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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2016

Ridiculizando la poltica civil en Egipto
El general lo sabe todo

Amr Hamzawy
Jadaliyya.com

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Con el marcado deterioro de la situacin econmica y la profundizacin de los problemas de seguridad a que se enfrenta el Estado, el actual rgimen egipcio apuntalado por el ejrcito ha fracasado a la hora de cumplir sus reiteradas promesas de estabilidad y prosperidad econmica. Como las seales de descontento social han crecido a pesar de la brutal represin desplegada, el rgimen de Abdel-Fatah al-Sisi ha ido culpando de sus propios fallos a conspiraciones y complots, supuestamente auspiciados por fuerzas externas en colaboracin con grupos de la oposicin y defensores de los derechos humanos. Tambin ha tratado de impedir la aparicin de cualquier alternativa al statu quo poltico a travs de estrategias represivas, junto con una narrativa deshumanizadora que ha utilizado para calumniar y desacreditar a las voces disidentes, tildndolas a menudo de agentes del exterior. Al mismo tiempo, el rgimen de al-Sisi ha recurrido a otra importante estrategia que describo como ridiculizar la poltica. Esta expresin revela el intento consciente del rgimen de desacreditar la vida poltica civil en su totalidad a la vez que fomenta la creencia de que slo los generales son capaces de gobernar el pas.

En funcin de tal estrategia de ridiculizar la poltica, la retrica oficial ha reducido al Estado a su ncleo militar y de seguridad, a saber, el ejrcito, los servicios de seguridad y la comunidad de inteligencia. Retrata a las instituciones del Estado civil, especialmente a las burocracias nacional y local, como una serie de entidades benignas que dependen y siempre han dependido- del ncleo militar y de seguridad.

Esta misma nocin de un ncleo militar y de seguridad poderoso y eficaz frente a una comunidad civil dbil e incompetente de funcionarios pblicos se refleja tambin en la configuracin del poder dentro del gobierno. En la actualidad, la asamblea legislativa est en efecto sometida a la incontrolada autoridad del establishment militar y de seguridad, representada en la institucin de la presidencia. Hay muy pocos intentos de invocar una fachada democrtica proporcionndole a la asamblea legislativa algo de independencia nominal. Segn la narrativa estatal, el parlamento, al actuar bajo la total vigilancia del ejrcito, puede cumplir sus deberes nacionales sin caer vctima de la inherente debilidad de sus interlocutores civiles. Por tanto, la actual asamblea legislativa, conocida tambin como Cmara de los Representantes, se form esencialmente bajo la vigilancia de la oficina presidencial, el ejrcito, la inteligencia general y el aparato de seguridad.

A tal fin, el rgimen promulg una ley electoral parlamentaria que daba ventaja a los candidatos independientes y no a las listas de los partidos polticos, en detrimento del papel de la poltica de partido y los debates sobre polticas pblicas nacionales en las elecciones parlamentarias. Los candidatos independientes tendan, por tradicin, a rehuir cuestiones de poltica nacional en favor de intereses particulares locales. Estos intereses han reforzado las lealtades de esos candidatos hacia el gobierno, las redes familiares y tribales y los ricos financieros que financian sus campaas. As pues, a diferencia de los partidos, los candidatos independientes tienen normalmente pocos incentivos para adoptar posiciones firmes en los debates trascendentales sobre las polticas pblicas o en cuestiones como la representacin de los grupos sociales y el control del ejecutivo por el poder legislativo.

Antes de las elecciones parlamentarias celebradas en 2015, la oficina presidencial y varias agencias de seguridad estructuraron la contienda electoral de forma que garantizara una amplia victoria de sus leales, que competan por los escaos de los candidatos independientes. Tambin formaron una lista de mbito nacional, la infame Por Amor a Egipto, y le pergearon una fcil victoria en la carrera de las listas de partidos.

El enfoque del ejrcito de seleccionar cuidadosamente a candidatos de confianza (y potenciales parlamentarios) reflejaba un esfuerzo deliberado para subrayar el punto de vista de que el papel del parlamento y de sus miembros era, ante todo, prestar un apoyo inequvoco a las polticas del presidente. Por su parte, los leales a al-Sisi entre los candidatos parlamentarios se presentaban orgullosamente como la columna vertebral poltica del presidente y su gobierno. Argumentaban a menudo que el apoyo al rgimen respaldado por el ejrcito era un deber patritico para defender los intereses nacionales de Egipto de insidiosos peligros externos. Sus campaas invocaban frecuentes representaciones de al-Sisi como un salvador nacional (quiz el nico), mientras al mismo tiempo rechazaban la posibilidad de cualquier forma de control legislativo de sus polticas. Al avanzar esa narrativa, esos potenciales parlamentarios estaban defendiendo la nocin antes mencionada de que slo los generales estn calificados para gobernar Egipto, endosando el dominio del ncleo militar y de seguridad sobre las instituciones civiles, especialmente la asamblea legislativa. Y lo ms importante, ridiculizaban la poltica parlamentaria y, en un sentido ms general, la vida poltica civil a los ojos de amplios segmentos del pueblo egipcio.

Adems, la eleccin de los candidatos del rgimen trasladaba implcitamente la idea de que la legislatura no iba a funcionar sin la presencia de los veteranos del ejrcito y la seguridad. Los oficiales retirados, deca la narrativa, guiarn y perfilarn la actuacin de los ingenuos legisladores civiles que no tienen la experiencia necesaria para captar las amenazas a la seguridad nacional y las conspiraciones externas a las que supuestamente se enfrenta la nacin egipcia. Por tanto, no resulta sorprendente que casi una sexta parte de los miembros elegidos fueran exoficiales del ejrcito o de la polica.

Al igual que la mayora de los candidatos independientes al convertirse en parlamentarios, los oficiales retirados del ejrcito y de la polica apenas hicieron contribucin sustantiva alguna a los debates o propuestas de polticas pblicas. En cambio, su incrementada presencia en la vida pblica tras el golpe de Estado del 3 de julio de 2013, ha ayudado a cosificar el dominio del ejrcito sobre los medios de comunicacin dominantes. Por ejemplo, los oficiales retirados del ejrcito y la polica aparecan a menudo en televisin para captar el apoyo de la gente a los modos autocrticos de al-Sisi y para difamar a sus opositores y tildarles de enemigos de la nacin. As pues, la presencia de los oficiales en el parlamento sirve para un propsito similar. Es decir, se espera que exploten su supuesta experiencia en el campo de la seguridad para propagar las teoras de la conspiracin del rgimen y sembrar el miedo y lanzar acusaciones de traicin contra las voces de la oposicin. Un aspecto clave en esa imagen es el supuesto marco de credibilidad que la antigua afiliacin al ejrcito o las agencias de seguridad concede a esos legisladores. Segn ese razonamiento, son la opcin lgica para dirigir el consenso dentro del parlamento y mantener en jaque a los inadecuados civiles.

No slo la narrativa del rgimen militar reduce a las elites civiles a servidores pblicos ineficaces que necesitan de la supervisin y control de los oficiales. Tambin se les representa como individuos mal informados que rehyen los problemas nacionales y las necesidades bsicas del pueblo egipcio en favor de sus intereses personales. En ltima instancia, todo esto sirve para el propsito de ridiculizar la poltica civil y socavar cualquier esfuerzo de construir una alternativa al gobierno de los generales.

Esa narrativa puede discernirse en frases clave que los aliados del establishment gobernante han utilizado sistemticamente en los medios de comunicacin para justificar la superioridad del ncleo militar y de seguridad ante los componentes civiles del Estado. Por ejemplo: El presidente trabaja sin ayuda de nadie, mientras otras instituciones estatales se dedican a socavar sus logros; el presidente y el ejrcito estn trabajando duro para rescatar a la nacin, mientras el parlamento y los funcionarios civiles estn ocupados en debates sin sentido y reivindicaciones balades; el Estado egipcio se habra venido ya abajo si no fuera porque el ejrcito y las instituciones de seguridad salvaguardan su estabilidad y unidad.

En el marco de esta estrategia de ridiculizar la poltica, el rgimen ha trabajado en el perodo previo a las elecciones legislativas para asegurar que el futuro parlamento apruebe automticamente las polticas propuestas por el presidente. De capital importancia a ese respecto son los varios cientos de leyes que el ejecutivo impuso por decreto en ausencia de una legislatura entre el 3 de julio de 2013 y el 10 de enero de 2016, cuando finalmente se convoc la Cmara de Representantes. En un entorno legislativo en el que la poltica y los debates sobre polticas pblicas importantes brillan totalmente por su ausencia, la aprobacin de esas leyes se produjo en un perodo corto de tiempo sin que mediara discusin significativa alguna. En suma, al generar una legislatura apoltica, el rgimen ha descartado cualquier posibilidad para que surjan debates y propuestas de polticas reales. Es en ese sentido en el que la estrategia del rgimen de ridiculizar la poltica ha ido de la mano con la total abolicin de la libertad, el derecho a una representacin significativa y a la existencia misma de los ciudadanos individuales en Egipto.

En sntesis, el rgimen ha estructurado la nueva arena poltica de forma que desacredite completamente la poltica civil y presente a al-Sisi como la nica va para la estabilidad y supervivencia. No slo se les ha dicho a los egipcios que acepten su autoridad y gua en el reino de la poltica sino tambin en cmo deben organizar sus vidas privadas e incluso sus propios hbitos domsticos de consumo. Se les ha hecho un llamamiento a trabajar duro, a dejar de protestar y renunciar a sus derechos y libertades polticas en aras al pan, la seguridad y la estabilidad. Por ltimo, se les insta a unirse en torno a su salvador y a no congregarse en manada alrededor de elites civiles y polticos evidentemente inadecuados que son incapaces de satisfacer las necesidades bsicas del pueblo egipcio.


Amr Hamzawy naci en El Cairo y es doctor en ciencias polticas y estudios para el desarrollo. En la actualidad trabaja en el Departamento de Polticas Pblicas y Administracin de la American University en El Cairo. Es asimismo profesor adjunto de ciencia poltica en el Departamento de Ciencias Polticas de la Universidad de El Cairo.

Fuente: http://www.jadaliyya.com/pages/index/24150/the-general-knows-best_ridiculing-civilian-politic

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin como fuente de la misma.  



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