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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2005

Una historia desconocida del hombre que se hara famoso en la guerra civil espaola
Buenaventura Durruti, el autor del primer robo a un Banco en Chile

Luis Olea
Rebelin


Jueves 16 de julio de un soleado da de 1925. Enrique Barscoj esperaba pasajeros para su vehculo de alquiler, un reluciente Hudson con placa patente 2525, en el paradero de la Plaza de Armas cuando un individuo alto, grueso y de bigotes abundantes le solicit sus servicios. La orden era dirigirse a calle San Diego y, desde all, hasta la sucursal Matadero del Banco de Chile. Era el da de la santa patrona nacional: la Virgen del Carmen. El pasajero era absolutamente distinto a quienes trasladaba a diario: tena un marcado acento espaol y actuaba con tranquilidad. Al llegar frente a la sucursal bancaria, se subieron al vehculo otros cuatro ocupantes, uno de ellos usaba bufanda granate y una gorra negra. Al cruzar la calle en direccin al banco, el espaol se coloc un antifaz negro de cuero y los dems desenfundaron armas cortas desde sus bolsillos. Se acercaba el momento. Esto ya lo haban hecho varias veces en distintas partes del mundo y no pareca ser diferente. Los cinco hombres presentaron sus pistolas. Estaban a punto de perpetrar el primer asalto a un banco en la historia de Chile.

LOS HOMBRES DE DURRUTI

En la sede de la IWW (Industrial Workers in the World), en pleno centro de Santiago, los dirigentes anarquistas Flix Lpez y Pedro Nolasco Arrata, este ltimo, trabajador grfico y fundador de la Federacin de obreros de imprenta, estaban viviendo su propia pelcula de vaqueros. Las noches anteriores haban departido con unos compaeros espaoles que llegaron a Chile huyendo de la persecucin que ellos, aguerridos anarquistas, sufrieron en Europa. Lpez y Nolasco tuvieron mayor contacto con dos de ellos: Buenaventura Durruti, que exudaba coraje y carisma, y Francisco Ascaso, ms bien serio y retrado. El resto del contingente estaba compuesto por el hermano de Ascaso, Alejandro; Gregorio Jover y Antonio Rodrguez, El Toto. Todos pertenecan al grupo Los Solidarios, destacamento que haba emprendido un sinnmero de acciones armadas y ajusticiamientos en la pennsula ibrica. Esa fama tena omnibulados a sus pares chilenos, quienes conocan, por ejemplo, el famoso y sanguinario asalto al Banco de Gijn, en 1923, y por el que haban conseguido automtico exilio en Francia y Blgica. Lpez y Nolasco saban que el paso por Chile era una escala no prevista por los 5 anarquistas, pero a la que le sacaran el mayor provecho posible. Ascaso y Durruti tenan una frrea doctrina de silencio y trataban de hablarse a travs de seas, por lo que transmitieron escasamente sus planes a los compaeros chilenos. Se poda decir que su relacin era de saludos y despedidas. Durruti les haba prometido que si los ayudaban con la logstica, les confiaran parte del botn para su organizacin. Una cosa estaba clara, en el atraco actuaran slo ellos. Y as lo hicieron. Das antes, en la tarde del domingo 12, haban intentado asaltar a los empleados del Club Hpico que llevaban el dinero de las apuestas hacia la administracin, ubicada en calle 21 de Mayo. Pero las cosas no salieron como lo haban planificado, ya que los empleados se defendieron a balazos y el robo de los hombres de Durruti fue abortado con rapidez. ltimamente la capital se ha visto invadida por un grupo de gentes de psimos antecedentes que viene huyendo de las policas extranjeras. Descubrimiento hecho hace poco das de una banda de tenebrosos extranjeros ha venido a confirmar plenamente esa suposicin, sealaba con asombro el diario Los Tiempos, el da lunes 13 de julio. Tres das ms tarde, sin embargo, no habra errores ni malas casualidades. Los cinco forasteros haban decidido que el banco estara en la periferia de la ciudad y el ms adecuado el Banco de Chile que prestaba servicios en el bullente sector del matadero. El robo, entonces, sera all.

EL HOMBRE DEL ANTIFAZ

Despus de dejar el Hudson azul con placa patente 2525, los hombres ingresaron con rapidez al banco. Dentro del edificio la actividad era tranquila. Lo nico que llamaba la atencin era la presencia de Urbano Villaseca, un arriero que se encontraba recolectando dinero en favor de los calicheros del norte salitrero. Haba cuatro funcionarios en actividad y tres en horario de colacin cuando irrumpieron los asaltantes. Los hechos se sucedieron rpido: Carlos Thompson, cajero del lugar, contaba y empaquetaba monedas cuando el tipo de bigotes, quien segn testigos tena aspecto de abastero, salt por sobre el mostrador e intent apoderarse de la caja. En un primer instante Thompson crey que se trataba de una broma de psimo gusto, pero entendi que todo era muy serio cuando el hombre del antifaz, apostado a un costado de las cajas y con una Colt de 38 mm en cada mano, lo apunt directo en las sienes y grit: -Seores, arriba las manos! Luego de este hecho, los dems bandidos saltaron por sobre las rejas de bronce que resguardaban al cajero, y fueron en busca de los billetes. Thompson, hombre fuerte y bien alimentado, cay al suelo y desde aquel innoble lugar dio la alarma. La accin del cajero impidi que los malhechores intentaran hacerse de la bveda mayor y tuvieron que contentarse con el dinero de la caja. Luego sobrevino la fuga y su consiguiente persecucin: los asaltantes corrieron hasta el vehculo de alquiler que haban abordado en el centro. En el trayecto dispararon varias veces al cielo para sembrar el pnico entre la muchedumbre que circulaba por San Diego, y lo consiguieron con efectividad. Detrs de ellos venan tres funcionarios del banco. El segundo cajero, Domingo Prez, intent seguir el auto, pero recibi un balazo en la mano izquierda que lo detuvo en su intento. Alfredo Muoz y Manuel Moya fueron ms lejos y, aprovechando un momento de confusin ocasionado por el asombro del chofer, se aferraron de la parte posterior del vehculo en movimiento. All se inici una intensa balacera por parte de la banda, quienes, asomndose por la ventanilla trasera dispararon sus armas. Primero dieron con Muoz, quien recibi dos balazos, uno que se aloj en el crneo y otro que impact en su rodilla derecha. Moya, en cambio, slo recibi una contusin leve al caer mientras el Hudson de color azul intentaba la fuga. En San Diego esquina Concepcin el auto ya corra solo y sin dificultades. Mientras tanto el auxiliar del Banco, Benjamn Valds, detuvo un auto de alquiler que se hallaba en las cercanas y, junto al polica (Dragoneante en esa poca), Miguel Mella, fueron tras los asaltantes. Claro que slo alcanzaron a seguirlos unos cuantos metros, pues el chofer del carro se neg a seguir la persecucin a causa de la lluvia de balas que provena del auto de los asaltantes. En San Diego, entre Victoria y Pedro Lagos, les perdieron pisada definitivamente. Algunos testigos dijeron que el auto dobl por Matta al oriente, aunque otros aseguraron que tom la direccin contraria hacia el Parque Ercilla. El monto total del asalto borde los 50 mil pesos de la poca. Con respecto a la banda, la polica slo lleg a dos conclusiones. Una: tenan voces extraas que les daban el aspecto de argentinos o de espaoles, como hizo mencin La Nacin del viernes 17 de Julio. Y dos: en el suelo del local se encontr el antifaz del jefe de la banda. En la prensa se habl del nacimiento de una nueva etapa en la criminologa del pas. El Mercurio editorializ de la siguiente manera: Est demostrando que Santiago no tiene hoy solo el peligro de los bandidos que obran a la antigua, sino tambin de los que siguen los nuevos sistemas terrorficos capaces de atemorizar a los hombres de ms nimo. Los diarios llamaron a los asaltantes Apaches, en alusin al nombre con que los periodistas franceses caracterizaban a los hampones de Pars, y que haba sido tomado de un famoso tango del uruguayo Manuel Gregorio Arostegui, El Apache Argentino. Santiago de Chile, ponindose al da con el resto del mundo, haba conocido a sus primeros Apaches. Nadie saba que se trataba de Buenaventura Durruti, el anarquista ms famoso de Europa.

SIEMPRE SEREMOS PRFUGOS

Despus del asalto y aprovechando el alboroto que causaron, el quinteto de asaltantes intent dar el golpe maestro. El da sbado 18 asaltaron en la calle Seminario a un cajero de ferrocarriles con el fin de aduearse de las llaves de caudales del terminal Alameda. Por desgracia para ellos, el cajero no llevaba las llaves consigo, lo que frustr el asalto. La prensa estaba conmocionada, hablaba de peligrosos asaltantes argentinos fugados recientemente de la crcel de La Plata, y que se haban coludido con hampones locales. Las pulsaciones de la ciudad marcaban un ritmo frentico, y cercano al pnico. Para aparentar agilidad y pericia, la justicia someti a proceso a Enrique Barscoj, el chofer que los condujo hasta el banco y luego huy con ellos bajo amenaza, pero que tuvieron la deferencia de cancelarle la carrera. El juez instructor de la causa, Fernando Soro Barriga, solicit a la prensa que no siguiera endiosando a los hampones y que dejaran de lado la tesis que hablaba de forajidos extranjeros. Durante todo ese tiempo los cinco se hospedaron en un hotel de poca monta en las cercanas de Avenida Matta. La dependienta record aos despus a un grupo de gente muy educada y que hablaba todo el tiempo sobre temas sociales. A principios de agosto, y con toda calma, Durruti, Ascaso, Jover y los dems hombres abandonaban el pas. Primero se trasladaron a Los Andes y desde all tomaron el Tren Trasandino como pasajeros comunes y corrientes con destino a Argentina.

DE LOS PIRINEOS A LOS ANDES

En Argentina trataron de trabajar. Durruti intent ser un estibador, Ascaso quiso ser cocinero y Jover, un carpintero. Pero aquello les dur poco. El 18 de enero de 1926 asaltaron el Banco San Martn. No dieron con ellos y se creyeron a salvo. Pronto, sin embargo, se dieron cuenta que se cerraba el cerco; haba fotografas suyas en las estaciones de ferrocarril, en trenes y tranvas. Era tiempo de escapar. Cruzaron a Montevideo. Ah elaboraron una estrategia que dejaba en claro que no se trataba de simples nios jugando a los bandidos: compraron boletos de primera clase en el buque que los trasladara a Cherburgo, pero terminaron en las Islas Canarias. Acababa as su travesa por Amrica Latina. La posterior vida de Durrutiy sus compaeros se convirti en vrtigo: En 1926, en Pars, ide un doble atentado contra el Rey y Primo de Rivera, el que fracas y provoc un nuevo exilio hasta 1931. En 1932 fue desplazado al Sahara espaol. En 1933 y 1934 cay sucesivamente preso despus tres intentos insurreccionales sin xito. En febrero de 1936 el izquierdista Frente Popular gan las elecciones espaolas, con el apoyo a regaadientes de los anarquistas. El 18 de julio de ese mismo ao, Francisco Franco di un golpe militar y deton la Guerra Civil Espaola. Seis das despus Durruti arm una milicia con ms de 2.500 hombres para luchar contra los franquistas. Se bautiz como la Columna Durruti. En noviembre de ese ao su columna se dirigi a Madrid para defender la ciudad de Franco. El 20 de ese mes, sin embargo, encontr la muerte, contando con 40 aos de edad. En ese momento Buenaventura Durruti dej de ser historia y se convirti en mito. Su cuerpo fue trasladado a Barcelona donde se hicieron los funerales ante cerca de medio milln de personas. Era el mismo hombre que 11 aos antes, con un antifaz de cuero negro, haba ocupado las portadas de los diarios con un robo histrico, el del Banco de Chile, sucursal Matadero.

contacto: [email protected]



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