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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-04-2016

Con paramilitarismo no habr paz

Delegacin de Paz de las FARC-EP
Rebelin


El paramilitarismo no es ningn fantasma invocado por la insurgencia. Ni una elucubracin dilatoria para postergar la paz.

Es una realidad fehaciente que acaba de lanzar el guante al rostro del pueblo de Colombia con el propsito de atravesarse en el logro de un Acuerdo Final de Paz. Su mensaje es claro: intimidar a los amigos de la solucin poltica, mostrarles el pas que pretenden una vez desaparezca la insurgencia armada.

Es la expresin armada de un pensamiento y una corriente poltica que ha hecho de la guerra y el terror, su principal medio de enriquecimiento. Y que considera llegado el momento de pasar a la ofensiva, a fin de impedir que la reaccin de un poderoso movimiento nacional en formacin, lo arrincone y destruya.

El reciente paro forzado en varios departamentos demostr una vez ms la capacidad intimidatoria de esas fuerzas en amplias zonas del territorio nacional, poniendo en evidencia su repugnante vnculo con sectores polticos, econmicos, militares y de gobierno, todo ello en medio del negacionismo de la Administracin Nacional.

Nadie en Colombia se traga el cuento de una casual coincidencia entre el paro paramilitar y el llamado de la ultraderecha a una marcha nacional contra el proceso de paz, sazonado adems por el rechazo a la restitucin de tierras. La comunidad internacional tambin ha sido testiga de la descarada amenaza criminal.

346 colombianos, integrantes de organizaciones sociales y populares, han sido asesinados durante el gobierno de Santos, contndose entre ellos 112 del Movimiento Poltico y Social Marcha Patritica. Son miles los amenazados. A semejante horror se suma ahora el relanzamiento oficial de la horda paramilitar.

Segn el informe oficial Basta Ya, entre 2003 y 2012, cuando supuestamente ya no exista este flagelo, 2,7 millones de colombianas y colombianos fueron desplazados y expropiados de sus tierras. En todos esos casos brill la ausencia de acciones efectivas por parte de autoridades, militares, civiles y judiciales.

Es claro que los mismos intereses econmicos y polticos que engendraron el monstruo paramilitar, continan actuando hoy libre e impunemente. Sus arietes polticos y de la gran prensa pretenden crear un clima de intolerancia, odio e incitacin que sirva de prximo escenario al esperado exterminio poltico.

Nadie que est por la paz y la democratizacin real del pas puede permanecer indiferente o inmvil a lo que sucede ante las miradas de todos. No puede ser que mientras por un lado se anuncia la inminente firma de una Acuerdo Final de Paz, por otro, fuerzas polticas ultramontanas y sus grupos criminales de choque preparen y festejen de antemano un nuevo bao de sangre para Colombia.

Una afrenta de tal tamao no puede ser aceptada de manera pasiva por ninguna persona decente que habite en el territorio nacional. Los millones de compatriotas que han soado, credo y luchado por la paz para nuestra patria, la gente que ha empezado a mirar el futuro de nuestro pas con esperanza, no puede guardar silencio ni permanecer de brazos cruzados.

Es el momento de actuar decididamente; de expresar masivamente el ms abierto rechazo a los propsitos de los pregoneros de la muerte. De conformar un autntico movimiento en defensa de la vida y la dignidad de los colombianos. No ms silencio, no ms miedo, basta ya de crmenes en este pas.

Que se oigan las voces del pueblo, del comercio extorsionado en toda Colombia, de las comunidades rurales y urbanas sometidas al terror paramilitar y al cinismo de quienes infaman la memoria de Jorge Elicer Gaitn invocndolo como su apstol.

La respuesta de la gente buena de la patria tiene que estremecer las cuatro esquinas del pas. Tienen que exigir del Gobierno Nacional y sus Fuerzas Armadas acciones reales y efectivas que cierren definitivamente el camino a las voces y las armas de los asesinos. Que el Estado y sus instituciones demuestren con hechos que son de verdad ajenos a la furia criminal que ronda a Colombia. Slo eso puede hacer realidad la paz.

Es hora de que el Presidente Santos, su Gobierno y los dems poderes pblicos asuman su responsabilidad con el futuro de las nuevas generaciones. Que muevan cuanto est a su alcance para ratificar su vocacin por la paz y la solucin poltica.

Ha llegado el momento para que la comunidad internacional prosiga decididamente su apoyo al proceso de paz. Que se escuchen las voces de las Naciones Unidas, del gobierno de los Estados Unidos, de la Unin Europea, la CELAC, UNASUR, El Vaticano y las Iglesias. Nunca como antes se ha requerido su accin.

No puede postergarse ms en la Mesa de La Habana el acuerdo sobre Paramilitarismo y Garantas de Seguridad. El mensaje ha de ser claro ante el pas y el mundo. Con grupos paramilitares, con crmenes y atentados, con amenazas y terror no puede materializarse la paz. No se trata de tcticas dilatorias como asegur el Ministro de Defensa, se trata de construir por fin un pas distinto, democrtico y justo.

 


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