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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-04-2016

O acerca de los modos de agujerear los consensos parlamentaristas de la poca
Macrismo, kirchnerismo, izquierdas y movimientos sociales

Mariano Pacheco
Rebelin


El momento poltico que atraviesa el pas nos impone un enorme desafo: construir la capacidad de coordinar polticas de unidad para enfrentar al macrismo (con todos sus ribetes conservadores y antipopulares), junto a todos los sectores dispuestos a enfrentarlo, sin por eso dejar de librar una crtica a la larga dcada kirchnerista y el giro a la derecha del progresismo y los nacional-populismos que han cambiado la histrica trada del nacionalismo popular revolucionario por un nacionalismo popular democrtico, y que han trocado la reivindicacin de los mejores momentos del peronismo (el costado tierno, irreverente y contestatario de Evita, los caos de la resistencia obrera, el socialismo de Cooke a la Tendencia Revolucionaria), en combinacin con las mejores tradiciones libertarias y de izquierda, por un peronismo acrtico que se redescrubre en Pern y se transversaliza en un cruce con el alfonsinismo, gestando una suerte de neofrepasismo tardo (al decir del Truco Ass), ahora pejotizado (y en algunos casos esgrimiendo altas dosis de macartismo), todo a la luz de un pragmatismo que pareciera tener como nico horizonte la gestin del gobierno, es decir, que reduce toda su estrategia a un estatismo acrrimo (y que se expresa en la falta de autocrtica, cuyo mximo lema es la consigna Vamos a volver, como si nada hubiese pasado en el medio).

Y aqu es fundamental entrar en una polmica no solo con la derecha, sino tambin con el progresismo (ms blanco o ms negro, lo mismo da), e incluso un sector de las izquierdas, que hacen de la tctica electoral un horizonte estratgico, lo digan o no, cayendo en un electoralismo endmico.

Si la poltica es conflicto, como tantas veces repiti el kirchnerismo ms lcido, o el kirchnerismo en sus momentos ms lcidos, no debera espantar (nos) este (aparente) antagonismo. Es decir, debera ser posible golpear juntos y caminar separados, como sostena un viejo lema. El tema es si hay voluntad poltica, por parte de lo que quede de eso que ha dado en llamarse kirchnerismo, para enfrentar en las calles las polticas del macrismo. Y aqu es donde entran en contradiccin las lneas, los sentidos que se le puede dar a la resistencia (que no est hoy, a la vista de todos, sino apenas esbozadas en una serie de luchas parciales y micropolticas de movimientos sociales que vienen creando nuevas lgicas y enfrentando dinmicas neoliberales desde mucho antes del 10 de diciembre de 2015). Resistencia que hoy ms que nunca es una tarea, y no mera enunciacin (la reduccin de la poltica al discurso es una de las cuestiones del perodo anterior que deberamos poder abordar crticamente).

Para algunos, resistencia es un trmino canchero para nombrar lo que entienden por oposicin (seria, responsable, es decir, que no saque los pies del plato, que no haga olas, como se dice popularmente). Para otros, la resistencia no es solo estrategia de bloqueo de las polticas antipopulares que se gestan desde la sima misma del Estado, sino tambin (sobre todo), creacin de alternativas a las polticas de muerte que impulsa y sostiene el capitalismo financiero y territorializado de la actualidad. Es impugnacin de los modos de vida centrados en las lgicas de exclusin, pero tambin, de inclusin para el consumo.

Agujerear los consensos de la poca

Dentro de la ley, todo. Fuera de la ley, nada. La frase es de Pern. No del lder popular exiliado que deca que Guevara era uno de los nuestros, ni el estratega antidictatorial que sostena que, de ser ms joven, andara poniendo bombas por ah, sino del General de la Nacin que es presiente constitucional y, como tal, no est dispuesto a permitir desbordes, por ms que su propio movimiento siempre se haya sostenido sobre el precipicio de los desbordes (no solo a fines de los 60 y principios de los 70, con el socialismo nacional, sino antes, en los 40-50, cuando se sostena como momento de la revolucin nacional).

Esa mxima parece ser hoy el lema de la poca. La ley de la democracia parlamentaria, que se parece tanto a la paz de los cementerios. Parece que hemos cado en una gran amnesia, como sostena Walter Benjamin, y olvidamos la violencia sobre la que se asienta el parlamento (y que le dio origen). De all que, tal como supo plantear Jaques Derrida leyendo a Benjamin deberamos poder interrogarnos crticamente sobre qu es, para nosotros hoy, la democracia liberal-parlamentaria. Deberamos poder siguiendo las pistas esbozadas por Michel Foucault preguntarnos cuales son las lneas de guerra que estn por detrs de las instituciones y de las relaciones de poder. Y no olvidar ya que estamos en pocas de memorialismo incuestionable que esta ley en que se han transformado las democracias hoy, no es ms que la expresin solapada de una victoria: la del terrorismo de Estado por sobre las voluntades revolucionarias.

Conjurar y combatir los consensos conservadores de la poca, entonces, parece ser un desafo para todos aquellos que nos situamos de este lado de la barricada. En este sentido, no solo habra que pensar en el amplio apoyo popular (con altsimos pisos electorales) que conquistan proyectos que en otras pocas slo se sostenan a travs de golpes de Estado, sino tambin a los lmites que los denominados progresismos le imponen a la imaginacin poltica contempornea. Es ms: habra que preguntarse si, en alguna medida, la derecha que se est instalando con fuerza, no solo en Nuestra Amrica sino tambin en Europa, no es la cosecha de la siembra del progresismo.

Reactualizar el deseo revolucionario y conjurar el trauma de la derrota parecen ser tareas estratgicas, de largo plazo, pero insoslayables en la construccin del da a da de cualquier poltica de emancipacin que se precie de tal.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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