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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2016

No culpemos de todo a Donald Trump
Internndonos en el territorio inexplorado de Washington

Tom Engelhardt
TomDispatch

Traduccin del ingls para Rebelin de Carlos Riba Garca


Estamos en un nuevo mundo estadounidense?

Como no me senta bien, la semana pasada la pas en mi sof con la televisin encendida; tuve as un recordatorio de un hecho extrao de la vida de Estados Unidos. Cuando todava faltan ms de siete meses para el da de las elecciones, es posible ver la campaa presidencial de 2016 en cualquier momento que a uno se le ocurra, y esto viene sucediendo desde el final del ao pasado. Prcticamente no hay momento en el que en alguna red de televisin o canal de noticias no se est informando, discutiendo, debatiendo, analizando, conjeturando o simplemente diciendo tonteras sobre Hillary (Clinton), Bernie (Sanders), Ted (Cruz) y, sobre todo un milln de veces ms, Donald (Trump) desde la violencia de sus mitines hasta el tamao de sus manos en las primarias de la campaa presidencial. En el caso de que usted sea un o una joven y piense que esto es ms o menos lo normal en Estados Unidos, debo decirle que no; no es as. O no lo era.

Es verdad: hay algo nuevo bajo el sol. Por supuesto, en 1994, con la persecucin del Ford Bronco blanco de O.J. Simpson (95 millones de televidentes!), los acontecimientos mediticos de 24 horas por da durante los siete das de la semana se instalaron con todo en la vida de Estados Unidos, y algo cambi en la forma en que nosotros nos centramos en nuestro mundo y los medios se centraron en nosotros. Pero usted puede estar seguro de una cosa: nunca en la historia de la televisin, ni en la de cualquier otro formato mediticoo, una nica figura ha llamado tanto la atencin del pblico hora tras hora, da tras da, semana tras semana como Donald Trump. Si l es el O.J. Simpson de la poltica del siglo XXI estadounidense y su carrera por la presidencia es la eterna persecucin del Ford Bronco blanco, entonces estamos en un mundo verdaderamente extrao.

O permtame que lo exprese de otra manera: esto no es una votacin. S que cada cinco segundos se est diciendo la palabra elecciones y que en algn sitio un nmero importante de estadounidenses (particularmente, por esta razn, republicanos) contina entrando en los colegios electorales o, en el caso de las primarias, los gimnasios o lugares por el estilo, para elegir entre varios candidatos, es decir, todo sigue teniendo un aspecto electoral. Pero soy un tipo de 71 aos que se ha pasado dcadas observando la poltica de este pas; crame, estas no son unas elecciones del tipo que una vez nos ensearon los libros escolares, aquello de que se trataba de algo decisivo para la democracia de Estados Unidos. Si acaso est esperando que yo le diga qu son, tome aliento, reljese y no se decepcione demasiado: no tengo idea de qu es, aunque ciertamente en parte es un espectculo tipo pan y circo, en parte la obsesin por las celebridades y en parte una mquina meditica de hacer dinero.

Antes de continuar, permtame que vuelva sobre mi idea de que Donald Trump es un O.J. Simpson del siglo XXI. Por cierto, es una comparacin bastante razonable; no obstante, empec a preguntarme acerca de la utilidad de cualquier comparacin en nuestra situacin actual. Incluso la ms angustiosa de ellas Donald Trump es un Adolf Hitler, un Mussolini, o cualquier otro demagogo extremista del pasado que usted prefiera en realidad podra ser una forma encubierta de consuelo, tranquilidad o comodidad. S, porque lo que est pasando en nuestro mundo es cada vez ms extremo y difcilmente podra ser ms extrao pareceramos tener el impulso de decir, pero aun as es algo reconocible. Es algo con lo que nos hemos topado antes, algo que tena sentido en el pasado y, vivindolo, lo hemos superado.

Reunir las sospechas de siempre

Pero y si eso no fuera verdad? En cierto modo, lo que ms asusta y lo ms difcil de aceptar ahora mismo de nuestro mundo estadounidense aunque la arrolladora presencia de Donald Trump nos obligue a decirlo es que hemos entrado en un territorio inexplorado y que, en estas circunstancias, las comparaciones podran afectar a nuestra capacidad para asumir la nueva realidad. La sospecha ma es que Donald Trump no es ms que la instancia ms obvia, el ejemplo que es imposible dejar pasar.

En estos primeros aos del siglo XXI quizs estemos viendo el nacimiento de un nuevo mundo dentro del caparazn hueco del sistema estadounidense de vida. Evidentemente, a pesar de que convivimos cotidianamente con esta realidad, todava nos resistimos a admitirlo por lo que podra ser. Cuando observamos el paisaje, solemos centrarnos en ese cascarn: las acostumbradas elecciones (en su forma un tanto mejorada), los acostumbrados organismos gubernamentales (un poco descoloridas) con los acostumbrados poderes gubernamentales (algo disminuidos o redistribuidos), incluyendo los acostumbrados controles y equilibrios (un poco fuera de punto) y la misma vieja Constitucin (muy elogiada en su ausencia), y s, todos sabemos que nada de esto est funcionando particularmente bien a veces no funciona en absoluto, pero aun as ver lo que tenemos en su versin reducida, bastante desgastada y ms disfuncional de lo conocido resulta reconfortante.

Sin embargo, es posible que sea una versin aumentada de lo desconocido. Decimos, por ejemplo, que el Congreso est paralizado, que es poco lo se puede hacer en un pas en el que la poltica se ha polarizado tanto y esperamos que suceda algo que nos sacuda para librarnos de esa parlisis y nos aproxime a Washington, ms cerca de lo que recordamos y reconocemos. Puede ser que esto sea as. Incluso si de algn modo los republicanos perdieran el control de la Cmara de Representantes y el senado podra ser que estaviramos en una situacin algo parecida a lo que ahora llamamos parlisis. Tal vez en nuestra nueva realidad estadounidense, el Congreso sea realmente una especie de versin glorificada, bien cabildeada y bien financiada de una galera de impresentables.

Por supuesto, no quiero negar que gran parte de lo que es nuevo en nuestro mundo tiene una larga historia. La enorme desigualdad de estos momentos entre el 1 por ciento y los estadounidenses normales empez a hacerse evidente en los setenta del pasado siglo y como Thomas Frank lo explica tan brillantemente en su nuevo libro Listen, Liberal ya era una potente y muy discutida realidad en la primera mitad de los noventa, cuando Bill Clinton empezaba su andadura hacia la presidencia. As es, ahora la brecha se parece ms a un abismo y parece estar cada vez ms permanentemente arraigada en el sistema de vida de Estados Unidos. Pero tiene una autntica historia, como por ejemplo la tienen las elecciones del 1 por ciento, y el surgimiento y la organizacin de la clase multimillonaria, incluso si nadie, hasta ahora mismo, imaginaba que el gobierno de los multimillonarios, ejercido por multimillonarios en beneficio de los multimillonarios evolucionara hacia el gobierno del multimillonario, ejercido por un multimillonario en beneficio de un multimillonario, que es justamente uno de ellos.

Ciertamente, buena parte de nuestro mundo tan cambiante podra escribirse como un conjunto de comparaciones y en trminos de puntos de referencia histricos. La desigualdad tiene una historia. El complejo militar industrial y el ejrcito totalmente voluntario, como la corporacin guerrera, no nacieron ayer; tampoco nuestro estado que guerra permanente, ni el estado nacional de seguridad que hoy domina en Washington, ni sus ansias de vigilarlo todo, el deseo de saber demasiado sobre la vida privada de los estadounidenses (aqu cabe una inclinacin de cabeza en recuerdo de Edgar Hoover, el director de la FBI).

Aun as, con todo lo cierto que esto pueda ser, Washington se parece cada vez ms a un nuevo territorio luciendo algo as como un nuevo sistema en el medio de nuestra bien descrita poltica polarizada y paralizada. A m no me parece que el estado de seguridad nacional est paralizado o polarizado ni mucho menos. Tampoco lo est el Pentgono. Algunas veces, cuando me entero de las noticias, me resulta increble lo extrao e incluso rutinario que es este territorio inexplorado. Recurdeme, por ejemplo, en qu prrafo de la Constitucin los Padres Fundadores escribieron sobre el estado de seguridad nacional. Y sin embargo, ah est en todo su esplendor, todo su poder, una fuerza cada da ms independiente en la capital de nuestra nacin. Por ejemplo, en qu forma aquellos revolucionarios prepararon el terreno para que el Pentgono lanzara sus drones de espionaje desde Estados Unidos, tan lejos de nuestras remotas zonas de guerra? Sin embargo, lo ha hecho. Y nadie parece siquiera molesto por la cuestin. Las noticias, apenas percibidas o recordadas, han sido absorbidas inmediatamente en lo que se ha convertido en la nueva normalidad.

Ceremonias de graduacin en el Imperio

Permtame mencionar aqu una noticia tomada al azar que ltimamente hizo que me preguntara en qu mundo estoy viviendo. S que no lo va a creer, pero esta noticia no tiene nada que ver con Donald Trump, en absoluto.

Dada la carnicera que son las guerras y conflictos en todo el Gran Oriente Medio y frica que he estado siguiendo minuciosamente en estos ltimos aos, no estoy seguro de por qu me afect este episodio en particular. Una posibilidad? Tal vez sea que de todos esos lugares recnditos de Afganistn a Yemen y Libia en los que Estados Unidos ha estado combatiendo en los ltimos tiempos, fue en Somalia donde tuvo lugar esta pequea masacre en particular, para m la ms oscura de todas. S, yo he seguido los acontecimientos all desde el derribo de los dos helicpteros Black Hawk en 1993 hasta la desastrosa invasin de Etiopa realizada en 2006 con apoyo de EEUU y la no menos desastrosa invasin del pas realizada por fuerzas de Kenia y otros pases africanos. De todos modos, Somalia?

Hace poco tiempo, se lanz una serie de ataques mediante drones Reaper y aviones tripulados de Estados Unidos contra lo que el Pentgono aseguraba que era una ceremonia de graduacin de soldados de infantera del grupo terrorista somal al-Shabab. Se inform petulantemente de que en el ataque haban muerto ms de 150 somales. En un pas en el que en los ltimos aos drones y fuerzas de operaciones especiales de Estados Unidos han realizado un modesto nmero de ataques contra algunos jefes de al-Shabab, poda pensarse que esta vez se trataba de una clara escalada en la interminable guerra de baja intensidad que Washington libra all (a la que poco despus sigui una incursin en la que estuvieron implicadas fuerzas de operaciones especiales).

Ahora permtame que trate de poner esto en un contexto algo personal. Desde nio, siempre me gustaron los globos terrqueos y los mapas. Tena un razonable conocimiento de dnde estaban la mayor parte de los pases de la Tierra. Pero, Somalia? Debo detenerme y pensar un poco para localizar Somalia en el mapa mental del este de frica. Y el resto de los estadounidenses? Francamente, dudo que lo sepan. Por eso, el otro da, cuando se public la noticia tuve que detenerme un momento para asimilarla. De ser cierto, habamos matado a ms o menos 150 don nadie (excepto para quienes les conocan) y quizs a algn jefe o un par de ellos en un pas que la mayora de los estadounidenses es incapaz de localizar en un mapa.

Quiero decir, no le parece un poco raro, por ms horrible que pueda ser la organizacin para la que estaban preparndose para combatir? 150 somales? Buum!

Recurdemelo: en qu se basa esta pequea masacre llevada a cabo? Despus de todo, Estados Unidos no est en guerra con Somalia ni con al- Shabab. Por supuesto, El congreso ya no tiene ninguna funcin real en relacin con la actividad blica de Estados Unidos. Ya no declara una guerra contra ningn grupo o pas contra el que luchemos (parlisis!). Ahora, la guerra es un asunto exclusivo del poder ejecutivo o, en realidad, el poder compartido del estado de seguridad nacional y la Casa Blanca. La explicacin bsica dada del ataque en Somalia, por ejemplo, es que EEUU tena algunos asesores acompaando a las fuerzas de la Unin Africana en ese pas y que haba cierta posibilidad de que esos guerrilleros estuvieran preparndose para atacar a alguna unidad de esa fuerza africana (y por lo tanto al personal militar de EEUU). Da la impresin de que si Estados Unidos apuesta asesores en cualquier lugar del planeta en estos momentos, eso pasa cada da de cada ao en muchos pases hay una excusa suficiente para validar acciones de guerra basadas en la amenaza inminente de ser atacados.

Tambin cabe pensar la cuestin de esta manera: en estos aos se ha escrito en Washington una nueva constitucin informal. No ha hecho falta que el Congreso se reuniera en forma de convencin constituyente; tampoco aprobar una nueva ley de derechos fundamentales. Es una constitucin centrada en el uso del poder, sobre todo el poder militar, y se ha escrito con sangre.

En estos das, el gobierno (el que no est paralizado) funciona regularmente sobre la base de esa constitucin informal en fase de reescritura, cometiendo acciones como las de Somalia en importantes regiones del planeta. En estos aos, hemos sido atados a lo ltimo de la tecnologa del asombro, a nuestros drones armados de misiles Hellfire (fuego infernal), al poder ejecutivo y a una gente asesina que no nos agrada mucho en su mayor parte desplegada bastante expeditivamente en pases musulmanes. En estos momentos, es lo ms natural que cualquier comandante en jefe sea tambin nuestro asesino en jefe y que todo esto sea parte de un tiempo de guerra que no es un sistema de tiempo de guerra, propagando el principio del caos y la disolucin en regiones enteras del planeta, dejando a nuestro paso pases fallidos y movimientos terroristas.

Por cierto, cundo acord el pueblo que el presidente poda asignarse a s mismo el cargo de asesino en jefe, reunir a sus sabuesos legales para escribir una nueva ley que cubra cualquier futura accin suya (incluyendo el asesinato de ciudadanos estadounidenses) y lanzar ao tras ao lo que en esencia es su flota privada de drones asesinos para aniquilar a miles de personas en todo Gran Oriente Medio y partes de frica? Bastante extraamente, despus de casi 14 aos de este tipo de comportamiento y de reunir una extensa evidencia de que esos ataques no acaban con los movimientos que Washington aborrece (y en cambio suele encender las llamas del resentimiento y la venganza y ayudar a propagarlas) ni el presidente actual y sus ms altos funcionarios, ni ninguno de los candidatos para reemplazarle tienen la menor intencin de dejar esos drones en tierra para siempre.

Y cuando exactamente dijo el pueblo que dentro del vasto despliegue militar del pas que en estos momentos est acuartelado en la mayor parte de la Tierra deba crearse una fuerza de Operaciones Especiales de cerca de 70.000 integrantes o que esta fuerza deba realizar misiones encubiertas en todo el planeta de las que solo deba rendir cuentas al presidente (si acaso)? Sin embargo, para m lo ms extrao de todo esto es que en este mundo nuestro muy pocas personas consideran que semejante despliegue sea algo anormal.

Un mundo en decadencia?

En cierto modo, podra decirse que todo esto funciona. En ltima instancia, es un nuevo sistema en construccin del que todava no nos hemos hecho a la idea, tal como no nos hemos hecho a la idea del sistema de seguridad nacional que vigila a todo el mundo de una forma que ni siquiera los escritores de ciencia ficcin ( ni los gobernantes dictatoriales ) de otros tiempos fueron capaces de imaginar nunca, como tampoco a esa extraa versin de exageracin meditica a la que todava podemos llamar elecciones. En este momento, todo esto es tanto una noticia vieja como una noticia pasmosamente nueva.

Lo entiendo? En absoluto.

Esto no es la guerra tal como la conocamos, ni es un gobierno tal como lo entendamos alguna vez, ni son las elecciones que una vez imaginbamos, ni es la democracia que acostumbrbamos a imaginar, ni es el tipo de periodismo que siempre se ense en las escuelas de la especialidad. Esta es la definicin del territorio inexplorado. Se trata de una autntica terra incognita estadounidense; sin embargo, de alguna manera, ese paisaje desconocido ya forma parte de la impresin que tenemos de nosotros mismos y de nuestro mundo. En esta poca de elecciones, muchas personas siguen en estado de shock al ver que uno de los principales candidatos a la presidencia de Estados Unidos es un demagogo con un evidente costado autoritario y lo que parece ser una orientacin autocrtica. Todas estas etiquetas definen a Donald Trump, pero el nuevo sistema estadounidense que est surgiendo de su crislida en estos tiempos ya tiene esas tendencias. Por eso, no culpemos de todo a Donald Trump. Este hombre no debera impresionar tanto. Despus de todo, un mundo trumpiano en formacin le ha allanado el camino.

Quin sabe. Tal vez lo que estamos viendo sea una reiteracin de una historia muy vieja: la versin actualizada del antiguo relato de un gran poder imperial, quizs el mayor de la historia la superpotencia solitaria hundindose en la decadencia. Es un relato que la humanidad ha vivido bastante a menudo en su larga historia. Pero en caso que volvamos a pensar que no hay nada nuevo bajo el sol, el contexto de todo esto para todo lo que est sucediendo en nuestro mundo es tan novedoso como si hubiese estado fuera de la experiencia humana durante miles de aos. Tal como indican los ltimos registros de calentamiento, por primera vez en la historia estamos en un planeta en el ocaso. Si esta circunstancia no es territorio inexplorado, qu es?

Tom Engelhardt es cofundador del American Empire Project y autor de The United States of Fear como tambin de la historia de la Guerra Fra The End of Victory Culture. Es integrante del instituto The Nation y dirige TomDispatch.com. Su libro ms reciente es Shadow Government: Surveillance, Secret Wars, and a Global Security State in a Single-Superpower World.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/post/176120/tomgram%3A_engelhardt%2C_don%27t_blame_it_all_on_donald_trump/#more

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y Rebelin como fuente de la misma.



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