Portada :: Cultura :: Fallece Lpez Salinas: El intelectual comunista, el obrero de la palabra
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-04-2016

Reivindicando la literatura de Armando Lpez Salinas

Antonio Cuesta
Rebelin


Uno de los mayores atractivos de la narrativa de Armando Lpez Salinas es esa especie de simbiosis elaborada a partir de las experiencias personales del autor y que se trasladan a las de algunos de sus personajes en las diferentes novelas o relatos. Unas vivencias tan literales como el propio Lpez Salinas se encarg de recordar en alguna ocasin al decir que de algn modo, escrib sobre lo vivido, lo que vale a decir que escrib siempre la misma historia, aunque quiz contada de manera diferente y tan cercanas, que incluso consiguen mudarnos a una poca lejana e intencionadamente silenciada.

Su forma de narrar, poniendo en el contexto poltico y social no solo los problemas personales de los protagonistas sino los conflictos entre las diferentes clases sociales, es de alguna manera la anttesis de esa moda literaria que consiste en ambientar historias de amor o dramas familiares en el escenario de la guerra civil espaola o en su inmediato periodo represivo, negro y srdido para los perdedores.

Es lo que David Becerra trata de desenmascarar en su libro La guerra civil como moda literaria, una corriente propagandstica, un subgnero inofensivo, que recurre veladamente a la versin franquista del conflicto fratricida y a la despolitizacin y deshistorizacin de acuerdo a los mandatos de una posmodernidad capitalista, que Becerra sacude con dureza, y que promueve un sucedneo de reconciliacin sin reparacin ni justicia para las vctimas.

Ya en las navidades de 1964 el poeta Jaime Gil de Biedma alert contra la campaa propagandstica del rgimen franquista, con motivo del 25 aniversario de la finalizacin de la guerra, pues trataba de pasar de puntillas sobre ella, presentndola como un episodio lamentable una matanza entre espaoles, [Carta a Espaa (o todo era nochevieja en nuestra literatura al comenzar 1965)]. Casualidad de las casualidades, 50 aos despus, el nclito Arturo Prez-Reverte en su libro La Guerra Civil contada a los jvenes rechaza cualquier tipo de lectura histrica, poltica o social en favor del relato fratricida, asegurando en el prlogo que todas las guerras son malas, pero la guerra civil es la peor de todas, pues enfrenta al amigo con el amigo, al vecino con el vecino, al hermano contra el hermano.

Flaco favor y nulo rigor hacia unos jvenes para quienes la guerra civil es la memoria borrosa de un padre, un to, un hermano mayor, fusilados o muertos en el frente, o quizs un pariente exiliado []. La guerra civil ha dejado de gravitar sobre la conciencia nacional como un antecedente inmediato, se ha vuelto de pronto remota (s, la cita no es actual y procede de nuevo de Gil de Biedma, pero tiene vigencia).

Vuelvo a Lpez Salinas para recordar el modo en que verbaliz sus vivencias infantiles durante la conferencia inaugural de las III Jornadas de Literatura y marxismo celebradas en 2011:

Viva en Madrid, en Chamber, en la barriada de Balmes, calle de Viriato, cerca de la Parroquia de Santa Teresa, cuyas campanas enmudecieron al poco de comenzar la Guerra Civil. [] el amolador gallego que todos los martes voceaba su oficio en la acera y dejaba que los chiquillos moviramos el pedal de la rueda, mientras afilaba cuchillos y navajas de la vecindad; los paseos por la casa de campo o por los secarrales de Amaniel de la mano de mi padre, fue toda la libertad de un muchacho libertad que nunca ms he vuelto a sentir con tanta intensidad colmada en mi vida. [] Mi padre y yo ramos como viejos amigos. Cuando mi padre hablaba de luchas sociales, de un mundo mejor, de la lucha de clases que se libraba en el mundo entero, y tambin en nuestro pas, nuestro pequeo mundo de barrio, le escuchaba con la boca abierta.

Y de qu forma lo haca Luis, un nio de 12 aos y protagonista del relato Una historia familiar escrito por nuestro autor:

Vivamos en Madrid, en el Callejn de Balmes, en pleno corazn del barrio, junto a la parroquia donde haca poco tiempo se haba vuelto a reanudar el culto. Nos despertbamos siempre, desacostumbrados, escuchando las badajadas del campanil de Santa Teresa que anunciaban la primera misa. Hasta entonces las calles, el Grupo Escolar, las escapadas hasta los barrios daados por la guerra, las pedreas en las barricadas, los paseos con mi padre por los pueblos orilleros a la ciudad en busca de alimentos, las horas pasadas en los refugios contra los bombardeos, toda la libertad de un muchacho de doce aos haban colmado mi vida.

Y la idea de abandonar todo aquello, saltar el burro, jugar a las prendas, montar en las bicicletas de los mayores haciendo equilibrios delante de las chicas, hablar con el amolador que todos los martes voceaba en la esquina y nos dejaba mover el pedal de la afiladora mientras repasaba el corte de las tijeras, el perder su disfrute, era algo con lo que no contaba y me produca una cierta tristeza.

[] Mi padre y yo ramos como viejos amigos, prefera su compaa a la de cualquiera de mi edad.

Lo real entra en la ficcin, o es la ficcin la que desembarca en la realidad? Lpez Salinas difumina esa barrera tan sutil en un momento, a principios de la dcada de los 60 del pasado siglo, en que ya comenzaba a verse la guerra civil como algo del pasado. Para l la aventura literaria que iniciaba no era en aquel momento, al menos para m, un simple divertimento, un mero juego idiomtico, y si la novela existente escamoteaba la realidad en un pas secuestrado, era necesario un cambio expresivo, temtico al menos. La lengua hablada como rasgo de clase, que funciona como modelo de lengua literaria (como demostr Ernesto Sbato en El tnel). Una escritura que suscite, proponga e invite al lector en palabras de Rafael Snchez Ferlosio a que extienda la mirada sobre todo el panorama de las cosas que haba que tener en cuenta para encarar debidamente el asunto que se trata. Narrar es evocar y transmitir lo acontecido, aade Ferlosio, tambin en aquellos aos.

Pero el mal ya estaba hecho. El boom econmico (basado en el ladrillo y en el turismo) de los 60 y una incipiente modernizacin de la dictadura estaban comenzando a sentar las bases de lo que vendra ms tarde (qu clarividencia la de Gil de Biedma! al decir ya entonces que el ministro de Informacin, Manuel Fraga, se esfuerza en seducirlas [las voces discordantes] para que digan lo que conviene a su poltica que no es exactamente la de Franco, puesto que es un hombre joven con esperanzas para despus y, si no lo consigue, intenta destruirlas). El plan era acabar, hacer desaparecer, como denunciaba Gil de Biedma, las condiciones que nos permitieron identificar la opresin, la penuria y la desamparada incertidumbre en que viva la gran masa de nuestro compatriotas. Cada vez resulta ms difcil contemplar en la propia frustracin un smbolo de la frustracin del pas.

Ni siquiera el espejismo de la Transicin espaola pudo modificar ese dogma del pensamiento neoliberal que marca a la literatura comprometida como estridente y reduccionista. Un principio que no casa con la multitud de obras que, desde Dickens hasta Nabokov, son abiertamente partidarias de una interpretacin poltica de la realidad. La crtica imperante, claro, solo utiliza el trmino doctrinario para aplicarlo contra la literatura que conmueve conciencias ante las injusticias expuestas. Es la izquierda la que est comprometida, no los liberales, ni los conservadores nos dice Terry Eagleton. La afirmacin de que el compromiso doctrinal siempre y en todo lugar echa a perder el arte es una fe liberal hueca.

Sirvan, a modo de ejemplo, los elogios prodigados al Premio Nobel Mario Vargas Llosa, pese a su singular brutalidad al considerar que el precio a pagar por el Per en su camino hacia el desarrollo y la modernidad es la extincin de las culturas indgenas, pues stas no son mas que un lastre antimoderno e irracional [Questions of conquest: What Columbus wrought, and what he did not]. O su desprecio hacia los pueblos originarios, como lo hace en su novela El hablador en la que el personaje Ral Zurutas un mestizo estudioso de las cuestiones indgenas se presenta como hijo de judo y criolla, e interesado por la cultura aborigen solo porque es feo, tremendamente feo.

Por eso reivindicar la literatura de Lpez Salinas no es solo traer al presente las historias de un pas secuestrado y premeditamente silenciado, sino dignificar la tarea de todos lo autores que siguen reivindicando el realismo social como un estilo vlido para identificar literariamente la opresin, las penurias y el desamparo de una mayora ante los embates de la crisis del capitalismo. Y no es solo la defensa de estos autores lo que est en juego, sino tambin la de ese lector que encuentra en una escena leda un modelo tico, un modelo de conducta, la forma pura de la experiencia, tal y como lo entiende el autor argentino Ricardo Piglia.

Antonio Cuesta es coordinador de la editorial Dyskolo, entre cuyos ttulos publicados se encuentran Ao tras ao y Una historia familiar, ambas de Armando Lpez Salinas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter