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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2016

El error de Pablo Iglesias

Santiago Alba Rico
Pblico.es


Escuchando el comentario de Pablo Iglesias el pasado jueves en un acto acadmico en la facultad de Filosofa es difcil no aceptar que cometi un error grave. Estaba en la universidad, hablaba de poltica y crey que poda permitirse un comentario jocoso y hasta carioso, ante los periodistas all presentes, sobre los titulares del da siguiente en El Mundo. Qu consigui? Precisamente eso: dar a buena parte de la prensa los titulares del da siguiente. Su crtica amistosa se vio confirmada horas ms tarde de manera brutal y, al mismo tiempo, refinada mediante un titular estndar tan agresivo como paradjico: Pablo Iglesias ataca a la prensa. Cul es el mejor medio de atacar a alguien? Convertirlo en agresor. Haciendo realidad sus crticas los grandes medios le recuerdan quin manda en este pas y tratan de imponerle los lmites de sus movimientos y de su discurso. O provocar nuevos errores. Hay censura previa y censura retrospectiva. La censura retrospectiva, que curiosamente airea lo que no debi decirse, consiste en tachar pblicamente lo dicho para que se vea mucho como la cruz tajante de un profesor sobre una respuesta equivocada y el censurado interiorice las zonas necrosadas. Es lo que los pandilleros y los padres violentos llaman dar un escarmiento.

Qu error cometi Pablo Iglesias? El de creerse ingenuamente dueo de su discurso; el de no recordar que en realidad es un prisionero; que est, si se quiere, arrestado y esposado: no por la polica aunque todo se andar sino por ciertos medios de comunicacin que, segn el protocolo de las comisaras, le advierten sin cesar de que cualquier cosa que diga podr ser utilizada en su contra. Tambin las que no diga. Es verdad que todo personaje pblico es en cierta manera un prisionero de su propia visibilidad y debe medir sus palabras. Lo malo es cuando las condiciones de la visibilidad pblica, patrimonio comn, estn en nuestro pas en manos de empresas que tienen, adems de un inters econmico, un inters partidista incompatible con el ejercicio del periodismo. Lo deca hace poco: un periodista, que es tambin un ciudadano, tiene derecho a tener su propia posicin ideolgica y a defenderla; e incluso a considerar que cualquier medio es vlido incluida la mentira y el asesinato moral si se trata de evitar la destruccin de Espaa. Pero a eso no se le puede llamar periodismo. Cualquier medio no pueden ser los medios sin destruir con ello lo que presuntamente se quiere salvar. Un ciudadano no puede defender sus ideas con pistolas; un peridico no pude defender las suyas con mentiras.

Conozco muchos y muy buenos periodistas que estn muy preocupados por la situacin meditica que ha revelado, en toda su miseria, la aparicin de Podemos. Con los medios pasa lo mismo que con el Parlamento y con las otras instituciones: que han sido secuestrados por intereses ajenos, cuando no contrarios, a los derechos ciudadanos; en el caso del periodismo, contrarios al derecho a la informacin. En su intervencin del jueves en la Facultad de Filosofa, Pablo insista en resumir el proyecto podemita como el de un impulso democrtico de defensa de la ley y las instituciones: un partido de orden, dijo. Ese deba haber sido el titular. Pero como ese impulso democrtico implica democratizar nuestros medios de comunicacin, partidistas, interesados y militantes, los medios reaccionan exactamente igual que los polticos: un atentado contra la democracia! Una fuerza que ha nacido con el nico propsito de representar a esa mayora social abandonada en las afueras del Parlamento y en los arrabales de los peridicos, se convierte lgicamente en la enemiga del Parlamento y de los peridicos. Mientras malas prcticas polticas y malas prcticas periodsticas degradan la calidad democrtica e informativa de nuestro pas, los polticos y los peridicos del bipartidismo se protegen detrs del carcter sagrado de las instituciones que ellos mismos amenazan para intimidar y golpear desde all a los que quieren salvarlas. Tanto los lectores como los trabajadores deberan tener mucho cuidado para no creer que basta escribir en un peridico para hacer periodismo. El periodismo no es un nombre sino una prctica; y apoderarse del nombre sirve muchas veces para reprimir e incluso voltear la prctica. Manos limpias, como sabemos, era finalmente el nombre de un grupo criminal dedicado a la extorsin. Y Libertad el nombre de una crcel de Uruguay.

No es Pablo Iglesias, en todo caso, el que tiene que criticar a los medios. Aunque lo haca en un marco acadmico y en un contexto discursivo justificado, no debi hacerlo. Es un prisionero y est esposado. Son los propios periodistas los que se tienen que ocupar de defender su profesin porque son ellos, en realidad, las primeras vctimas. La tierra para el que la trabaja. Las palabras tambin. El periodismo en nuestro pas no es de los periodistas, no es de los que lo hacen. Por eso, como en Cuba, en Espaa puede haber grandes periodistas y un psimo periodismo. Los ciudadanos tenemos el derecho y la obligacin de entrevistar figuradamente a los periodistas y preguntarles sin ambages: creis que la propiedad de los medios y sus intereses partidistas, econmicos e ideolgicos, junto al trabajo precario, no limitan al mismo tiempo la libertad de expresin de los periodistas individuales y el derecho a la informacin de los ciudadanos? No hay prensa libre sin periodistas libres. Y no puede haber periodistas libres en una estructura laboral, idntica a la de un Carrefour o un call center, en la que los contratos temporales y las becas vuelven vulnerables e impotentes a sus empleados, como lo demuestra el inminente despido silenciado por los mismos que se escandalizan por las palabras del lder de Podemos de 224 trabajadores por parte de la empresa editora de El Mundo. Los periodistas no deberan olvidar que no estn defendiendo solamente su supervivencia individual, como cualquier otro trabajador en cualquier otro sector, sino la supervivencia de uno de los pilares de la democracia. Los mdicos, los jueces y los sacerdotes no pueden faltar a su juramento y denegar auxilio, prevaricar o abusar sexualmente de un nio sin dejar desprotegida, fsica y moralmente, a toda la humanidad. Lo mismo pasa con los periodistas. Porque no clavan clavos en una cadena de montaje sino que se dedican a la tarea hermosa y estimulante de la que pueden sentirse orgulloso de proteger la palabra humana, y el derecho ciudadano a la informacin, no pueden clavar ah clavos ni puales, so pretexto de que tienen que comer, sin incurrir en una indignidad individual y colectiva contra la ciudadana misma. Hay que pedirles que defiendan su profesin o se dediquen a otra cosa. Esto es lo que les recuerda el periodista Fernando Varela en un artculo reciente: lo que no somos es inocentes. Podemos elegir: aunque la alternativa a la complicidad sea el martirio. Y aunque entiendo a quienes eligen ser cmplices, lo que no acepto es que adems quieran mostrarse como hroes. Eso s, de piel muy fina.

A los buenos periodistas, a los que creen en su oficio, a los que admiramos por su compromiso y su rigor, a aquellos a los que les arruinan buenos artculos con titulares infames, a los que ven cortados sus textos y censuradas sus entrevistas, a los que se juegan la vida en escenarios de guerra para cobrar 100 euros, a los que asumen la lnea editorial de sus jefes con rabia y resignacin, a los que aguantan para no ser despedidos, a los que se se creen importantes por trabajar con palabras impuestas o prestadas, a los que imaginan otro periodismo mejor, un verdadero cuarto poder independiente al mismo tiempos de los otros tres y de los grandes mercados econmicos, a todos ellos los ciudadanos les recordamos con angustia que es su trabajo, y no el de los polticos, el ltimo garante de la democracia. Que se calle Pablo Iglesias, s, y hablen ellos. Gracias a los que ya lo estn haciendo.

Fuente: http://blogs.publico.es/otrasmiradas/6338/el-error-de-pablo-iglesias/



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