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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-05-2016

El antisemitismo, arma de intimidacin masiva

Bruno Guigue
Arrt sur Info

Traducido del francs por Beatriz Morales Bastos


En un mundo en el que reiterar una y otra vez a travs de los medios sirve de prueba irrefutable algunas palabras son acrnimos, unos significantes intercambiables cuyo uso codificado de antemano es propicio para todo tipo de manipulacin. Deslizamientos perpetuos de significado que autorizan a pasar insidiosamente de un trmino a otro, sin que nada se oponga a la maligna inversin por la que el verdugo se convierte en vctima y la vctima en verdugo, y el antisionismo se convierte en antisemitismo, como afirm Manuel Valls, primer jefe de gobierno francs en proferir este insulto. Adems, cuando algunas personas relacionan la intifada de los cuchillos con el odio ancestral a los judos no es intil preguntarse por qu esta asimilacin clsica aunque fraudulenta ocupa una funcin esencial en el discurso dominante.

Desde hace sesenta aos es como si el remordimiento invisible por el holocausto garantizara a la empresa sionista una impunidad absoluta. Con la creacin del Estado hebreo Europa se quitaba de encima sus demonios centenarios. Europa se conceda una vlvula de escape al sentimiento de culpabilidad que le carcoma secretamente por sus infamias antisemitas. Como cargaba con la responsabilidad de la masacre de judos, buscaba la manera de desembarazarse a toda costa de este fardo. La culminacin del proyecto sionista le ofreci esta oportunidad. Europa se exima de sus culpas aplaudiendo la creacin del Estado judo. Simultneamente ofreca al sionismo la oportunidad de completar la conquista de Palestina.

Israel se prest por partida doble a esta redencin por procuracin de la conciencia europea. Primero volc su violencia vengativa en un pueblo que no tena la culpa de su sufrimiento y despus ofreci a Occidente las ventajas de una alianza a cambio de la cual se le pag. Una y otra cosa vincularon sus destinos por medio de un pacto neocolonial. El triunfo del Estado hebreo tranquilizaba la conciencia europea al tiempo que le procuraba el espectculo narcisista de una victoria sobre los brbaros. Unidos para lo bueno y para lo malo, acordaron mutuamente la absolucin a costa del mundo rabe transfirindole el peso de las persecuciones antisemitas. En virtud de una convencin tcita Israel perdonaba a Europa su pasividad frente al genocidio y Europa le dejaba las manos libres en Palestina.

Israel debe su estatuto excepcional a esta transferencia de deuda por medio de la cual Occidente se libr de sus responsabilidades a costa de un tercero. Puesto que Israel era el antdoto del mal absoluto que hunda sus races en el infierno de los crmenes nazis, solo poda ser la encarnacin del bien. Esta sacralidad histrica es lo que justifica, mejor que una sacralidad bblica de dudosas referencias, la inmunidad de Israel en la conciencia europea. Adhirindose implcitamente a ella, las potencias occidentales la inscriben en el orden internacional. El resultado es innegable: avalada por los amos del mundo, la profesin de fe sionista se convierte en ley frrea a escala mundial.

Como la invocacin de lo sagrado siempre criminaliza a su contrario, esta sacralidad de Israel quita entonces toda legitimidad a las oposiciones que suscita. Siempre sospechosa, la reprobacin de Israel roza la profanacin. Poner en tela de juicio la empresa sionista es la blasfemia por excelencia porque supone atentar contra lo que es inviolable para la conciencia europea. Por esa razn la negacin de legitimidad moral opuesta al antisionismo se basa en un postulado extremadamente simple cuya eficacia no se debilita con el uso: el antisionismo es un antisemitismo. Luchar contra Israel sera, por esencia, odiar a los judos, estar animado por el deseo de repetir la Shoah, soar con los ojos abiertos con reiterar el holocausto.

Por ms que el antisionismo se defina como un rechazo razonado del sionismo, admitirlo como tal seran una vez ms hacer un compromiso con lo inaceptable. Marcado por una causalidad diablica, el antisionismo est descalificado moralmente, fuera de juego en virtud del anatema que le lacra. Por ms que se recuerde que Palestina no es propiedad de una etnia o de una confesin, que la resistencia palestina no tienen ninguna connotacin racial, que el rechazo del sionismo se basa en el derecho de los pueblos a la autodeterminacin, estos argumentos racionales no tienen ninguna posibilidad de ser escuchados. Desde hace un siglo el antisionismo se inscribe en el campo de lo poltico, pero se ve opuesto constantemente a una forma de irracionalidad que no tiene absolutamente nada de poltico.

Es cierto que la equiparacin fraudulenta de antisemitismo con antisionismo tiene dos ventajas simblicas. La primera es de uso interno. Esta asimilacin limita drsticamente la libertad de expresin, paraliza cualquier pensamiento que no sea conforme inhibindolo de raz. Genera una autocensura que, sobre un fondo de autoculpabilidad inconsciente, impone por intimidacin o sugiere por prudencia un mutismo de buena ley sobre los atropellos israeles. Pero esta falsa equiparacin tambin es de uso externo. Su objetivo es entonces descalificar a la oposicin poltica y militar a la ocupacin sionista. Objetivo privilegiado de esta amalgama, la resistencia rabe se ve remitida al supuesto odio ancestral que los musulmanes experimentan por los judos.

Lo que anima a los combatientes rabes sera una repulsin instintiva por esta raza maldita y no una aspiracin legtima a acabar con una ocupacin extranjera. En ltima instancia, la cadena de equiparamientos excesivos lleva al argumento manido que constituye el ltimo resorte de la doxa: la reductio ad hitlerum, la mancilla moral por nazificacin simblica, ltimo grado de una calumnia de la que siempre queda algo. Por consiguiente, la resistencia rabe acumula todas las infamias, terrorista por ser antisionista, antisionista por ser antisemita. Se afirma que los ataques con cuchillo no seran el efecto explosivo de una humillacin colectiva, sino el fruto del odio inextinguible por los judos. La nica fuerza que no cede ante las exigencias del ocupante, la resistencia, sufrir entonces como precio por su valor el fuego cruzado de las acusaciones occidentales y de la brutalidad sionista. Y como si no bastara la superioridad militar del ocupante, todava se tiene que jactar de una superioridad moral de cuya inanidad, sin embargo, son testimonio sus crmenes coloniales.

Bruno Guigue es un alto funcionario, ensayista y politlogo francs nacido en Toulouse en 1962. ex alumno de la cole Normale Suprieure y de la ENA. Profesor de filosofa y responsable de clases de relaciones internacionales en la enseanza superiro. Es autor de cinco obras, entre ellas, Aux origines du conflit isralo-arabe, linvisible remords de lOccident (LHarmattan, 2002).

Fuente: http://arretsurinfo.ch/lantisemitisme-arme-dintimidation-massive-par-bruno-guigue/

Esta traduccin se puede reproducir libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y Rebelin como fuente de la traduccin.



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