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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-04-2016

La factura social de la reforma china

Xulio Ros
Rebelin


Escuchar al ministro de Hacienda chino Lou Jiwei quejndose de la rigidez de la legislacin laboral o al ministro de Trabajo y Seguridad Yin Weimin asegurando que los costes de la mano de obra en China se haban vuelto prohibitivos para algunas empresas, produce cierto sonrojo. Ms an cuando en el mismo foro las sesiones parlamentarias de marzo- el vicesecretario del PCCh en Heilongjiang, Lu Hao, debi hacer autocrtica pblica respecto a la falta de previsin por parte de las autoridades a la hora de enfrentar los ajustes en algunas empresas estatales en su regin, lo cual provoc las lgicas y masivas protestas de los afectados. Pareciera que el PCCh se sumaba a la corriente global de estigmatizacin de la colectividad laboral en un pas que si lleg a la condicin de segunda potencia econmica del mundo en tiempo rcord fue en buena medida por la abnegacin y sacrificio de una masa trabajadora que aup los ndices macroeconmicos sin derechos apenas ni rechistar. Y es que el principal problema de China en esta materia no es la legislacin sino su incumplimiento reiterado. De ello podran hablar mucho hasta los propios sindicatos oficiales pero no haba en el programa de las dos sesiones citadas ninguna comparecencia prevista.

El necesario e inevitable cambio en el modelo de desarrollo chino exige, entre otros, mejorar la capacidad adquisitiva de los colectivos laborales y en esa lnea se avanz sostenidamente en la dcada pasada. Sin ello, no habr sociedad de consumo, como tampoco sin una intensa inversin social en un pas donde la falta de proteccin aboca al ahorro masivo. Ahora, los ajustes en el sector industrial que afectan especialmente a mbitos (acero, carbn) y regiones (noreste) con fuerte peso de la empresa estatal provocarn numerosos despidos (se habla de unos cinco millones), cifra considerable pero situada muy lejos de los casi 30 millones del periodo del primer ministro Zhu Rongji (1998-2003); sin embargo, la sensacin de un menor compromiso con las capas ms desfavorecidas es mayor que entonces. El actual equipo dirigente parece prestar ms atencin a aquellos aspectos relacionados con la proyeccin de poder de China (ambiciosos proyectos exteriores, defensa, etc.) que a los relacionados con los agujeros negros de su proceso de desarrollo (desigualdades, desarrollo humano, etc.). Con Hu Jintao y Wen Jiabao (2002-2012), lo social gan terreno, ahora parece retroceder.

Este ao y todo el quinquenio que ahora se inicia- ser de intensificacin de los ajustes, lo cual traer consigo, previsiblemente, una intensificacin paralela de las protestas sociales como efecto colateral. Fenmenos comunes como los salarios atrasados estn al orden del da en las regiones costeras del sur y los conflictos laborales, muchos de ellos debidos a la explotacin abusiva de los millones de migrantes procedentes del campo, parecen avocados a crecer de forma significativa. Segn fuentes del China Labour Bulletin, ya en 2015 fueron el doble de los ocurridos en 2014 y la tendencia en 2016 apunta a batir records.

La reaccin del PCCh sugiere la habilitacin de partidas especficas para compensar a los afectados por la nueva y comprometida fase de la apertura pero, en paralelo, dispone circulares amenazantes a las autoridades a todos los niveles para que asuman sus responsabilidades en la prevencin y represin de la conflictividad laboral con un catlogo detallado de sanciones que se une a una atmosfera muy hostil con la defensa de los derechos laborales. A ello hay que sumar los intentos de situar a la polica armada popular bajo la dependencia de la Comisin Militar Central y un incremento de todo tipo de controles sobre entidades pseudo-sindicales que hasta ahora funcionaban apenas sin problemas a modo de asesoras. La protesta, por justificada que sea, equivale a poner en peligro la seguridad nacional.

La obsesin por preservar a toda costa la estabilidad y evitar la generalizacin de los conflictos y, naturalmente, su coordinacin hasta el punto de llegar a imitar la Polonia de los aos 80 escenario harto improbable a da de hoy en China-, contrasta con el poco empeo y la falta de credibilidad de las autoridades a la hora de hacer respetar la legislacin laboral a las propias empresas. Esa asimetra rompe el exigible equilibrio y saca los colores al PCCh y al gobierno chino.

Xulio Ros es director del Observatorio de la Poltica China.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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