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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-04-2016

El odo a la tierra

Luis Toledo Sande
Rebelin


Entre los propsitos de las calumnias sistemticamente lanzadas contra Cuba por los enemigos de su Revolucin puede estimarse que ha estado no solo desprestigiarla, sino tambin que ella se acostumbre a ser blanco de mentiras. De ese modo puede acabar autoanestesindose y menospreciar la importancia que tendra responder puntualmente los insultos, o atenderlos siquiera. Aburrido por lo menos sera darse a desmontar engendros como la acusacin de mantener prohibido el rock cuando en el pas lo record una buena respuesta de Cubainformacin se organizan cada ao trece festivales de esa expresin musical .

Los artfices de las calumnias no necesitan asideros para inventarlas, pero magnifican y capitalizan al mximo las torpezas en que Cuba pueda haber incurrido. A otros pases se les pasan por alto o se les consideran naturales las desmaas cometidas por algunos de sus dirigentes, o incluso nacidas de la lnea cardinal de sus gobiernos, o, dicho de otro modo: del sistema que los rige. En semejante juego, a naciones como los Estados Unidos y sus aliados se les toleran crmenes y genocidios.

Contrastando con semejante manera de medir, sean menudas o de mayor envergadura a Cuba no se le perdonan sus impericias, y se da por sentado que no prescriben. Un concierto de los Rolling Stones sirve para dar por vlido que el rock sufri veto hasta la noche misma en que ese grupo actu en La Habana, y para olvidar el paso por el pas, a lo largo de aos, de otros cultores de dicha expresin musical. En general, se desconoce la libertad con que desde hace dcadas se mueven en Cuba los roqueros nacionales y los visitantes.

Calzadas por el peso que durante dcadas han tenido los ataques contra ella, y por la desinformacin que a nivel global consiguen los medios dominantes a partir incluso de una sobresaturacin noticiosa astutamente manejada dgase: llena de falsedades, las confusiones sobre Cuba generan barullos peregrinos. Fuera de su patria un cubano puede toparse con una persona bienintencionada que descarga toda su euforia procubana para decirle cosas como esta: Al fin tena que aparecer en los Estados Unidos un presidente de origen humilde y africano que se arriesgara a dar pasos decisivos para salvar a Cuba del bloqueo! Pero suposiciones tales improntas racistas incluidas, vade retro! brotan asimismo en el mbito local.

Con lo dicho, apenas se espigan poqusimos ejemplos recientes de falsedades en torno a la realidad de Cuba. Pudiera afirmarse que, si esta nacin se hubiera dedicado nada ms a desmentirlas una por una, campaa tras campaa etapas u oleadas de una misma maniobra que no ha cesado desde el triunfo de su Revolucin, lo ms probable sera que no le hubieran quedado ni tiempo ni fuerzas para hacer otra cosa. No habra podido consumar ninguno de los logros que la han erigido en una digna anomala sistmica dentro de un contexto internacional en que el campo socialista que realmente existi se las tuvo que ver con un capitalismo tan experimentado como carente de escrpulos, y donde, al desmontarse aquel campo, el imperio actuara a sus anchas, y tendra recursos para manipular sus propias crisis hasta sacar dividendos de ellas.

Los logros de Cuba, no sus errores, sus torpezas, sus pifias, alguna que otra idiotez tire la primera piedra la nacin que no las haya cometido son la verdadera causa de la rabia de sus enemigos contra ella. Pero mal andara el pas si adoptase la soberbia de ignorar cuanto se dice acerca de l. Debe tenerlo en cuenta no para complacer a sus enemigos y cumplir la agenda informativa que ellos le tracen, sino para estar en guardia lcida y en capacidad de autosuperacin permanente, aunque solo fuera por aquello que un poeta sabio, glosando un ejercicio de retrica apcrifo, sostuvo con respecto al diablo: Que como tal Demonio nos hable, que ponga ctedra, seores. No os asustis. El Demonio, a ltima hora, no tiene razn; pero tiene razones. Hay que escucharlas todas. Para qu, podramos preguntarnos? Pues, por lo pronto, para dejarlo sin ellas, o hacer todo lo posible para impedir que nos dae, que nos confunda al vender como razn sus razones, falsas o verdaderas, entreveradas de dosis de verdades y mentiras.

Ni es necesario imaginar dominios infernales para avalar la utilidad del libre ejercicio del pensamiento y la expresin. Un mundo como el actual, manipulado por medios que convierten en juegos de hipocresa y calumnias lo que debera ser el limpio desempeo informativo, no debe llevarnos a meter en el mismo saco de la desfachatez cuanto se diga sobre la realidad. Esa sera otra forma de peligrosa anestesia, aliada de la perpetuacin de errores y, por tanto, cmplice factual del imperio y sus alabarderos.

De tanta inmoralidad que los caracteriza, los medios imperantes recordemos el parentesco entre imperar e imperio, e imperialismo autorizan a las personas honradas a desentenderse incluso de ellos. Pero nada parecido a tal desconocimiento merece la opinin de un pueblo cuya capacidad de resistencia le ha permitido al pas ver que la mayor potencia imperialista se ha visto impulsada obligada, pudiramos decir, pero seamos corteses a cambiar de tctica, no de estrategia, y procurarse la imagen de que est dispuesta a dialogar con los representantes de ese pueblo, de la nacin cubana, como entre iguales.

Las opiniones que forman la opinin de ese pueblo nico garante posible de la actitud que la nacin cubana debe y necesita seguir manteniendo frente a una potencia que a nadie trata como a igual, ni siquiera a sus aliados merecen el mayor respeto. Y nunca ese respeto estar bien materializado si no se expresa en la debida atencin prctica.

Est a punto de celebrarse en fechas que rendirn homenaje en su aniversario 55 a la victoria del pueblo cubano en Playa Girn sobre tropas mercenarias al servicio del imperio el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. No habrn sido pocos los hijos y las hijas de este pas que contaban con que a la nueva magna reunin de la organizacin poltica que dirige su proceso revolucionario la precedera un proceso ejemplar al que ya estbamos, en el mejor sentido de la palabra, acostumbrados: la discusin masiva, por el pueblo en general, no solo por la militancia, de los documentos rectores.

Esa prctica que tantos buenos frutos dio, por ejemplo, en ajustes hechos a los lineamientos aprobados en el congreso anterior para regir las transformaciones econmicas y sociales emprendidas se presenta ms aconsejable an, si cabe, que en las anteriores convocatorias. Baste sealar que la prxima reunin partidista, en la cual se aprobar la conceptualizacin del modelo pensado para resumir guiadoramente dichos lineamientos, dichas transformaciones, ser la primera tras el inicio de la llamada normalizacin de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba.

El aplicar aqu a esa normalizacin en marcha en marcha inicial, vale precisar el cauteloso participio llamada , no busca abonar aprensiones hiperestsicas: apunta objetivamente a un proceso marcado por la asimetra. Uno de los dos pases ni siquiera ha cumplido o no ha podido cumplir la correspondencia elemental en cuanto al nombramiento de su embajador, y ese es el pas que, en un camino de voracidad y pretensiones que le viene de su fragua como nacin, no de episodios aislados, ha bloqueado al otro, lo ha agredido militarmente y lo ha hecho objeto de actos terroristas, adems de usurpar desde hace ms de un siglo parte de su territorio, y ahora anuncia desembozadamente un cambio de mtodos para conseguir lo que no ha logrado con aquellas prcticas. No procede, pues, hablar de simetra, ni suponer que Cuba necesitada, por otra parte, de que se levante un bloqueo con el cual el imperio ha buscado estrangularla, y que en lo fundamental sigue vigente deba tener gestos de reciprocidad con su agresor.

No se deben promover odios estriles, ni propiciar olvidos indignos, convenientes al imperio que sigue promoviendo en el mundo guerras con que calzar sus intereses. Por todo ello es necesario que la poblacin cubana est cada vez ms al da y activa, por todos los caminos dignos posibles, en todo cuanto se vincule con la direccin de su vida. Tampoco se trata de que el plan de normalizar las relaciones diplomticas entre los dos pases sea el nico ni el principal motivo para fortalecer en todos los rdenes la democracia participativa que, en coherencia con la sincera democracia que Jos Mart aspiraba a ver florecer en su patria, viene reclamndose, y mostrndose cada vez ms necesaria, hace ya aos.

Desde el modestsimo sitio que ocupa como patriota militante en la sociedad de su pas, el autor de este artculo se halla entre quienes contaban con que el prximo congreso del Partido Comunista de Cuba tendra tambin el prembulo de discusiones, de consultas masivas que tuvieron los otros. Alberg incluso la esperanza de que se atenderan las sugerencias irreductibles a voces profesionales ms o menos sobresalientes o aisladas de que el foro se pospusiera para dar espacio a ese prembulo.

Ya parce evidente que eso no ocurrir. Por ello el articulista estima que lo mejor que se puede y se debe esperar es la comprobacin en los hechos, no solo en dictmenes emitidos sobre el tema de que la decisin, a su juicio tan administrativa como poltica, de posponer el proceso de discusiones a la celebracin del congreso, ha sido acertada. Pero ya entonces se habrn dado aprobaciones con validez calculada para al menos algunos lustros, cuando a la sociedad cubana no parece que le est reservado mucho tiempo ms para tanteos y experimentos, aunque riesgos siempre ser insoslayable correr.

La responsabilidad de dirigentes, militantes de base y pueblo en general para que de veras el partido sea el pueblo incluye o ha de incluir propsitos de largo alcance: debe abarcar, quizs sobre todo, que la sociedad cubana quede mejor preparada para que en ella no se den aberraciones que no vale considerar privativas de otras realidades, de otras latitudes, de otras culturas, de contextos donde los partidos llamados a ser comunistas fueron paulatinamente distanciados del pueblo y desmovilizados hasta su aniquilacin total.

A Cuba, a su fuerza partidista, a sus instituciones estatales y gubernamentales, a sus organizaciones de masas, a su ciudadana, les toca cumplir una misin impostergable: impedir que pragmticos, economicistas, individualistas, corruptos, oportunistas, antisocialistas agazapados y otros especmenes afines de esos capaces de actuar en la sombra hasta que les llega la ocasin de asaltar el poder o pedazos de l no encuentren, desde un terreno abonado cuando todava est en pie y actuante la direccin histrica de la Revolucin, caminos, subterfugios, prcticas de que valerse para, en su momento, erigirse como mafias dominantes. Grupsculos o grupos de semejante ndole medraran en contubernio con poderos capitalistas que, a la luz de la realidad en marcha, ya no estaran ni tan lejos ni tan identificados como claramente hostiles al afn socialista. Hasta buscan y encuentran vericuetos en el humorismo nacional para venderse como simpticos y encantadores.

Lo que est en juego no es la validez de medidas ms o menos administrativas, sino el destino de la nacin, llamada a salvaguardar su dignidad y su soberana, y la justicia social, y para ello no bastan consignas bien intencionadas: se requieren ideas y prcticas, conceptos y acciones a fondo. Ante la opinin de las masas, o de parte de ellas, no cabe sino recordar el llamamiento que en enero de 2011, en una reunin ampliada del Consejo de Ministros, para erradicar o prevenir actitudes contrarias al pueblo hizo a dirigentes y funcionarios el primer secretario del Partido y presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, general de ejrcito Ral Castro: mantener "los pies y el odo pegados a la tierra".

Blog del autor: http://luistoledosande.wordpress.com



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