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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-04-2016

El viento fro del norte

Vijay Prashad
The Hindu

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Viejos y conocidos peligros acechan por los rincones de Latinoamrica. Ms de una dcada de esperanza consagrada en los experimentos de Venezuela- parece haberse extinguido. La marea roja de las victorias electorales desde Venezuela a Bolivia y ms arriba hasta Nicaragua parece haberse esfumado. La Vieja Derecha ha desechado los tonos estentreos militares por el lenguaje melifluo de la anticorrupcin. Los bolivarianos de Venezuela el rostro actual de su izquierda- perdieron las elecciones parlamentarias, mientras Evo Morales en Bolivia no consigui la enmienda de la constitucin que le hubiera permitido un cuarto mandato presidencial. El electorado argentino rechaz a la izquierda peronista en favor de la derecha de los banqueros, mientras el gobierno brasileo de Dilma Rousseff sufre la hostilidad de las corporaciones de los medios de comunicacin y del establishment conservador.

Pero no es la desolacin lo que define al continente. En Per, Vernica Mendoza, del Frente Amplio, consigui credibilidad en la primera ronda de la contienda presidencial, mientras en Colombia las Fuerzas Revolucionarias Armadas se preparan para firmar un acuerdo de paz y para llevar su poltica a las urnas. Las instituciones creadas durante el momento lgido de la marea roja, como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra Amrica (una plataforma regional de comercio), teleSUR (una red regional de medios de comunicacin regional), as como varias alianzas energticas (Petrocaribe y Petrosur), siguen vivas y con razonable salud. Las nuevas corrientes polticas y estos alineamientos institucionales sugieren que la marea roja no va a poder despacharse fcilmente. Est incardinada en la imaginacin de los pueblos de Latinoamrica y en las instituciones que se establecieron hace ms de una dcada.

Estados Unidos se distrae con Iraq

Cuando Hugo Chvez de Venezuela y Evo Morales de Bolivia pusieron en marcha la Alianza Bolivariana en 2004, EE.UU. tena puestos sus ojos en Iraq. La guerra global contra el terror, que entonces inclua falsamente a Iraq como campo de batalla, absorba a la administracin del presidente George W. Bush. Un intento de golpe contra el gobierno de Chvez en 2002 haba fracasado como consecuencia de la corriente de apoyo popular hacia el gobierno venezolano. La izquierda latinoamericana se aprovech de esta apertura as como de los altos precios de las materias primas y de la demanda de China- para construir una plataforma alternativa, que denominaron bolivarianismo en honor de Simn Bolvar, el liberador de Latinoamrica del dominio espaol. El bolivarianismo cre instituciones para el desarrollo regional. El comercio desarrollado en la regin en las monedas locales permiti a los Estados de la zona crear nuevos valores.

EE.UU., que considera a Latinoamrica como su patio trasero, continu buscando oportunidades para socavar el bolivarianismo. En 2006, el embajador estadounidense en Venezuela, William Brownfield, desarroll una estrategia para dividir el chavismo (los seguidores de Chvez) y aislar a Chvez internacionalmente. En los cables del Departamento de Estado de EE.UU. aparecieron toda una serie de complots y estrategias, con los embajadores ofreciendo sus propios planes para desestabilizar a los gobiernos leales al proceso boliviariano. Poca cosa sali de ah en los aos de Bush. La economa de Sudamrica disfrut del voraz apetito de China por las materias primas de precio elevado, y los beneficios obtenidos permitieron que esos pases pudieran crear sistemas de bienestar social para mejorar las condiciones de vida de sus poblaciones.

Obama se va al sur

La crisis financiera de 2007-2008 hizo mella en la economa china, provocando un lento declive en los precios de las materias primas. Fueron necesarios varios aos para que el impacto econmico golpeara con ferocidad a Latinoamrica. La brusca cada de los precios del petrleo en 2008 fren muchos de los programas sociales que se haban convertido en algo esencial de la dinmica bolivariana, sealando la debilidad del experimento contra el dominio occidental.

El gobierno del presidente Obama se centr intencionadamente en Latinoamrica. La oportunidad surgi en 2009 con el golpe de Estado en Honduras contra el gobierno de izquierdas de Manuel Zelaya. Obama reconoci al nuevo gobierno respaldado por los militares. Eso abri la puerta a una posicin agresiva vis--vis con los Estados latinoamericanos. La presidencia de Ollanta Humala en Per (2011) y la segunda presidencia de Michelle Bachelet en Chile (2014) pertenecientes ambos de forma ostensible a la izquierda- atrajeron a miembros del gabinete aprobados por los banqueros que se apresuraron a hacer las paces con la hegemona estadounidense. La muerte de Chvez en 2012 implic que los bolivarianos perdieran a su campen ms carismtico. El impacto del golpe en Honduras y la muerte de Chvez se dejaron sentir a lo largo de toda la columna vertebral de Latinoamrica. EE.UU., se deca, ha vuelto.

El arraigo de las viejas lites

Los gobiernos de izquierdas en Latinoamrica dependan de la exportacin de caras materias primas. El dinero obtenido de esas ventas proporcionaba a los gobiernos de la regin los fondos necesarios para programas esenciales de bienestar social. Brasil, por ejemplo, luch decididamente contra el hambre y la desesperacin a travs de los planes de Fome Zero (Hambre Cero) y Bolsa Famlia (Asignacin Familiar). Lo que no pudieron conseguir los gobiernos fue socavar el poder de las viejas elites sobre la economa ni construir nuevas bases de produccin en la regin. Cuando los fondos se secaron, los programas de bienestar social sufrieron las consecuencias. Se dispona de pocas fuentes alternativas de ingresos. Volver a los mercados financieros internacionales puso a estos pases en una situacin de dependencia, lo que tuvo un impacto poltico propio.

Las viejas lites de Latinoamrica mantuvieron su potestad durante el perodo de preponderancia de la izquierda. Estn estrechamente vinculadas con el ejrcito y con las embajadas estadounidenses. Los cables del Departamento de Estado de EE.UU. publicados por WikiLeaks- proporcionan una ventana a la intriga dentro de esas embajadas. En Bolivia, un diplomtico estadounidense se reuni con el estratega de la oposicin Javier Flores y con el lder de la oposicin Branko Marinkovic, con los que estuvo hablando de la voladura de gaseoductos y de la preparacin de actuaciones violentas para desestabilizar el gobierno de Evo Morales. Con objeto de ayudar a la oposicin derechista en Nicaragua, la embajada de EE.UU. confiaba en hacer que los fondos fluyeran en la direccin correcta. Estas conspiraciones desarrollaban la confianza de las lites y sus asociados. Esperaban el momento oportuno para golpear.

Cayendo en la violencia

La debilidad econmica facilit la oportunidad. Por todo el continente, desde Chile a Brasil, empezaron a aparecer noticias sobre corrupcin en los gabinetes de los gobiernos. Ninguno de esos medios de comunicacin haba mostrado anteriormente inters alguno por la corrupcin, ni tampoco haban destacado nunca las historias de corrupcin entre la vieja lite o los partidos polticos a los que favorecan. Fue el Partido de los Trabajadores en Brasil y el Partido Socialista de Chile los que sintieron el clido aliento de la hipocresa. Los adinerados de Brasil y Venezuela tomaron las calles, arrastrando con ellos a sus clases asociadas. Los elementos de una supuesta primavera latinoamericana aunaron esfuerzos y dejaron que el Departamento de Estado de EE.UU. diera nombre a tal Revolucin, cmo iban a llamarla? Revolucin Tango o Revolucin Bossa Nova?

Una violencia peligrosa contra los dirigentes a nivel local se convirti en algo comn. En Venezuela, en una semana del mes pasado, dispararon a sangre fra contra tres dirigentes: el alcalde Marco Tulio Carrillo de La Ceiba, el diputado Csar Vera del Consejo Legislativo de Tachira y el activista Fritz St. Louis, vinculado con la comunidad de inmigrantes haitianos. En la puerta de al lado, en Brasil, una semana despus, dos activistas del Movimiento Rural de Trabajadores sin Tierra (MST), Leomar Bhorbak y Vilmar Bordim, murieron asesinados en una embocada, mientras el presidente de la rama Mogeiro del Partido de los Trabajadores, Ivanildo Francisco Da Silva, era asesinado en su casa. Estos nombres se incorporan a una larga lista de activistas locales de izquierdas que estn siendo asesinados uno tras otro. El objetivo es intimidar a los activistas.

As pues, no es de extraar que la veterana dirigente izquierdista y senadora nacional Luca Topolansky, del Frente Amplio del Uruguay, advierta de una operacin de desestabilizacin en marcha en Latinoamrica. Nuestros pases han vivido das muy oscuros de la dictadura, seguidos de una oleada neoliberal que ha hecho tambin mucho dao al pueblo, dijo. La senadora Topolansky seala: Ahora que los procesos democrticos estaban empezando a consolidarse, aparece una oleada de desestabilizacin. Los dirigentes y activistas de la izquierda, desde Mxico hasta Chile, comparten esta sensacin. Sienten que el fro viento del norte se ha unido a las ambiciones de sus viejas lites.

Hay bolsas de resistencia izquierdista que permanecen intactas. Rafael Correa en Ecuador, Daniel Ortega en Nicaragua, Salvador Snchez Cern en El Salvador y desde luego Evo Morales en Bolivia dirigen gobiernos que luchan por mantener una agenda progresista. El ambiente trabaja en su contra, pero parece que sus gobiernos estn luchando por no apartarse de programas de izquierdas.

El dirigente del Movimiento de los Sin Tierra Pedro Stdile sugiere que las fuerzas progresistas de toda Latinoamrica no van a doblegarse ante las derrotas de sus gobiernos o ante la agresin de las viejas lites. La confianza en la lucha de clases sigue siendo alta, como se vio cuando el MST y otras fuerzas de izquierda tomaron las calles para defender al gobierno dirigido por Dilma Roussef. Las viejas lites no quieren reconocer la consolidacin de movimientos de masa como el MST, no es tan fcil romperlo como derrocar a un gobierno. No hay estmago en Latinoamrica incluso entre las viejas lites- para invocar la violencia contra los movimientos de masas. Tendrn que vivir con ello. Lo que significa que no van a poder capturar a la sociedad de la misma forma en que pueden tomar un palacio presidencial.


Vijay Prashad es director de Estudios Internacionales en el Trinity College y editor de Letters to Palestine (Verso). Vive en Northampton. Su libro ms reciente es No Free Left: The Futures of Indian Communism (New Delhi: LeftWord Books, 2015). Su prximo libro se titular The Death of a Nation and the Future of Arab Revolucion.

Fuente: http://www.thehindu.com/opinion/lead/leftist-governments-in-latin-america-the-chill-wind-from-the-north/article8467564.ece

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin como fuente de la misma.



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