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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2016

Tiempo propicio para los cambios?

Paul Walder
Rebelin


Hemos cumplido ms de un ao con una agenda informativa cargada y escorada por el peso de los escndalos de corrupcin. Un sobrepeso que, pese a interpretaciones diversas de observadores y analistas, no logra hundir el curso de la poltica, que sigue sin grandes cambios internos y con la mirada puesta en los horizontes electorales como si nada grave pasara. El negocio de la poltica parece no verse alterado por su desprestigio y repudio ciudadano. Las cpulas partidarias y el propio sistema electoral se protegen contra todo evento con las estructuras de una institucionalidad tambin en franco deterioro.

Ante esta evidencia, que se sostiene ante el mal tiempo poltico y el malestar social, la reaccin de la ciudadana ha sido, sin embargo, nula. Si en algn momento durante esta dcada pensamos que las movilizaciones de estudiantes, a las que siguieron los trabajadores, podran empujar hasta derribar un modelo cuyo colapso era inminente, tal como anunci el socilogo Alberto Mayol hace unos aos, hoy estas percepciones se han disipado reinstalando aquella conviccin arrastrada por dcadas sobre la pasividad e inmovilidad de la sociedad chilena. La desigualdad es una agresin permanente, la corrupcin est generalizada en todas las fuentes del poder y el dinero, el abuso empresarial se reproduce con su violencia simblica y el malestar cotidiano es profundo. Pese a este escenario, claramente desequilibrado y disonante, hemos vuelto a la parlisis y mutismo que tan tristemente caracterizaron los aos de la Concertacin.

Frente a estos antecedentes debiramos considerar otro elemento. Las mayores movilizaciones, con la honrosa excepcin del glorioso movimiento de los pinginos hacia mitad de la dcada pasada, se destaparon durante el gobierno de Sebastin Piera. De alguna manera la presencia en La Moneda de los neoliberales y oligarcas originales crecidos al alero de la dictadura de Pinochet fue la chispa que faltaba para convertir en rabia una molestia acumulada por ms de una dcada. Hoy, con ms y bien sobradas razones para que este malestar sea legtima indignacin, la respuesta ciudadana se expresa escasamente como reclamo en voz baja o comentarios canalizados por las redes sociales. La deteriorada vida sigue su curso en una de las sociedades ms neoliberales y desiguales del mundo.

La Nueva Mayora (NM) ha logrado hacer bien su trabajo de contencin. Lo ha hecho con reformas que han terminado vaciadas y consensuadas con las corporaciones y las elites. La estrategia empleada desde la reforma tributaria cocinada entre senadores de la Nueva Mayora y las cpulas empresariales, se ha reproducido en todos los proyectos de ley derivados del programa de gobierno. Una realidad que ha desenmascarado a la NM como una nueva versin de la vieja Concertacin y sus polticas de consensos.

El espritu de la transicin no ha desaparecido. Tras pocos meses de gobierno el escenario instalado a partir de 2013 bajo la consigna de reformas a la ms ortodoxa de las sociedades de libre mercado, deriv en una regresin a los clsicos modelos ya probados de las dcadas pasadas. Un giro que nos ha comprobado de forma palmaria la incapacidad de la coalicin de gobierno, en el poder por ms de 25 aos, de ofrecer una salida a las demandas de cambio de la sociedad civil.

Es probable, aun cuando sin certezas, que el actual momento que vive la regin fortalezca en Chile las propuestas neoliberales. Los anuncios de recortes presupuestarios y el freno en el proceso de reformas son una clara seal de que hemos entrado en una etapa con nuevos escenarios, en los cuales se mezclan y confunden el fin de las propuestas polticas con la profunda crisis de corrupcin de la poltica. Desde aqu, podemos ver la repeticin de viejas consignas para la perpetuacin de las actuales estructuras pese a su claro deterioro.

A esta probabilidad, habramos de aadir otra, sta con ms certeza. El paradigma de mercado extremo que ha campeado en Chile y regresa en algunos pases de la regin no tiene nada nuevo que ofrecer. Est agotado, como se expresa desde la extrema desigualdad a la depredacin de los mares y otros recursos naturales. El terreno y el tiempo para los cambios desde la sociedad civil sigue propicio.

 

Publicado en Punto Final, edicin N 849, 15 de abril 2016.

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www.puntofinal.cl

 

 

 



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