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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-03-2016

Kerry en Mosc

Higinio Polo
El Viejo Topo


La visita que John Kerry, secretario del Departamento de Estado norteamericano, ha realizado a Mosc, para entrevistarse con Sergui Lavrov, ministro de asuntos exteriores ruso, y con el presidente Vladmir Putin, revela ante los ojos del mundo la necesidad de Washington de llegar a acuerdos con Mosc. La agenda anunciada para las entrevistas aborda la guerra en Siria, las diferencias en Ucrania y otras cuestiones internacionales que no han sido detalladas.

Las diferencias entre Estados Unidos y Rusia son notorias: el gobierno de Obama ha intentado limitar la influencia rusa no solamente en Oriente Medio sino tambin en su periferia, donde Putin intenta reconstruir lazos econmicos a travs de la Unin Euroasitica con las antiguas repblicas de la URSS. Washington lanz el programa de desestabilizacin en Siria, y en Libia, y ha actuado en Oriente Medio y en Europa sin contar con los legtimos intereses estratgicos de Mosc; como impuls, financi y apoy el golpe de Estado en Ucrania, que lleg de la mano de otros golpes de Estado (como en Egipto y Thailandia, adems del protagonizado en Kiev) que desmienten de forma categrica las palabras de Obama sobre un nuevo tiempo y unas nuevas formas de relacin internacional de Estados Unidos y el resto de pases.

Sin embargo, como ya ocurri en Afganistn y en Iraq, el guin norteamericano previsto no se ha visto refrendado por la realidad. Si bien en Libia la guerra impuesta por Occidente consigui deponer a Gadafi, aun a costa del caos, la muerte y la devastacin actuales, en Siria la financiacin de grupos yihadistas, reconvirtiendo aceleradamente las protestas de 2011, llev a la actual guerra civil que tambin ha destruido buena parte del pas pero no ha conseguido su propsito de derribar a Bachar al-Asad, con la dificultad aadida de que la sangrienta guerra ha reforzado grupos yihadistas como Daesh, que han acabado de escapar al control de sus mentores, aunque mantengan lazos con otra potencias de Oriente Medio aliadas de Estados Unidos: Arabia, Turqua, y, en la trastienda, Israel.

Las diferencias con Rusia son numerosas. En Ucrania, Estados Unidos no insiste a su gobierno cliente de Poroshenko en la conveniencia de cumplir ntegramente los acuerdos de Minsk (con el dilogo directo entre Kiev y el Donbs, la amnista para los combatientes comprometida, la autonoma para el este del pas, y la reforma constitucional), y, con el conflicto y la guerra congelados, espera la ocasin para seguir presionando a Mosc. Sobre Siria, donde tras los bombardeos rusos sobre los grupos yihadistas en los ltimos meses, el reforzamiento del gobierno de Damasco ha sido evidente, Estados Unidos ha llegado a la conclusin de que tiene que contar necesariamente con Mosc para resolver la crisis que, adems, podra convertirse en una guerra generalizada en Oriente Medio y, ms all, en un enfrentamiento directo entre las grandes potencias. Las difciles negociaciones de Ginebra se celebran con tres cuestiones donde rusos y norteamericanos divergen radicalmente: uno, el papel de Bachar al-Asad, al que Estados Unidos quiere forzar a dimitir, y que Mosc considera clave para acabar con la guerra; dos, sobre los grupos terroristas presentes en las negociaciones (gracias al apoyo de Arabia y Turqua a facciones responsables de terrorismo a gran escala), y que han formado una coalicin bajo los auspicios de Arabia; y, finalmente, sobre la ausencia de los grupos kurdos, que Mosc pretenda que asistiesen, y que la negativa de Turqua y el asentimiento norteamericano, ha hecho imposible. La Turqua juega un peligroso papel: quiere acabar con el gobierno de Damasco, aplastar a los kurdos sirios y turcos, y conecta con Arabia para acosar a Irn y limitar su influencia en Iraq, Siria y Lbano. Tras ello, aunque a regaadientes, Washington acepta de momento congelar su pretensin de que Mosc pierda por completo su influencia en Oriente Medio.

Existen otras cuestiones, que, aunque de momento sean secundarias, tienen una gran importancia en la relacin entre Mosc y Washington: la desoladora situacin en Libia, convertida en un estado fallido, con dos gobiernos, y con un caos absoluto donde imperan los grupos terroristas y la delincuencia, y donde, increblemente, ni Francia, ni Gran Bretaa, ni Estados Unidos quieren hacerse responsables del desastre; la cuestin palestina, que no por desaparecida de los grandes medios de comunicacin deja de ser menos dramtica, con la realidad de emergencia humana en Gaza, y los asesinatos casi diarios del Tsahal en el resto de los territorios palestinos ocupados por Israel; las diferencias sobre Irn, donde se alcanz un acuerdo sobre materia nuclear, pero Estados Unidos ha vuelto a imponer sanciones a Tehern por su programa de misiles; y, finalmente, sobre la forma de afrontar el fenmeno terrorista y las inacabadas guerras en Oriente Medio, desde Afganistn hasta Iraq, pasando por el Yemen, donde Arabia tiene su agenda propia.

Por si faltasen desacuerdos, Mosc no olvida las diferencias sobre el escudo antimisiles que Estados Unidos y la OTAN estn desplegando en Europa y Asia; el avance de las tropas de la OTAN hacia las fronteras rusas, con el establecimiento de nuevos cuarteles generales en los pases blticos y en Bulgaria, Rumania y Polonia; las sanciones econmicas decretadas por Estados Unidos contra Rusia, medida que forz tambin a imponer a la Unin Europea; la injerencia en los pases de la periferia rusa, y finalmente, la pretensin norteamericana de hacer inviable el proyecto ruso de Unin Euroasitica, saboteando los esfuerzos diplomticas rusos y dificultando los acuerdos econmicos en Europa oriental, el Cucaso y Asia central.

Estados Unidos sabe que ha fracasado su intento de aislar diplomticamente a Rusia, y cede ante la evidencia del desastre sirio, optando por la mesa de negociaciones que antes desde, y por la necesidad de colaborar con Mosc ante el terrorismo, que, adems, tras los ltimos atentados de Bruselas, ponen a la Unin Europea ante la certeza de que tanto los millones de refugiados (causados por las guerras) que pretenden alcanzar Europa como los constantes y feroces atentados terroristas son consecuencia de la aventurera poltica exterior norteamericana. Y pese a la tradicional sumisin de Europa a las decisiones norteamericanas, Washington no puede dejar de escuchar el temor de sus socios europeos. Es la hora de la negociacin, y Rusia lo sabe: por eso, Kerry acude a Mosc.

Fuente: http://www.elviejotopo.com/topoexpress/kerry-en-moscu/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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