Portada :: Brasil :: Nuevo golpe contra la democracia: Impeachment contra Dilma
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-04-2016

Lecciones incmodas del golpe en Brasil

Gerardo Szalkowicz
Rebelin


Como sucedi en Honduras en 2009 y en Paraguay en 2012 -y como intentaron en Venezuela en 2002 y otras tantas veces-, las fuerzas conservadoras de la regin vuelven a demostrar en Brasil su multiplicidad de tcticas para reapropiarse de la torta completa, incluyendo la burla al orden democrtico que esas mismas clases cimentaron.

El vergonzoso show del domingo pasado interpretado por 367 diputados, casi un tercio de ellos procesados por bandoleros a gran escala, juzgando a una presidenta que no cometi delito alguno, signific el paso clave para el avance de una conspiracin poltico-judicial-meditica a la que le cabe un solo calificativo: golpe institucional.

Al margen de las valoraciones de cada quien sobre el gobierno de Dilma, queda claro que la coyuntura impone aunar en un solo grito el contundente repudio a tan evidente arremetida destituyente, que sin duda tendr graves consecuencias a nivel continental.

Dicho esto, es momento tambin de ir colocando sobre la mesa algunas otras reflexiones a partir del caso brasileo que pudieran alimentar los debates sobre la etapa que atraviesa Amrica Latina y el marcado retroceso de los gobiernos progresistas y populares.

Gobernando con el enemigo

Para su arribo al Palacio de Planalto y durante sus 13 aos de gobierno, el PT teji un marco de alianzas con sectores ideolgicamente distantes. Durante los tiempos de bonanza, la coalicin oficialista convivi sin mayores sobresaltos pero al desatarse una de las peores crisis econmicas de la historia brasilea el fino hilo que la ataba se cort.

La salida del gobierno del PMDB (partido de centro, club de caudillos regionales y principal bancada parlamentaria) fue el factor clave para el desplome de Dilma, quien hace unos das denunciaba: Los golpistas tienen un jefe y un vice jeje. Se refera a Eduardo Cunha, presidente de la Cmara de Diputados -juzgado por diversos casos de corrupcin y principal promotor del impeachment- y Michel Temer, el vicepresidente que hace rato sonre frente al espejo probndose la banda presidencial. Ambos son lderes del otrora aliado PMDB.

Una vez ms queda al desnudo el fracaso de la frmula de conciliacin de clases.

La batalla que no se libr

Las grandes corporaciones mediticas brasileas, encabezadas por la Red Globo, decidieron no disimular ni un poco su apuesta por la destitucin de la presidenta, no slo en sus cotidianos editoriales sino en llamados explcitos a las movilizaciones contra el gobierno. Un botn de muestra: el 29 de marzo, los diarios Folha de So Paulo, Estadao, O Valor Econmico y Correio Braziliense publicaron una solicitada de la Federacin de Industrias de So Paulo (Fiesp) cuyo enorme ttulo exiga Impeachment ya!.

Los gobiernos de Lula y Dilma nunca tuvieron la valenta de combatir el monopolizado terrorismo meditico. Otra de las grandes deudas pendientes en Brasil sigue siendo la construccin de una legislacin que democratice la comunicacin.

Hay que dar vuelta el tiempo como la taba

Pero quiz la principal leccin que arroja el golpe parlamentario en Brasil tiene que ver con los lmites propios de la democracia liberal. El gobierno petista termina siendo vctima de su propia incapacidad por escuchar el clamor de la reforma al sistema poltico. El entramado de negociados empresario-evanglico que determina la composicin del Congreso brasileo aparece ahora como la cara ms visible de una gran maquinaria de poder que sigue controlada por una pequea elite. Surge entonces un dilema que podra extenderse a otros gobiernos de la regin: se puede avanzar en procesos de cambio sin modificar la institucionalidad burguesa y sometindose a jugar nicamente con sus reglas?

Y ms: se puede seguir creyendo en la viabilidad de proyectos de corte reformista? Tal vez haya que animarse a asumir que si no se impulsan transformaciones de fondo, si se apela a polticas econmicas ortodoxas y no se apuesta al protagonismo popular, el progresismo podr generar importantes mejoras sociales pero tarde o temprano crear las condiciones para el regreso de las derechas.

Entonces, son tiempos de generar las ms amplias unidades para resistir la ofensiva conservadora. De abandonar sectarismos y buscar golpear con un solo puo. Pero sobre todo, son tiempos de no moderar posturas, de no resignar banderas y de reafirmar que la nica opcin sigue siendo la construccin de un proyecto verdaderamente emancipatorio. Porque, en definitiva, como cantaba don Alfredo Zitarrosa, el que no cambia todo, no cambia nada.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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