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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-04-2016

Una tormenta de asesinatos

Gustavo Duch
El Peridico de Catalunya


Y nuestra civilizacin no colaps como tantas otras por falta de alimentos. Colaps porque haban desaparecido quienes los producan,   las personas campesinas.


Bien podra empezar as algn relato apocalptico, y como tantos otros podramos simplemente dibujarlo en los planos de la imaginacin, pero en este caso deberamos tomarlo muy en serio.

La cifra en Catalunya es una buena muestra. Segn datos del Institut dEstadstica, desde 1994 hasta nuestros das el censo de quienes se dedican a la agricultura y la ganadera ha disminuido en prcticamente el 50%. Hemos pasado de 51.000 personas a la mitad: actualmente, de los siete millones de personas que moramos este territorio, solo 26.000 se dedican a la produccin de alimentos. Y como dice el socilogo Josep Espluga, ms preocupante es preguntarse si no ser que hoy contamos con el doble de personas campesinas de las que tendremos dentro de, pongamos, unos diez aos.

A las causas de la desaparicin de campesinado en el mundo (polticas, culturales y econmicas) desde hace unos aos, tenemos que aadir otra, la menos importante en cantidad pero la ms grave en cuanto a significado, y es que, como un gota a gota que no amaina, cada semana conocemos el asesinato de personas campesinas significadas en la defensa de su tierra, de sus ros, de sus semillas, de sus territorios, donde durante siglos han alcanzado el mgico equilibrio de dotarse de los bienes necesarios para sostener la vida sin esquilmar los recursos que los producen.

OCHO TIROS

El ltimo caso que he conocido ha sido en Sudfrica, donde la noche del 22 de marzo muri de ocho tiros uno en la cabeza Sikhosiphi Bazooka Rhadebe, lder comunitario en Xolobeni contra los planes de la empresa minera TEM, subsidiaria de la minera australiana MRC, de explotar una mina de titanio en su tierra, una mina que, como ellos dicen, significara la destruccin de sus medios de vida.

Pocos das antes, el 3 de marzo, Berta Cceres, compaera del movimiento internacional Va Campesina en Honduras y reconocida un ao antes con el premio Goldman (el Nobel verde), fue asesinada mientras dorma. Ella, como Gustavo Castro Soto, retenido hasta principios de abril, y Nelson Garca, asesinado una semana despus tras el desalojo por el Gobierno hondureo de las tierras que ocupaban 150 familias, son hombres y mujeres que defienden el derecho de poder vivir en sus territorios frente a multinacionales del sector energtico, minero y agropecuario que con la complicidad del Gobierno pretenden hacer de esos lugares cualquier tipo de lucrativo negocio.

Porque la tierra y ros que, cuidados, son madre y sustento, maltratados y explotados con monocultivos industriales (fundamentalmente palma africana para el aceite de la agroindustria, en el caso de Honduras), o retenidos en represas hidroelctricas, son imprescindibles para el imposible milagro de la multiplicacin infinita del dinero. Este es el conflicto central de nuestros das: sostener la vida o hacer de la vida un negocio.

Y as avanza una lluvia de asesinatos y criminalizacin de gentes campesinas que, si la atiendes, es una tormenta que empapa. Solo este mismo mes de marzo podemos aadir muchos casos ms. Como Walter Manfredo Mndez Barrios, muerto de bala mientras se diriga a su parcela en una de las reas de la Reserva de la Biosfera Maya, en Guatemala, donde al frente de la cooperativa agrcola La Lucha ejerca su activismo frente a la usurpacin de tierras y los usos ilegales de la misma. Como la muerte de los hermanos Cristian y Jorge Castiblanco, de 23 y 18 aos, y de lex Carrillo, de 35, trabajadores del campo y activistas comunitarios que junto con sus familias y dems habitantes de la regin de Cabrera, en Colombia, se oponen a proyectos de megaminera y a la construccin de hidroelctricas en el pramo de Sumapaz. O como aqu, en el Estado espaol, donde se ha condenado a tres aos y medio de prisin a Andrs Bdalo, del Sindicato de Obreros del Campo, tambin parte de la Va Campesina, por una protesta colectiva contra el latifundismo y sus negocios agrarios.

LA VA CAMPESINA

Y s, podemos afirmar que la va campesina, la voluntad de defender la tierra que da de vivir, est siendo cruelmente atacada. Pero es mucho ms. Como dira John Berger, no se puede tachar una parte de la historia, lo campesino, como el que traza una raya sobre una cuenta saldada, pues si tenemos en cuenta su cosmovisin, su relacin con los bienes naturales, su mirada y su hacer comunitario y el sentido de interdependencia entre los pequeos universos que custodia, reconoceremos ah la levadura precisa para amasar nuevas formas de sociedad que aseguren un porvenir sostenible y autnomo. El por llegar no merece ninguna confianza.

Fuente: https://gustavoduch.wordpress.com/2016/04/11/una-tormenta-de-asesinatos/



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