Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-05-2016

Debacle en Doha
El colapso del viejo orden basado en el petrleo

Michael T. Klare
TomDispatch

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


El domingo 17 de abril era el momento sealado. Se esperaba que los principales productores de petrleo del mundo aportaran una nueva disciplina al catico mercado del crudo y provocaran la vuelta a los precios altos. En el encuentro de Doha, la rutilante capital del Estado de Qatar, tan rico en petrleo, estaban citados los ministros del petrleo de la Organizacin de Pases Exportadores de Petrleo (OPEC, por sus siglas en ingls) junto a productores clave no pertenecientes a la OPEC, como Rusia y Mxico, para ratificar un borrador de acuerdo que les obligaba a congelar su produccin de petrleo a los niveles actuales. Anticipndose a tal acuerdo, los precios del petrleo haban empezado a trepar inexorablemente, de 30$ el barril a mediados de enero, a 43$ la vspera de la reunin. Pero lejos de restaurar el viejo orden del petrleo, la reunin acab como el rosario de la aurora, lo que hizo que los precios bajaran de nuevo y salieran a la luz las profundas grietas existentes en las filas de los productores energticos del mundo.

Es difcil exagerar la importancia de la debacle de Doha. Como poco, perpetuar los precios bajos del petrleo que han estado acosando a esta industria durante los ltimos dos aos, llevando a las empresas ms pequeas a la quiebra y eliminando cientos de miles de millones de dlares de inversiones en nuevas capacidades de produccin. Puede que tambin haya anulado cualquier perspectiva futura de cooperacin en la regulacin del mercado entre la OPEC y los productores que no pertenecen a ella. Sin embargo, por encima de todo, demostr que el mundo alimentado por petrleo que hemos conocido estas ltimas dcadas con las demandas de petrleo confiando siempre en tener suficientes suministros por delante, y asegurando rpidos beneficios para todos los productores importantes- no existe ya. Sustituir una demanda anmica de petrleo, incluso a la baja, es probable que obligue a los suministradores a luchar unos contra otros por unas cuotas de mercado siempre menguantes.

El camino hasta Doha

Antes de la reunin de Doha, los dirigentes de los pases productores ms importantes manifestaron que confiaban en que la congelacin de la produccin detendra finalmente la devastadora cada de los precios del petrleo iniciada a mediados de 2014. La mayora de ellos dependen en muy gran medida de las exportaciones de petrleo para financiar sus gobiernos y mantener la calma entre sus poblaciones. Por ejemplo, tanto Rusia como Venezuela dependen de las exportaciones energticas para el 50%, aproximadamente, de los ingresos que consiguen sus gobiernos, mientras que, en el caso de Nigeria, la cifra se sita en el 75%. Por tanto, la cada de los precios haba ya afectado profundamente recortando el gasto de los gobiernos en todo el mundo, creando malestar social y en algunos casos tempestades polticas.

Nadie esperaba que la reunin del 17 de abril diera lugar a una recuperacin de los precios inmediata y significativa, pero todo el mundo esperaba que sentara las bases para un aumento regular en los prximos meses. Los dirigentes de esos pases eran bien conscientes de una cosa: para conseguir tal progreso, la unidad era fundamental. De otro modo no sera posible superar los diversos factores que haban causado el colapso de los precios desde el principio. Algunos de esos factores eran estructurales y estaban profundamente incrustados en la forma en que se haba organizado la industria; otros eran la consecuencia de sus propias respuestas ineptas a la crisis.

En el lado estructural y en los ltimos aos, la demanda mundial de energa haba dejado de aumentar con la rapidez suficiente como para poder absorber todo el crudo que iba a parar al mercado, gracias en parte a los nuevos suministros procedentes de Iraq y, especialmente, a la expansin de los campos de esquisto bituminoso de EE.UU. Tal sobreoferta provoc la cada inicial de precios en 2014, cuando el crudo Brent la mezcla de referencia internacional- baj desde los 115$ del 19 de junio a los 77$ del 26 de noviembre, el da anterior a una fatdica reunin de la OPEC en Viena. Al da siguiente, los miembros de la OPEC, encabezados por Arabia Saud, no consiguieron ponerse de acuerdo ni en cuanto a recortes de produccin ni en cuanto al congelamiento, y el precio del petrleo entr en cada libre.

El fracaso de esa reunin de noviembre fue ampliamente atribuido al deseo de los saudes de poner fin a nuevas producciones en otros lugares especialmente a la produccin de esquisto en EE.UU.- y de restaurar su dominio histrico del mercado mundial del petrleo. Muchos analistas estaban tambin convencidos de que Riad trababa de castigar a sus rivales regionales, Irn y Rusia, por su apoyo al rgimen de Asad en Siria (que los saudes trataban de derrocar).

En otras palabras, el rechazo persegua matar dos pjaros de un tiro: liquidar el desafo planteado por los productores de esquisto norteamericanos y socavar dos potencias energticas, aunque econmicamente dbiles, que se oponan a los objetivos saudes en Oriente Medio privndoles de los tan necesitados ingresos del petrleo. Debido a que Arabia Saud puede producir petrleo de forma mucho ms barata que otros pases por tan slo 3$ el barril- y debido a que poda hacer uso de cientos de miles de millones de dlares en fondos soberanos para enfrentar cualquier dficit en su presupuesto, sus dirigentes crean que eran ms capaces de afrontar cualquier cada de precios que sus rivales. Sin embargo, hoy en da, esa prediccin de color de rosa es cada vez ms sombra porque la familia real saud empieza a sentir los efectos del bajo precio del petrleo y est teniendo que recortar los beneficios que haban estado haciendo llegar a una poblacin creciente y ms inquieta y, por si no fuera poco, tienen an que financiar una guerra costosa, inacabable y cada vez ms desastrosa en el Yemen.

Muchos analistas de la energa estaban convencidos de que Doha sera el momento decisivo en que Riad se mostrara finalmente receptivo a una congelacin de la produccin. Pocos das antes de la conferencia, los participantes expresaban una creciente confianza en que dicho plan iba a adoptarse. Despus de todo, las negociaciones preliminares entre Rusia, Venezuela, Qatar y Arabia Saud haban logrado redactar un borrador de documento que la mayora de los participantes estaba bsicamente dispuesto a firmar. El nico punto conflictivo era la naturaleza de la participacin de Irn.

De hecho, los iranes estaban de acuerdo con tal congelacin, pero slo despus de que se les hubiera permitido aumentar su relativamente modesta produccin diaria a los niveles conseguidos en 2012, antes de que Occidente les impusiera sanciones en el intento de obligar a Tehern a aceptar el desmantelamiento de su programa de enriquecimiento nuclear. Ahora que las sanciones se estaban levantando, como resultado del reciente acuerdo nuclear, Tehern estaba decidido a restaurar el statu quo ante. Pero los saudes se resistieron, al no tener el menor deseo de ver que su archirrival consegua nuevos ingresos procedentes del petrleo. Sin embargo, la mayora de los observadores asumieron que, en ltima instancia, Riad acordara una frmula que permitiera a Irn algn incremento antes de la congelacin. Hay indicios positivos de que, en el curso de esta reunin, se llegar a algn acuerdo un acuerdo inicial para congelar la produccin, dijo Nawal Al-Fuzaia, representante de Kuwait en la OPEC, hacindose eco de los puntos de vista de otros participantes en Doha.

Pero entonces sucedi algo. Segn las personas familiarizadas con la secuencia de acontecimientos, el prncipe heredero sustituto de Arabia Saud, y estratega clave en los asuntos relativos al petrleo, Mohammed bin Salman, llam a la delegacin saud en Doha a las tres de la madrugada del 17 de abril y les dio instrucciones para que rechazaran un acuerdo que proporcionara algn margen de accin a Irn. Cuando los iranes que decidieron no asistir a la reunin- sealaron que no tenan intencin alguna de congelar su produccin para dar satisfaccin a sus rivales, los saudes rechazaron el borrador de acuerdo que haban ayudado a negociar y la reunin acab en medio del caos.

La geopoltica en primer plano

La mayor parte de los analistas han sugerido desde entonces que la familia real saud consider que castigar a Irn era ms importante que conseguir aumentar los precios del petrleo, sin que les importe el coste; es decir, que no se van a prestar a ayudar a Irn a conseguir sus objetivos geopolticos, incluyendo aumentar el apoyo a las fuerzas chies en Iraq, Siria, Yemen y el Lbano. Al sentirse presionados por Tehern y confiando cada vez menos en el apoyo de Washington, estaban dispuestos a utilizar todos los medios a su alcance para debilitar a los iranes, aunque eso les pusiera a ellos en peligro.

El fracaso para llegar a un acuerdo en Doha sirve de recordatorio de que Arabia Saud no est dispuesta a hacerle favor alguno a Irn justo ahora y que no puede descartarse el conflicto geopoltico en curso como elemento fundamental en la actual poltica petrolera saud, dijo Jason Bordoff, del Centro de Poltica Energtica Global de la Universidad de Columbia.

Muchos analistas sealaron tambin la creciente influencia del prncipe heredero sustituto Mohammed bin Salman, a quien su avejentado padre, el rey Salman, ha encomendado el control casi total de la economa y del ejrcito. Como ministro de Defensa, el prncipe ha encabezado la ofensiva saud para contrarrestar a los iranes en la lucha regional por el dominio. Y ms importante an, es la principal fuerza tras la intervencin en curso de Arabia Saud en el Yemen con el objetivo de derrotar a los rebeldes hutes, un grupo en gran medida chi con vnculos imprecisos con Irn, y restaurar al depuesto expresidente Abd Rabuh Mansur Hadi. Tras un ao de implacables ataques areos apoyados por EE.UU. (incluido el uso de bombas de racimo), la intervencin saud no ha logrado sus objetivos previstos, aunque ha causado miles de vctimas civiles, provocando una feroz condena de los funcionarios de la ONU y haciendo hueco para el ascenso de al-Qaida en la Pennsula Arbiga. Sin embargo, el prncipe parece decidido a que el conflicto siga adelante y a contrarrestar la influencia iran en la regin.

Evidentemente, para el prncipe Mohammed, el mercado del petrleo se ha convertido en tan slo otro escenario de la actual lucha. Bajo su gua, sealaba en abril el Financial Times, la poltica petrolera de Arabia Saud parece estar menos impulsada por el precio del crudo que por la poltica global, en particular por la amarga rivalidad de Riad con el Tehern posterior a las sanciones. Esta parece haber sido la historia de fondo de la decisin de ltima hora de Riad de sabotear las conversaciones en Doha. Por ejemplo, el 16 de abril, el prncipe Mohammed no pudo ser ms contundente con Bloomberg sin siquiera mencionar por su nombre a los saudes: Si todos los productores importantes no congelan la produccin, no vamos a congelar la produccin.

Tras cargarse el acuerdo propuesto, se espera ahora que Arabia Saud impulse su propia produccin para asegurar que los precios sigan por los suelos y de esa forma se prive a Irn de cualquier ganancia inesperada de su esperado incremento de las exportaciones. El reino, dijo el prncipe Mohammed a Bloomberg, estaba preparado para aumentar de inmediato la produccin de sus actuales 10,2 millones de barriles al da a 11,5 millones de barriles, a los que podra aadir otro milln si as lo decidimos en los siguientes seis a nueve meses. Con el petrleo iran e iraqu fluyendo hacia el mercado en grandes cantidades, esa es la definicin de exceso de oferta. Lo que asegurara ciertamente el continuado dominio del mercado por parte de Arabia Saud, pero podra tambin daar al reino de forma notable, cuando no fatalmente.

Una nueva realidad global

No hay duda de que la geopoltica jug un papel significativo en la decisin saud, pero eso es slo una parte de la historia. Eclipsando las discusiones sobre una posible congelacin de la produccin haba una nueva realidad para la industria del petrleo: el pasado no va a servir para predecir el futuro en lo que se refiere a la demanda global del petrleo. Sea lo que sea lo que los saudes piensen de los iranes y viceversa, su industria est siendo transformada fundamentalmente, alterando las relaciones entre los productores principales y erosionando su inclinacin a cooperar.

Hasta hace muy poco, se asuma que la demanda de petrleo continuara amplindose de forma indefinida, creando espacio para que mltiples productores entraran en el mercado y los que ya estaban en l aumentaran su produccin. Aunque la oferta superara a la demanda y los precios cayeran, como ha venido ocurriendo de forma peridica, los productores podran consolarse siempre sabiendo que, como en el pasado, la demanda se recuperara con el tiempo y los precios subiran de nuevo. En esas circunstancias y en tal momento, era de sentido comn que los productores individuales cooperaran para reducir la produccin, a sabiendas de que todo el mundo se beneficiara ms pronto que tarde del inevitable incremento de los precios.

Pero, qu sucede si la confianza en la eventual recuperacin de la demanda empieza a apagarse? Entonces los incentivos para cooperar empezaran a evaporarse tambin y cada productor iniciara una espantada a lo loco para proteger su cuota de mercado. Esta nueva realidad un mundo en el que el pico de la demanda de petrleo, en vez del pico del petrleo, moldear la conciencia de los principales actores- es lo que la catstrofe de Doha augura.

A principios de siglo, muchos analistas de la energa estaban convencidos de que estbamos al borde de la llegada del pico del petrleo; es decir, un pico en la produccin de petrleo en el que las reservas planetarias se iban a agotar mucho antes de que desapareciera la demanda de petrleo, desencadenando una crisis econmica global. Sin embargo, como consecuencia de los avances de la tecnologa de las perforaciones, la oferta de petrleo ha seguido creciendo, mientras la demanda ha empezado inesperadamente a estancarse. Esto puede constatarse tanto en la deceleracin del crecimiento econmico a nivel global, como en la acelerada revolucin verde en la que el planeta har la transicin hacia fuentes de combustible que no sean a base de carbono. Con la mayora de las naciones ahora comprometidas con las medidas que persiguen reducir las emisiones de gases invernadero bajo el recin firmado Acuerdo del Clima de Pars, es probable que la demanda de petrleo experimente importantes disminuciones en aos venideros. En otras palabras, la demanda mundial de petrleo llegar a su mximo mucho antes de que la oferta empiece a reducirse, creando un inmenso desafo para los pases productores de petrleo.

No se trata de una construccin terica. Es la realidad misma. El consumo neto de petrleo en las naciones industrialmente avanzadas ha disminuido ya de 50 millones de barriles al da en 2005 a 45 millones de barriles en 2014. Nuevos descensos estn al caer en cuanto los niveles de eficiencia del combustible para la produccin de nuevos vehculos y otras medidas relacionadas con el clima se lleven a efecto, el precio de la energa solar y elica siga rebajndose y otras fuentes alternativas de energa entren en funcionamiento. Aunque la demanda de petrleo contine aumentando en el mundo en desarrollo, incluso all no est aumentando al ritmo que se daba por sentado anteriormente. Con esos pases empezando tambin a imponer ms duras restricciones a las emisiones de carbono, se espera que el consumo global alcance un pico y empiece un inexorable descenso. Segn los expertos Thijs Van de Graaf y Aviel Verbruggen, el pico de la demanda mundial total podra alcanzarse ya en 2020.

En un mundo as, los productores de petrleo a precios altos sern expulsados del mercado y los beneficios aunque no sean muchos- se los llevarn los que resulten menos costosos. Los pases que dependen de las exportaciones de petrleo para obtener gran parte de sus ingresos se vern sometidos a crecientes presiones para que se alejen de esa dependencia excesiva del petrleo. Esta puede haber sido otra de las consideraciones de la decisin saud en Doha. En los meses anteriores a la reunin de abril, los altos funcionarios saudes dejaron caer insinuaciones de que estaban empezando a hacer planes para una era pospetrleo y que el prncipe heredero sustituto bin Salman jugara un papel clave supervisando la transicin.

El 1 de abril, el prncipe mismo indic que se estaban dando pasos para iniciar este proceso. Como parte del esfuerzo, anunci, estaba planificando una oferta pblica inicial de acciones de Aramco, propiedad estatal saud, el productor de petrleo nmero uno del mundo, y que transferiran las ganancias, estimadas en 2 billones de dlares, a su Fondo de Inversiones Pblicas (PIF, por sus siglas en ingls). La oferta pblica inicial de Aramco y la transferencia de sus acciones al PIF har de las inversiones la fuente de los ingresos del gobierno saud, no el petrleo, seal el prncipe. Lo que falta ahora es diversificar las inversiones. Por eso, dentro de 20 aos, seremos una economa o un Estado que no depender mayoritariamente del petrleo.

Para un pas que ms que ningn otro ha apoyado sus pretensiones de riqueza y poder en la produccin y venta del petrleo, esa es una declaracin revolucionaria. Si Arabia Saud dice que est lista para empezar a alejarse de su dependencia del petrleo, estamos entrando de hecho en un mundo nuevo en el que, entre otras cosas, los titanes de la produccin petrolera ya no tendrn tanto peso sobre nuestras vidas como en el pasado.

Esta parece ser, de hecho, la perspectiva adoptada por el prncipe Mohammed a raz de la debacle de Doha. Al anunciar el 25 de abril el nuevo proyecto econmico del reino, se comprometi a liberar al pas de su adiccin al petrleo. Desde luego que esto no va a lograrse fcilmente, dada la fuerte dependencia del reino de los ingresos del petrleo y la escasez de alternativas plausibles. El prncipe, de 30 aos de edad, podra tambin tener que enfrentarse a oposiciones dentro de la familia real ante sus audaces medidas (as como a sus torpezas respecto al Yemen y posiblemente algn otro lugar ms). Sin embargo, sea cual sea el destino de la realeza saud, si las predicciones de un futuro pico en la demanda mundial del petrleo se confirman, la debacle en Doha ser considerada como el principio del fin del viejo orden del petrleo.

Michael T. Klare es profesor de estudios por la paz y la seguridad mundial en el Hampshire College y colaborador habitual de TomDispatch.com. Es autor de The Race for What's Left: The Global Scramble for the World's Last Resources (Metropolitan Books) y en edicin de bolsillo (Picador). La versin documental de su libro Blood and Oil est disponible en Media Education Foundation. Contactos: michaelklare.com.

Fuente: http://www.tomdispatch.com/blog/176134/

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin como fuente de la misma.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter