12 de octubre, fecha clave de la identidad americana
El día de la resistencia indígena
Masiosare
La conmemoración del arribo de Cristóbal Colón a las costas del
continente americano en 1492 sigue siendo motivo de interpretaciones y
polémicas. Los herederos culturales de los conquistadores europeos, lo
consideran el inicio de la "civilización" en estas tierras. En cambio,
para los pueblos indios fue el comienzo de una guerra de exterminio que
impuso un régimen colonial, al que se opusieron de manera directa o
soterrada. Más de 500 años después, muchos pueblos originarios
preservaron su identidad comunitaria, vigorizada por constantes
rebeliones y la resistencia cultural. Esta fecha recuerda hoy el nuevo
ciclo de movimientos indígenas que asumieron un papel como forjadores
de su porvenir
Hace tiempo el parlamento del pueblo Aymara declaró el 12 de octubre
como "día de la desgracia" al recordar los "cinco siglos de vivir en la
incertidumbre, infortunio y sojuzgamiento de nuestras libertades
fundamentales".
"Puestos de pie, al cabo de más de cinco siglos de la funesta hazaña de
Cristóbal Colón, evocamos la grandeza de nuestros ancestros",
suscribieron los representantes aymaras. Al igual que otros pueblos
originarios del continente, ratificaron que "no han podido acabar con
nuestras aspiraciones a la libre determinación de un pueblo milenario
con civilización y cultura cósmica".
Si el Día de la Raza celebra el mestizaje de las culturas india, negra
y europea que produjo la conquista de América, en los últimos años, esa
fecha se convirtió en el símbolo de la reconquista cultural y política
de los pueblos indígenas.
Durante siglos prevaleció "la visión de los vencedores" y la
justificación de la ocupación y el sojuzgamiento de las poblaciones
nativas bajo el argumento de que las "civilizaron".
En décadas recientes el movimiento indígena logró una visibilización
que puso en cuestión esta idea y puso en el centro del debate sus
consecuencias sociales y culturales para los pueblos indios.
Al cumplirse 500 años del arribo del marino genovés a las costas del
Caribe, se produjo un punto de quiebre que significó una victoria
cultural de los indígenas.
Las celebraciones oficiales del Quinto Centenario en 1992 desataron
discusiones y protestas indígenas que obligaron a cambiar la idea del
"descubrimiento" de América por el de "encuentro de dos mundos".
"Encontronazo", se ironizó entonces.
El centro del debate fue la "narrativa de la resistencia", el punto de
vista de los pueblos originarios oprimidos y su reivindicación cultural
frente al punto de vista colonial.
Las organizaciones indias califican de "etnocidio" la invasión europea
y declaran "no haber sido conquistados" a pesar de la brutal
explotación, robo de sus tierras, despojo de su autonomía y marginación
a la que fueron sometidos. Recordaron las estrategias de sobrevivencia
y resistencia indígenas, rebeliones abiertas o soterradas.
Aquel 12 de octubre de 1992 sigue muy presente en la memoria. Las
multitudinarias manifestaciones en todo el continente anunciaron un
nuevo ciclo de luchas indias, particularmente en Chiapas, donde se
preparaba una rebelión que marcó indeleblemente el inicio del siglo XXI.
Ese día en San Cristóbal de las Casas, vestidos con taparrabos,
pintados sus cuerpos y armados con arcos y flechas, unos diez mil
indígenas tomaron la ciudad real y derribaron la estatua del
conquistador Diego de Mazariegos, y símbolo de la opresión en la región.
Fue la primera aparición pública de los indios que en 1994 tomaron las
armas como "medida última, pero justa". En su Primera Declaración de la
Selva Lacandona, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional justificó
su alzamiento apelando a la resistencia indígena como señal de
identidad: "Somos producto de 500 años de luchas", dijeron entonces los
indios rebeldes.
La rebelión indígena chiapaneca, como otros movimientos del continente,
representan el rechazo organizado contra el fatal destino que los
condenó a desaparecer.
El racismo se tambalea
De norte a sur del continente, los pueblos indios reivindican sus
derechos territoriales y agrarios, defienden sus recursos naturales,
tierras, identidades culturales, lenguas y su autodeterminación.
Incluso han derribado a varios gobiernos en la región.
Este empuje obligó a Estados y a la misma Organización de las Naciones
Unidas a reconocer la pluralidad cultural y étnica de las sociedades
(declaró el "Decenio de los Pueblos Indígenas" en 1995-2004).
Ahora se cuestiona, pero no se elimina, la humillación histórica hacia
los indios, basada en la "convicción natural" de que son "un obstáculo
para el progreso nacional", que "son atrasados y pobres por que
quieren"; en fin, "incivilizados". Prejuicios que reafirman y
justifican la opresión y marginación que viven los indígenas.
Las elites políticas y económicas locales y globales exaltan el
esplendor indígena del pasado mediante exposiciones que rompen récords
de asistencia, pero se menosprecia a los indios vivos y confina al
folclore. Incluso entre sectores "progresistas" y de izquierda se
comparte este racismo.
Por eso la visibilización de los pueblos indios manifiesta cada 12 de
octubre no ha terminado con su marginación, ni con la pobreza ni la
exclusión social, económica, política y cultural que padecen. A pesar
de los discursos y cambios legales, la discriminación determina la
relación de los indios con los Estados y las sociedades mestizas.
En todo el continente, los indígenas luchan por el reconocimiento de
sus identidades y formas de vida, defienden sus territorios y recursos
naturales. De Chile a Canadá, pasando por Bolivia, Ecuador, Brasil,
Colombia, Centromérica y México, los indios levantan la voz para tomar
en sus manos la historia y las decisiones que les afectan.
Por eso, el 12 de octubre ha pasado de ser el tradicional Día de la
Raza y se ha convertido en una jornada de lucha y reivindicación de los
pueblos indios.
Así como Cristóbal Colón nunca se enteró que llegó a un nuevo
continente, las elites globalizadas ignoran que sus sociedades han
cambiado para siempre y que la demanda de los pueblos indios en favor
de su inclusión en el presente y futuro de sus naciones, es también hoy
bandera de todos los excluidos del mundo.