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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-04-2016

Yihadistas, msticos falsos, autnticos bandidos

Bruno Guigue
Oumma

Traducido del francs para Rebelin por Caty R.


Nos lo cuentan como si hubieran descubierto la piedra filosofal Terroristas yihadistas? Los iluminados de antao, locos msticos, manacos del sacrificio. Pero si miramos detrs de esa careta entonces el terrorismo presenta una faz tan familiar como repugnante, disfrazado con una identidad que borra hasta el recuerdo de sus transformaciones histricas decididamente inconsistentes. No hay que olvidar que el terrorismo solo es un medio que ha existido en otros tiempos y en otras latitudes. Pero poco importa, esos otros terrorismos, del Irgun a la ETA, se pierden en la noche de los tiempos.

Porque el terrorismo ya tiene un solo nombre, estigma de una culpabilidad sin fisuras que lo expone a los rayos de la civilizacin. Sus causas son unvocas, anda ligero de equipaje y con una sola determinacin, cul? Adivinen: el terrorismo responde a una llamada invisible, tiene su fuente dicen- en el propio mensaje cornico, reitera la violencia islmica. As es, el dogma exige que se seale al islam esencialmente culpable. En otras pocas se disociaba cuidadosamente una respetable confesin milenaria de prcticas asesinas que no le deben nada. En la actualidad esa sensata disociacin cuesta a sus autores una acusacin de tolerancia.

Porque es absolutamente necesario que el terrorismo aparezca como expresin de una violencia intrnseca de la fe musulmana, que esta cargue con el estigma. No es responsable esta religin nociva del delirio suicida de los locos de Al? Es necesario que sea una violencia sin sentido, fulminante, repentina, sin razones lgicas ni complicidades confesables. Entonces se da de beber a la opinin pblica esta representacin angustiosa perfumada de apocalipsis. Lo importante es que creamos que ese poder devastador viene de muy lejos, de un abismo salvaje del cual Occidente, por supuesto, es inocente.

As pues el terrorismo sera una confusa mezcla de locura y fanatismo. El contacto con lo absoluto se convertira en deseo de purificacin. El dogma religioso suministrara a la rabia destructora el motivo de su radicalismo y le procurara el ingrediente incendiario de su violencia. Esos iluminados arderan para cumplir las promesas de la doctrina, seran los ejecutores de un plan divino que ordena el sacrificio de los puros y la destruccin de los impuros. Como muestran los atentados suicidas de los desesperados de la yihad esta interpretacin no es totalmente falsa, pero es insuficiente y sobre todo corre el riesgo de ocultarnos lo esencial.

Porque si se interpreta el fenmeno yihadista nicamente en esos trminos, se cometen tres errores. En primer lugar se da por bueno lo que el yihadismo dice de s mismo, cautivo de su propio discurso. Este no es el mejor medio para comprender la realidad porque impide tener en cuenta otros motivos claramente ms mundanos y bastante menos msticos. Se hace una generalizacin abusiva a partir de un modo operativo minoritario, el de los suicidas con cinturones explosivos, creyendo captar la esencia del fenmeno.

Y finalmente, lo ms grave, se imputa el yihadismo al islam atribuyndole unas causas tan cmodas como absurdas. Una asimilacin que obviamente es un insulto a la inteligencia pero presenta la ventaja ideolgica de redimir a Occidente de cualquier responsabilidad en detrimento de los musulmanes. As pues, poco importa que los chivos expiatorios designados por la hipocresa occidental sean tambin las primeras vctimas de un terrorismo condenado por la religin musulmana.

Reducido a la expresin de un delirio milenarista, el fenmeno de la yihad pierde entonces toda consistencia poltica. La interpretacin dominante lo diluye en la religiosidad, pero el rbol de lo religioso impide ver el bosque de la poltica. Entonces de qu sirve buscar las razones de esa locura mortfera si es una sinrazn? Si realmente los terroristas son locos iluminados estaremos de acuerdo en que no hay nada que entender en sus actos. Arrojado a lo irracional el fenmeno se vuelve incomprensible.

Este marco analtico proyecta, pues, una luz falsa sobre lo que pretende explicar. Oculta el rechazo de una inteligencia terrorista basada en el anlisis de sus verdaderos motivos. Facilita que se mantenga el secreto a voces que est detrs de la chchara meditica: como todos los terrorismos, el terrorismo yihadista es la continuacin de la poltica por otros medios. Desde su nacimiento, bajo los auspicios de la CIA, la yihad global es un instrumento de potencias extranjeras -Estados Unidos y sus adlteres- cuyas motivaciones, totalmente mundanas, se resumen en el ansia de poder y la carnaza de las ganancias.

Si existen los yihadistas no es solo porque unos individuos desarraigados hayan sufrido un lavado de cerebro. No es porque entre ellos la radicalizacin haya tomado los colores del islam poltico a falta de algo mejor en el mercado mundial de los radicalismos. Es sobre todo porque existen poderosas organizaciones internacionales que los reclutan, los encuadran y los arman hasta los dientes. Organizaciones que tienen pagadores, aliados y cmplices sin los cuales los yihadistas nunca habran conseguido millones de dlares, pasaportes, uniformes, 4x4, lanzamisiles y drogas estimulantes a voluntad.

Desde hace 30 aos al-Qaida y sus transformaciones sucesivas, incluido el Desh, no han aparecido por generacin espontnea, no son la expresin de un impulso mstico ni la nueva versin del romanticismo revolucionario. Son artefactos polticos y deben su existencia a grandes maniobras de las que Oriente Medio, ese agujero negro de la geopoltica mundial, es al mismo tiempo escenario y vctima. Son la descendencia monstruosa de los apareamientos entre los aprendices de brujo de Washington, las monarquas podridas del Golfo y los neo-otomanos que suean con restaurar su antigua grandeza.

Los atentados terroristas no son iniciativas aisladas de individuos marginales o subdesarrollados psicolgicos, son crmenes polticos que responden a una definicin precisa del terrorismo: ejercicio de una violencia ciega contra civiles con el fin de conseguir resultados polticos. Este terrorismo es perpetrado por una soldadesca proteiforme reclutada en los cuatro puntos cardinales que hace el trabajo sucio exigido por sus empleadores. Siniestros asalariados de un equipo sangriento que les da la ilusin de llevar al mundo exterior al nivel de su propia estupidez, matones sin honor de la chusma de abajo deliberadamente al servicio de la chusma de arriba que desfila en Riad y en Doha.

Compuesta esencialmente por mercenarios de poca monta, esa mafia que vendera a su madre por un buen sueldo tiene tanta relacin con el islam como una banda de ratas de alcantarilla con la teologa de san Agustn. Ensandose contra el ms mnimo vestigio de una cultura que le supera, este residuo de la humanidad cumple las tareas bsicas por las que le remuneran y de paso se concede, por la violencia y el saqueo, un pequeo plus en concepto de prima de riesgo. Ni msticos ni esquizofrnicos, es su forma de hacer poltica: pequeos malhechores a sueldo de sus jefes mafiosos.

Bruno Guigue, en la actualidad profesor de Filosofa, es titulado en Geopoltica por la cole National dAdministration (ENA), ensayista y autor de los siguientes libros: Aux origines du conflit isralo-arabe, LEconomie solidaire, Faut-il brler Lnine?, Proche-Orient: la guerre des mots y Les raisons de lesclavage, todos publicados por LHarmattan.

Fuente: http://oumma.com/222907/djihadistes-faux-mystiques-vrais-truands

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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