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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-04-2016

Con Jos Mart y la misin de ser el pueblo

Luis Toledo Sande
Bohemia


En el Partido Revolucionario Cubano, calificado por Juan Marinello como creacin ejemplar de Jos Mart, reconoci Fidel Castro, gua de la Revolucin Cubana, el precedente ms honroso y ms legtimo del Partido que la dirige. Tal fue la altura de la organizacin fundada en 1892 por Mart, entre compatriotas y puertorriqueos emigrados, para librar a Cuba de Espaa y del sistema de colonizacin que se gestaba en los Estados Unidos, y contribuir a la independencia de Puerto Rico.

Con su radicalidad en pensamiento y en actos Mart fragu lo que Julio Antonio Mella, en sus Glosas acerca del Maestro, caracteriz como el misterio del programa ultrademocrtico del Partido Revolucionario. Es relevante que ese criterio venga de un luchador comunista, central en la continuidad por la que el estudioso mexicano Pablo Gonzlez Casanova apreci que el marxismo entr en Cuba por la senda heredada de Mart.

La feliz revelacin nada tiene que ver con tendencias a fabricar similitudes entre el legado martiano, forjado esencialmente para nuestra Amrica y, en gran parte, desde los Estados Unidos donde Mart vio surgir el voraz imperialismo, y la teora marxista, nacida en Europa. Tampoco debe atribuirse al socilogo mexicano la creencia de que esas contribuciones se agotan en sus respectivos mbitos y perodos de origen.

Medular en las preocupaciones de Mart, la cuestin colonial no se redujo al siglo XIX y a un continente, ni la lucha de clases para la emancipacin de los trabajadores es exclusivamente europea, anulable por el auge de la socialdemocracia a expensas del ideario socialista. La interrelacin de tales vertientes de la realidad y las ideas revolucionarias vinculadas con ellas es un hecho, aunque aldeanismos varios lo hayan mistificado en un sentido o en otro.

Durante aos, entre esos aldeanismos torpes en cualquier caso tuvieron empaque prestigioso los supuestamente marxistas, que hacan considerar acertado lo que para Mart habra sido un crimen: que todo habra de esperarse y vendra de Europa. Pensando en nuestra Amrica, y con utilidad an ms abarcadora, traz l una norma para frenar estrecheces como las aludidas: Injrtese en nuestras repblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repblicas.

Contextos, propsitos

En rigor, an ms que de injertos y trasplantes, su pensamiento encarn creatividad fundadora. En Nuestra Amrica, el mismo ensayo al que pertenece lo antes citado, pensando en las hornadas latinoamericanas de su tiempo, no en una generacin entendida estrechamente, afirm: Crear es la palabra de pase de esta generacin.

En los aos aludidos, lejos de escrutar en lo hondo del pensamiento de Mart y su valor para enfrentar las realidades de su entorno y aportar luces hacia el futuro, hubo quienes le aplicaran cartabones opuestos a su condicin de ser humano primario, no secundario, lo que se dice glosando palabras suyas. Encarn la actitud que l alababa en los talentos fundadores: pensar y buscar por s mismos las respuestas requeridas para enfrentar los problemas y solucionarlos. Por ser destacadamente uno de ellos, estructur el proyecto revolucionario ms avanzado en su entorno histrico y poltico.

Ese proyecto creci centrado en el conflicto colonia-metrpoli y para un continente donde emerga la que no tard en ser la mayor potencia imperialista. La claridad con que Mart asumi su responsabilidad al frente del movimiento necesario en ese entorno, no siempre se ha valorado con acierto, debido a escollos como cierto entusiasmo de vocacin marxista pero buenas voluntades aparte de sesgo eurocntrico.

Apuntarlo no implica ignorar las grandezas del marxismo verdadero, pero s tener en cuenta las que el propio Mart, refirindose a la idea socialista, calific de lecturas extranjerizas, confusas e incompletas. Si hoy se detectan menos, no ser porque hayan cesado, sino ms bien porque en una parte de la izquierda, verdadera o tenida por tal, repliegues y traiciones han menguado, en lo visible, el inters por el marxismo.

Dichas lecturas explicaran que en ocasiones se inventaran similitudes de Mart con el legado marxista o, acaso ms exactamente, con el dogmatismo marxista-leninista promovido por lo que, de modo simple en exceso, se ha llamado estalinismo, y se le aplicaran al Partido Revolucionario Cubano rtulos como partido de nuevo tipo. Esa confusin desborda el plano lexical: atae al sentido sociopoltico, e histrico, de los conceptos. Razones abundan para decir que Mart cre un nuevo tipo de partido, pero partido de nuevo tipo es una categora asociada a la organizacin que, en otro contexto, Vladimir Ilich Lenin llev a su mxima potencialidad revolucionaria.

Cometido y unidad

Tanto Mart como luego Lenin crearon un solo partido, lo cual es elementalmente lgico: un poltico, cualquiera que sea su ideologa, salvo que se trate de un entusiasta irresponsable, no crea ms de un partido, al menos a la vez. Pero entre el bolchevique ruso y el independentista cubano, ambos radicales en sus circunstancias, mediaron tambin diferencias bsicas.

El partido de Lenin fue esencialmente uniclasista, de carcter proletario. Cabe afirmarlo sin menospreciar su heterogeneidad interna ni las deformaciones que, sobre todo tras la muerte de su gua fundador, le torcieron el camino hasta desmovilizarlo, pero no niegan el valor con que se fragu, ni sus logros.

Mart fund un partido para un proyecto de liberacin nacional que tuvo en los humildes su mayor sostn no por casualidad quiso el lder que su gestacin se decidiera en comunidades bsicamente obreras y sus ms enconados adversarios entre los ms opulentos. Pero fue un frente de unidad nacional, pluriclasista. Su fuerza radic, mientras vivi Mart, en merecer los trminos con que l lo defini en vsperas de su proclamacin: El Partido Revolucionario Cubano, es el pueblo cubano.

Hoy esa aspiracin sigue convocando tambin al que en 1965 se constituy como Partido Comunista, nombre que a su propia dignidad une el valor de la permanencia. La ha mantenido en contraste con procesos que, al abandonar los ideales con que estaban comprometidos, empezaron por renunciar a l.

El partido que dirige la Revolucin tiene tambin una responsabilidad que tuvo el creado por Mart, quien fue consciente de un hecho: la aspiracin de crear una repblica con todos y para el bien de todos no autorizaba a desconocer la existencia de fuerzas, sectores sociales e individuos que se autoexcluan de la totalidad representada en el programa revolucionario.

Uno de los textos de Mart que explicitan claramente la necesidad de ese deslinde es su discurso del 26 de noviembre de 1891, ya en pasos previos y decisivos hacia la proclamacin del Partido, y que suele titularse por el final, que llama a construir una repblica con todos, y para el bien de todos. En l, ments tras ments denunci a los que, egostamente anclados en sus propios intereses, no abrazaban el plan patritico.

Teora, accin, ejemplo

En el partido martiano y en el leninista la necesidad de respetar principios, programas, y mantener la disciplina en el funcionamiento, se calz con una estructura que no consista en una mera suma de individuos, sino en todo un sistema de organizaciones de base. Por esa razn en aos de dogmatismo (anti)marxista se aplic tambin al de Mart una categora acuada en la conceptualizacin leninista: centralismo democrtico.

Matizaciones y salvedades, historia sobre los caminos respectivos, cabra hacer. Ni en el plano organizativo es necesario cargar la mano en la comparacin. Pero para ceirnos al ejemplo de Mart lo ms importante estriba en no perder de vista elementos esenciales ms all de lo factual visible.

No era el menor de esos valores el ejemplo requerido a los dirigentes, quienes, electos anualmente, eran revocables en cualquier momento, y deban rendir cuenta de su labor; otro consista en la importancia de que entre centralizacin y democracia se mantuviera el equilibrio indispensable para que no prosperasen ni el desorden ni el autoritarismo.

Junto con el sealamiento de la similitud, suscitada por los elementos de centralismo y de democracia, se incurri tambin en igualar la unidad revolucionaria buscada y lograda por Mart y el concepto de partido nico o unipartidismo que ni siquiera viene estrictamente de Lenin. El mpetu de polemista caracterstico de este ltimo permite incluso conjeturar que disfrutaba tener a su alrededor fuerzas partidistas con las cuales contender el debate fue una de sus ms poderosas armas, y tampoco habra podido eliminarlas aunque hubiera querido.

En Mart se debe apreciar la voluntad de que los patriotas revolucionarios que en su programa eran los defensores de la independencia y de la fundacin de una repblica moral que abriera caminos para la justicia y el saneamiento sociales se unieran resueltamente en una sola organizacin poltica. Solo as su fuerza y sus sacrificios podran dar los frutos esperados.

Sera errneo aplicar a Mart los cnones de un modelo de gobierno ajeno a sus propuestas, y cuyos orgenes habra que buscar ms bien en lo que se ha llamado estalinizacin de la sociedad sovitica. Mart vivi en una Cuba donde haba otros partidos: el Liberal Autonomista, el Unin Constitucional, antinacionales ambos por plegarse a intereses forneos. Previ incluso el posible surgimiento de un partido anexionista, contra el cual tempranamente pens que urga organizar en un partido a las fuerzas revolucionarias, y que de hecho exista como tendencia, machihembrada, en la prctica, con el autonomismo y el integrismo colonialista. Herencia, secuelas, dejara.

Fines y tica

Mart prepar una guerra en la que sera necesario defender tenazmente el programa libertador. Su prdica no cuaj en lneas aplicadas desde el poder, sino en principios e ideales vlidos para la lucha revolucionaria. Consecuente con la idea de que un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, sostuvo a propsito de la entrada del Partido Revolucionario Cubano en su tercer ao de vida: A su pueblo se ha de ajustar todo partido pblico, y no es la poltica ms, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un pas.

El sacrificio propio apunta claramente al que l mismo haca para mantener, sin faltar a la tica, la armona necesaria entre el deber de guiar a sus seguidores potenciales hacia logros lo ms altos posible, y el tambin deber de cultivar la mayor unidad alcanzable entre ellos. Acertadamente Roberto Fernndez Retamar seal que, al poner el peridico Patria en circulacin antes de proclamarse el Partido, y sostener que no era rgano de este, Mart tena un propsito: que el rotativo diera cabida a una radicalidad ideolgica mayor que la media esperable en una organizacin poltica de base social hetorognea.

Saba que la unidad era indispensable para alcanzar una victoria que valiese de veras la pena, y, si en Espaa y en repblicas de nuestra Amrica denunci manquedades del liberalismo al uso, en los Estados Unidos lo hizo de modo macizo y especialmente abarcador: repudi la inutilidad, para los intereses populares para una democracia sincera como la que l quera ver en Cuba, de la alternancia de partidos que en esencia representaban a corporaciones rivales, pero afines. Lo demostraban las vertientes partidistas dominantes, con nombres emparentados hasta en significacin terica: republicanos y demcratas.

El valor de su pensamiento y de sus actos lo confirma su presencia guiadora ni dogmatismo ni sectarismo alguno han podido eclipsarla en la Revolucin Cubana. Esa presencia da continuidad a lo dicho por Gonzlez Casanova en cuanto al valor del legado martiano como va para la entrada del marxismo en Cuba. Ello habla de lo acertada que estuvo la vanguardia de este pas en la ms temprana asimilacin de las ideas socialistas y marxistas, y anarquistas incluso. Estas ltimas, en el caso cubano, se incorporaron a la lucha independentista y alcanzaron apreciable potencialidad revolucionaria.

La prueba de los hechos

El marxista Carlos Balio, el socialista Diego Vicente Tejera y el activista obrero Jos Dolores Poyo como otros unidos a Mart en la accin patritica y por vnculos de mutua admiracin tuvieron la inteligencia y el sentido poltico necesarios para comprender que deban sumarse al proyecto martiano. Mella testimoni haberle odo decir a Balio que Mart le haba confesado que la revolucin no se hara en la guerra por la independencia, sino en la repblica. El testimonio es verosmil por la honradez de sus trasmisores y por coincidir en su esencia con declaraciones de Mart.

El alcance prctico de esa idea se expresa en hechos como el siguiente: el Balio que sigui a Mart en la fundacin del Partido Revolucionario Cubano, en 1925 acompa a Mella y otros luchadores en la creacin del primer partido cubano en proclamarse comunista y basar su programa en el marxismo.

En esa tradicin vive, y ha de seguir cumpliendo el magno deber que le viene de ella, el partido que hoy dirige el proceso revolucionario cubano, y tiene, como la tuvo el partido creado por Mart, la misin de merecer que se le considere, y serlo, el pueblo cubano. En el mismo texto Mart afirm: Lo que un grupo ambiciona, cae. Perdura, lo que un pueblo quiere".

Tomado de Bohemia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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