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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2016

Jos Mart y sus apuntes de viajes
En busca de la idiosincrasia latinoamericana

Salim Lamrani
Centro de Estudios Martianos


Introduccin

Jos Mart, gua moral del pueblo cubano, es conocido por sus escritos polticos, poticos y filosficos. Su anlisis Nuestra Amrica forma parte del Panten del pensamiento latinoamericano y cimenta los procesos de integracin que marcan la nueva Amrica Latina del siglo XXI. La fundacin de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica en 2004 es un ejemplo emblemtico.

No obstante, la obra del Apstol cubano, rica y variada, explora otros campos histricos y geogrficos. Marcado por los viajes debidos al exilio, Jos Mart estuvo en el Viejo Continente, particularmente en Espaa, Francia e Inglaterra. Tambin visit numerosos pases latinoamericanos y vivi en Guatemala, Mxico, Honduras, Venezuela, Hait, Costa Rica, Panam, Repblica Dominicana y, desde luego, Cuba. Tambin pas por Jamaica y vivi muchos aos en Estados Unidos, particularmente en Nueva York.

De sus viajes, a veces con carcter inicitico, el Hroe Nacional cubano leg a la posteridad muchas notas reveladoras de su pensamiento y de su estado de nimo, pero tambin de sus propios lmites. As, Jos Mart estuvo marcado por sus estancias en Mxico en 1875 y 1877 y en 1881 en Venezuela y Curazao, donde sus reflexiones suscitan la polmica. Descubri culturas y tradiciones que lo ayudaran a forjar su visin de la idiosincrasia latinoamericana y de la identidad de los pueblos del Sur.

Mxico

Mxico ocupa un lugar primordial en el destino luminoso y trgico de Jos Mart. Tras varias semanas de travesa a bordo del Celtic, procedente de Inglaterra, el joven cubano desembarca por primera vez en tierra azteca el 8 de febrero de 1875, con 22 aos, en el puerto de Veracruz. Viaja a la capital para reunirse con su familia tras ms de cuatro aos de separacin. El exilado profesa una admiracin cariosa por la patria de Benito Jurez que siempre tuvo corazones de oro y brazos sin espinas donde se ampara sin miedo el extranjero. [1]

En este pas con alma altruista hacia los perseguidos del continente, descubre no obstante la explotacin de las poblaciones indgenas y defiende su causa, recordando con pasin que las civilizaciones precolombinas constituyen la identidad de Amrica Latina. Sus escritos adquieren rpidamente una celebridad por su pertinencia y su diversidad y los sectores intelectuales lo integran en sus crculos, particularmente en las sociedades Alarcn e Hidalgo. Mart no se aleja de la base popular y elige otra vez el campo de los pobres y de los explotados y colabora con el diario El Socialista, rgano oficial del Gran Crculo Obrero de Mxico. Incluso es nombrado delegado ante el Congreso obrero de 1876 y sigue de modo atento la situacin poltica y social del pas.

Desde un punto de vista sentimental, Mxico tambin constituye la tierra prometida ya que el patriota cubano conoce all a Carmen Zayas-Bazn e Hidalgo, con quien se casara en 1877 y nacera su hijo Jos Francisco en 1878.

En sus escritos titulados Apuntes Jos Mart relata su largo viaje a travs de los ocanos, afrontando las inclemencias de la naturaleza, con inmigrantes, esos hroes respetables, y prncipes, todos compaeros de infortunio durante la travesa transatlntica. Mart admira el espectculo que ofrece el desencadenamiento de los elementos naturales, sin jams sentir miedo: Verdad que nunca o manera de rugir ms formidable. [2]

Mart, precursor del antiimperialismo latinoamericano, expresa un sentimiento sin ambigedad hacia Estados Unidos: Oh!, la nacin norteamericana morir pronto, morir como las avaricias, como las exuberancias, como las riquezas inmorales. Morir espantosamente como ha vivido, ciegamente. Slo la moralidad de los individuos conserva el esplendor de las naciones. [3]

En esta sentencia, el Maestro recuerda el egosmo de una nacin que se edific mediante la codicia, exterminando y expoliando a las poblaciones indias, condenando a la esclavitud a los hijos de frica e invadiendo los pases vecinos, como Mxico que perdi ms de la mitad de su territorio en la guerra contra Estados Unidos entre 1846 y 1848. Denuncia las disparidades econmicas entre una casta que vive en la opulencia, la indolencia y la indiferencia, y la masa popular de los humillados, de los explotados y de los olvidados que sobrevive difcilmente a las vicisitudes cotidianas. El Apstol cubano recuerda tambin una gran verdad: detrs de cada fortuna se esconde un crimen. La acumulacin sin lmites de riquezas por parte de una minora slo puede realizarse en detrimento del bienestar de la mayora y del inters general. Mart, cuya filosofa se basa en la tica, concluye su reflexin haciendo un llamado a la moralidad, nico valor capaz de caracterizar la grandeza de las naciones. [4]

El intelectual cubano esboza luego una reflexin sobre el arte, y ms generalmente sobre la cultura, conforme a su famosa mxima ser culto para ser libre: El ritmo de la poesa, el eco de la msica, [] la suave melancola que se aduea del espritu despus de estos contactos sobrehumanos, son vestimentos msticos y apacibles augurios de un tiempo que ser todo claridad. El arte es la puerta de salvacin para el alma humana y se debe preservar la cultura a todo precio. Lamenta las carencias del pueblo de Estados Unidos al respecto. En vez de edificar una sociedad nueva basada en la cultura, como fue el caso de la Grecia antigua cuyos rayos iluminan el mundo dos milenios despus, la ambicin fue el principal motor de la construccin de la patria de George Washington. [5]

Para Mart, Mxico debe desempear un papel fundamental en el equilibrio de Amrica Latina y el Nuevo Mundo debe contribuir a su vez a la armona del mundo. Mxico ha de crecer pa[ra] la defensa, cuando sus vecinos crecen pa[ra] la codicia. Ha de ser digno del mundo, cuando a sus puertas se vea librar la batalla del mundo. Para el patriota cubano un Mxico fuerte, soberano y edificado en torno a valores altruistas ayudar a preservar la independencia de Amrica Latina. Otra vez, Mart menciona el principal peligro que acecha el continente: los apetitos del Vecino del Norte. [6]

Qu va a ser Amrica: Roma o Amrica, Csar o Espartaco?, pregunta el Maestro. Acaso el Nuevo Mundo ser un faro de libertad y de justicio o una amplia zona donde reinarn la tirana y la arbitrariedad? Desde luego, Mart ha hecho su eleccin: Abajo el cesarismo americano!. Para l, Las tierras de habla espaola son las que han de salvar en Amrica la libertad!, ya que la Amrica del Norte condena a una parte de su poblacin a la segregacin racial. Los pueblos de Bolvar deben dar el ejemplo al planeta pues la mesa del mundo est en los Andes. [7]

Exhorta a los mexicanos a tomar conciencia de los peligros y cita al vecino avieso. Se presenta ante ellos como un hijo que naci en otra parte y le recuerda al pas su deber continental, pues de la independencia y de la fuerza de la patria de Cuauhtmoc depender la soberana de Amrica Latina. [8]

Islas Mujeres

Durante su estancia en Islas Mujeres, situadas en la Pennsula del Yucatn, en febrero de 1877, a Jos Mart le impact la belleza de la naturaleza que le recordaba su pas natal. Pero un encuentro marc su visita: un hombre de una edad venerable, erudito, capaz de citar de memoria a Voltaire, Ronsard o Molire, pero que vive en la ms total indigencia, con los pies descalzos y el bolsillo totalmente aligerado de dineros, en el crepsculo de su existencia. [9]

A partir de este personaje, Mart elabora una reflexin sobre la condicin humana y evoca esta vejez sin gloria, reflejo de una vida golpeada por la miseria y [el] descuido que encierra seguramente un secreto culpable y doloroso. Para el Maestro, el viejo no ha realizado el precepto rabe: Este hombre no ha hecho un libro, no ha plantado un rbol, no ha creado un hijo. [10]

La vida miserable de los pocos habitantes de la isla aflige a Jos Mart. La oligarqua local explota a la poblacin, que sufre de indigencia y sobrevive gracias a la pesca. Dicen que eso es vivir; y veo que viven. En m, el fuego de la impaciencia, lanzara roto mi crneo al mes de aquella vida sin cielo de alma; sin los de mujer; sin trabajo, sin gloria y sin amor. Mart lamenta tambin que los habitantes de la isla no haya sabido aprovechar la generosidad de la naturaleza para salir de la pobreza y tengan que emigrar: Sus hijos no han sabido aprovechar tan raras ventajas, tan productivo suelo, tan amable clima. [11]

Curazao

Jos Mart viaj a Curazao en marzo de 1881 y redact un artculo sobre este archipilago. Estos escritos son los ms controvertidos en la medida en que se le reprocha al patriota cubano no obstante autor de vibrantes llamados contra el racismo vehicular algunos estereotipos sobre la gente de color. [12]

En su descripcin de Curazao, donde evoca la naturaleza, la arquitectura y la vida cotidiana, Mart se interesa tambin por los habitantes. Evoca la presencia deunos cuantos negros de lnguido andar y pies descalzos que deambulan en el muelle del puerto. Subraya tambin que las pastoras son aqu mulatas anmicas, negras informes, viejas harapientas. [13]

La descripcin de la mujer de color y el juicio emitido al respecto suscitan una confusin evidente:

No las redimen a nuestros estticos ojos de su negro color la curva llena, la hendida espalda, los fulminantes ojos, la hinchada sensual boca, las pomas altivas, los hombros redondos, los menudos pies de la mujer negra de frica. Y de los blancos ay! no tienen ms que el desdn que las envilece, y los vicios que empujadas de la miseria y de la ignorancia de ms puros placeres comparten y halagan. Ah van, raza degenerada, raza enferma, hablando rpidamente, con la exuberante fluidez del trpico, una lengua innoble y singular, mezcla incorrecta y bochornosa de castellano y neerlands, una lengua que est entera en su nombre: papiamento. [14]

Cmo puede Jos Mart, el universalista, el antirracista, el amigo de los pobres y de los marginados, el poeta de la diversidad, el internacionalista solidario, el defensor de los oprimidos, expresar semejantes comentarios que rozan con los estereotipos ms abyectos, el elitismo ms excesivo, por no decir el racismo ms repulsivo? Cmo puede el Apstol cubano, smbolo de la lucha contra todas las injusticias, dar prueba de semejante desprecio hacia las mujeres de color de Curazao? Cmo puede Mart, el erudito, el sabio, expresar esa condescendencia hacia la lengua papiamiento, usando los calificativos ms violentos? Sigue siendo un misterio sin aclarar. Acaso sus palabras eran el reflejo de los prejuicios de una poca? Desde luego no, pues ilustres voces latinoamericanas se elevaban contra todo tipo de discriminacin. El mismo Mart se unira al concierto de la lucha contra el racismo y escribira ardientes alegatos a favor de la igualdad para todos. [15]

En sus reflexiones sobre Venezuela Jos Mart vuelve a hablar de su estancia en Curazao. Las palabras del intelectual cubano son chocantes:

Esa ciudad es como algunos grandes hombres: hay que verlos de lejos. Si se desembarca en ella, la ilusin, cual si fuera una flor sumergida en una atmsfera miasmtica, se desvanece. No hay en ella ms que calles sucias, casas amarillas, caras enfermizas, negras gritonas y negros desvergonzados: algo as como una eterna disputa entre loros y cotorras: se maldice, se insulta, se amenaza con matar [] Las rias de los negros de Curazao tal es el nombre de la ciudad son como nubes tronadoras de las que jams se desprendera el rayo. La ciudad, llena de criollas perezosas, de holandeses que representan a la metrpoli, de judos ricos [], est atravesada por un brazo de mar. [] La noche cae solemnemente sobre esa triste ciudad: es como un cementerio poblado de seres vivientes. [16]

El contraste es estremecedor con la descripcin de los inmigrantes de origen europeo. Mart menciona las fantsticas, honradas mujeres neerlandesas, doncellas honestas y robustas, de grande, fuerte cuerpo, cabello abundantsimo, grandes ojos, franca risa y seno alto. [17]

Mart evoca tambin la pobreza de la poblacin negra de Curazao, pero no refleja ningn sentimiento de compasin en sus palabras ni denuncia el orden colonial, responsable de las desigualdades. [18]

El viajero evoca tambin la presencia juda en el archipilago neerlands. Menciona perfiles de acero, arrogantes perfiles semticos. No obstante el cubano se muestra elogioso con ellos y subraya su generosidad hacia los ms desposedos: Los judos son all muy amados, porque las gentes del pueblo dicen que hacen obra la mejor de las obras, la hermosa limosna. [19]

Sin duda las reflexiones sobre Curazao constituyen el lado oscuro de la obra martiana y siguen siendo incomprensibles ya que se oponen, desde cualquier punto de vista, a los valores que defiende el Apstol en la inmensa mayora de sus escritos. Texto poco estudiado por los acadmicos, este artculo merecera una atencin ms marcada.

Venezuela

Jos Mart vivi en Venezuela de enero a julio de 1881 y siempre profes una gran admiracin por ese pas. As, su viaje hacia la Patria de Bolvar se asemeja a una bsqueda inicitica en la tierra prometida. Segn el patriota cubano, Venezuela es la Jerusaln de los sudamericanos, la cuna del continente libre, donde Andrs Bello, un Virgilio, estudi, donde Bolvar, un Jpiter, naci. Mart imparti clases y desarroll una intensa actividad periodstica colaborando con La Opinin Nacional. [20]

En sus escritos el cubano recuerda la pesada herencia de la colonizacin: La Biblia dijo la verdad: son los hijos quienes pagan los pecados de los padres: son las repblicas de la Amrica del Sur las que pagan los pecados de los espaoles. Las desigualdades sociales, los conflictos entre ricos y pobres, la desconfianza basada en la pertenencia tnica, la ignorancia, los odios intestinos, funesto legado colonial, amenazan Venezuela. [21]

No obstante los habitantes del Sur no se resignan a su triste suerte y aspiran a ocupar su puesto en el concierto de los grandes pueblos. Mart expresa su admiracin al respecto: Esos pueblos tienen una cabeza de gigante y un corazn de hroe en un cuerpo de hormiga loca. Para l, el continente rebosa de talentos que se consagran a las grandes ideas del prximo siglo. [22]

No obstante, aunque sean los ideales ms generosos, los sueos ms puros entre la vanguardia intelectual latinoamericana, le cuesta ubicarse al alcance de su pueblo. Son plantas exticas en su propio suelo, apunta Mart con pesar. Para l, Cuando el pueblo en que se ha nacido no est al nivel de la poca en que vive, es preciso ser a la vez el hombre de su poca y el de su pueblo, pero hay que ser ante todo el hombre de su pueblo. [23] El patriota cubano parece retomar a su cuenta la clebre mxima de Robespierre: Soy del pueblo, nunca he sido otra cosa, slo quiero ser eso; desprecio a quien tenga la pretensin de ser algo ms. [24] Invita a las mentes iluminadas a no romper el hilo con las masas y, sobre todo, a defender sus intereses, lamentando el abandono de los pobres pobladores. [25]

Un equilibrio entre pasin e inters es imprescindible para Mart. La primera lleva a los hombres a la gloria y al sacrificio y les permite realizar obras grandiosas. El segundo tempera los ardores en nombre del instinto de supervivencia. Para el Maestro, la nacin que descuida una de esas fuerzas, muere. Mart lamenta que la fuerza de la pasin de los pueblos latinoamericanos haya aplastado la fuerza del inters. Para Mart el ideal ha sustituido la bsqueda material: Se desprecia el dinero, se adora a la idea. Nada puede superar la vida aunque sea verdad que morir ha sido el deber en esos pases de la Amrica del Sur que pagaron el precio de la libertad. En adelante, la era de las revoluciones violentas debe ceder el espacio a la evolucin pacfica. Mart precisa que ello es vlido para Amrica del Sur, en las naciones independientes. Evidentemente su juicio es distinto para su isla natal, todava bajo yugo espaol, donde preconizara la va de las armas, la guerra necesaria, para conseguir la soberana de Cuba. [26]

Mart llama a desarrollar las economas de los pases del Sur, las cuales permitirn construir sociedades ms justas. Segn l los textos constitucionales, por progresistas que fuesen, no seran aplicables si no se adaptan la realidad econmica del pas. [27]

El Maestro reivindica la herencia bolivariana, cita a los hroes de las guerras de independencia como Jos Antonio Pez o Francisco de Mirando, de quien recuerda la participacin en la obra emancipadora que fue la Revolucin Francesa. Tambin se extasa ante la belleza natural de los paisajes venezolanos, pero lamenta la existencia de divisiones, la pobreza que golpea las capas pauperizadas y el egosmo de las elites que se niegan a compartir las riquezas. La independencia no fue sinnimo de justicia social. Para Mart la libertad tiene un padre, el amor, y una madre, la paz. Sin mutuo amor, sin mutua ayuda, siempre ser un pas raqutico. [28]

Mart se muestra ditirmbico con Venezuela. Saluda a los habitantes gritones y felices, vestidos con elegancia. Insiste en las riquezas naturales, oro, plata, hierro, la tierra tan generosa y diversificada, los distintos climas y los cursos de agua tan abundantes, que permiten todo tipo de cultivo. [29]

Mart recuerda la diversidad migratoria que puebla el pas, alemanes, franceses, italianos, espaoles y emite a veces juicios expeditivos al respecto. As los canarios son, para el cubano, hombres rutinarios, de poco alcance mental, de mano pesada, preocupados y mezquinos. En cuanto a los alemanes, tienen el arte de vender bien lo que laboran mal. Los italianos limpian zapatos de la gente acomodada. [30]

El cubano se detiene en la influencia extranjera. Lamenta, otra vez, que Venezuela copie modelos ajenos, sin buscar su propia va: En materia de Repblica, despus que imitaron a los Estados Unidos, quieren imitar a Suiza, en alusin a la creacin de un Consejo Federal, nombrado por los distintos estados del pas. La literatura europea se estudia y traduce con abundancia. En cambio nadie habla la lengua india del pas. Las elites en el poder estn totalmente alejadas de las preocupaciones populares y las polticas que pueden dar resultados en Europa son intiles en la selva amaznica. La literatura ajena tiene su inters, pero hay que buscar soluciones latinoamericanas en el libro de la naturaleza, junto a esas mseras chozas. [31]

Mart presenta una requisitoria contra las fuerzas intelectuales de la repblica que se dejan seducir por el lujo que corrompe las almas ms nobles. La inteligencia debe estar al servicio de la Repblica y no destinarse a satisfacer la sed de riqueza. El intelectual venezolano no debe prostituirse al servicio de un gobierno que paga, o [de] las revoluciones que prometen. No debe ponerse a los pies de los amos, que odian a los talentos viriles y gozan destruyendo los caracteres, venciendo a la virtud, refrenando a la inteligencia. Quienes ceden a las sirenas de la riqueza, traicionando sus valores e ideales, se hunden inevitablemente en el desprestigio. Mart critica tambin la exhibicin de riquezas que observa durante el carnaval o Semana Santa. En cambio, saluda la grandeza de corazn de quienes dan todo cuanto tienen y piden an ms para drselo al prjimo. [32]

La belleza de las mujeres venezolanas, que poseen el don de detener a los hombres audaces con una sonrisa, atrae al viajero. No son criaturas humanas, sino nubes que sonren. Estrellas pasajeras, sueos que vagan, apunta el poeta cubano. La mujer venezolana subyuga a Mart. En su presencia se siente pleno de fuerza y borracho de una dulce bebida. La mujer de la patria bolivariana no es una mujer fcil: El bello Don Juan se aburrira soberanamente en Caracas [] porque la inteligencia superior de las mujeres constituye una salvaguarda contra las seducciones de los tenorios. [33]

En cuanto a la tradicin catlica en Venezuela, los habitantes son ms de cultura cristiana que de fe, segn Mart. Hay una razn para ello: Un pueblo inteligente no puede ser fantico. Segn l la religin tiene poca influencia en el pas, aunque las instituciones son slidas. [34]

Mart termina su relato evocando la capital y el Panten donde reposan las cenizas de Bolvar. El lugar, majestuoso, al pie de la montaa, constituye digna sepultura de un muerto de tanta grandeza. La veneracin de Mart por el Libertador y su emocin se notan en la descripcin del monumento erigido a la memora del Padre de la independencia latinoamericana. [35]

Para Mart, Venezuela es una belleza natural, poblada de inteligencias pero marcada por profundas desigualdades sociales. Lamenta que las elites no tengan suficiente conocimiento de las verdaderas necesidades de su patria, para hacerla un pas rico, feliz y fuerte. No obstante se muestra optimista pues se puede esperar todo de un pueblo donde la mujer es virtuosa y el hombre es honrado. [36]

Conclusin

Los viajes de Jos Mart a travs de Amrica Latina, particularmente Mxico y Venezuela, le permitieron descubrir las diversas realidades continentales. El cubano pudo impregnarse de las aspiraciones populares, estudiar las potencialidades de las jvenes naciones y ver el tamao de la tarea a realizar para edificar una sociedad que se ocupara de todos sus hijos. Ese recorrido inicitico le permiti forjar su pensamiento latinoamericanista.

En cambio sus reflexiones sobre Curazao y sus habitantes suscitan un sentimiento de incomprensin y perplejidad. Constituyen sin duda el lado oscuro de autor, aunque son marginales dos prrafos en una inmensa obra que Mart leg a la humanidad. Se trata segn parece de los nicos escritos martianos con contenido racista que, desde luego, no reflejan la esencia de su pensamiento.

Su estancia en Venezuela fue para el gran admirador de Simn Bolvar un viaje al corazn de la cuna de la independencia latinoamericana. All se reforz su vocacin de lucha por la emancipacin total del continente y su voluntad de federar a las fuerzas vivas en torno a una integracin regional para resistir al vecino pujante y ambicioso.

 

Notas:

[1] Jos Mart, Heredia , El Economista Americano, Nueva York, julio de 1888, in Jos Mart, Nuestra Amrica, Biblioteca Ayacucho. http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=103&begin_at=16&tt_products=15 (sitio consultado el 20 de abril de 2015).

[2] Jos Mart, Apuntes , in Jos Mart, Nuestra Amrica, Biblioteca Ayacucho. http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=103&begin_at=16&tt_products=15 (sitio consultado el 20 de abril de 2015).

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Jos Mart, Mxico , in Jos Mart, Nuestra Amrica, Biblioteca Ayacucho. http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=103&begin_at=16&tt_products=15 (sitio consultado el 20 de abril de 2015).

[7] Ibid.

[8] Ibid.

[9] Jos Mart, Isla de Mujeres , in Jos Mart, Nuestra Amrica, Biblioteca Ayacucho. http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=103&begin_at=16&tt_products=15 (sitio consultado el 20 de abril de 2015).

[10] Ibid.

[11] Ibid.

[12] Jos Mart, Curazao , in Jos Mart, Nuestra Amrica, Biblioteca Ayacucho. http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=103&begin_at=16&tt_products=15 (sitio consultado el 20 de abril de 2015).

[13] Ibid.

[14] Ibid.

[15] Ibid.

[16] Jos Mart, Un viaje a Venezuela , in Jos Mart, Nuestra Amrica, Biblioteca Ayacucho. http://www.bibliotecayacucho.gob.ve/fba/index.php?id=97&backPID=103&begin_at=16&tt_products=15 (sitio consultado el 20 de abril de 2015).

[17] Jos Mart, Curazao ,op. cit.

[18] Ibid.

[19] Ibid.

[20] Jos Mart, Un viaje a Venezuela ,op. cit.

[21] Ibid.

[22] Ibid.

[23] Ibid.

[24] Philippe Joshep Benjamin Luchez & Prosper Charles Roux, Histoire parlementaire de la Rvolution franaise, Paris, 1834, Volume 13 14, p. 137.

[25] Ibid.

[26] Ibid.

[27] Ibid.

[28] Ibid.

[29] Ibid.

[30] Ibid.

[31] Ibid.

[32] Ibid.

[33] Ibid.

[34] Ibid.

[35] Ibid.

[36] Ibid.

*Doctor en Estudios Ibricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunin y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su ltimo libro se titula Cuba, the Media, and theChallenge of Impartiality, New York, Monthly Review Press, 2014, con un prlogo de Eduardo Galeano. http://monthlyreview.org/books/pb4710/ Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

Fuente: http://www.josemarti.cu/dossier/jose-marti-y-sus-apuntes-de-viajes-en-busca-de-la-idiosincrasia-latinoamericana/

 



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