Portada :: Chile
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-04-2016

La revolucin necesaria (IV)
Con o sin las fuerzas armadas?

Manuel Cabieses D.
Punto Final


El proyecto de revolucin democrtica que no se apoye en la unidad pueblo-fuerzas armadas, est condenado a la derrota. Esa fue la leccin chilena de 1973. Ella repiti lo que ha sucedido invariablemente en la historia. De poco vale una victoria electoral si no se cuenta con respaldo armado para defenderla.

Las fuerzas armadas se desempean habitualmente como matones profesionales de los poderosos. Sus incursiones represivas han causado mucha muerte y desolacin. Sin embargo, hay excepciones. Una muy notable es la de Venezuela. El liderazgo del comandante Hugo Chvez logr hermanar al pueblo y las fuerzas armadas. Ambos factores de poder se plantearon un objetivo comn: la revolucin bolivariana, socialista y antiimperialista, hoy acosada por la arremetida reaccionaria que encabeza EE.UU.

El cmo integrar a las fuerzas armadas a un proyecto de profundos cambios polticos, sociales y culturales para reemplazar la desgastada y corrompida institucionalidad, es un problema fundamental que el movimiento popular tendr que descifrar en el prximo futuro.

Por ahora las fuerzas armadas slo constituyen una pesada carga para el pas. Chile soporta uno de los presupuestos de guerra ms grandes de Amrica Latina. Eso acarrea la inevitable actividad de la corrupcin que pulula en el negocio de los armamentos. La dictadura militar que padeci Chile demostr cmo esos regmenes pueden enlodar mediante la codicia los valores que dicen defender, entre ellos el patriotismo.

Por otra parte, el pas sigue viviendo las consecuencias dolorosas de la tragedia que protagonizaron las fuerzas armadas manipuladas entre 1973 y 1990. En 1973 se interrumpi una va de desarrollo democrtico y social que contina bloqueada. Los gobiernos post dictadura no han hecho sino perfeccionar ese modelo. La leccin a tener presente es clara: la revolucin democrtica no es posible si las fuerzas armadas continan asociadas ideolgicamente y sirviendo de guardia pretoriana a la oligarqua. Es su destino si las fuerzas populares no las rescatan para un proyecto de cambio social.

Ciertamente no hay nada ms patritico para unas fuerzas armadas honorables que una alternativa poltica destinada a recuperar la soberana nacional, la propiedad de nuestras riquezas y establecer una plena y efectiva igualdad de derechos de los chilenos. Es evidente que hoy no existe la posibilidad de incorporar a las fuerzas armadas a un proyecto de esta naturaleza. Siguen uncidas a una doctrina que muestra la revolucin social como el enemigo interno a reprimir. La solidaridad del alto mando con los ex altos oficiales condenados por crmenes de lesa humanidad contina hasta despus de la muerte de ellos.

Pero la unidad pueblo-fuerzas armadas es tarea indispensable en una estrategia revolucionaria, y habr que buscar modos de asumirla. Es parte de la batalla de ideas cuya misin es poner fin a la pasividad y sumisin en que se encuentra la ciudadana. Es una batalla ardua y compleja porque significa remover una lpida de temor. En la base de la indiferencia respecto a la poltica -ahora acentuada por el rechazo a la corrupcin-, est el temor de volver a sufrir el terrorismo de Estado. La extrema brutalidad de la dictadura marc a fuego a un pueblo que an siente miedo. El temor produce vergenza, por eso se oculta. Pero est presente en cada acto de la vida cotidiana. En la moderacin conservadora del discurso, en las propuestas conciliadoras, en las promesas de reformas inocuas que se diluyen en los consensos. El temor est presente en la renuencia de los jvenes a asumir las responsabilidades cvicas que hoy les corresponden, eternizando burocracias polticas y sindicales amansadas en el cepo del autoritarismo.

La actual relacin pueblo-fuerzas armadas se estructura a partir del temor y desconfianza mutuas. Tambin influye la colonizacin cultural implantada mediante terrorismo de Estado y tarjeta de crdito. El chileno vive de espaldas a sus responsabilidades como ciudadano de un pas que aspira a mayores espacios de democracia y justicia, de un pas capaz de compartir los frutos de su trabajo. La colonizacin cultural ha significado un retroceso muy grande en los niveles de educacin poltica y conciencia solidaria alcanzados antes del golpe de 1973. El pensamiento conservador, basado en el individualismo, es hegemnico y bloquea las vertientes ideolgicas que deberan alimentar nuestros sueos.

Chile no ha sido nunca una taza de leche como se trata hacer creer para sembrar la sumisin. Nuestro pas no escapa a la historia revoltosa y heroica de Amrica Latina y el Caribe, continente del que somos parte aunque no lo sepamos. Los golpes de Estado de Jos Miguel Carrera -a caballazo limpio-, las guerras civiles de 1829, 1851, 1859 y 1891, la masacre de Lo Caas, los siete motines militares, la sublevacin de la Armada en 1931, el derrocamiento de Ibez, la fugaz Repblica Socialista de 1932, el surgimiento del sindicalismo clasista y de los partidos obreros, las masacres del siglo pasado en los gobiernos de Germn Riesco, Arturo Alessandri, Jorge Alessandri y Eduardo Frei Montalva, la traicin de Gonzlez Videla y sus campos de concentracin, la conspiracin de la Lnea Recta ibaista y la efusin de sangre del golpe de Estado de 1973, dan cuenta de una trayectoria de agitacin y escasas victorias que nos miran desde el fondo de nuestra alma nacional, tristona y apequenada. La heroica resistencia contra la tirana de Pinochet y su pandilla protagonizada por el Frente Patritico Manuel Rodrguez y el MIR, son captulos de nuestra historia que merecen el homenaje de las nuevas generaciones.

Corresponde hoy a los jvenes tomar la iniciativa para construir la nueva alternativa social y poltica. Lo razonable es tomar en cuenta la historia para no cometer los mismos errores. Seguir los caminos trillados de los 70 que desembocaron en una espantosa derrota para el movimiento popular, sera fatal. El pueblo lo sabe y por eso no se entusiasma ni apoya los intentos de repetir una estrategia cuyo final se conoce de antemano.

Gobernar para las mayoras y velar por la soberana nacional no es solo un asunto electoral. Toda democracia desarmada que intente efectuar cambios importantes est condenada a sufrir una derrota. De ah la importancia de construir la alianza pueblo-fuerzas armadas. No es imposible, como lo ha demostrado la experiencia de Venezuela. Se cambi la doctrina militar tradicional y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana hizo suyos los valores del socialismo y del antiimperialismo. A esto se debe el furor de la campaa internacional para desestabilizar al gobierno del presidente Nicols Maduro. La alianza que defiende la revolucin es el objetivo a destruir para reapropiarse del petrleo.

Es posible en Chile reemplazar la desconfianza y temor hacia las fuerzas armadas por la hermandad de una lucha por objetivos comunes?

Lo creo posible si ese esfuerzo se enmarca en un proyecto de justicia social para los discriminados, que tambin son los soldados y sus familias. Conjugar intereses comunes puede hacerlo la movilizacin popular, levantando un programa que incluya las demandas de las fuerzas armadas comenzando por su reorganizacin democrtica. Salud, educacin, vivienda, trabajo, salario y previsin social dignos, democracia participativa, revocacin de mandatos, recuperacin de las riquezas naturales, reconocimiento del pueblo mapuche, integracin latinoamericana, etc., debera considerar ese programa. No obstante, para materializarlo se necesita otra Constitucin Poltica, fruto de una Asamblea Constituyente.

Esto no se lograr a travs del proceso constituyente a que llama el gobierno y que la poblacin ha recibido con frialdad. Se alcanzar en la lucha independiente de las organizaciones sociales. All madurar el programa y emergern nuevos liderazgos, limpios de corrupcin. A ese proyecto histrico hay que invitar a las fuerzas armadas. Su destino no es seguir siendo escuderos de la oligarqua y del imperio. Un papel diferente, patritico y honroso les espera en la construccin de una sociedad ms justa y participativa

 

 

 

Editorial de Punto Final, edicin N 850, 29 de abril 2016.

[email protected]

www.puntofinal.cl


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter