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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-03-2016

Bruselas: los peligros de la repeticin

Santiago Alba Rico
Gara


Cuando un fenmeno se repite de forma regular, es ms necesario atender a los efectos de su repeticin que a las causas locales de una de sus manifestaciones concretas. El doble atentado del martes en Bruselas obliga, claro, a hacerse numerosas preguntas de orden policial. Obliga a cuestionarse la coordinacin entre la polica y los servicios secretos en Blgica y en la UE en general, a preguntarse si estamos o no ante una respuesta a la detencin de Salah Abdesalam, a reflexionar sobre el gran nmero de belgas musulmanes que se han sumado como voluntarios a la yihad en Siria y en Iraq y a tomar en consideracin el valor simblico de Bruselas como capital de las instituciones de la Unin Europea. Este es un trabajo que compete a servicios de seguridad y expertos en terrorismo, as como a los investigadores serios en yihadismo -socilogos y arabistas-, a los que, por cierto, nuestras autoridades deberan consultar ms a menudo si realmente estn interesados en comprender una amenaza que ya no se puede negar. Pero, ms all de los detalles de cada atentado, relativos a los objetivos y los procedimientos, lo ms relevante es la repeticin misma: se es el objetivo del ISIS, y en eso prolonga, supera y consuma la tctica iniciada por al Qaeda a finales de los aos 90. De lo que se trata es de estar siempre presente, de incorporar el miedo a la vida cotidiana, de combinar la territorialidad de las conquistas (Siria, Iraq, Libia, tambin Nigeria) con la globalidad de la amenaza, sin olvidar esta relacin viva y contradictoriamente retroalimenticia entre el territorio y las periferias. Europa es una de las periferias privilegiadas del Estado Islmico, y eso la convierte al mismo tiempo en una fuente de reclutamiento y en uno de los marcos de lucha donde es ms fcil introducir efectos tanto simblicos como polticos.

Pero porque los atentados se repiten -y su objetivo es la repeticin- es necesario anunciar ya que habr un nuevo atentado en Europa. Es absurdo hacerse ilusiones. Nuestras sociedades son cada vez ms vulnerables y cada vez es ms sencillo hacer ms dao con menos medios. Ningn sistema de gobierno, ninguna estructura policial, ninguna tecnologa podr impedir que un puado de terroristas bien organizados -contralites de nuestras lites gobernantes, despreciadoras tambin de la vida humana- revienten un vagn de metro en hora punta, barran con dinamita la plaza de un mercado o vuelen un museo. No vamos a impedir el prximo atentado. Se trata ms bien de preguntarse si podremos evitar los sucesivos o de disminuir tanto su repeticin que, en lugar de un elemento integrado de nuestra inseguridad y de nuestras polticas, los atentados se aborden en pocos aos con las rutinas propias de un Estado de Derecho frente a un delito comn.

Frente a un fenmeno que se repite y cuyo objetivo es la repeticin misma no hay mucho espacio para la originalidad ni en los anlisis ni en las respuestas. Hay dos posibles abordajes. Uno es el nuestro, el que hasta ahora han venido practicando los gobiernos occidentales: frente a la repeticin del terrorismo, y contra toda lgica, repetir las mismas reacciones, las mismas medidas, la misma poltica en el interior y en el exterior. Enumeremos de manera sumaria estas respuestas:

1. Considerar con neurtico narcisismo nuestras libertades y nuestra democracia el objetivo de los yihadistas, lo que lleva paradjicamente a restringir unas y otra.

2. Criminalizar policialmente a los miembros de la comunidad musulmana mientras se les conmina a hacer gestos pblicos que no dejen dudas sobre su voluntad de integracin.

3. Firmar y aplicar acuerdos sobre refugiados que, adems de violar el ADN mismo de los derechos humanos y la Carta Fundacional de la ONU, alimentan la creciente islamofobia y xenofobia de los ciudadanos europeos.

4. En el plano internacional, apoyar o rehabilitar dictadores -pensemos, claro, en Arabia Saud, pero tambin en Bachar Al-Asad, entrevistado recientemente por El Pas, o en el general Sisi, entrevistado por La Repubblica-, poltica que en el pasado condujo al levantamiento de los pueblos rabes y, una vez derrotadas las revoluciones de 2011, a una reactivacin de los yihadismos contra los que se legitimaban esos regmenes.

5. Una poltica de venta de armas y de intervenciones mltiples, incluidos bombardeos areos, que slo han servido para provocar ms vctimas que el propio terrorismo, aumentar el caos en el que el yihadismo nace y se fortalece y agravar las divisiones regionales que impiden combatirlo en su terreno.

Todo esto es tan repetitivo como intil. De hecho, es lo que, de algn modo, garantiza la exitossima repeticin de los atentados y sus metstasis planetarias. Hay otra respuesta? La hay, aunque tampoco es novedosa en su formulacin, y si muchos la repetimos, desgraciadamente en el vaco y siempre en medio del dolor, es porque nuestros gobiernos, en lugar de escuchar, prefieren obedecer a Daesh y reproducir una y otra vez las condiciones de su existencia. Desde el realismo ms modesto, sin pretender acabar mgicamente con el mal en el mundo, a sabiendas de que el prximo atentado es inevitable -pero no quizs el siguiente- se impone recordar una vez ms un puado de verdades sin las cuales nunca conseguiremos ni frenar el terrorismo ni defender nuestros valores.

1. La mayor parte de las vctimas de ISIS y la mayor parte de los que combaten a ISIS son musulmanes.

2. Muchos de los yihadistas de ISIS son europeos, sobre todo franceses, belgas e ingleses.

3. Los refugiados sirios, que huyen ms de las bombas de Bachar Al-Asad que del yihadismo, son considerados, en todo caso, fugitivos del verdadero islam y Daesh los clasifica entre sus enemigos, como a todos los que -musulmanes o no- no comparten su delirante takfirismo wahab radical.

4. Daesh no combate la democracia sino la hereja en todo el mundo y no se nutre de alta teologa sino de milenarismo utpico y de radicalismo rebelde global -el de los consumidores fallidos y los ciudadanos incompletos de Europa y el mundo rabe-.

5. la islamofobia en Europa y el eurocentrismo exaltado e hipcrita dan la razn y alimentan la estrategia de Daesh.

6. Las leyes de excepcin, la erosin del Estado de Derecho y la aplicacin de castigos de orden ontolgico -por su condicin y su seleccin racial- no van a garantizar la seguridad a los ciudadanos, pero s estn consiguiendo convertir a los gobiernos europeos, al debilitar los valores que se dice defender, en autnticas dictaduras rabes, con el retroceso civilizacional y el peligro entrpico que ello entraa.

7. El apoyo a dictaduras rabes -con armas, financiacin y acuerdos econmicos y migratorios- no slo desprestigia la poltica exterior europea sino que desarma a los ciudadanos locales, amenazados por el Daesh, a la hora de enfrentarse a l.

8. Sin democracia y derechos (polticos y sociales) no hay paz y sin paz no puede haber contratos sociales que impliquen a todos los ciudadanos en la lucha contra el terrorismo; en esa direccin, la UE debe revisar sus relaciones polticas y comerciales con sus aliados, lo que incluye, desde luego, a Arabia Saud e Israel.

Deca Goethe que, puesto que el error se repite de hecho, es necesario repetir la verdad de palabra. Los hechos, por desgracia, imponen incluso las palabras que decimos y las que nos creemos. Por eso, en esta situacin de peligro, a la espera del prximo atentado, conociendo de antemano el comportamiento de ISIS y de nuestros gobiernos, se impone un gran acuerdo partidista-ciudadano en favor de la seguridad y, por lo tanto, en contra de las medidas que nuestros gobiernos toman, siguen tomando, van a tomar, contra los asesinos yihadistas. Como las palabras cuentan y no tenemos otra cosa, y como el sentido comn est en manos de los que las pronuncian en pblico, este gran pacto contra las repeticiones del ISIS (y contra la repetitiva manera de combatirlo) debe implicar a los medios de comunicacin. No al ISIS, no a la islamofobia, no a las depotaciones de refugiados, no a los bombardeos, no a las leyes de excepcin, no a los recortes de libertades, no a las dictaduras, no a la venta de armas; una gavilla de noes a favor de la seguridad global -de la democracia global- que slo podremos imponer como sentido comn si se imponen como palabras comunes. Nuestros periodistas, nuestros intelectuales, nuestros partidos polticos de oposicin deberan entender de una vez que se trata de mucho ms que de evitar el prximo atentado: se trata de evitar el colapso material y moral de la civilizacin que el ISIS y la Gran Coalicin que lo combate se han puesto de acuerdo en provocar.


Fuente original: http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/gara/editions/2016-03-25/hemeroteca_articles/bruselas-los-peligros-de-la-repeticion

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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