Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2016

Crimen y mercado

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


El mundo del crimen es tan variado como el de la fauna marina y mucho ms que el de la virtud. Pero podemos decir que hay tres tipos bsicos de asesinato: se mata por pasin, por inters y por placer. El crimen pasional es aqul en el que, ya se trate de celos, venganza u odio visceral, el objeto y el objetivo coinciden o, si se prefiere, es aqul en el que el fin (la finalidad) es el fin (la destruccin) de la vctima. Pensemos, en efecto, en el frgil Otello, en el justiciero conde de Montecristo o en el bblico Can, personajes de ficcin tan poderosos que se han convertido ya en arquetipos y cuya pasin homicida, de raz muy diferente, se concentra, en efecto, en un objeto personal e insustituible. Los crimenes pasionales, a menudo atroces y mezquinos, tienen la ventaja de ser antropolgicamente comprensibles y no es extrao que hayan sido y sigan siendo la fuente de grandes dramas literarios.

El asesinato interesado, por su parte, no se interesa por la vctima, salvo en la medida en que es el medio para alcanzar otro objetivo: una herencia, el poder, una ventaja material o simblica. Enseguida nos vienen a la cabeza algunos casos muy famosos: tiranos como Dionisio de Siracusa, los Borgia o Trujillo, locos fros como Landr, que mat a decenas de mujeres para mantener a su familia, y mafiosos como Al Capone o Lucky Luciano. Por muy diversos que sean sus motivos y su capacidad para el mal, los asesinos calculadores no sienten animadversin por sus vctimas, a las que una personalidad concreta favorable -guapos, buenos, generosos- no les salvara tampoco de la agresin y la muerte.

El asesinato recreativo, por ltimo, tambin concibe a la vctima como un simple medio, pero para obtener un placer sdico o deportivo, como en el caso de los asesinos en serie. A los nombres de Jack el Destripador, el Vmpiro de Dusseldorf o el Carnicero de Cleveland, cuya brutalidad refinada sigue abrumando nuestra imaginacin, se unen las masacres cada vez ms rutinarias en escuelas o centros comerciales, sobre todo en EEUU, como las cometidas por Eric Harris y Dylan Klebold en 1999 en Columbine o por Christopher Harper-Mercer en 2015 en el Instituto Umpqua de Oregn. Aunque en el asesinato recreativo se combinan el placer del acto y el placer del nmero -lo que invita a asociar su creciente frecuencia a dinmicas de guerra y mercado capitalista- podemos decir que estos tres tipos de crimen -por pasin, por inters, por placer- son trasversales a todas las pocas y todas las civilizaciones y obsesionan por eso mismo la fantasa estremecida de los seres humanos. Cuando integramos los tres tipos en una prctica poltica sistemtica a gran escala -cuando la vctima no es una persona sino una etnia, una clase o una comunidad- hablamos entonces de genocidio, cuyo ejemplo histrico ms extremo es el del nazismo.

Hay solo tres tipos? Hay un cuarto tipo mucho ms moderno, el bombardeo areo, que tiene apenas 100 aos y que se diferencia de los anteriores por el hecho de que no contempla a la vctima ni como fin ni como medio de la accin sino como un simple residuo, lo que sita sus horrores al margen de la venganza y al margen del derecho, en un mbito casi divino que excede nuestra imaginacin. Sobre bombardeos, hasta donde yo s, slo hay una buena novela, muy extravagante y heterodoxa, Matadero 5, del estadounidense Kurt Vonnegut.

Pero hay un quinto tipo de asesinato, muy raro, en el que la vctima no es ni fin ni medio ni residuo sino una mera ocasin. Pensemos en el famoso caso de Richard Loeb y Leopold Natham, dos brillantes jvenes de familia rica que en 1924 asesinaron a Bolly Francks, elegido al azar, con providencial arbitrariedad, para demostrar su desprecio por la moral burguesa y su superioridad intelectual, que queran materializar en la comisin de un crimen perfecto. Este crimen inspir, por cierto, la pelcula de Alfred Hitchcock La Soga, de 1948, y precedi en 92 aos al que cometieron hace unos das Manuel Foffo y Marc Prato, dos jvenes italianos de familia pudiente que, sin placer, odio o inters, torturaron y asfixiaron en Roma al veinteaero Luca Varani, al que apenas conocan. Este quinto tipo de asesinato -el ocasional- admite a su vez dos variantes, ejemplificadas en los dos casos citados. En la primera, la de Loeb y Natham, la vctima contingente es la ocasin para probar -demostrar- un argumento filosfico, el de la relacin entre genio e impunidad, como as reconocieron los propios asesinos, no lo bastante inteligentes, sin embargo, para no ser capturados y encarcelados. Se trata, digamos, de un asesinato intelectual. En la segunda variante, la de Foffo y Prato, la vctima, en cambio, es la ocasin para probar -experimentar- una experiencia nueva. Esto declar Foffo al fiscal Francesco Scava, muy intrigado por el mvil del homicidio: queramos ver qu se senta y queramos ver el efecto. Se trata, pues, de un asesinato experimental.

Este quinto tipo -en sus variantes intelectual y experimental- tiene que ver con el nihilismo; es decir, con la conviccin interiorizada de que nada, ni siquiera la vida humana, tiene valor. El nihilismo lleva inevitablemente a la accin, pues es en la accin negadora donde se realizan sus principios, pero podemos decir que, mientras que el nihilismo activo de Loeb y Natham se fundamentaba en un nihilismo del pensamiento, el de Foffo y Prato se basa en un nihilismo de la sensacin. Loeb y Natham vivan en una cultura capitalista jerrquica e hiperracionalista; Foffo y Prato en una postmoderna y consumista. Sera absurdo y hasta demaggico atribuir estos crmenes a la poca en que vivimos, pero es posible, al revs, relacionar el mercado y sus pautas de consumo con el -as llamado- nihilismo de la sensacin, que no mata quizs directamente pero s modela la percepcin de ese hombre nuevo que Gunther Anders defina como un hombre sin mundo: sin memoria, por tanto, sin pasado ni futuro, volcado completamente en la libertad de las mercancas y sus placeres solubles, como el nescaf, en la experiencia inmediata de los consumidores.

Cuando los antiguos se imaginaban sin l, en lugar del mundo ponan a Dios o a la Razn, con sus potenciales caprichos y totalitarismos; nosotros tenemos el mercado, la instancia que responde hoy a estas tres preguntas humanas fundamentales: qu podemos saber?, qu podemos hacer?, qu podemos sentir? Bajo el mercado, las tres preguntas, en realidad, convergen en una sola respuesta, la espina ideolgica de la cultura del consumo. Qu podemos saber? Sentir. Qu podemos hacer? Sentir. Qu podemos sentir? Cualquier cosa que se pueda comprar, incluido el dolor del otro. La radicalidad de Foffo y Prato, felizmente no muy frecuente, consiste en que su deseo de sensaciones les indujo a pasar al acto, como hacen solamente los civilizados bombardeadores y los brbaros del Estado Islmico. En general los dems aceptamos como suficientes las sensaciones pasivas manufacturadas en las pasteleras, los parques de atracciones, las tiendas de electrodomsticos y la televisin. No matamos a nadie, es verdad, pero las vctimas -las vctimas objetivas de este mundo injusto- son para nosotros tambin, como para Loeb, Natham, Foffo y Prato, una ocasin: la ocasin para sentirnos buenos de camino al supermercado. En conclusin: la tragedia de los refugiados retenidos -golpeados, rechazados- en nuestras fronteras es en realidad la tragedia de una Europa que, por la va de la sensacin y no de la razn, vuelve hoy muy deprisa a la prctica poltica sistemtica a gran escala -integradora de odio, inters y placer sdico- que hace 80 aos llambamos genocidio.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter