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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-04-2016

La revolucin necesaria
Bachelet, Luz que agoniza

Manuel Cabieses D.
Punto Final


Relegada a funciones protocolares y actividades menores, la presidenta Michelle Bachelet vive la decadencia irremediable de su segundo gobierno. Es el destino de los liderazgos artificiales que se fabrican con tcnicas de marketing y mucho dinero. La caudalosa publicidad, muchas veces asesorada por expertos internacionales, sirve de conexin del mercado con la poltica. Esta rama del mercantilismo se especializa en vender imgenes que pocas veces corresponden a la realidad. Sin embargo, llega un momento en que el arte de gobernar pone a prueba la capacidad del producto. En el caso de la presidenta Bachelet, no obstante, ella misma est contribuyendo a cavar la tumba de su prestigio y autoridad. Su debilidad frente a la corrupcin -que ha emponzoado la poltica- y su incapacidad para enfrentar la crisis poltico-institucional, van a sellar su destino poltico. Su desempeo como gobernante ser juzgado severamente por la historia. Ya lo es por sus contemporneos. Los historiadores le otorgarn especial atencin por haber sido la primera mujer presidenta de la Repblica de Chile (en dos periodos) y bajo cuyo mandato se profundiz la crisis poltico-institucional del pas.

La vida tiene sus vueltas Vernica Michelle Bachelet Jeria estaba llamada a jugar un papel muy diferente. Hija de un general constitucionalista, colaborador del presidente Salvador Allende, que muri en prisin por las torturas que le infligieron los oficiales golpistas, la joven militante socialista no vacil en incorporarse a la resistencia contra la dictadura. Se jug la vida en el equipo de comunicaciones de la primera direccin clandestina del PS(1), aniquilada ms tarde por la Dina. Junto con su madre estuvieron detenidas en Villa Grimaldi, el santuario de torturas y crmenes de la Dina. Ambas tuvieron que salir al exilio. En 1979 volvi de la RDA -donde particip en la solidaridad con la resistencia en Chile-. Concluy sus estudios de medicina y trabaj como pediatra en el Pidee, una fundacin de asistencia a nios afectados por los estados de emergencia. No tard en incorporarse a la lucha antidictatorial, colaborando con el Frente Patritico Manuel Rodrguez. Milit en el PS-Almeyda, el sector ms radical del socialismo que enfrent la renovacin socialdemcrata. Cuando las diferencias se superaron, Bachelet fue miembro del comit central del PS unificado y tuvo su primera experiencia electoral. Fue candidata a concejal por Las Condes y obtuvo un aleccionador 2,35%.

Su inclinacin por los temas militares la llevaron a estudiar en la Academia Nacional de Estudios Polticos y Estratgicos (Anepe) del ejrcito. Viaj a EE.UU. becada por el Colegio Interamericano de Defensa. En el gobierno del presidente Ricardo Lagos fue ministra de Salud y Defensa. La chispa de una periodista -Mara Anglica Alvarez, ex mirista de ejemplar militancia en la clandestinidad- la descubri como candidata presidencial. La instal con xito en las encuestas. Bachelet derrot (53,5%) a Sebastin Piera y en marzo de 2006 se convirti en la primera mujer presidenta. Su trayectoria poltica levant muchas esperanzas en sectores de Izquierda que votaron por ella en esa primera oportunidad. La misma simpata consigui en Amrica Latina, que valor su victoria como un triunfo de la Izquierda. Un factor importante en esas apreciaciones fue la decepcin que causaron los anteriores gobiernos, en particular el de Ricardo Lagos. Este socialista fortaleci el sistema neoliberal al extremo indecente de merecer las alabanzas del capital financiero. La oligarqua agradecida le concedi el ttulo de estadista que conserva hasta hoy.

El primer gobierno de la presidenta Bachelet, sin embargo, no se diferenci mucho de la administracin del presidente Lagos. Al contrario, profundiz las polticas neoliberales y se convirti en heredera -como sus antecesores- del legado de la dictadura. Rasgos positivos, sin embargo, tuvieron sus polticas latinoamericanas que acercaron posiciones -aunque con remilgos- con los gobiernos de Chvez, Lula y Kirchner. Pero a la vez, su primer ao de gobierno marc un rcord -todava no superado- de ganancias para la inversin extranjera.

Su segundo gobierno, en cambio, naci herido en el ala por la abstencin electoral que alcanz casi al 60%. Con el apoyo oficial de partidos de Izquierda como el Comunista, Izquierda Ciudadana y MAS, incorporados a la Concertacin que se convirti as en Nueva Mayora, Bachelet alcanz el 46% de los votos en la primera vuelta. En el balotaje lleg al 62%. Pero solo vot el 42% de electores. Esta dbil base social y poltica obligaba a una conduccin presidencial resuelta y audaz a fin de encarar el desgaste de la institucionalidad. Se necesitaba (se necesita) un nuevo paradigma social y poltico con una carga tica muy grande. Pero se actu al revs.

El programa de la Nueva Mayora, inicialmente apoyado por el empresariado -que contribuy generosamente a los gastos de campaa-, propone el afinamiento del motor del Estado. Pero lo que urge es cambiarlo para alcanzar el rango de una verdadera y potente democracia. El empresariado se dio cuenta muy luego que se encontraba ante un gobierno dbil conformado por contradictorias corrientes polticas. Decidi por lo tanto recortar aun ms los moderados alcances del programa reformista neoliberal de la Nueva Mayora. Lo consigui con las reformas tributaria y educacional y lo obtendr con el esperpento de reforma laboral que se cocina en el Congreso.

Por supuesto la responsabilidad del fracaso de este gobierno -cuya molicie acenta la crisis institucional-, no es solo de la presidenta Bachelet. Tambin es de los siete partidos que la acompaan y que se reparten proporcionalmente las tajadas del presupuesto nacional. Pero la responsabilidad poltica de la mandataria -ya sea por accin u omisin- no puede soslayarse. El juicio sobre su administracin ser ms categrico cuando el tiempo permita analizar con ms antecedentes este periodo gris de nuestra historia. En vez de hacerse cargo de la situacin, la presidenta acentu con su displicencia los factores que abrieron un foso de desconfianza entre el pueblo y unas instituciones carcomidas por su origen y por la corrupcin. El comportamiento de la presidenta frente a la corrupcin merece una dura crtica. Se esperaba de ella una actitud ms resuelta y una condena enrgica a los casos que afectan a los partidos de gobierno y a su propia familia.

Su silencio es un smbolo del penoso cambio ideolgico y cultural que el neoliberalismo produjo en las conciencias de muchos que ayer fueron leales y consecuentes militantes de Izquierda. No es un fenmeno individual, es masivo. Un caso colectivo relevante de transformismo ideolgico es el Partido Socialista, que hoy cumple las funciones del Partido Liberal del siglo pasado. El nico pronunciamiento que se conoce de la presidenta sobre los oscuros negocios de su hijo, fue calificar de un error que Sebastin Dvalos acompaara a su esposa, Natalia Compagnon, a la entrevista con Andrnico Luksic Craig, dueo del Banco de Chile. La cita permiti a la modesta empresa Caval obtener un prstamo de 6.500 millones de pesos destinados a multiplicarse en una especulacin inmobiliaria. Es increble que la presidenta se enterara de los trajines financieros de sus familiares por la prensa. En el negocio de Caval -que ahora investiga el Ministerio Pblico- participaron decenas de personas en bancos, notaras, municipios y servicios pblicos. Los servicios de inteligencia, o al menos los crculos polticos allegados a La Moneda, tuvieron que conocer algo de los manejos de Caval y poner en alerta al gobierno.

Lo que sucede es que los sectores de gobierno (y de oposicin parlamentaria), comparten el punto de vista que trasunta la presidenta. O sea que la relacin de la poltica con los negocios tiene una sola dimensin mensurable: lo que permite la ley. Si algo es legal, est bien. No importan los procedimientos ni los fines si se ajustan a la ley. Esta forma de pensar es la manifestacin ms depurada del pensamiento neoliberal. Su filosofa se ha adueado de la casta poltica, barriendo con la tica y el bien comn. El fin supremo pasa a ser la acumulacin de riqueza. Para darle impunidad a la corrupcin se hacen leyes ad hoc (hoy sabemos que las redactan los propios cohechadores de parlamentarios). Legalmente, se pueden cometer errores sin incurrir en delitos.

Michelle Bachelet -aquella de los aos 70 y 80- habra encabezado, seguramente, una ofensiva nacional contra la corrupcin en la poltica y planteado al pueblo un programa radical de cambios democrticos. En cambio, la presidenta Bachelet cargar con la responsabilidad de haber acentuado la crisis poltico-institucional al esquivar un combate necesario. Su debilidad permitir que el prximo gobierno caiga en manos de un hombre fuerte -elegido por una minora- que vendr a poner orden. Son las ironas de la historia. Para desempear ese papel la Nueva Mayora y la oligarqua ya tienen candidato: Ricardo Lagos Escobar. Esto suceder si las organizaciones sociales no se ponen las pilas y levantan un programa unitario que convoque al pueblo a dar las batallas por sus derechos con su propia alternativa

(1) Juan Azcar Valds, Lorca, vida de un socialista ejemplar. Ediciones Radio Universidad de Chile.

Editorial de Punto Final, edicin N 848, 1 de abril 2016. http://www.puntofinal.cl


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