Portada :: Brasil :: Nuevo golpe contra la democracia: Impeachment contra Dilma
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-05-2016

Reflexiones al hilo de la crisis brasilea

Ral Zibechi
La Jornada


Las clases dominantes del mundo decidieron, hace relativamente poco tiempo, desatar una guerra contra los pueblos para mantenerse en el poder en un periodo de cambios agudos. Decidieron que para desatar esa guerra las democracias son un obstculo, y necesitan, del modo que sea, neutralizarlas, ponerlas a su servicio, as como a los gobernantes electos. En este punto no admiten la menor fisura.

Para deducir el pensamiento estratgico de los de arriba hay que ponerse en su lugar, ya que no lo suelen formular de forma abierta. Debemos preguntarnos qu haramos si formramos parte del uno por ciento que tiene asegurada la dominacin.

La primera respuesta es que hay demasiada gente en el mundo y que el planeta no admite tanta poblacin, si es que todos quisieran vivir, no ya como vive ese 1%, sino, por ejemplo, a nivel del 20-30% de mayores ingresos. El mundo diseado para el dominio del 1% apenas tolera la mitad de la poblacin actual del planeta. El resto sobra y ya no cuentan siquiera como productores de plusvalor, porque el sistema acumula robando. La cuestin es qu polticas se derivan de esta constatacin.

La segunda es que el 1% abandon el Estado de bienestar (o sucedneos similares como los que tuvimos en Amrica Latina) y no entra en sus planes revivirlo. Por lo tanto, las democracias que conocimos ya no son necesarias ni tiles para el tipo de sistemas polticos funcionales a la acumulacin por desposesin/despojo/robo que estamos padeciendo. Su lugar lo ocupa la creciente militarizacin de las zonas pobres, como las periferias urbanas y todos aquellos espacios que las grandes multinacionales colonizan, desplazando pueblos enteros.

Por supuesto, el 1% jura fidelidad a la democracia y a sus valores, porque necesita ilusionar a buena parte de los de abajo sobre la importancia del voto y del sistema de partidos. Pero, por encima de esto, requiere una camada de personas que se desempeen como representantes y que acten como intermediarios entre ellos y el resto de la poblacin. Como seala Immanuel Wallerstein, la dominacin es estable cuando se asienta en tres partes y es inestable cuando hay slo dos. Los sectores intermedios son claves para el sistema: desde las clases medias hasta las academias, pasando por los polticos y los grandes medios de comunicacin.

En consecuencia, ocupar los escalones superiores del aparato estatal supone gestionar el modelo actual de acumulacin/guerra contra los pueblos. De paso, conviene recordar que esta es una de las principales enseanzas que nos dejan los gobiernos progresistas: dada la relacin de fuerzas actual a escala mundial, desde los gobiernos se limitaron a gestionar el extractivismo desviando (en el mejor de los casos) recursos hacia los sectores populares sin tocar las bases del modelo.

El tercer gran objetivo del 1% es neutralizar todo movimiento de resistencia en su contra, desde los partidos de izquierda y progresistas hasta los movimientos antisistmicos. Aunque en periodos anteriores predominaba la negociacin con los sindicatos y se toleraba que las izquierdas socialdemcratas ocuparan los gobiernos, en la nueva etapa que vivimos les parece necesario cerrar filas y evitar desviaciones en sus planes y proyectos de mantener a raya a los de abajo.

Cuando llegan al gobierno partidos o personas que por su trayectoria o por los objetivos declarados pueden salirse del libreto extractivista, crean las condiciones para neutralizarlos. Esto pasa por dos lugares. Uno es la domesticacin, mediante la insercin de los nuevos gobernantes en las lites, algo que no es muy difcil de conseguir, ya que el sistema posee numerosas formas de cooptar/comprar a quienes se le resisten. La otra es la destitucin de los gobernantes, en lo posible sin apelar a los clsicos golpes de Estado, sino a modos legales, aunque ilegtimos.

Estos das en Brasil podemos ver una combinacin de ambas estrategias. Primero se domestic, luego se destituye. El PT gobern doce aos aliado a multinacionales brasileas sper explotadoras (como las grandes constructoras), que financiaron sus campaas electorales, viajes de sus dirigentes y numerosas prebendas.

Hacia los movimientos se aplican polticas sociales que buscan amansar a los de abajo con pequeas transferencias monetarias que impactan en la pobreza, pero no en la desigualdad, y evitan la realizacin de reformas estructurales. El PT entreg menos tierras a los campesinos que el gobierno neoliberal de Fernando Henrique Cardoso porque prioriz una alianza con el agronegocio que ocupa ahora el Ministerio de Agricultura.

Cules deberan ser las estrategias de los movimientos antisistmicos en vista de este panorama y a la luz de las experiencias de los ltimos 15 aos?

En primer lugar, pensar a largo plazo. Las pocas fuerzas que tenemos deben ser utilizadas con sentido estratgico, no para ganancias momentneas y puntuales. Si concluimos que sufrimos una guerra contra los abajos, debemos pensar en cmo desgastar al sistema y evitar que ste nos desgaste. Es evidente que el ciclo progresista no los desgast a ellos, pero debilit a los movimientos.

Lo segundo es la conviccin de que el peor camino que podemos tomar es gestionar las dificultades del sistema. No tengo dudas de que en algn momento habr que apuntar hacia el Estado (para tomarlo o destruirlo, segn las diversas posiciones existentes entre nosotros), pero, mientras el sistema sea fuerte, el gobierno es sinnimo de gestionar la acumulacin por desposesin o la guerra contra los pueblos.

Creo que la mayor urgencia estratgica estriba en comprender el modelo extractivo de despojo. En ello hemos cometido gruesos errores (empezando por quien escribe), ya que hemos destacado apenas sus problemas ambientales y lo hemos abordado desde la economa y no desde la poltica. Si de verdad estamos ante una guerra, gestionar algunos aspectos del campo de concentracin no es el mejor camino, porque debe ser destruido, ya que no es reformable.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/04/29/opinion/022a2pol



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