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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 17-05-2016

Corrupcin en las fuerzas armadas

Manuel Cabieses D.
Punto Final


La historia muestra que los poderes econmicos y polticos, en cada poca, han buscado corromper a las fuerzas armadas de muchas maneras. Y ello nos ha llevado a grandes tragedias: sangrientas guerras civiles en el siglo XIX, cruentos golpes de Estado en el siglo XX, desfalcos millonarios de las arcas fiscales, connivencias vergonzantes con potencias extranjeras, dictaduras opresivas, crmenes de lesa humanidad, masacres indiscriminadas. Se trata de una larga cadena de hechos vergonzosos e indesmentibles. Tambin sabemos que tras esos hechos hay responsables, partiendo por generales y almirantes arrastrados por su codicia, ambicin y afn de poder. Pero sobre todo por la accin de agentes corruptores desde el campo civil: financistas, especuladores, latifundistas, embajadores de las grandes potencias, traficantes de armas, polticos golpistas y medios de comunicacin que manipularon la informacin y avalaron esas tropelas.

Durante una parte del siglo XX, especialmente entre 1932 y 1973, las FF.AA. chilenas fueron logrando una progresiva legitimidad. La ciudadana las fue percibiendo poco a poco como instituciones republicanas, que sin ser perfectas, reflejaban los valores de una sociedad austera, trabajadora, sencilla, volcada hacia objetivos de desarrollo nacional. Esta percepcin se reflej incluso durante el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, y explica por qu una parte de la Izquierda no poda creer en la tesis de un golpe de Estado, porque se confiaba en sus soldados. Recordaban la rectitud del general Ren Schneider, asesinado por la derecha, y perciban el compromiso con la causa de la patria del general Carlos Prats, del almirante Ral Montero y del general director de Carabineros, Jos Mara Seplveda, presente esa maana en La Moneda junto al presidente Allende. Como ellos, una plyade de militares, marinos, aviadores, carabineros, detectives y gendarmes concitaban el respeto de una ciudadana que aprendi a verlos como profesionales eficaces, desinteresados, patriotas, incorruptibles. Una larga lista de ellos vivieron en carne propia la muerte, la tortura, el exilio, y la degradacin humillante de mano de sus ex compaeros de armas.

 

RAICES DE LA CORRUPCION

Lamentablemente no todos los militares mantuvieron la misma entereza. Persuadidos por la derecha sediciosa, envalentonados por la prensa golpista y sobornados por el dinero fcil de la CIA y otras agencias norteamericanas, un grupo de generales y almirantes rastreros puso precio vil a su insubordinacin. En el momento del golpe no slo traicionaron a la patria con su deslealtad a la institucionalidad democrtica. En ese instante tambin inocularon en las FF.AA. el germen de una corrupcin estructural y endmica de la que no han podido salir.

Rota la lealtad al mando civil, Pinochet y sus cmplices se sintieron libres para modificar la legislacin a su antojo, sin ms control que su propia voluntad. Esto es lo que permiti que saquearan ininterrumpidamente el pasdurante diecisiete aos. No satisfechos con ello, idearon un entramado jurdico para prolongar el saqueo en el futuro, de modo estructural y permanente. Una pieza clave en ese plan fue el Decreto Ley 984 de 1975 que reform la Ley Reservada del Cobre, de forma que oblig a hacer entrega del 10% de los ingresos brutos de Codelco a las FF.AA., garantizando un piso mnimo de 180millones de dlares anuales, los que no necesitan ser incluidos en la contabilidad general de la nacin. Como se seala en su art. 2: Las entregas de fondos que deben realizarse en cumplimiento a lo establecido en el presente decreto ley, se harn en forma reservada; se mantendrn en cuentas secretas, se contabilizarn en forma reservada y su inversin, ya sea en compras de contado o en operaciones a crdito, pago de cuotas al contado o servicio de los crditos, se dispondr mediante decretos supremos reservados exentos de toma de razn y refrendacin.

Con semejante opacidad se crearon las condiciones ideales para que los altos oficiales y las estructuras administrativas de las FF.AA. pudieran disponer de impunidad en sus operaciones. Vale recordar que el dictador Pinochet gan legalmente un milln 427 mil dlares, de acuerdo a sus salarios oficiales entre 1973 y 2003. Pero el caso Riggs demostr que su patrimonio superaba los 21 millones de dlares con recursos que varios generales de suconfianza robaban de los gastos reservados para traspasarlos a los cuentas secretas del tirano. Ello es slo lo que se ha probado judicialmente hasta este momento, sin tomar en cuenta las 135 propiedades inmuebles traspasadas a Cema Chile, y que permanecen en su poder, incluyendo plazas pblicas y paos de terrenos municipales.

 

EL SAQUEO SE HACE ESTRUCTURAL

Han pasado ms de cuarenta aos del golpe y ms de veinticinco desde el fin de la dictadura, pero la legitimidad de las FF.AA. no se ha vuelto arecuperar. No es culpa de la memoria obstinada de quienes no olvidamos los crmenes del pasado. Si se revisa la agenda noticiosa de estas semanas encontraremos una ola de escndalos que remecen la estructura misma de los institutos armados:

Las acusaciones al ex comandante en jefe del ejrcito, general (r) Juan Miguel Fuente-Alba, cuestionado por su abultado patrimonio que ascendera a unos tres mil millones de pesos, imposibles de justificar de acuerdo a su salario nominal.

El involucramiento de personal activo del ejrcito en la captacin de fondos para AC Inversions, una estafa piramidal que ha defraudado ms de 50 mil millones de pesos.

Las denuncias por contratos irregulares y entrega de pasaportes diplomticos a los hijos del actual comandante en jefe del ejrcito, general Humberto Oviedo, durante su paso como jefe de la Misin Militar en Estados Unidos en 2010.

El caso Milicogate, destapado por el periodista Mauricio Weibel y que apunta a un fraude millonario ocurrido entre enero de 2010 y marzo de 2014, que oper mediante el pago decientos de facturas falsas, al amparo de la opacidad de la ley reservada del cobre.

Esta serie de escndalos simultneos ha puesto al descubierto la verdadera naturaleza de las FF.AA. que nominalmente se instituyeron durante la dictadura como protectores del modelo neoliberal. Y explica la crisis de legitimidad de los cuerpos armados ante la ciudadana.

 

SOLO EL PUEBLO PUEDE

REGENERAR A LAS FF.AA.

Ms all de este saqueo, que beneficia a los altos mandos, la poblacin percibe un cuerpo militar escindido de la realidad nacional, que cuenta con beneficios sociales extraordinarios: becas generosas, establecimientos escolares especiales para sus hijos, pensiones dignas que incluyen a las viudas y herederas solteras, un ptimo sistema de salud, vivienda accesible, clubes recreativos, seguridad garantizada, etc. Mientas la inmensa mayora de los chilenos vive en la precariedad econmica y la inseguridad social.

A la vez, la Constitucin encarga a las FF.AA. actuar como garantes de este sistema poltico y econmico, partidizando de forma estructural su identidad. El resultado es previsible: exceptuando a las elites econmicas, la sociedad percibe a sus militares como un cuerpo ajeno, amenazante, que constituye una carga financiera injusta y un lmite en el ejercicio de su soberana popular.

Es evidente que para el sector ms profesionalizado de las FF.AA. esta situacin no da para ms. Quienes han asumido su carrera militar bajo criterios ticos, sentido del deber y sincero patriotismo, el escenario actual constituye una deshonra, que empaa a todos por igual, sin importar su verdadera responsabilidad.

Se trata de una traba estructural que impide que las institucionesmilitares puedan cumplir a cabalidad su misin. No hay mayor amenaza a la seguridad nacional que unas fuerzas armadas corruptas, que se dejen conducir de acuerdo a los caprichos y veleidades de un corruptor. Como dice Maquiavelo,cuando eso ocurre ya no se trata de un ejrcito sino de una banda de mercenarios, ingratos, volubles, que simulan lo que no son, huyen del peligro, y estn vidos de ganancia(1).

La definicin tradicional sostiene que las fuerzas armadas ejercen el monopolio del uso legtimo de la violencia del Estado(2). La idea de la legitimidad no es un mero adorno o un detalle. En ella descansa la razn de su existencia y su eficacia. Si la legitimidad se disuelve o se ve cuestionada lo que queda es el monopolio de una violencia irracional, injusta o criminal. La mera fuerza sigue operando, pero se ve desprovista de su potencia estratgica y de su reconocimiento cvico, por lo que ms temprano que tarde se vuelve impotente y estril.

La nica salida pasa porque este sector del mundo castrense alce su voz y demande una reforma democrtica profunda a sus instituciones, pidiendo un quiebre definitivo con las races podridas del pinochetismo, y un nuevo punto de inicio, transparente, de cara al pueblo y junto al pueblo, luchando por una verdadera democracia y un proyecto nacional de desarrollo econmico y social.

Notas

(1) Maquiavelo, Nicols: El prncipe . Alianza, Madrid, 2010, p. 116.

(2) Weber, Max: La poltica como vocacin en El poltico y el cientfico. Alianza, Madrid, 1998.

 

Editorial de Punto Final, edicin N 851, 13 de MAYO 2016.

[email protected]

www.puntofinal.cl


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