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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2016

Cuando la poesa se vuelve poder popular

Antoni Jess Aguil
eldiario.es


En su elega Pan y vino (1800), Hlderlin formula una pregunta emblemtica que cuestiona de raz el sentido de la palabra y la accin potica: Para qu poetas en tiempos de miseria?

Ms de dos siglos despus, los tiempos de miseria lamentados por Hlderlin no han dejado de ser los nuestros: tiempos de oligarquas aferradas a sistemas de privilegios, tiempos de pragmatismo economicista que impone lgicas mercantiles en todos los mbitos, tiempos de pobreza democrtica, tiempos, como deca Marx, de nuevas condiciones de opresin y nuevas formas de lucha por superar los antagonismos de clase y combatir la dominacin colonial y patriarcal imperante. En este sentido, el para qu remite hoy directamente a la pregunta por la poesa y su funcin en sociedades capitalistas globalizadas donde la poesa, recordando los versos de Gabriel Celaya, es concebida como un lujo cultural por los neutrales o, en el mejor de los casos, como un recurso mercantilizable en nombre de su supervivencia.

Entre la diversidad de respuestas al para qu, hay una comnmente extendida que defiende la inutilidad de la poesa como instrumento social y pedaggico. La condena de Platn por considerarla un arte imitativo cuyo poder de persuasin distrae de la verdad ilustra de modo magistral esta postura. En la Repblica, Homero (y, por extensin, los poetas y artistas) es expulsado de la ciudad ideal porque el poeta conoce el secreto de suscitar emociones, alimenta las pasiones y fabrica imgenes falsas con palabras, a la manera de un pintor. Tambin Fernando Pessoa, aunque esta vez en sentido positivo, destaca el carcter ficcional de la poesa al definir al poeta como un fingidor que crea, inventa y fabula: Fingir es conocerse.

Hay, sin embargo, otra postura que frente al para qu reivindica la funcin social de la poesa, como hiciera T. S. Eliot en una clebre conferencia pronunciada en 1943. Esta perspectiva representa un modo de ver el quehacer potico que permite explorar su dimensin tica y poltica, presente, por ejemplo, en la poesa urbana de Baudelaire, nacida de la experiencia de un lrico en el auge de la sociedad capitalista de masas: Multitud, soledad: trminos iguales y convertibles para el poeta activo y fecundo. El que no sabe poblar su soledad, tampoco sabe estar solo en medio de una muchedumbre atareada. En los versos de Walt Whitman sobre el amor y la democracia csmica, que acarician la piel como un beso voluptuoso y fresco: Me celebro y me canto a m mismo. Y lo que digo ahora de m, lo digo de ti, porque lo que yo tengo lo tienes t y cada tomo de mi cuerpo es tuyo tambin. En la conciencia feminista de Alfonsina Storni: Yo soy como la loba. Quebr con el rebao y me fui a la montaa fatigada del llano. En la poesa proletaria de Miguel Hernndez: Aceituneros altivos, decidme en el alma: quin, quin levant los olivos? No los levant la nada, ni el dinero, ni el seor, sino la tierra callada, el trabajo y el sudor. En la lucidez de la locura que ilumina la obra de Leopoldo Mara Panero: De todos los favores que pude prometerte te debo la locura. En el anarquismo potico de Jess Lizano: Denunciemos este delirio. Invitemos a todos los inocentes perdidos entre sus voces que llevan a esa lucha, todos perdidos entre las falsas verdades y sus terribles ecos. En las marcas de la opresin heteropatriarcal que atraviesan la palabra potica de Audre Lorde: Estoy atrapada en un desierto hecho de heridas a bala todava abiertas.

Dice Hugo Friedrich que el acto potico presenta tres posibles modos de comportamiento: sentir, observar y transformar. El ltimo se refiere tanto a la transformacin del lenguaje como de la realidad social y personal. Es precisamente esta capacidad transformadora la que nos permite encontrar vas de respuesta a la pregunta de Hlderlin. Todos los ejemplos citados muestran que combate poltico y lucha potica a menudo estn ligados uno al otro; que la poesa, lejos de ser un producto clausurado en libros y bibliotecas, se puede hacer en cualquier parte; que la praxis potica, por s sola, no puede cambiar el mundo, pero s puede cambiar las maneras de verlo y sentirlo, promoviendo agitaciones subversivas capaces de trastocar las relaciones de poder. Y aqu radica el carcter revolucionario de la poesa, tal y como lo expresa Vicente Huidobro: El poeta hace cambiar de vida a las cosas de la naturaleza, saca con su red todo aquello que se mueve en el caos de lo innombrado, tiende hilos elctricos entre las palabras y alumbra de repente rincones desconocidos.

No se trata de una revolucin de vanguardias iluminadas en la que el poeta se erige en gua del pueblo. La revolucin potica que puede transformar mundos y vidas es aquella que, por un lado, pone la inspiracin al servicio de una causa para combatir el orden dominante y, por otro, transmite ideas y sentimientos para aprender a sentipensar con la gente oprimida, que dira Orlando Fals Borda. Las huellas de lo que significa esta revolucin potica recorren la obra de Jos Mart: Hay una clase de poesa que sale, como un ro de sangre del alma atormentada, y rompe por entre peascos en su espantada fuga, y no abre sus ondas sino para dejar paso a clamores.

En una famosa escena de El club de los poetas muertos, el profesor Keating ensea a sus alumnos que no deben limitarse a aprender lecciones y recitar poemas de memoria: A pesar de todo lo que les digan, las palabras y las ideas pueden cambiar el mundo. No leemos y escribimos poesa porque es bonita. Leemos y escribimos poesa porque pertenecemos a la raza humana y la raza humana est llena de pasin. Keating era portador de una enseanza detestable para Platn y la economa global del neoliberalismo: la pasin potica tambin puede ser una pasin crtica y revolucionaria. De aqu la importancia de trabar luchas revolucionariamente poticas, revolucionariamente populares, contra lo que nos aboca a vivir en tiempos de miseria.

Fuente: http://www.eldiario.es/contrapoder/dia_mundial_de_la_poesia_6_497360279.html



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