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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2016

El pensamiento utpico, la hidra capitalista y el censo del PCE: reflexiones para el XX Congreso

Gustavo Hernndez Snchez
Rebelin


Desde que Engels escribiese entre 1876 y 1878 esa pequea obra titulada Del socialismo utpico al socialismo cientfico, tan til desde el punto de vista referente a las cuestiones organizativas del movimiento y de los partidos obreros, pero tan imbuida tambin de la razn cientfico-tcnica del momento, pareciese como si una pesada losa se hubiese postrado sobre los hombres y mujeres que, desde el mismo movimiento obrero, luchamos por la utopa1. No descubro nada nuevo, y el tema es una cuestin tratada ampliamente por otros marxistas, por lo que no es necesario reproducir debates2. Solo la genial heterodoxia de pensadores como Ernst Bloch supo ver en el pensamiento utpico ese impulso o necesidad de trascender que, a pesar de todas las dificultades, mantiene vivo el pensamiento comunista en Occidente aun en la actualidad3. Otros y otras, en cambio, tomaron la propuesta de Engels desde el punto de vista ms mutilante de la razn a la que representaba, la cual no era absoluta sino contextual. Desde entonces, muchos y muchas dentro del movimiento obrero y de las organizaciones comunistas desdearon el concepto "utpico" sin tener en cuenta que la obra de Engels aluda a una separacin histrica de dos momentos del movimiento obrero, caracterizada por la organizacin de los partidos comunistas; organizacin a la que Engels y Marx, entre otros, dieron un impulso fundamental en aquellos aos. Desde entonces lo utpico se ha vinculado a las cuestiones ms infantiles de la lucha de clases, correspondiendo a los partidos comunistas la organizacin "cientfica" del movimiento obrero. Aquella obra sirvi en su momento ciertamente para organizar una respuesta colectiva por parte de los partidos obreros organizado de forma colectiva a travs de las Internacionales obreras para presentar batalla al capital. Hoy el contexto y la situacin son muy distintos, sin un movimiento internacional organizado, si bien la tarea continua siendo fundamentalmente la misma. La hidra capitalista, ese monstruo con mltiples cabezas que describe el sup. insurgente Galeano en sus recientes reflexiones sobre el mtodo zapatista, result ser un muro mucho ms difcil de derribar de lo que pareca, hasta tal punto que nuestro pensamiento y nuestra accin constituyen actualmente poco ms que una grieta4. La razn cientfica de autores como Engels o Marx no bast para derrotar a un enemigo tan polifactico. Hoy el muro sigue si cabe ms reforzado que nunca, lo que debe invitarnos a pensar en qu hemos fracasado a la hora de tratar de derribarlo.

Saltando en esta historia subjetiva del movimiento obrero, autores como Gramsci vieron en la burocratizacin del mismo un motivo por el que tal vez ese muro fuese tan duro de derribar. No quiero prescindir de la aportacin fundamental de Lenin, pero hoy la organizacin del Partido Comunista de Espaa (PCE) est tan alejada de las aportaciones de estos dos hombres, que sera interesante -cuando no necesario- pararse a pensar, aunque solo fuese un segundo, sobre el rumbo que toma la praxis comunista en nuestro pas. Recientemente Cayo Lara publicaba en Mundo Obrero, rgano de expresin del PCE -al menos de parte de l-, unas reflexiones al hilo de la prxima celebracin del XX Congreso, con la intencin de generar debate5. Se trataba en realidad de una crtica velada a Alberto Garzn y el proyecto de Unidad Popular (UP), desde una reafirmacin identitaria que solamente pretende salvaguardad la estructura de una Izquierda Unida (IU) que no ha sabido interpretar ni aprovechar su papel en un contexto de crisis econmica en el que le hubiera correspondido ser el motor de cualquier cambio impulsado por parte de las clases subalternas frente a la agresin neoliberal que venimos sufriendo desde el pasado 2007, si no desde mucho antes. Es un gesto que le honra, puesto que en el debate y en la democracia interna debe fundamentarse cualquier propuesta de una organizacin obrera, tanto ms de un partido comunista. Sin embargo, considero que se muestra demasiado autocomplaciente ante su gestin, la cual en buena medida, junto con otras gestiones anteriores, han dado al traste con el proyecto de IU, llevndonos a la situacin actual. Alberto Garzn simplemente ha salvado los muebles, agarrndose para ello a un aparato que debe desaparecer -y esto hay que empezar a decirlo abiertamente- o fagocitar no slo a IU, sino probablemente tambin al PCE6. El problema, desde mi punto de vista, es contrario a lo que opinan muchos y muchas de mis camaradas. Mientras que ellos y ellas ven que en el XX Congreso del PCE se dirime la continuidad de IU o su disolucin en UP, cuestin que es muy cierta, yo veo ms que lo que se dirime es la continuidad del PCE como una fuerza capaz de influir en la sociedad y organizar una respuesta a la agresin neoliberal de la que hablbamos antes, de constituirse, en definitiva, como una grieta ms en ese gran muro que representa la hidra capitalista. Lo que se dirime, en definitiva, es la propia continuidad del PCE. Esto, fuerzas como Podemos y sus dirigentes lo han comprendido mucho mejor que nosotros y nosotras, si bien corren el riesgo de que su propio proceso de burocratizacin termine tambin con ellos. Actores polticos como Cayo Lara y otros deben apartarse y no crear ms divisin y confusin ms all de apoyar y reforzar la gestin de Alberto Garzn.

La sensacin que me produce este hecho es de desidia. Pareciera como si se hubiese perdido la ilusin, esa necesidad de trascender que alimenta el pensamiento utpico y que en otros momentos de nuestra historia nos hizo alegres y combativos a pesar de dificultades que no eran menores que las que afrontamos en la actualidad. En cambio, el XX Congreso se prepara como un trmite en el que todo aparece ya vendido y en el que solamente se quiere resolver la cuestin IU-UP, es decir, una lucha por el aparato en lugar de un punto de encuentro de comunistas que, en visos de desaparecer como actor que histricamente ha representado, para bien y para mal, tanto para nuestro pas, se juntan para organizar una respuesta colectiva capaz de plantear una alternativa, ya sea al margen o a travs de las instituciones. Hoy ya todos y todas sabemos que la cada en el electoralismo ms rampante ha sido el gran fracaso histrico no solo de IU, sino sobre todo del PCE, pero no hacemos nada para solucionarlo. En cambio, se califica de "utpica" cualquier propuesta al margen de prestar batalla en las instituciones, como si eso fuese algo malo. Se bloquea cualquier propuesta alternativa y se vive pendiente de las acciones de otras organizaciones polticas en las instituciones, como si sus fracasos fuesen nuestras victorias, cuando en realidad perdemos todos y todas.

El PCE no debe depender de nadie, tiene que organizar su propia respuesta, por eso y por ningn otro motivo militamos en esta organizacin. Debe tender la mano a cualquier propuesta de cambio siempre que ello no suponga renunciar a sus principios. Para ello, debe tambin de pensar qu hacer, la pregunta maldita. Debe salir de esa lgica electoralista a la que la actualidad nos aboca, sin renunciar a estar en las instituciones -por supuesto, tambin hay buenos ejemplos de comportamiento ejemplar en ellas-, pero no a cualquier precio. Debemos volver a creer, en definitiva, en que constituimos un actor vivo y no una tradicin a la que acudimos de forma autoreferencial cuando no tenemos otra cosa que ofrecer. El propio Walter Benjamin recordaba en sus ltimas reflexiones, Tesis sobre filosofa de la historia (1940), que:

" La verdad es que no hay un solo instante que no lleve consigo su oportunidad revolucionaria. Solo exige que se la entienda como una oportunidad especfica, es decir, como la oportunidad de dar una solucin nueva a desafos totalmente inditos. Para el pensador revolucionario la oportunidad revolucionaria de cada momento tiene su banco de pruebas en la situacin poltica existente"7.

Por desgracia, un error en el censo no me permitir participar, de momento, en este proceso congresual, igual que a otros compaeros y compaeras, un ejemplo ms de la absurda burocratizacin, la cual deja tras de s situaciones surrealistas en la que un partido en visos de dejar de ser lo que histricamente ha representado se permite el lujo de desechar a su militancia, como si el pago de cuotas fuese lo ms importante que un militante comunista tiene que ofrecer a su organizacin.

Notas:

1 ENGELS, Friedrich. Del socialismo utpico al socialismo cientfico. Utilizamos la edicin digital de Marxist Internet Archive, 2000. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/m-e/1880s/dsusc/

2 SACRISTN, Manuel. Utopas y pensamiento utpico. Madrid: Espasa-Calpe, 1982. Del mismo autor: El pensamiento utpico en el mundo occidental. Madrid: Taurus, 1979.

3 BLOCH, Ernst. El principio esperanza. 3 v. Utilizamos la edicin de Madrid: Aguilar, 1977-1980.

4 Sup. insurgente Galeano. "El Muro y la Grieta. Primer apunte sobre el mtodo zapatista". Disponible en: http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2015/05/03/el-muro-y-la-grieta-primer-apunte-sobre-el-metodo-zapatista-supgaleano-3-de-mayo/

5 LARA, Cayo. "PCE e IU: orgullo de una izquierda soberana" en Mundo Obrero (11/03/2016). Disponible en: http://mundoobrero.es/pl.php?id=5594

6 Otra reflexin reciente, muy interesante, es la de Antonio Zugasti. Vid. ZUGASTI, Antonio. "Carta abierta a Alberto Garzn" en la marea.com (19/03/2016). Disponible en: http://www.lamarea.com/2016/03/19/83586/

7 En CUESTA, Raimundo. "Materiales para comentar las tesis de Walter Benjamin sobre el concepto de historia". Incluye el texto completo. Disponible en: http://grupoeculturalesagramsci.blogspot.com.es/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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