Portada :: Amrica Latina y Caribe :: Nicaragua, la aoranza de la revolucion sandinista
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-07-2004

A 25 aos de la revolucin sandinista
Reagan, un maestro para Bush

Roberto Montoya
Rebelin


Ronald Reagan no lleg a ver, por pocas semanas, cmo millones de personas de distinto signo ideolgico lo recordaban ayer en Nicaragua y Amrica Latina en general, al cumplirse el 25 aniversario de la revolucin sandinista. Para la mayora, para los ms desfavorecidos econmica y socialmente, para los pobres, el nombre de Reagan es, paradjicamente, sinnimo de aborto, aborto de la gran ilusin que supuso la revolucin popular encabezada por el Frente Sandinista de Liberacin Nacional, que dio por tierra con la sangrienta y prolongada tirana de los Somoza. Es tambin sinnimo de violencia, de la destruccin y muerte que provocaban a su paso los miles de contra que EEUU adiestr en Honduras y financi durante aos para desgastar al Ejrcito sandinista. Esa contra que minaba da a da con sus ataque la economa e infraestructura nicaragense, obligando al Gobierno del FLSN a dedicar el grueso del presupuesto en Defensa y por ende, a ralentizar cada vez ms sus reformas econmicas, sociales y polticas.

Para los poderosos de siempre, para la oligarqua terrateniente, para las represoras fuerzas de seguridad de Nicaragua y de muchos otros pases latinoamericanos, Reagan fue sin embargo el salvador, el hombre que les permitira recuperar sus privilegios.

No es de extraar que un aspirante a emperador del siglo XXI como George W.Bush, le tributara el mes pasado a Reagan un funeral de Estado de una importancia como no se vea en EEUU desde la muerte de John F.Kennedy, en 1963.

En definitiva, George W.Bush ha demostrado desde el inicio de su mandato que se senta ms heredero poltico de Reagan que de su propio padre. Cmo no iba a sentir admiracin un belicista nato como George W., que sin cerrar un frente blico ya piensa en abrir otros, de un hombre como Reagan, que en los aos 80 logr mantener abiertos tres importantes frentes blicos a la vez, triunfando en dos de ellos, y, todo ello, sin arriesgar sus propias tropas?

Reagan, al tiempo que llevaba a cabo a travs de la contra (a cuyos miembros llamaba luchadores por la libertad) una amplia y costosa operacin encubierta (segn la jerga militar), se meta hasta el cuello en otra an ms gigantesca y ambiciosa: la de armar, adiestrar y financiar, conjuntamente con pases europeos, Arabia Saud y Pakistn, a cerca de 100.000 muyaidines provenientes de distintos pases, con el objetivo de derrocar al Gobierno prosovitico afgano y derrotar a las tropas de la URSS que lo sostenan.

Sin llevar a cabo una intervencin directa de las tropas de EEUU, Ronald Reagan tuvo xito en esas dos grandes operaciones encubiertas, la de Nicaragua y la de Afganistn. Sin embargo, fall en la tercera, en el intento por derrocar al Gobierno de los ayatols en Irn, utilizando para ello al principal aliado laico que tena en la zona, a Sadam Husein. A pesar de la importante ayuda econmica y militar que brind durante aos a Sadam (armas de destruccin masiva incluidas), al igual que otros pases europeos y, paradjicamente, la URSS, el dictador iraqu fue incapaz de vencer en el campo de batalla a Irn y de cumplir as con la misin que EEUU y sus aliados le haban confiado. Esta sera, por otra parte, la razn por la cual Sadam dej de servir para los intereses goestratgicos y energticos de EEUU principalmente y se convirti en un hombre peligroso, poderoso econmica y militarmente, incontrolable, un objetivo a abatir.

Mientras que una vez conseguida la derrota sandinista, en 1990, ya durante la Administracin de Bush padre, Nicaragua fue abandonada a su suerte, perdiendo la mayor parte de las conquistas logradas por la revolucin, los frentes de Afganistn e Irak se han vuelto a abrir, esta vez s, con la presencia de decenas de miles de soldados estadounidenses empantanados en ellos.

Dada la admiracin de Bush junior por Reagan, no debe asombrar que integrara en su Administracin a varios hombres que trabajaron con ste, como John Dimitri Negroponte, el actual super embajador de EEUU en Bagdad. Negroponte, hasta hace poco embajador ante la ONU; ex embajador en Saign en los 60, miembro del Consejo Nacional de Seguridad bajo Henry Kissinger, fue acusado por varias organizaciones de derechos humanos e incluso por congresistas demcratas por su implicacin en el iran-contra y su abierto apoyo a la dictadura del general Gustavo Alvarez Martnez, mientras fue embajador en Tegucigalpa, entre 1981 y 1985, en los aos de ms accionar de los escuadrones de la muerte hondureos.

Para su objetivo de llevar la paz , la democracia y el respeto a los derechos humanos a Irak, Bush no poda haber elegido mejor. El C.V. de Negroponte ofrece plenas garantas.

Roberto Montoya es coautor, junto a Daniel Pereyra, de El caso Pinochet y la impunidad en Amrica Latina (2000) y autor de El Imperio Global (2003).

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