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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 12-05-2016

Las debilidades de la hiptesis populista y la construccin de un pueblo en marcha

Juan Carlos Monedero
Pblico.es


Tctica y estrategia de Podemos

Cuando Podemos naci como formacin poltica en 2014 se marc como horizonte lograr la unidad popular. Si la crisis/estafa afectaba a las mayoras, era necesario apelar a las mayoras de manera que te escucharn y te entendieran. No bastaba tener razn y acertar en el diagnstico. No bastaba decirle a la gente que sus males eran de derechas y su indignacin de izquierdas. El neoliberalismo se haba convertido en un sentido comn, en un deseo, y para combatirlo era importante asumir que haba peleas que se haban perdido. La idea del voto til era la gangrena de ese pensamiento podrido que no dejaba ni pensar ni hacer. Pero de nada serva seguir anclados en la nostalgia. Haba que cambiar el camino para llegar a la meta de una sociedad ms libre y ms justa. Haca falta una estrategia de cambio y se busc para alcanzarla una tctica adecuada a esa meta.

El objetivo estratgico pasaba por reinventar el espacio antao representado por la izquierda, que se haba convertido en apenas un aire de familia cada vez ms difcil de interpretar. De izquierdas eran Olof Palme y el Mariscal Tito, Felipe Gonzlez y el padre Ellacura, Pol Pot y Bujarin, Tony Blair y Ken Loach, Evo Morales, Hugo Chvez, Bernie Sanders y Strauss-Kahn. Un espacio finalmente malbaratado por un socialismo que poda hacer los mismos ajustes que la derecha, por un comunismo que no se liberaba de los fardos de la historia y por un anarquismo que se haba resignado a ser testimonial. El espacio de la izquierda, que tom el nombre de los diputados de la Asamblea francesa que se sentaron a la izquierda del Rey en 1789 -y que no le reconocan ningn privilegio-, se fue construyendo como respuesta a las promesas incumplidas de la Revolucin Francesa de libertad, igualdad y fraternidad. Preguntas que an estn esperando ser respondidas, en especial la idea de fraternidad, pero que exigen en el siglo XXI otros intentos de solucin.

La reinvencin de ese espacio no poda pasar por sumar a todos los partidos que se reclamaban herederos de la izquierda (no entendan lo nuevo, existan precisamente insistiendo en las pequeas diferencias y hacan de la identidad del partido una suerte de filiacin religiosa). Haba que entender igualmente que haba ms gente comprometida con las transformaciones que conciencias dispuestas a asumir las etiquetas clsicas. La tctica, por tanto, deba adecuarse a las transformaciones.

Quin iba a ser el nuevo sujeto del cambio? Podemos naca de la certeza de que la clase obrera existe pero ya no se deja representar de manera simplista. El 15M junt a clases medias proletarizadas, a sectores populares, a precarios y a parados de larga duracin, a jvenes emigrados, a damnificados del ltimo ERE, a adolescentes enfadados con una clase poltica en la que no se vean representados, a yayoflautas convencidos de que les estaban robando todo lo construido en tres dcadas. Todos comprometidos por el igual con el cambio. Las tesis marxistas que otorgan a la clase obrera un significado esencialista, como si bastar ser obrero para tener conciencia revolucionaria y marcar la senda de la historia, ya no tiene fuerza explicativa. Otras realidades han nacido con mucha fuerza -el feminismo, el ecologismo, el pacifismo, la defensa de la democracia directa, la lucha contra el capitalismo financiero, el precariado, la economa colaborativa, un nuevo internacionalismo apegado a la nacin, el desarrollo tecnolgico como herramienta esencial de la superacin del capitalismo, la defensa de un individualismo comprometido socialmente o la asuncin de las migraciones como una realidad nueva que no puede soslayarse-.

Un mundo diferente necesita hiptesis diferentes. Con las armas melladas de la vieja teora no se poda salir del resistencialismo en el que se haba instalado la izquierda tradicional, cada vez ms acosada y debilitada e incapaz de encontrar soluciones. En Espaa, el marco para cambiar las cosas lo haba brindado el 15M impugnando la democracia representativa -que no nos representa- y la economa neoliberal -que nos convierte en mercancas-.

La enseanza del 15M y la hiptesis populista

Qu haba que hacer con el 15M? Representarlo? reconducirlo? Dejarlo como estaba? Seguir en el movimiento tal cual se rechaz desde el momento en el que se decidi fundar Podemos. Lo honesto era decir -como as ocurri- Podemos no es el 15M. Se vena del 15M pero no se era ni se es el 15M. Aclarado esto, surgan nuevas dudas. Si simplemente se representaba el movimiento, se ignoraba que una parte del 15M no tena problemas de fondo con el sistema, sino simplemente con los excesos del sistema. Y era muy probable que, de no hacer que emergiera la raz de los problemas, surgiera una respuesta desde la derecha que, reclamando solventar los excesos, lo que lograra sera desactivar la capacidad transformadora del movimiento. Es lo que explica el auge de la extrema derecha europea ante una izquierda a la defensiva y ocupada en defender la correccin poltica. Es lo que explica el nacimiento de Ciudadanos en Espaa.

La solucin pasaba, pues, por reconducir el enfado. Esa reconduccin tena dos momentos. Uno destituyente, que atacaba a los responsables del empobrecimiento y sealaba la crisis del rgimen del 78 (el construido sobre la Constitucin de 1978), y otro constituyente, que sealaba la necesidad de un nuevo marco poltico y constitucional con un programa acorde con el siglo XXI. En la fase destituyente es donde aparece con fuerza la virtud de la hiptesis populista: la construccin de un ellos -la casta- y un nosotros -un pueblo en construccin- situado al otro lado de la lnea, unido a los dems por las demandas insatisfechas diluidas hasta ser simplemente un malestar difuso, un nosotros enfadado, con ganas de encontrar un culpable, dispuesto a simplificar las cosas para facilitar que se moviera ficha. Mover ficha. As se llamaba el manifiesto con el que arranc Podemos.

Un problema no pequeo est en mantener esa hiptesis en la fase constituyente. El desperdicio de la experiencia termina por aflorar como un error que debilita el cambio. Para que las luchas tengan ms recorrido, es ms til traducir tus demandas para que los dems te entiendan, antes que rebajar tu lucha para que se sume, una vez descafeinada, a otras. Construir la poltica pretendiendo que los discursos pueden inventarse la realidad de una manera cuasi absoluta es tan desafortunado como quienes niegan la capacidad del lenguaje de inventar la realidad. El cartel Cuidado con el perro claro que funciona, pero no siempre, no durante mucho tiempo ni en todas las ocasiones. Basar la poltica en teoras desancladas de lo real, vaca los contextos, construye sectas de creyentes que no rezan otra cosa que sus mandamientos y termina armando ejrcitos de soldados que ya no ven ni sienten sino que evalan si has entendido o no sus presupuestos tericos y si, por tanto, eres de los nuestros. Y se desperdician todas las luchas que anticiparon nuestra rabia. La alternativa est en beber de una realidad alumbrada por la teora o de una teora desanclada de la realidad. La segunda es un fro ejercicio acadmico al que le termina molestando la gente, esa que suda, no ha ledo a Zizek, es real, contradictoria, ordinaria y extraordinaria. Al final, Boaventura de Sousa Santos vence a Laclau. Porque Santos se mancha los manos con los movimientos (es fundador del Foro Social Mundial) mientras Laclau escriba a 7000 kilmetros de lo que explicaba. No es extrao que a los grandes grupos mediticos les guste ms el heideggeriano Laclau, precisamente porque al tiempo que llena el ruido de trazas de avellana y pompa, quiere convertir el cambio social en un discurso y, con bastante probabilidad, lo desactiva. Nada nuevo con cierta interpretacin lacaniana que corre el riesgo de radicalizar el enunciado y abandonar lo material. Lo escribi Jos Mara Valverde hace dcadas hablando de Martin Heideger: Cascando las palabras como nueces/ construye don Martn perogrulleces.

La maquinaria de guerra electoral y despus?

En la hiptesis populista todo se zanjaba en una accin relmpago (la Blitzkrieg que se justificaba por las urgencias de un ciclo electoral continuado). Pero la hiptesis populista empez a hacer agua en tres frentes. Primero en las elecciones andaluzas, donde Ciudadanos empez a pisar los talones a Podemos con su promesa perezosa y cobarde de mantener la delegacin de la poltica, justificado con su apelacin telegnica y sin complejos a una cosa y la contraria. En segundo lugar, en las generales, porque faltaron 300.000 votos para superar al PSOE y porque el PP volvi a ser la fuerza ms votada. Tambin porque IU aguant con casi un milln de votos, lo que demostraba que la transversalidad primaba una direccin y abandonaba otro flanco. Cuando falla la accin relmpago toca replantear la estrategia. Has hecho un excelente primer tiempo. Pero has salido a ganar el partido, no a empatarlo. Y esa es la situacin en la que estamos ahora: de empate. Por eso Podemos tiene que regresar a lo que se plante al comienzo: lograr la unidad popular. Sin miedos. Y no es menor un reproche a esa transversalidad descafeinada: de dnde se van a nutrir ideolgicamente las nuevas generaciones que se formen en este discurso hueco de la transversalidad light?

La segunda vuelta se convierte en el escenario perfecto. Buscar la transversalidad es correcto. Pero un cura no puede dejar de creer en dios porque sus feligreses tengan una crisis de fe. La desideologizacin de la hiptesis populista se invalid de hecho en las andaluzas, y por eso Podemos regres a un discurso ms cargado que pasaba por no regalarle el gobierno al PSOE de Susana Daz (quien terminara gobernando con Ciudadanos). La hiptesis populista perda fuelle, aunque eso no invalida la bsqueda de la transversalidad que debe buscar una fuerza poltica transformadora en tiempos de hegemona neoliberal. Es indudable que no hay cambio posible sin ayudar a que la gente vaya ms all de lo que actualmente piensa. Pero la hiptesis populista solo quiere marcos ganadores. Un error de esta hiptesis (que, recordemos, nace en el caso de Laclau como una impugnacin del marxismo mecanicista) es que slo deja fuera marcos ganadores relacionados con los conflictos dentro del mundo del trabajo. De hecho, mientras se han odo voces dentro de Podemos cuestionando los riesgos del obrerismo, no se ha dudado en defender la plurinacionalidad de Espaa (en modo alguno un marco ganador en el conjunto del Estado). En la defensa de la plurinacionalidad, Podemos ha ayudado a la gente a ir ms all de lo que pensaba. Y eso va en contra de lo hiptesis populista. Pero es lo correcto, tanto en trminos de honradez poltica como de resultados. Podemos es la primera fuerza poltica en Euskadi o en Catalua. Se trata, pues, de hacer lo mismo en otros asuntos que afectan a las mayoras.

Podemos naci del impulso del 15M donde al tiempo que se respiraba el aire de familia de la izquierda se asuma, como hemos dicho, que el eje derecha-izquierda se haba convertido en algo con tantos significados que ya no se entenda. La izquierda haba dejado de explicar y de explicarse. Por eso naci reclamando la unidad de la gente, no la unidad de las izquierdas. En el discurso de la emancipacin en el siglo XXI aprendemos ms de un liberal como Thomas Paine que de un marxista como Stalin, defendemos la lucha de los trabajadores sin tener por ello que defender a la URSS, nos vemos ms reflejados en Allende o Pepe Mujica que en Honecker o Felipe Gonzlez. Pero tampoco olvidamos que lo mejor que tiene Europa -la educacin y la sanidad universales, el derecho al voto, la igualdad de las mujeres, el respeto a los derechos humanos, los derechos laborales- son una construccin de la izquierda durante el siglo XX.

Por qu ahora la confluencia?

Si vas un paso por delante de las masas, vas iluminando. Si vas cien pasos por delante, es bastante probable que te hayas perdido. Desde las calles se empez a imaginar un marco terico que no permita negar respuestas que parecen intuitivas. Cmo es posible no reaccionar al hecho de que con el 30% de los votos Rajoy haya podido desmantelar la democracia con mayora absoluta? Las calles empezaron a expresarlo con claridad: no poner freno a eso es de idiotas. No hay siglas ni puestos en las listas ni mochilas ni hiptesis que puedan frenar ese clamor. Porque, adems, Europa est mirando. Podemos, es cierto, ha roto el bipartidismo. Ahora se trata de ampliar la base para comenzar algo nuevo. Se necesita algo que se parezca a un frente amplio claramente referenciado por Podemos, pero que no es ni mucho menos solamente Podemos. Y ese es el desafo que tienen que traducir en una realidad que ilusione Pablo Iglesias, Alberto Garzn y todos los dems. Decir ahora si se trata de un mero encuentro instrumental o de algo que puede generar un acercamiento es adelantar resultados. Cuando compartes la cocina y el comedor, igual terminas viendo que tienes muchas cosas en comn. El PSOE unific en su da a los mltiples partidos socialistas. El PP hizo otro tanto con los partidos de derecha. No vamos a reinventar la democracia si no construimos un partido diferente en una Espaa diferente para una Europa diferente.

Como dice el refrn, a la fuerza ahorcan. Antes de las elecciones del 20- D Alberto Garzn no haba dado algunos pasos que posteriormente decidi caminar. Por otro lado, la Blitzkrieg se mostraba como una quimera despus de haberse contrastado con la prctica. Nunca puedes ponerte de lado mucho tiempo, tal y como manda la vulgata de la hiptesis populista. Tocaba discutir con lo existente buscando una traduccin entre los que se oponen al estado de cosas que permitiera reinventar el lugar antao llamado izquierda. No es reinventar la izquierda clsica, sino una nueva forma poltica que hace poltica de otra forma y que viene a ocupar el lugar de la antigua izquierda. Porque esa antigua izquierda ya no vale.

En la posibilidad de salir de las polticas de austeridad, se juntan al final tres hambres y un hambreador: el hambre del pueblo de salir del bipartidismo y de las poltica que condenan al paro, a la precariedad, a la emigracin, a los desahucios, al copago, a la feminizacin de la pobreza. El hambre de IU de salir de su condena al 5% de los votos y a la inutilidad poltica por culpa del sistema electoral; y la de Podemos de romper sus propias costuras y seguir construyendo un espacio que vaya ms all de su condicin de nave nodriza. Asumir su obligacin de abrir caminos para todos los que quieren hacer las cosas de manera diferente. El hambreador bipartidista, ese que lee el Marca o es un joven viejo, se referencia, agotado, solo en una Espaa que muere y que bosteza. Aunque empecemos a or voces desesperadas que quieran sumar lo viejo en una gran coalicin de reliquias.

La democracia es ahora

Nadie tiene derecho en democracia a permitir que las minoras gobiernen en contra de las mayoras. La posibilidad de que la invitacin a la resignacin bipartidista se rompiera es lo que ha generado una emocin popular que no podan desor ni IU ni Podemos ni las dems confluencias, a riesgo de invitar a gritos a la abstencin. Algo nuevo ha sucedido en la poltica espaola: la presin popular sobre Podemos e IU ha forzado un encuentro que estaba muy lejos hace cinco meses. Una ciudadana consciente exigiendo a los partidos cmo deben comportarse. Y partidos escuchando esa exigencia. Esa fuerza es precisamente la que asusta al PSOE y al PP y a su muleta naranja. Ya no se trata solamente de una formacin electoral, sino de un impulso popular con traduccin en la posibilidad ms evidente de gobierno de cambio real que ha tenido la Espaa reciente. La negativa del PSOE a romper la maldicin electoral y conseguir que el Senado se parezca a Espaa construyendo listas conjuntas con Podemos y dems partidos del cambio, est a la altura del vdeo de Felipe Gonzlez adulando a un broker iran con sus activos en parasos fiscales o del matrimonio de connivencia de Snchez con Rivera. En la confluencia faltan todava muchos socialistas honestos. No quedan muchas excusas. El 26 de junio Espaa, y con ella Europa, puede caminar de nuevo erguida.

Fuente: http://www.comiendotierra.es/2016/05/11/las-debilidades-de-la-hipotesis-populista-y-la-construccion-de-un-pueblo-en-marcha/



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