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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2016

El futuro poltico de la monarqua
La corte de Felipe VI: un rey para un pas difcil

Pablo Elorduy
Diagonal

La formacin del Gobierno marcar el futuro inmediato de la Casa Real tras el cambio de monarca en 2014. El escndalo del "compiyogui" Javier Lpez Madrid pone en cuestin el relato comunicativo en torno a la transparencia de la familia de Felipe VI


No es la mejor pelcula de Luis Garca Berlanga y Rafael Azcona, pero es difcil encontrar un documento ms hilarante que muestre cmo se vivi el cambio de rgimen en la nobleza espaola. En Patrimonio Nacional (1981) el marqus de Leguineche reciba un consejo de otro noble: La poltica y la banca, eso s que son hoy aristocracias. Han pasado 40 aos y la constatacin sigue funcionando. La vieja corte de pavana y rigodn est enterrada en el cementerio de la historia, no as la corte de polticos y banqueros que anticipaba uno de los nobles de Patrimonio Nacional.

Las dificultades para formar Gobierno, lejos de debilitar a la corona, la han consolidado en su papel consultivo y arbitral reconocido en la Constitucin del 78. El tiempo ha corrido a favor de Felipe VI, una figura hasta ahora poco o nada cuestionada en comparacin con el castigo meditico del grupo de aspirantes a futuros jefes de Gobierno formado por Pedro Snchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera. Slo una parte de la prensa de centroderecha considera un agravio a Mariano Rajoy la decisin de Felipe VI de bloquear el plan inicial de Rajoy: que el rey declarase desierto el encargo de formar Gobierno y que eso precipitase una repeticin rpida de las elecciones para que la primavera devolviera al PP el control del Estado que perdi el 20 de diciembre.

El actual presidente facilit y coordin la operacin de sucesin real. Los escndalos de corrupcin y sus resultados el 20 de diciembre le han debilitado de cara a cualquier proceso de reforma constitucional y regeneracin. Las llamadas por parte de Albert Rivera a la secesin de diputados populares muestra una serie de movimientos en el partido. Jos Manuel Margallo, ministro de Exteriores, una cartera tradicionalmente bien relacionada con la monarqua, aparece en las quinielas como posible artfice de ese movimiento de tierras en el PP.

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La decisin por parte de la Casa del Rey de postergar el viaje del monarca a Reino Unido y Arabia Saud por el contexto poltico muestra el empeo por presentar al rey como artfice de los pactos de Estado, si es que finalmente stos se producen, y evita, hasta la formacin de Gobierno, la polmica foto de Felipe V con Salmn bin Abdulaziz, rey de Arabia Saud, un reino en el que el respeto a los derechos humanos escasea tanto como los glaciares.

El anuncio por parte de la prensa promonrquica es que el actual rey aguantar antes de formar un Gobierno que puede tener una decisin importante sobre el futuro de su propia institucin. El 2 de mayo termina el plazo establecido por el reglamento del Congreso, tras el cual Rajoy y Pedro Snchez tendrn que afrontar una crisis de partido preelectoral. Los lderes de Ciudadanos, un Rivera fortalecido tras el 20D, y Podemos, a la espera de las reuniones con Pedro Snchez que marcarn el futuro inmediato del partido morado, ya han presentado su agenda de reformas a Felipe VI.

Reforma o riesgos

El rey actual cuenta con ventajas respecto a sus antecesores, en primer lugar porque no hay otros grupos monrquicos que reclamen derechos sucesorios. El republicanismo es un mar de fondo entre otras cuestiones ms acuciantes relativas a la soberana y la defensa de la II Repblica ya no es un tab social ni supone una incomodidad para la monarqua actual aunque se seale la responsabilidad de afines a la Casa Real como Rodolfo Martn Villa. No hay un sentimiento antimonrquico homogneo y a las naciones dominantes les sigue siendo indiferente la forma de Gobierno de Espaa, dentro de sus cauces, si no siguen siendo abiertamente promonrquicos, como el caso del Reino Unido.

En este sentido, cabe destacar que la poltica de Dwight Eisenhower normaliz la relacin con el Franquismo, y la hoja de ruta de EE UU incluy el reconocimiento inmediato de la figura de Juan Carlos I por parte de la administracin de Jimmy Carter. Estaba en juego el control de las bases cedidas por Franco a Estados Unidos y la poltica de exclusin de los partidos comunistas en el sur de Europa.

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Al igual que su padre, Felipe VI tiene la capacidad de un lobby por su facilidad para obtener informacin directa y consultora constante de las administraciones que a l se deben, el apoyo unnime de los tres ejrcitos, a los que representa, y los gestos de complicidad pblicos y privados con las ramas ms altas del poder econmico y los principales medios de comunicacin. No obstante, como explica Joan Oliver Araujo en el artculo acadmico La reforma constitucional de la Corona [PDF], la Constitucin del 78 otorga al rey funciones exclusivamente simblicas, moderadoras y arbitrales.

Felipe VI navega, hasta el momento, sobre el cmodo colchn legislativo del rgimen del 78, pero sobre el futuro de su reinado pesa la historia: el reino de Espaa no encadena tres reyes desde el siglo XVIII. Por eso, si de perpetuar la dinasta se trata (y de eso se trata), el actual Jefe de Estado debe llevar a cabo bajo su reinado las reformas constitucionales que sean necesarias para la prxima reinvencin de la monarqua espaola.

Las cuestiones en juego son si la dinasta podr sobrevivir sin una Reforma Constitucional que la modernice, y por cuntos aos, y tambin si sobrevivir a una Reforma Constitucional o a un proceso constituyente. Una fase en la que se pueda abrir a la ciudadana y al pueblo un debate actualmente casi inexistente sobre la forma de Gobierno, pero enmarcado en el largo y vigente debate sobre la soberana en el marco de la Unin Europea y la economa global.

En la actualidad, el Senado y la propia carta constitucional sirven para bloquear de facto cualquier proyecto de cambio de la forma de Estado a travs de la ley vigente. Una reforma de ese calado pasara por una modificacin del ttulo preliminar, diversos artculos del Ttulo I y del Ttulo II al completo, casi un cambio de Constitucin. Un Everest legislativo en busca de autores.

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No obstante, aunque el panorama dentro de la legislacin espaola proteja el inters de la Casa de Borbn, las transformaciones en Europa son, junto a las demandas de Catalunya y Pas Vasco, el principal asunto que puede modificar el rgimen constitucional actual. La crisis econmica, el agotamiento de los recursos y la crisis actual de fronteras en la UE constituyen serias amenazas a un proyecto monrquico que sigue siendo ms frgil que las monarquas anglonormandas consolidadas.

Entre las reformas plausibles dentro del Estado monrquico actual, la ms conocida y an pendiente atae a la ley de Sucesin, artculo 57.1 de la Constitucin. Se prev eliminar la preferencia de los varones sobre las mujeres en la lnea de sucesin y que slo tendra un papel si el rey y la reina tuvieran un hijo varn.

Segn Oliver Araujo, catedrtico de Derecho Constitucional de la Universidad de las Islas Baleares, otras posibles reformas definiran lmites a la monarqua que la Constitucin del 78 no quiso tocar. Es muy conocida la inviolabilidad del rey, aquel principio que le permitira cometer un asesinato sin consecuencias penales de gravedad, un asunto que choca frontalmente con la jurisprudencia de la Corte Penal Internacional. Tambin faltan en la actual Constitucin garantas sobre el control de gastos o los nombramientos directos por parte de la Casa del Rey y tampoco aparecen las incompatibilidades en el mbito econmico-privado en las que puede incurrir la Casa del Rey.

El equilibrio de partidos en el Congreso y el Senado puede lanzar este proceso de reformas. Con la actual composicin de la Cmara baja y la mayora de los populares en el Senado, cualquiera de estas reformas est postergada sine die.

Las muletas polticas de sus antecesores

El actual rey comparte con Alfonso XIII una caracterstica principal. Ambos han sido los llamados a consolidar su reinado tras la restauracin de su casa. En 1874, el pacificador Alfonso XII se apoy para la fontanera poltica en su padrino, el Duque de Sesto, y posteriormente en el proyecto de Administracin de Cnovas del Castillo para consolidar una monarqua que an era dbil a nivel interno tras el sexenio democrtico pero que estaba apoyada por otras casas reales europeas.

El corto reinado de Alfonso XII dio lugar a la Constitucin de 1876, un texto que estableca la soberana compartida entre el rey y las Cortes pero arrogaba al rey la capacidad de nombrar gobierno, es decir, facilitaba el paso de un gobierno a otro sin mediar sufragios.

Las aspiraciones soberanistas en Pas Vasco y Catalunya han tenido un papel fundamental en la historia de la Corona. El fin de la tercera guerra carlista durante el reinado de Alfonso XII trajo consigo un castigo al pueblo vasco y tambin a otros territorios sublevados que, como hoy se sabe, no cerr el conflicto. A su vez, los vnculos de la Corona con la burguesa industrial catalana precedieron el nacimiento del movimiento obrero, las huelgas y conquistas sociales de 1919, y las protestas contra la leva de soldados para salvaguardar los intereses de la oligarqua espaola en el Rif. Una semana trgica que aceler el crecimiento de las organizaciones sindicales y polticas que fueron respondidas con un gobierno militar y la posterior salida de Alfonso XIII.

La pacificacin interna sobrevivira unos aos al reinado de Alfonso XII, pero las independencias de Cuba y Filipinas en el 98 y el crecimiento del movimiento obrero abrieron una larga crisis que seguira, tras la regencia de Mara Cristina de Habsburgo, durante el reinado de Alfonso XIII. La historia de la prdida de legitimidad del rey africano es conocida y se resume en el paso del parlamentarismo maniobrero del Conde de Romanones a la dictadura de Miguel Primo de Rivera.

El desastre de Annual (1921) supuso la gran crisis poltica del rgimen alfonsino. El golpe militar de Miguel Primo de Rivera en 1923 estuvo destinado a impedir el acceso a la opinin pblica del Expediente Picasso, que revelaba las races podridas de la campaa africana del ejrcito, as como la responsabilidad real.
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La noche de la dictadura franquista termin con la segunda restauracin de los Borbones. A partir de 1975, el perodo de consolidacin de la monarqua de Juan Carlos I, elegido por Franco desde 1948, vivira una fase delicada hasta el golpe del 23F, un golpe que acelerara el fin de la etapa de Surez. Posteriormente, la jefatura de Estado se consolidara a travs del surgimiento de una clase media a la espaola durante los aos del felipismo.

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El corto debate sobre la forma de Estado concluy el 11 de mayo de 1978 en la cmara de representantes, con el voto afirmativo de todos los partidos polticos, incluido el PCE, a la forma monrquica. Slo el PSOE se abstuvo simblicamente en ese punto pero luego vot el texto constitucional ntegro. El voto se plante con slo dos opciones: o democracia con rey o el caos.

Tras la recentralizacin franquista, el Estado de las autonomas se ha mostrado como una solucin transitoria del periodo juancarlista. Junto al peligro rojo encarnado por el PCE antes de su legalizacin, las comisiones obreras antes de su configuracin como sindicato de concertacin, y la CNT de los 70, la unidad territorial fue el baremo bajo el que una mayora de militares franquistas midi al nuevo rey en el postfranquismo.

El famoso discurso del rey Juan Carlos en la noche del golpe del 23F inclua la frmula unidad de la patria para tranquilizar a los altos mandos militares. Sobre el papel del rey y sus relaciones con los generales Alfonso Armada y Milans del Bosch y los servicios de inteligencia hay suficiente documentacin como para pasarlo al juicio de la historia.

Con la llegada de Felipe Gonzlez y con la integracin plena en la OTAN llegara el momento de la reforma del estamento militar, realizada a golpe de talonario por medio del incremento de nmero de oficiales y de las pensiones de los militares en la reserva, una de las principales partidas presupuestadas fuera de Defensa y fundamentalmente mediante el fomento del complejo industrial-militar, especialmente las compaas Navantia, Santa Brbara o EADS CASA. Eran los aos de los asesinatos de militares por parte de ETA y de la puesta en marcha de los GAL y el uso de fondos reservados por parte de altos cargos del Estado.

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El papel del rey Juan Carlos en la guerra sucia qued insinuado en la prensa de la poca durante una crisis por los papeles del Centro Superior de Informacin de la Defensa (CESID) que enfrent a Jos Mara Aznar tras su primera victoria electoral con Felipe Gonzlez, Adolfo Surez y el propio rey Juan Carlos.

Se discuta con Aznar si el Gobierno entrante poda despublicar los papeles de inteligencia en la poca del GAL, del caso KIO y de Filesa. Se decidi que no, se puso como ministro a Eduardo Serra. Ya antes, con Javier Solana, haba comenzado una poltica atlantizacin de los ejrcitos que se traducira en la participacin de Espaa en guerras como la de los Balcanes, las dos de Iraq, Mali o Afganistn.

Al contrario que el rey Juan Carlos que, pese a contar con importantes apoyos entre los militares, comenz su reinado bajo la sombra de un poder fctico que le cuestionaba, Felipe VI ha estrenado mandato con el apoyo rotundo de las fuerzas armadas. Un apoyo que el heredero, aficionado al pilotaje de cazas, se ha preocupado de buscar. Su primer acto tras conocerse su futuro nombramiento fue ir a unas maniobras militares y es sabido que la infanta Leonor recibir formacin castrense para dirigir los tres ejrcitos si es proclamada reina.

As pues, cimentado en el estatus preferencial con que cuentan los ejrcitos en el plano presupuestario en 2016 el gasto militar real es de 24.489,96 millones, cinco veces ms de lo presupuestado, el mando de Felipe VI, simbolizado en la bengala de capitn de los tres ejrcitos, es incuestionado a menos que el contexto sociopoltico pusiese en solfa la unidad de la patria por ejemplo va referndum vinculante y que esto produjese una reaccin en el poder fctico militar. Un supuesto que slo mencionar produce estremecimientos.

Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/saberes/29884-la-corte-felipe-vi-rey-para-pais-dificil.html



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