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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2005

Y si no logran dividir, vencern?

Eduardo Montes de Oca
Rebelin


Se acab la luna de miel, si alguna hubo. Ya las tropas de su majestad la reina de Inglaterra no patrullan en apretado haz con los soldados del rgimen local las calles y los suburbios de Basora, en el sur profundo de la vetusta Mesopotamia, donde Gran Bretaa retoma su fama de prfida Albin, si alguna vez no la tuvo

Y subrayemos el si condicional si la hubo, si no la tuvo- porque, leyendo, escuchando, mirando los medios occidentales de prensa, a veces nos sentimos como incorporados a un mundo completamente ilusorio, paralelo al real. Una prueba? El reflejo del incidente que involucr a un par de agentes britnicos disfrazados de rabes, fuertemente armados para presumiblemente atentar contra civiles iraques, como lo enuncia un conocido articulista.

Las incongruencias saltan a la vista. Originalmente, las notas de las agencias noticiosas referan la intercepcin policial de un automvil cargado de armas y explosivos en el que viajaban dos agentes de inteligencia deseosos de pasar por rabes, dada la vestimenta; estos se resistieron, fueron reducidos y llevados a la crcel local. No transcurri mucho tiempo para que tanques de los invasores derribaran paredes y liberaran a sus dos compatriotas. La poblacin del lugar respondi prendiendo fuego a dos blindados. Las fotos mostraron a un soldado escapando en llamas.

Luego, quizs ponderada la gravedad intrnseca de la situacin, donde dije Diego La ampliacin del reporte result una notable tergiversacin. La versin original se dice en el sitio web Rebelin- fue edulcorada por los medios, que la convirtieron en un confuso incidente en el que una turba haba atacado a los tanques y en el que dos soldados britnicos detenidos haban sido liberados por sus compatriotas para evitar que su vida corriera peligro.

En este mundo tan evanescente, a cualquiera le asiste el derecho de dudar, por supuesto. Slo que resulta sintomtico el que agencias, medios occidentales e iraques coincidieran al principio, y que los ltimos se mantengan en sus trece. No hay que ser muy crdulo para convenir en que parecen cumplirse como una maldicin las sospechas de que las fuerzas de ocupacin estaban (estn) implicadas en operaciones armadas contra civiles y lugares de culto. Algo en que analistas y observadores vienen insistiendo, hasta ahora sin evidencias relevantes.

Como fichas de domin

Los sucesos se interrelacionan. Se agrupan y caen juntos en el morral del recelo. Dan que pensar mucho. Incluso, vislumbrar operaciones que, como alguien describi lapidariamente, tratan de sembrar la sedicin y mantener el desorden; esto dara (...) la justificacin para quedarse en Iraq un perodo ms prolongado.

Para la fuente recin citada, William Bowles, vistos en el contexto de todas las informaciones que han estado circulando sobre el mtico Al Zarqawi y el supuesto papel de Al Qaeda, por ejemplo, los eventos en Basora constituyen la primera evidencia real que tenemos del papel de las fuerzas de ocupacin en la desestabilizacin de Iraq mediante el uso de agentes provocadores que se hacen pasar por insurgentes.

Conforme a Bowles, resulta irrecusable el hecho de que los Estados Unidos, Occidente, pretenden desprestigiar y dividir a la resistencia nacional; de ah las crecientes historias sobre una guerra civil inminente y la ola de ataques suicidas? Vocablo que situamos entre signos de interrogacin porque no seran tales si resulta cierto lo que concluye el comentarista, tras reproducir palabras del imn de la mezquita Al Kazimeya, de Bagdad: Al Zarqawi es simplemente una invencin de los ocupantes para dividir a la gente. Al Kalesi ha aseverado que el socorrido personaje fue muerto a comienzos de la guerra en el norte kurdo y que su familia en Jordania incluso realiz una ceremonia despus de su muerte. Por cierto, muerte sobre la que impona, hace un ao, un informe de la propia Casa Blanca.

En el caso de Basora, se trata de potenciar un enfrentamiento entre distintas comunidades religiosas, haciendo detonar bombas en lugares sagrados chiitas del Islam y culpar a los sunnitas, como asegura la polica? La creacin de condiciones para aplicar medidas excepcionales? Hacer que los chiitas, mayoritarios en el sur, secunden las acciones emprendidas por las tropas extranjeras contra los pretendidamente iracundos sunnitas? O se procura todo eso y la reactivacin de los contenidos neocoloniales de la poltica exterior de Londres?

Mientras esperamos que el colega que plantea estas interrogantes las responda, apuntemos que, de ser as, el tiro ha salido por la culata, porque, a todas luces, la dulce convivencia entre ocupantes y lugareos se resquebraja a pasos agigantados. Chiitas y sunnitas se unen en el reclamo de salida del invasor. Se grita que la ola de atentados ha sido pergeada por la CIA. Y la guerra se ha recrudecido en todo el territorio iraqu, al extremo que cobra inusitado relieve la observacin de Nall Ferguson, profesor de Historia de la universidad de Harvard:

Las fuerzas de la coalicin son, sencillamente, demasiado escasas para imponer el orden. En 1920, cuando las fuerzas britnicas sofocaron una importante rebelin en Iraq, sus efectivos se cifraban en 135 mil soldados. Casualmente, la cifra se acerca a la del personal militar norteamericano actualmente en Iraq. El problema es que, si la poblacin de Iraq sobrepasaba ligeramente los tres millones de habitantes en 1920, ahora se sita en los 24 millones. Por tanto, si en aquel entonces la proporcin de iraques/fuerzas extranjeras era como mximo de 23 a 1, ahora es aproximadamente de 174 a 1. Para alcanzar la proporcin de 23 a 1, en la actualidad se precisara tener en Iraq a un milln de soldados. De modo que los refuerzos a esta escala son hoy da no hace falta decirlo- impensables.

Impensables, s, porque segn recientes encuestas, ms de la mitad de los estadounidenses prefieren que las legiones de su pas abandones Iraq lo ms pronto posible, y no desean que se mantengan hasta lograr una democracia estable. Un tercio de los entrevistados quiere el retiro inmediato, y ms de la mitad considera que la guerra ha resultado ms difcil de lo previsto. Casi dos tercios sealan que esa conflagracin ha perjudicado a sus comunidades

Y de qu modo! Recordemos cifras expuestas a la opinin publica por el Instituto para Estudios Polticos y el grupo Foreign Policy in Focus, en un informe no en balde titulado El lodazal iraqu, el cual sita el costo mensual del conflicto en cinco mil 600 millones de dlares, casi 186 millones al da. En comparacin, el costo medio de las operaciones estadounidenses en Vietnam durante la guerra de ocho aos fue de cinco mil 100 millones al mes.

De acuerdo con el conocido historiador Immanuel Wallerstein, para que los Estados Unidos ganen la guerra se requeriran tres cosas: derrotar la resistencia, establecer un gobierno estable y amigable en Iraq y mantener el respaldo interno a la invasin. Esto ltimo ya se erige en utopa inasible. De lo segundo, ni hablar: las pugnas polticas entre facciones sunnitas, chiitas y kurdas son algunos de los elementos que frenan la estabilidad de un gabinete.

Y lo primero, la derrota de la resistencia, no se columbra en el tiempo. En palabras del analista Abel Samir, Iraq se ha convertido en un pantano. Muy fcil de meterse en l cuando se cuenta con una formidable fuerza militar, pero muy difcil de salir; sobre todo, de salir airoso y con prestigio internacional. Las fuerzas yanquis circulan de un lado a otro en convoyes que son atacados cuando menos se espera. Esa es, para los soldados yanquis, una guerra de pesadilla. Hay que defenderse de un enemigo invisible dispuesto a entregar sus vidas con el nico objetivo de producir el mayor dao posible...

Cmo luchar contra quienes consideran se tornarn santos si logran dominar el instinto de conservacin y estallar en innmeros pedazos junto al enemigo?, deben de repetirse los legionarios, que se resisten a marchar al frente, incorporarse al ejrcito, situando a Bush en una posicin imposible, al juzgar de Wallerstein: Le gustara retirarse en forma digna, dando alguna apariencia de victoria. Pero si intenta hacer esto, afrontar en casa enojo y decepcin enormes en el partido de la guerra. Si no lo hace, afrontar el feroz enojo de quienes exigen la retirada. Al final, no podr satisfacer a ninguno, perder presencia precipitadamente y la gente lo recordar con ignominia.

Ignominia que, al parecer, no lograrn conjurar las artimaas con que John Bull y el To Sam el imperio britnico y el norteamericano-, con sus adlteres, intentan dividir al pueblo iraqu. No pec precisamente de ciego el prncipe Al Faisal, canciller de Arabia Saudita, al advertir a la administracin gringa de que la situacin en Iraq pudiera arrastrar a otros pases de la regin al conflicto. S, porque Iraq est a punto de romperse. Como un dique, no?



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