Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2016

Vamos a lograrlo, Santos, estamos seguros

Timolen Jimnez
pazfarc-ep.org


Tras respirar el limpio sentimiento de libertad que inspira viajar desde La Habana en la maana hacia el oriente, contemplando la mar azul de diversas tonalidades y apariencia variable por causa del roce de la fuerte brisa, la vista se regocija sorprendida con el paisaje de Matanzas, su hermosa baha, su ro, su singular arquitectura y sus puentes desde donde saltan nios sonrientes.

Decenas de veleros navegan en distintas direcciones, impulsados por el soplo de los vientos, como si tuvieran adherido a su popa uno de esos motores con los que en Colombia nos movemos por los grandes ros, cuyo recuerdo nos hace parecer pequeas quebradas los de aqu. El tamao de los botes, sus velas blancas y su despliegue nos hablan de una ensoadora aldea de pescadores.

Como esa en que viva Santiago, el viejo que cumpla 84 das sin atrapar un pez que mereciera un reconocimiento y que cada amanecer se echaba a la mar en su barca soando con pescarlo. Hablo del relato que le vali a Ernest Hemingway el Premio Pulitzer y que termin por convertirlo en dolo de todos los cubanos. Un canto a la tenacidad humana, dijo alguno, y lo comparto.

Nunca un pescador haba atrapado un pez espada de dieciocho pies de largo, como el que pesc l tras una titnica y solitaria lucha. Tras asegurarlo a un costado de su bote, emprendi el regreso a su casero, imaginando la admiracin general y todo el provecho que sacara de su trabajo. Pero entonces hicieron su aparicin los tiburones, atrados por el hilillo de sangre del arpn.

La batalla nocturna del viejo contra aquellos tiburones que atacaban con furiosas dentelladas su preciado tesoro, me parece apropiada para compararla con el proceso de paz de La Habana, una larga saga que se inici ms de treinta aos atrs, y que se halla a las puertas de un Acuerdo Final, vctima tambin de rabiosas embestidas obstinadas en impedir su arribo a buen puerto.

Sobran las interpretaciones interesadas y malintencionadas sobre el conflicto colombiano. Todas ellas apuntan a desconocer dos realidades histricas de bulto, la enorme desigualdad econmica y social dominante en el pas, y el carcter profundamente elitista, intolerante, antidemocrtico y violento del rgimen poltico vigente. Atenderlas debidamente posibilit el camino a la paz.

Aunque con criterios distintos acerca de la manera de abordar esas dos grandes falencias, es innegable que el Acuerdo General de agosto de 2012 fij su atencin en ellas. La problemtica de la tierra y los cultivos de uso ilcito, la apertura poltica y las garantas, las vctimas y la justicia ocuparon ms de tres aos en debates. No ser el paraso, pero echamos por fin a andar.

En el camino se han sumado a este sueo ms y ms colombianos, cada vez ms claros de la oportunidad que entraa para el futuro de todos el que se ponga fin a este largo conflicto fratricida. Y la comunidad internacional, pases acompaantes y garantes. Enviados de USA y la Unin Europea. Las Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad. La cuestin va en serio.

Mientras John Kerry, Secretario de Estado norteamericano, acude a La Habana a reunirse por separado con las delegaciones de las dos partes sentadas a la Mesa, y el Secretario General de las Naciones Unidas escribe respetuosamente al Comandante de las FARC, persisten voces en Colombia afirmando que si bien el proceso es bilateral no es entre dos partes iguales.

Y que no abandonan por tanto su aspiracin de someter la insurgencia a los intocables poderes estatales. El Acuerdo General proclama otra cosa. El punto tercero de la Agenda, Fin del conflicto, lo describe como un proceso integral y simultneo que envuelve siete grandes temas, y que comenzar su desarrollo con la firma del Acuerdo, en un plazo prudencial acordado.

Quien quiera examinar de manera desprevenida los siete grandes temas referidos, concluir que se trata de asuntos complejos, en los que no puede exigirse a una de las partes la dejacin de armas y su reincorporacin a la vida civil, mientras la otra a su vez no materialice los compromisos correspondientes. Conservar las armas no nos interesa tanto como conservar la vida.

Los plazos no pueden ser abiertos para una de las partes, y fijos, precisos y firmes para la otra. Por eso deben ser prudenciales, hbiles para desarrollar integral y simultneamente los acuerdos. Es que an alguien cree que el paramilitarismo, el atentado personal y la siembra de los odios diarios, no son amenazas reales para la insurgencia desarmada y el movimiento popular?

El mito del proselitismo armado, de los guerrilleros en armas haciendo poltica por todo el pas, no es ms que una malintencionada caricatura propalada sin calcular el dao ocasionado. Claro que debe acabarse para siempre en Colombia el vnculo entre poltica y armas, no ms terror de Estado, no ms odios, no ms paramilitarismo, no ms paros ni marchas contra la paz.

O es que todo eso no es proselitismo armado? Las conversaciones de paz se iniciaron para poner fin definitivo a la violencia y las armas en la poltica. Mal podra la insurgencia pactar con el gobierno nacional, con pases acompaantes y garantes, con toda la comunidad internacional como testigo, frmulas que piense incumplir. No tenemos vocacin de necios o suicidas.

Sorprende que se invoque la figura de colombianos desprotegidos en el Cagun, cuando por fuera de la zona de despeje, en todo el territorio nacional, el paramilitarismo, en complicidad abierta con las fuerzas militares, inund el pas en sangre con sus crmenes, masacres y despojos. Horrores como el del Catatumbo ocurrieron en la Colombia protegida, esa que nunca han querido ver.

Los Acuerdos implican verificacin y ya las Naciones Unidas avanzan en esa direccin, con representacin del Estado y la insurgencia. Nadie se niega a ello. El seor Presidente sin embargo lo insina en su declaracin pblica, como si an lo poseyera el nimo de rendirnos, desmovilizarnos y humillarnos. Algo improcedente para quienes tenemos dignidad.

El gobierno colombiano exigi como requisito indispensable de las conversaciones la discrecin total sobre las discusiones en la Mesa. Hemos cumplido. Podramos por ejemplo demostrar que no es cierta la negacin absoluta del doctor De La Calle sobre lo acaecido en la Subcomisin Tcnica, pero no nos interesa ahondar contradicciones, sino aproximar, consensuar acuerdos.

Por lo mismo tampoco suministramos informacin reservada a la prensa, para que elabore crnicas y notas sobre los temas en discusin, a objeto de crear un clima desfavorable a nuestros interlocutores. No se trata de eso. Queremos la paz, luchamos por ella, deseamos firmar un Acuerdo Final cuanto antes. Eso requiere mesura, sensatez, responsabilidad.

Sabemos que los tiburones carniceros perseverarn en su obra predadora y por ello quizs sea imposible que las soluciones convengan a todos los colombianos. Hay quienes no las desean. Pero basta con que una inmensa mayora se incline por la paz y respalde los acuerdos finales. Es con ellas y ellos que debemos unirnos ahora, Colombia entera lo merece.

La reciente y halagadora noticia de un prximo inicio de la fase pblica de conversaciones de paz con el ELN, constituye sin duda una voz de aliento y de esperanza para todos los interesados en el fin del largo conflicto armado colombiano. Los astros se alinean de nuevo y no puede echarse a pique esta oportunidad feliz. Vamos a lograrlo, Santos, estamos seguros.


Timolen Jimnez, Comandante del Estado Mayor Central de las FARC-EP

Fuente original: http://www.pazfarc-ep.org/index.php?option=com_k2&view=item&id=3389:vamos-a-lograrlo-santos-estamos-seguros



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter