquesellamabalcarce, de forma que una vez ms se fortalezca eso que necesita fortalecerse, el denominado sentido comn, como accin de despolitizacin legitimada (socialmente legitimada). Wang Hui afirma, cuando nos invita a Debatir por nuestro futuro en Sobre la Idea del Comunismo, que el sistema de mercado se instaura cuando la sociedad (y no el Estado) se retira por completo del campo de la poltica. Es indudable que ese Balcarce, pulgoso y callejero, oculta antes que poner en evidencia la grieta que separa a los excluidos sociales de los socialmente incluidos. Grieta que es a la vez real y verdadera, y que es la principal quiz la nica- a ser eliminada. Y aunque el tema de las mascotas es muy importante para mucha gente no es en nada, aunque as lo envista Marcos Pea, un tema poltico, y menos an una invocacin a la poltica. Es, en todo caso, poner en retirada a la sociedad, y por completo, del campo de la poltica.

Parafraseando a Slavoj Zizek, no hay nada ms privado que una comunidad sustentada en (y por) el Estado que percibe a los excluidos y ve en ellos la fuente de todas las amenazas, una comunidad preocupada en mantenerlos a conveniente distancia.

El humorista Diego Capusotto capta a la perfeccin lo expresado por Zizek en su personaje Micky Vainilla cuando canta, por ejemplo, en una reversin de Duerme Negrito, duerme duerme negrito / y no vengas a mi country negrito / hay vigilancia en la puerta para ti / ... / y si el negro entra al country / viene el de seguridad y zaz! / lo corre con la itaca checapumba checapum..., para terminar con un aleccionador ejercicio de cinismo filantrpico al expresar airadamente lo que se est invirtiendo para que los excluidos vuelvan a creer: vamos a hacer... toda una ciudad trucha, para que ellos vayan todos a vivir ah y puedan creer que tienen dignidad, generndose la convivencia en la necesidad de mano de obra barata porque en el capitalismo hay lugar para todos, en esa casa que como toda gran casa tiene habitacin de servicio.

Volviendo a Zizek, sin el antagonismo entre los incluidos y los excluidos, podemos encontrarnos cmodamente instalados en un mundo en el cual Bill Gates es el mayor filntropo que lucha contra la pobreza y las enfermedades, y Rupert Murdoch es el ms abnegado ambientalista que moviliza a cientos de millones de personas a travs de su imperio periodstico. O podemos llegar a creer que Balcarce es un perro en la manifiesta necesidad generada a la Micky Vainilla-.

No debemos caer en ciertas trampas, de la mera discusin de formas, ni exagerar el contenido Balcarce, sino usarlo para restituir nombres o para de-soterrar significados.

Balcarce, antes que nombre, remite a dos lugares y a repostera. La ciudad, San Jos de Balcarce y el partido homnimo, las serranas, la clebre cuna de Juan Manuel Fangio, y desde hace unos aos la capital nacional del postre (debido al imperial ruso, patentado por la fbrica Balcarce S.A.). Y el otro lugar, por excelencia, a Balcarce 50, donde se encuentra emplazada la Casa de Gobierno.

Balcarce, tambin y aunque mayoritariamente ignorado, est asociado a un apellido de la gesta de Mayo.

Interludio

El coronel barcelons Francisco Gonzlez Balcarce y Elat (1745-1793), oficial de la unidad de caballera Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires, y la dama portea Mara Victoria Damasia Martnez Fontes y Bustamante fueron los padres de Juan Ramn, Antonio, Marcos, Francisco, Jos, Basilea, Diego, Ana Mara y Tomasa (todos de apellido Gonzlez Balcarce y Martnez Fontes).

Juan Ramn Gonzlez Balcarce (1773-1836). Fue un poltico y militar que alcanz el rango de general, de extraccin federal, y que particip activamente en las guerras independentistas. Fue dos veces gobernador intendente y dos veces gobernador de Buenos Aires. Fue el custodio oficial de la revolucin en el traslado a Espaa del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, depuesto por los hombres de mayo. Particip, parcialmente, de la primera campaa al Alto Per, en cuyo camino debi dar sepultura al contrarrevolucionario y ex-virrey Santiago de Liniers ejecutado por tropas revolucionarias. En la segunda expedicin al Alto Per, Balcarce se ocup del ala norte del ejrcito, cubriendo las campaas de Belgrano. Particip junto a ste en la organizacin de la batalla de Tucumn, y en la batalla de Salta. Fue ministro de guerra de Dorrego, Viamonte y Rosas.

Antonio Gonzlez Balcarce (1774-1820). Fue, igual que su hermano mayor, un poltico y militar que alcanz el rango de general y que estuvo involucrado activamente en las guerras independentistas. Particip de la defensa de Montevideo ante las invasiones inglesas (1807), donde fue tomado prisionero y llevado a Londres. Combati en Espaa junto a sus hermanos y a Jos de San Martn contra el ejrcito napolenico. Fue el segundo comandante de la primera campaa al Alto Per. Cuando las tropas de esta campaa, bajo el mando de Francisco Ortiz de Ocampo, apresaron a Santiago de Liniers y su grupo contrarrevolucionario, y Ortiz de Ocampo se neg a cumplir la orden de Juan Jos Castelli, fue Antonio Balcarce el encargado de hacer cumplir la orden de fusilar a los contrarrevolucionarios. Depuesto Ortiz de Ocampo, la expedicin continu al mando de Antonio Balcarce, y bajo su mando, las tropas revolucionarias obtuvieron la primera victoria de los ejrcitos patrios en la batalla de Suipacha (por ello es considerado primer hroe de las batallas de la independencia). Fue el segundo gobernador intendente de Buenos Aires, y fue director supremo de las Provincias Unidas del Ro de La Plata. Fue segundo comandante, secundando a San Martn, en las batallas de Cancha Rayada y Maip, convirtindose en jefe del Ejrcito Libertador (ala sur) y triunfando en la batalla de Biobio.

Marcos Balcarce (1777-1832). Fue un poltico y militar que alcanz el grado de general, participando activamente en las guerras independentistas. En 1807 fue tomado prisionero en la defensa de Montevideo y llevado a Europa. Combati en el ejrcito espaol que enfrentaba al ejrcito napolenico. Se destac por ser presidente del Cabildo, gobernador intendente de Cuyo, qued al frente del gobierno porteo, en dos breves perodos. Fue, al igual que su hermano Juan Ramn, ministro de guerra, en este caso de los gobiernos de Las Heras, Rivadavia, Vicente Lpez y Rosas.

Francisco Gonzlez Balcarce (1778-1812). Fue un militar que integr el ejrcito del Norte, y muri en el combate de Nazareno en 1812. Su hermano Juan Ramn recibi sus restos al llegar a Tucumn.

Jos Gonzlez Balcarce (1779-1806). Desde los 12 aos se desempeaba en el cuerpo de Blandengues. Combati contra los ingleses en 1806, en Buenos Aires. En 1807 muri combatiendo contra los ingleses en Montevideo.

Diego Gonzlez Balcarce (1784-1816). Fue militar. En 1807 cay prisionero de los britnicos en Montevideo y en Europa fue enviado a combatir con el ejrcito realista contra el ejrcito napolenico. En Espaa lleg a obtener el grado de teniente coronel. Al regresar a Buenos Aires se uni al fervor revolucionario. Secund a Belgrano en la campaa al Paraguay. Particip en la segunda y tercera campaa al Alto Per. En la tercera, su regimiento fue dispersado del campo de batalla, y no logr reunir a su tropa. Enferm de muerte al ocultarse del enemigo, y falleci en Tucumn poco antes de la declaracin de la Independencia.

El linaje Balcarce no culmina, como es de suponer, con estos hermanos abocados a la revolucin independentista.

Lucas Gonzlez Balcarce (1777-1812). Primo doble hermano de los anteriores, fue el hijo del capitn Juan Antonio Gonzlez Balcarce y Elat y Mxima Damasia Martnez Fontes y Bustamante. En 1810 ingres al Regimiento de Caballera de la Patria, y se incorpor al Ejrcito del Norte. En enero de 1812 muri en la batalla de Nazareno (en la misma que su primo Francisco).

Mariano Severo Gonzlez Balcarce y Bouchardo (1807-1885). Mdico y diplomtico argentino, hijo de Antonio Gonzlez Balcarce y Dominga Francisca Buchardo San Martn (1778-1853). Tuvo una amplia tarea poltica, entre la que destaca la hoy denominada misin Balcarce donde necesit negociar como representante de la Argentina ante representantes espaoles los alcances del tratado ConfederacinEspaa. Es conocido por haber sido, primero mdico personal de San Martn, y luego su yerno. Casado con Mercedes Tomasa de San Martn y Escalada (1816-1875), tuvo dos hijas: Mara Mercedes Gonzlez Balcarce y San Martn (1833-1860) y Josefa Dominga Gonzlez Balcarce y San Martn (1836-1924), es decir, las nicas dos nietas del General San Martn. Josefa, adems de cumplir un importante papel en cuanto a la reconstruccin de la vida personal de su abuelo en el exilio francs, fund un albergue en Brunoy el que en la primera guerra mundial se convirti en un importante hospital. Por este hecho, fue condecorada con la legin de honor, y una calle de Brunoy lleva su nombre.

Florencio Gonzlez Balcarce y Bouchardo (1818-1839). Poeta romntico, considerado el primero de su generacin. En 1833 dijo Florencio Varela aparece ahora en la escena literaria para ocupar despus un lugar muy distinguido entre los poetas argentinos. Cuenta apenas 25 aos, y sera una injusticia no reconocerle ya acreedor a aquel ttulo tan difcil de merecer. De inteligencia precoz, a los 15 aos ya estudiaba en la Universidad de Buenos Aires. En 1837, enfermo de tuberculosis, viaj a Francia para tomar cursos en la Sorbona. All, en Francia, frecuent al General San Martn, hecho que lo llev a escribir en su homenaje el conocido poema El Cigarro. Volvi a Buenos Aires para morir en la casa en la que haba nacido.

Casa de los Balcarce, conocida en la poca como casa de los hombres buenos. La propiedad, casa que inclua dos solares, fue adquirida por Dominga Francisca Buchardo San Martn en 1803, y pas a formar parte del patrimonio conyugal al casarse Dominga con Antonio Gonzlez Balcarce. All vivi la familia Gonzlez Balcarce y Bouchardo, Dominga, Antonio, y sus hijos Mariano, Lorenzo, Mara Melitona, Antonio, Florencio, y Mxima Antonia.

Calle Balcarce. Llamada, sucesivamente, como calle de la Ronda, calle del Fuerte, calle del Santo Cristo, calle de Gana. En 1821, a solicitud de la viuda de Antonio Gonzlez Balcarce (hroe de Suipacha), Bernardino Rivadavia, como ministro de Martn Rodrguez, firm el decreto de nominacin y homenaje. Al da de la fecha, Balcarce es el nombre ms antiguo de todas las calles de la ciudad de Buenos Aires.

Fin del interludio

Cuando Durn Barba dice Balcarce viene ac y est perfecto, somos seres humanos comunes, de manera espectacular est poniendo de manifiesto una discordancia cuya presencia fascinante est all slo para encubrir el vaco del lugar que ocupa volviendo, segn expresa Zizek en El Sublime Objeto de la Ideologa (SOI), incongruente al orden simblico. Esta incongruencia afecta lo Real, es decir aquello que se resiste a ser simbolizado pero que a la vez est presupuesto y propuesto por lo simblico (i.e., el orden simblico como aquel orden que puede estructurar nuestra percepcin de la realidad). Ms an, Balcarce vuelve incongruente toda historizacin, porque toda historizacin implica un ncleo vaco, que no puede ser simbolizado pero que puede ser producido retroactivamente por la simbolizacin. Dicho de otra manera, un acontecimiento histrico recibir su significado concreto retroactivamente. La historia ocurre, por as decirlo, a crdito; slo el desarrollo subsiguiente decidir retroactivamente si la violencia revolucionaria en curso ser perdonada, legitimada, o si continuar ejerciendo una presin sobre los hombros de la actual generacin como su culpa, su deuda por saldar, indica Zizek.

Es all donde radica la maestra de la obra de Rivera, situada en los minutos finales de la vida de Castelli, como interpelacin, sobre qu significado tuvo aquella revolucin de mayo o de otra manera, qu respuesta podemos darle a Castelli-. A ese Castelli, el orador de la revolucin que, paradjicamente, est muriendo de cncer de lengua, y se pregunta Qu juramos, all en el Cabildo, de rodillas, ese da oscuro y otoal de mayo? Qu jur Saavedra? Qu Belgrano, mi primo? Y qu el doctor Moreno, que me dijo rezo a Dios para que a usted, Castelli, y a m, la muerte nos sorprenda jvenes?... Jur que la revolucin no sera un t servido a las cinco de la tarde.

Rivera recupera a un revolucionario enfermo, abatido, pobre, e ntegro, ese que sabe que ningn hombre va ms lejos que su sombra, o el que sostiene que hombres como yo, cualquiera sea la hora de sus relojes, no tienen la malsana costumbre de olvidar sus enemigos. Ese que proclam en Tiahuanaco la libertad del indio porque los indios son y deben ser reputados con igual opcin que los dems habitantes nacionales a todos los cargos, empleos, destinos, honores y distinciones por la igualdad de derechos ciudadanos, sin otra diferencia que el mrito o la aptitud (fragmento de la Declaracin de Tiahuanaco, 25/05/1811). Ese Castelli que no es un perro pulgoso y callejero que habla por virtud de otros animales- nos conmina a no olvidarnos que si la revolucin no es, es a falta de revolucionarios no de revolucin, y si aquellos derechos del indio y de otros grupos al da de hoy siguen estando postergados es porque conciben, lo escrib en algn papel, un vasallaje de vasallos sobre vasallos. Mi primo, Belgrano, no descubri nada nuevo cuando dijo que no conocen ms patria, ni ms rey, ni ms religin que su inters.

En lo retroactivo, Castelli nos hace la pregunta si aquella violencia revolucionaria no ejerce presin sobre los hombros de la actual generacin, como su deuda por saldar, para que no haya sido en vano. Castelli divide, a-grieta, porque incomoda, porque multiplica las miradas, porque piensa o cree que la verdad es escandalosa y lo dems es afliccin intil. Porque a pesar de todo, la revolucin es posible, la revolucin es un sueo eterno bajo la pregunta qu revolucin compensar la pena de los hombres?.

Y Balcarce?

En la operacin Balcarce, la historia no tiene ocurrencia a crdito, porque el ncleo vaco ha sido doblemente vaciado, y no hay retroactivo posible (slo una fluctuacin temporal, presente continuo sin pasado ni devenir; una variante ms del fin de la historia).

Balcarce es el nombre ya siquiera, perdido, de una calle de Buenos Aires. Balcarce diluye, entre todos los nombres Balcarce, al revolucionario que orden el fusilamiento de los rebeldes que atentaban contra la gesta de mayo, y se convierte en lo comn dentro de los comunes, en un perro pulgoso y callejero, cuando Balcarce fue lo excepcional, fue un fiel cumplidor del dictum de Marat a decir de Rivera, ese que exige que toda revolucin tenga el suficiente valor de decapitar los smbolos del rgimen anterior-.

Por otro lado, es demostrable que la operacin Balcarce no interpela, sino que apela, busca una empata por afectividad, que va del contagio afectivo a la simpata. Se presenta un a priori, de presunta verdad axiolgica, donde los valores se revelan en lo afectivo, y a las relaciones concretas al definirlas sin referencia al mundo concreto y a su historia, se [las] inhibe de leer en ellas lo nico que puede conferirles significacin interhumana indica Len Rozitchner, en Persona y Comunidad, al refutar la significacin tica de la afectividad en Max Scheler. La afectividad encuentra su movilidad en la ambigedad y en la ambivalencia, es decir, en la ruptura de la relacin unvoca que la persona, como centro de actos de valor, mantiene con una determinada ordenacin de la realidad nos dice este pensador latinoamericano.

El tema de las mascotas es muy importante para mucha gente.

Los valores son aprehendidos por medio de un acto que no es de conocimiento intelectual, sino afectivo y si la funcin del conocimiento est ya dada por la afectividad, y esta encuentra su sentido y su verdad en la relacin afectiva que mantenemos con los otros, qu otra posibilidad habr, fuera del error, de dirigir el afecto a lo que nos es totalmente heterogneo?. Eh aqu el mundo del amor! Y el mundo del amor permanece en lo homogneo, volviendo hertico a aquel que se rebela contra los que aman, ese que busca penetrar en lo real abriendo, merced al conocimiento, una fisura en el mundo homogneo de la afectividad sostiene Rozitchner.

La afectividad va constituyndose, por expresarlo de modo breve, de actos inmediatos, sensibles, mistificados, para en voz de Scheler- calmar el vaco del corazn. La perspectiva que la afectividad concede niega entonces toda objetividad como objetividad que debe ser conocida en un mundo que necesita de la reflexin para desentraar sus mltiples sentidos argumenta Rozitchner, a lo que agrega que en toda relacin debemos preguntarnos reflexivamente por el orden dado en lo existente, sentido encubierto en medio de las creaciones humanas porque la realidad es una realidad a desentraar, y frente a ella la afectividad no es sino el ndice que requiere la elaboracin de la inteligencia para llegar a ser un ndice verdadero de la realidad.

Apartndonos de lo expuesto por Rozitchner, pero guiados por sus considerandos, podemos argumentar que en ese imperio de la afectividad son reconocibles otras cuestiones, propias de lo poltico, en acto de sujecin (o en acto no emancipatorio). Nos retrotrae el clsico dilema familiar por qu me hacs esto, a m, que te doy todo mi afecto, entre cuyas mltiples consecuencias se encuentran principalmente dos: la manipulacin, y la suspensin del deseo del otro. Ms aun, no son lgicas causales, sino concatenaciones (de crculo vicioso) en tanto que la manipulacin suspende al deseo del otro pero esta suspensin hace que la manipulacin pueda efectivizarse. Esta ronda logra instaurar un falso deseo, que suple al acto emancipatorio y propende al logro del funcionamiento circular de abolicin del deseo.

Para decirlo sin rodeos: la afectividad, desde el plano poltico, busca la instauracin de un rgimen conformista (no pida aumento de salario, tenga un perro y acarcielo, ver que puede ser feliz con poco), y logra conseguir una dependencia (subjetiva) cuya ruptura no puede ser ms que traumtica, y por ello consecuentemente el miedo a toda ruptura. En el mundo del amor no puede haber lugar a la duda, lo heterogneo no da derecho a conocer, imprime slo la posibilidad de homogeneizar, y para ello es necesario suplantar la heterogeneidad por el homogneo nosotros, los que amamos cuando ello contiene el anverso cnico de la desaparicin de aquello que no puede (por afectividad) conocerse.

En el mundo del amor termina subyaciendo el miedo, porque el que no ama (como nosotros amamos), el que no desea (como nosotros deseamos), merece ser apartado, condenado en el mejor de los casos al ostracismo-. Esto es un proceso de herejizacin, una construccin del hereje, del salvaje, que pone en duda nuestra constitucin afectiva, y habra que indagar si en ltima instancia no refuerza el deseo por no saber, un inconfeso deseo por la opcin a ignorar, porque optar por conocer y desentraar la realidad implica posicionarse (activamente) por lo poltico, y este posicionamiento reluce, brilla, relampaguea como lo extraordinario, lo fuera de lugar, lo a-sistemtico, lo propio de lo salvaje.

En el mundo del amor reina el consenso cuasi- absoluto, sustentado por los que aman (como nosotros amamos), y traficado como eleccin individual entre multitudes cuya suma de sufragios impone vivir en el mundo del amor (o la revolucin de la alegra) consolidndose la poltica de hacer desaparecer precisamente la poltica. Y as, olvidada toda poltica, la palabra democracia se convierte en el eufemismo que designa un sistema de dominacin al que ya no se quiere llamar por su nombre, y a la vez el nombre del sujeto diablico que aparece en el lugar de ese nombre borrado, tal indica Jacques Rancire en El Odio a la Democracia.

Balcarce viene ac y est perfecto, somos seres humanos comunes. Esta simplicidad aparente- es el borramiento de diferencias cualitativas bajo el soporte equivalente entre lo real y la verdad. Ms an, lo real como aquello que es susceptible de mostracin-presentacin, para cumplir la funcin de identificacin subjetiva de disolucin y transferencia.

Podemos esgrimir, al menos, dos anlisis en somos seres humanos comunes. El primero de ellos surge en la solapada arrogancia: desde el nacimiento un ser humano es un ser humano, y todo lo humano le es comn a la vez que propio, por lo que la extraordinariedad con la que se presenta tener un perro pulgoso y callejero, que va a la casa de gobierno, para aseverar somos seres humanos comunes, hace ver en definitiva lo extraordinario presupuesto en el ideario PRO. Lo segundo es que el secreto en somos seres humanos comunes reside en la identificacin enfatizada de lo comn, que de esta forma borra la especificidad de la trama de relaciones de poder a la que est sometido un jefe de Estado por ejemplo-, y por lo tanto sumerge a la sociedad en el mar de la enajenacin (enajenacin emptica). Una operacin que, mediante la empata e identificacin (aparente), disuelve al Estado, dado que por un lado y mediante las acciones en el ejercicio del poder de Estado surge el famoso apotegma el Estado soy Yo, por otro, en la empata imagen especular- cada individuo en su ciudadana (borrada)- presupone el estado soy yo.

Este falseamiento de lo comn disuelve la responsabilidad poltica, y esta disolucin de responsabilidades polticas (transferidas en el estado soy yo) hace que no exista responsabilidad alguna, mientras todos nos volvemos responsables. Se trata de una asimilacin por penetracin emptica. Es significativo, por ejemplo, que muchos sectores hablen de honrar nuestra deuda (externa) -responsabilidad de todos- cuando la amplia mayora no tom decisin alguna de endeudarse (consciente o inconscientemente), y algunos aventureros hasta tengan el grado tal de intentar hacerle creer a la poblacin que lo que hay que pagar por habitante no es nada. Aqu Macri es tan comn a nosotros, tan pero tan comn, que su deuda (privada primero y estatizada luego) es nuestra deuda y sus acreedores nuestros acreedores, y la responsabilidad de la deuda (privada) ha pasado a ser de todo el pueblo argentino.

Si alguien sabe de borramientos, esa persona es Durn Barba (y su discpulo ms pertinente). Gabriela Mattina, en De Macri a Mauricio, plantea la cuestin de los deslizamientos de identidad familiar, de Franco a Juliana-Antonia. De este modo, se consolida el pasaje de un polo familiar identificado con el poder a otro asociado a la emotividad, el cual no s o lo contribuye a suavizar la figura de Macri, sino que tambin se engarza con la reciente centralidad que las alusiones a la felicidad y los sueos adquirieron en el repertorio del PRO. Estamos inmersos en lo que podra denominarse la construccin Antonia. Quin (qu malvado) podra dedicar una lnea de crtica a una niita, si no fuera que esa niita no es, como no lee y escribe el perro callejero y pulgoso por ms que lo sienten sobre un teclado! El ser humano comn (niita Antonia) ha dejado su condicin de sujeto para pasar a ser objeto de la poltica, y nada de lo comn le es ya propio cuando su vida comn de niita es PROpaganda.

Balcarce y Antonia deconstruyen el discurso duranbarbista en el corazn mismo del discurso, facticamente.

Balcarce -en su retroactividad histrica- es (lo) otro: por ejemplo, el hroe de Suipacha, el fusilamiento de los restauradores realistas, la familia que luch contra las invasiones inglesas, la familia de San Martn, y as se socava la idea que en algn momento expres Macri: nunca entend los temas de soberana en un pas tan grande como el nuestro por lo que las Islas Malvinas seran un fuerte dficit adicional para la Argentina.

Las tapas de las revistas hacen que se comprenda que Antonia no es una niita comn, porque -precisamente- las niitas comunes no salen en las tapas de las revistas. El problema tambin radica en ese pensamiento que se instaura de forma tal que porque muestran las puertas abiertas de las mansiones a las que asisten se asiste de igual manera a la vida que viven esos seres humanos comunes segn las mximas de don Jaime.

No pida aumento de salario, tenga un perro y acariciarlo, ver que puede ser feliz con poco lo dijo Macri en 1996! ya que no tienen pan, por lo menos tienen circo (en alusin a que la gente gasta lo que no tiene para ver a sus dolos en un partido de ftbol).

Escribo la historia de una carencia, no la carencia de una historia dice el Castelli de Rivera.

Ms desconcertante que Balcarce en el silln de Rivadavia presumo que debe ser para el pobre animal habitar en Barrio Parque, por las peculiaridades de su estirpe y la conmovedora historia de su encuentro.

Y Castelli-Rivera se pregunta Qu nos falt para que la utopa venciera a la realidad? Qu derrot a la utopa? Por qu, con la suficiencia pedante de los conversos, muchos de los que estuvieron de nuestro lado, en los das de mayo, traicionan la utopa? Castelli, aquel que, cualquiera sea la hora de los relojes, no tena la malsana costumbre de olvidar sus enemigos.

Somos oradores sin fieles, idelogos sin discpulos, predicadores en el

desierto. No hay nada detrs de nosotros; nada, debajo de nosotros, que

nos sostenga. Revolucionarios sin revolucin: eso somos. Para decirlo

todo: muertos con permiso. An as, elijamos las palabras que el desierto

recibir: no hay revolucin sin revolucionarios.

La revolucin es un sueo eterno. Andrs Rivera

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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