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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2016

Pensar la izquierda desde la descolonizacin

Juan Carlos Pinto Quintanilla
Rebelin


Pensar la izquierda desde la experiencia boliviana, es plantearse como tema fundamental de su transformacin, el de su descolonizacin junto al conjunto de la sociedad latinoamericana.

No podemos negar que junto a los procesos de transformacin ocurridos a lo largo de la historia republicana de nuestros pases, hubo intelectuales y organizaciones de izquierda que ayudaron a que exista un curso en los acontecimientos y las transformaciones sociales inscritas en leyes o bien en las propias constituciones. Tambin fueron esas izquierdas las que ocuparon el papel del pueblo en diversos momentos y circunstancias, confirmando que la colonialidad tambin era parte del discurso de los salvadores libertarios.

En definitiva encontramos que quienes escriban la historia de vencedores y an de vencidos, eran los mismos colonizadores que se atribuyeron el mandato de construir a nuestros pases; bajo los mismos parmetros con los que podemos juzgar nuestra historia hoy. Desde una mirada colonial, de derecha o de izquierda, se reproduca esa perspectiva de que los pueblos indgena originario campesino, o bien eran seres sin alma o bien eran ovejas que deban ser arrastradas por la oleada revolucionaria del proletariado, o en su defecto por el partido de izquierda y sus dirigentes.

No olvidarnos que hasta la nomenclatura de izquierdas y derechas es parte de la colonialidad de la poltica, el que existan parmetros de medicin o de representacin que fueron propios de la experiencia burguesa revolucionaria francesa; que en definitiva desde nuestra realidad simplemente sirvi para un reacomodo de sectores dominantes y subalternos, sin dejar de mencionar que en medio de ello, las vidas, los ideales y las luchas que transcurrieron le dieron sentido corpreo a una identidad poltica en muchos pases latinoamericanos. En realidad son precisamente esas seales testimoniales las que han permitido hablar de una herencia latinoamericana de izquierda, junto a los procesos de mayor democratizacin en la transformacin formal de nuestras sociedades.

Sin embargo hemos tenido izquierdas para todo gusto en nuestro continente, desde aquellas que nunca lo fueron pero que en el calor de las transformaciones de un mundo seorial absolutamente cerrado a cualquier tipo de democratizacin, se hicieron revolucionarios y por tanto de izquierda. Tambin la izquierda histrica y formal, la que import las lecturas marxistas y cre organicidad, la que se agot en su papel nacionalista y desarrollista que apostaba todo a la modernizacin capitalista como etapa necesaria de la revolucin socialista, tanto que tuvo demasiados deslices con los grupos de poder locales; en casos esas alianzas individuales u orgnicas son las que permitieron al sistema en sus versiones nacionales o neoliberales, dulcificarlo generando mayor inclusin ciudadana a travs de polticas sociales.

Tambin existieron las radicales, que convencidas del proyecto revolucionario, se involucraron con diversos sectores y actores sociales para hacerlos parte del proceso revolucionario definido por ellos mismos como el camino del desarrollo de nuestros pases. Hubo presencias heroicas e importantes, en muchos lugares la izquierda logr carta de ciudadana en la sangre derramada de sus militantes que se mezclaba o era una con la del pueblo movilizado. Experiencias que no slo estaban basadas en el testimonio tico y poltico de quienes luchaban, sino en la desesperacin de las mayoras que tomaron la violencia como un instrumento transformador frente a la violencia cotidiana que los atropellaba sin sentido y sin final.

Sin embargo a pesar de los dolores histricos compartidos, esa izquierda revolucionaria junto a la que se haba negado y se haba hecho oficialista, no terminaron de delinear una construccin colectiva con las organizaciones sociales y los movimientos sociales que siempre se hacan presentes en las luchas, definiendo su propio horizonte poltico y no el de los partidos.

No pudieron o no lograron entender que ms all de las recetas se encontraba el pueblo real, y en el caso boliviano, la mayora indgena originaria campesina que tena un proyecto estratgico basada en su propia memoria histrica y que buscaba un interlocutor que le permita entroncarse con el proceso revolucionario del hoy.

De alguna manera la colonialidad se haca manifiesta en la forma en la que las direcciones revolucionarias existan, sectores intelectuales y de clase media reproducan de forma amable una vez ms la seorializacin de nuestras sociedades; no slo en la etnitizacin sino tambin en la mirada paternal con la que se asuma a las organizaciones sociales.

Bolivia ha resumido muchas de nuestras historias continentales. La perspectiva de Estado Nacional con la que se crearon nuestros pases, basados en fronteras territoriales que tenan que ver ms bien con los intereses de las oligarquas locales; generaron una superposicin territorial sobre pueblos indgenas y originarios que ya existan y que haban sido sometidos, aunque la idea misma de Estado siguiera existiendo como identidad y como autoridad, este fue el caso de Bolivia. Otros pases que no contaban con esa identidad poltica tan fuerte en su territorio, optaron por su exterminio o la reservizacin aislando a los pueblos indgenas, mientras miles de migrantes europeos se trasladaban a realizar una ocupacin territorial.

En nuestro pas con una extraordinaria presencia aymara-quechua, los poderes locales optaron por la explotacin de la fuerza de trabajo, y una gradual expropiacin territorial; no siendo su preocupacin central el de construir una identidad nacional, que permita la inclusin de esas mayoras indgenas. Ello se hizo manifiesto en la Primera Constitucin y en las otras 17 que siguieron que relegaba la ciudadana a quienes tuvieran patrimonio y supieran leer y escribir, es decir entre el 3 y el 5%. Situacin que se hizo extensiva hasta la revolucin nacionalista del 52.

No est dems decir que la historia oficial, no habla de los cientos de levantamientos indgenas en todo el territorio por territorios y reconocimiento. Sin embargo la figura estatal cada vez ms definida fue la del Estado de ocupacin y represin a travs del ejrcito, que impona decisiones estatales y recoga impuestos.

Este proceso econmico de explotacin desde la colonia, se enganchaba con la repblica a travs de la minera y la tierra. Miles de comunarios indgenas obligados a ser mineros como servicio heredado de la mita colonial, se convirtieron en una nueva institucionalidad estatal, y tambin los indios-mineros en el naciente proletariado que organizado empez sus propias batallas. Es en las primeras dcadas del siglo XX que cierta intelectualidad tiene acceso a las primeras lecturas marxistas, y crea partidos como el PIR y el POR que sern quienes politizarn las luchas sindicales mineras, dndoles armas tericas para convertirse en vanguardia del proceso revolucionario durante gran parte del siglo XX.

Sin embargo, y a pesar de la acumulacin de la memoria histrica de clase, el proletariado y su entidad matriz, la COB, fueron vencidas finalmente en silencio por el neoliberalismo. La izquierda en todo ese tiempo o era una minscula opinin, o era clandestina o finalmente hizo grandes alianzas electorales que carecan de proyecto alternativo frente al capital y el mercado. Finalmente en tiempos neoliberales, se autoexili o bien practic una suerte de entrismo al Estado para mejorar los planes sociales.

Siempre en esta historia oficial, tambin de izquierda, hubo una historia paralela, la de las organizaciones y movimientos sociales, principalmente indgena originaria campesina, que dibujaba paso a paso su propio proyecto poltico, diferenciado de esas izquierdas que los usaban o bien las ignoraban. El movimiento indianista de los 60 y el Katarista de los 70, dieron lugar a pensamiento propio y organizaciones polticas con protagonistas aymaras y quechuas que interpelaban y eran rechazados por izquierdas y derechas. Junto a ellos, la naciente identidad poltica de los migrantes que haban llegado como colonizadores a las zonas cocaleras como el Chapare, y que paso a paso hicieron curso poltico de su reivindicacin econmica y cultural, junto a un estatismo antiimperialista que los reprima cotidianamente en su actividad.

Estos movimientos sociales, junto a los barriales y urbanos que desde la conciencia de la defensa de sus recursos fundamentales como el agua, y luego en una visin de pas el gas; son los que dieron plataforma real a un nuevo sentido poltico, que no poda apoyarse en los partidos del neoliberalismo, de izquierda o de derecha; y optaron por la construccin de un instrumento poltico propio que convoque a las organizaciones para hacerlo suyo desde la horizontalidad de las decisiones y frente a la jerarquizacin partidaria; que politice las demandas de las organizaciones sociales sin tener que negociar con los partidos existentes; y en definitiva que liderice la lucha por el Socialismo como horizonte poltico. Ese fue la base histrica e ideolgica para el surgimiento del Movimiento al Socialismo Instrumento Poltico por la Soberana de los Pueblos.

Han pasado muchos aos desde ese inicio fundador y 10 aos de gobierno que han transcurrido en un bao de realidades con sueos que an persisten y que debemos recuperar todos los das para que la revolucin siga siendo. En particular reflexionar el posicionamiento poltico de la izquierda frente a la proeza de los movimientos sociales que levantaron desde la mayora excluida un proceso organizativo propio con un liderazgo que lo hizo posible, pues desde el inicio son esas izquierdas las que se sumaron de manera entusiasta al proceso de cambio que iniciaba el pas. Algunos de sus militantes ocuparon importantes espacios en la naciente estructura estatal, otros fueron constituyentes cuando se necesitaban propuestas acadmicas que dieran sustento constitucional a la revolucin que inicibamos. En fin creo que esa izquierda que haba ignorado en cierta forma el protagonismo indgena originario campesino se senta su acompaante privilegiado, pero adems sin dejar de borrar las huellas del pasado, como el fiel interpretador de la revolucin en marcha. Sin embargo, no dejaron de interpelar la estructura horizontal y sin mandos polticos visibles ms all del liderazgo, y asumieron la histrica tarea, segn ellos de darle un norte a la revolucin, pues los IOCs no podran hacerlo.

No pas mucho tiempo antes de que se sucedieran consecuencias importantes en el acontecer poltico del proceso de cambio. Unos izquierdistas convencidos y puros optaron por salir golpeando la puerta denunciando la traicin a la revolucin, en realidad a la revolucin que ellos queran o pretendan soar y no la que se desplegaba como realidad en el proceso que vivimos. Estos inquietos revolucionarios en realidad se convirtieron en poco tiempo en quienes ayudaron a argumentar y darle un discurso ms eficiente a la oposicin, y en casos incluso a armar sus campaas asesorando sobre donde sera ms eficiente golpear al gobierno y al liderazgo. Otros organizaron sus propias redes polticas internas y optaron por ganar espacios polticos propios en la estructura estatal para terminar imponiendo determinadas maneras o modelos de entender la revolucin o su negacin en determinados espacios. Dicha accin poltica en el marco de la plurinacionalidad no fueran problema si es que se diera en el proceso abierto al debate revolucionario sobre la construccin del horizonte poltico pero se da dentro estructuras pequeas que juegan un peligroso ajedrez poltico.

An es el tiempo de recuperar el horizonte revolucionario y repolitizar la estructura de los movimientos sociales que crearon el proceso de cambio que vivimos. Que se recupere el protagonismo politizado y revolucionario con propuestas de pas que acompaen y complementen al Estado Plurinacional y al liderazgo. Que el sujeto histrico IOC sea capaz de ponerse a la vanguardia de la formacin poltica y de un proceso de autocrtica revolucionaria para seguir avanzando en lo que nos falta por construir camino al Socialismo Comunitario. Finalmente que las izquierdas reconozcan plenamente el protagonismo IOC y refuercen el proceso organizativo y de formacin poltica de quienes son el fundamento de la revolucin que soamos y que seguimos construyendo.



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