Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-05-2016

Por qu caen los gobiernos de izquierda en Latinoamrica?

Marcelo Colussi
Rebelin


Nuestro enemigo principal no es el imperialismo, ni la burguesa ni la burocracia. Nuestro enemigo principal es el miedo, y lo llevamos adentro. Domitila Barrios, Bolivia

 

Introduccin

Desde hace largos aos, pero acrecentado a partir del 2015, asistimos a un proceso de reversin (roll back) de los gobiernos de centro-izquierda que venan desarrollndose en Latinoamrica. La simultaneidad de esas cadas as como el elemento bsico que los pone en jaque a todos por igual la corrupcin permite deducir que all se juega una agenda determinada. Esta confluencia de elementos especialmente similares no es tan casual. No deja de llamar poderosamente la atencin una serie de procesos ms o menos similares, lo que autoriza a sacar algunas conclusiones. Por lo pronto, el que el fenmeno se nombre en ingls roll back, pues as figura en manuales de poltica internacional de la academia estadounidense al igual que en muchos de sus tanques de pensamiento deja entrever que all se juegan polticas que no responden, como mnimo, a hispanohablantes. El nico pas que realmente tiene un proyecto unificador coherente para todo el continente es Estados Unidos [que habla en ingls]. Aunque, claro est, no es el proyecto ms conveniente para los pueblos latinoamericanos precisamente expres sarcstico, y con precisin, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Prez Esquivel.

Por qu caen o son puestos contra las sogas todos estos gobiernos? Como mnimo habra que apuntar dos grandes causas: 1) el capitalismo global, capitaneado por Estados Unidos, no tolera ningn experimento poltico-social que se pueda ir de sus manos; y 2) son procesos polticos muy dbiles, populistas, con poco arraigo popular real ms all del amor amarrado al clientelismo en juego o a un lder carismtico.

El capitalismo global, capitaneado por Estados Unidos, no tolera ningn experimento poltico-social que se pueda ir de sus manos

En estos momentos de la historia, cado el muro de Berln y revertida dos de las ms grandes experiencias socialistas del siglo pasado (la Revolucin bolchevique en Rusia y la Revolucin china), el capital entona su himno de gloria. El capitalismo salvaje imperante hoy da, que hizo retroceder importantes conquistas sociales histricas para el amplio campo de los trabajadores, se presenta triunfante, sin oponentes a la vista. El fin de la Guerra Fra ganada por el campo capitalista y la derechizacin ms absoluta de la vida cotidiana, puso a los trabajadores del mundo en situacin de enorme desventaja.

Elementos impensables algunas dcadas atrs que hacen sentirse ms en situaciones pre-capitalistas, con trabajo semi-esclavo en algunos casos, que en un mundo marcado por las tecnologas de avanzada son cotidianos, se han normalizado, no se toman como severas afrentas. Los grados de explotacin han subido en forma alarmante, y las posibilidades reales de respuesta ante tantos atropellos parecen ser pocas. Si bien puede haber reacciones ante tal estado de cosas, ms viscerales que con proyectos articulados de mediano y largo plazo, no hay propuestas organizadas de cambio. Este desconcierto, esta desmovilizacin poltico-ideolgica que sufre el campo popular, no es casual ni fortuito. Hay planes para que as suceda. Nuestra ignorancia fue planificada por una gran sabidura (Scalabrini Ortiz), podra resumir perfectamente la actual fragmentacin reinante.

El deporte profesional elevado a la categora de nuevo dios (sabemos qu comi hoy Messi, o el color de calcetines que lleva, y desconocemos el plan de gobierno de, por ejemplo, nuestro Ministro de Salud), los cultos evanglicos que recorren Latinoamrica de extremo a extremo (parafernalia bien orquestada que solo sirve para embrutecer a las poblaciones creando fanatismos irreductibles), o el proceso de cooptacin de los cuadros de izquierda (los que quedan vivos, claro) por la cooperacin internacional con su discurso polticamente correcto pero donde desaparecen los articuladores bsicos de las reivindicaciones (como, por ejemplo, las luchas de clases), todo ese paquete, debidamente amalgamado, da como resultado una sociedad dcil, manejada, conducida con relativa facilidad.

Esto es lo que est sucediendo en nuestros pases desde hace algunas dcadas, montndose en los miedos aterrorizantes que dejaron las feroces dictaduras militares y sus miles de muertos, torturados y desaparecidos: la desmovilizacin, el freno a las protestas populares y la bsqueda de sobrevivencia individual como bien supremo son la tnica dominante. Pero eso no significa que las injusticias terminaron, ni remotamente. Ah estn, como casusas profundas de los pesares de todo el continente (considerado como la regin ms desigual del planeta, con la mayor diferencia entre quienes tienen todo y los desposedos). Las injusticias no terminaron, aunque se maquillen y se traten de disfrazar con las ideas de desarrollo que nos invaden, algunas tecnologas de punta que se nos obligan a consumir (la telefona mvil, por ejemplo, para convertirnos en ciudadanos globalizados) o la posibilidad de la represin una vez ms, que en realidad nunca termin, sino que hoy adopta nuevas formas (auge desmedido de la delincuencia ciudadana, por ejemplo, que puede funcionar como coartada perfecta para seguir aterrorizando y, llegado el caso, sacarse de encima a cualquier obstculo molesto para el sistema).

En ese marco de contencin de toda protesta popular, el hecho que aparezcan gobiernos no completamente alineados con la lgica del capital dominante, gobiernos que osen levantar (un poco) la voz contra el amo imperial, ya es un peligro en este cuadro de situacin. Ninguno de los gobiernos que recorrieron Latinoamrica en estas ltimas dcadas con talantes ms o menos progresistas (palabra confusa que da para todo, aunque nunca se especifique qu es), se propusieron cambios estructurales profundos. No se lo propusieron porque las condiciones no dan para ello, como s pudo haber ocurrido, por ejemplo, en la dcada de los 60 del pasado siglo, en plena Guerra Fra y con la posibilidad de un reaseguro en la Unin Sovitica.

Hoy el escenario es muy otro. Los gobiernos de centro-izquierda que se vienen dando en Latinoamrica (Bachelet en Chile, Mujica en Uruguay, el PT en Brasil, los Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia, Chvez o Maduro en Venezuela), si bien no se plantearon en ningn momento medidas radicales (expropiaciones, poder popular con milicias armadas, un Estado realmente socialista con proyectos de transformacin a largo plazo, etc.), son una molestia para el proyecto neoliberal en curso.

Estados Unidos, capitaneando esa globalizacin, impide por todos los medios cualquier iniciativa que pueda cuestionar su hegemona. Ello, por la sencilla razn de ser potencia dominante que pretende continuar su supremaca durante el presente ello, por lo que necesita de Latinoamrica como un territorio vital (fuente de materias primas indispensables, de petrleo, de agua dulce, de mano de obra barata para llevar all mucha industria de ensamblaje, como mercado para sus productos, entre otros beneficios). Las oligarquas vernculas, articuladas a ese proyecto capitalista, hacen las veces de aliados tcticos en esa dominacin; de ah que todas reaccionan por igual ante estos gobiernos molestos, con perfil populista.

La actual sucesin de cadas de gobiernos con propuestas reformistas (en Argentina ya se fue la guerrillera montonera Cristina Fernndez viuda de Kirchner, en Brasil no sera nada improbable que pronto termine defenestrada y enjuiciada Dilma Roussef, en Ecuador la posibilidad de golpe palaciego contra Correa es siempre inminente, en Venezuela la Revolucin Bolivariana pende de un delgado hilo) muestra una regularidad sorprendente. En todos los casos el caballito de batalla de la derecha (nacional o internacional) es la lucha contra la corrupcin.

Curioso: un continente marcado por la ms absoluta corrupcin desde la poca de la colonia (espaola o portuguesa) hasta nuestros das, donde siempre la poltica ha sido campo de accin de las ms deshonestas e indecorosas conductas, levanta ahora esta pretendida cruzada contra lo que se dibuja como una nueva plaga bblica, el peor de todos los males: la corrupcin. El proyecto en ciernes parece bien concebido. Guatemala como tantas veces en la historia: diversas pruebas biomdicas, desaparicin forzada de personas, ahora este nuevo experimento social es un laboratorio de Estados Unidos para ensayar nuevas tcnicas, aplicables luego en otros contextos. La detencin de ex presidente y ex vice-presidenta de ese pas por actos de corrupcin durante el ao 2015 con la consiguiente revolucin democrtico-ciudadana que enmarc los hechos, fue una prueba de fuego para esta nueva tctica. Ahora pareciera que esa monumental lucha contra el flagelo de la corrupcin entra en escena con una fuerza descomunal. Ah tenemos los Panama papers como una demostracin de ese nuevo espritu de transparencia que ahora pareciera derramarse sobre el continente, con Washington liderando esa lucha titnica, ayudando a nuestras atribuladas sociedades a salir de ese cncer putrefacto. (Valga aclarar que en este descubrimiento no hay ninguna empresa estadounidense, maniobra que se podra interpretar como una jugada para intentar capturar los cuantiosos fondos depositados actualmente en parasos fiscales tendiendo a trasladarlos a la potencia del Norte, que tambin tiene bancas offshore!!).

Con ese caballito de batalla de la corrupcin, los gobiernos dscolos de la regin comienzan a ser bombardeados, perseguidos, hasta que la poltica de acorralamiento da sus resultados. Alguien se podr creer todo este montaje? No importa si el hecho en s mismo es real o no. En la guerra (y esto es una guerra, absolutamente, sin miramientos: quin dijo que terminaron las luchas de clases?) la primera vctima es la verdad. La corrupcin es, al menos hoy da, algo absolutamente normal en las prcticas humanas, tanto entre los fallidos Estados del Sur como en los bien organizados y respetuosos? pases del Norte. Lo cierto es que, tocando fibras profundas de nuestra tica moralista y apelando a una nunca declarada morbosidad que aunque no se declare, la tenemos, azuzar estos fantasmas da resultados. Lo dio en Guatemala, lo que le cost el puesto a Otto Prez Molina y Roxana Baldetti; y a partir de esa exitosa prueba, puede verse que da resultados tambin en los pases molestos para la lgica capitalista. Cmo entender si no que la poblacin boliviana, por ejemplo, beneficiada largamente en estos ltimos aos con el gobierno del MAS dirigido por Evo Morales con un claro talante popular, vote en contra de su reeleccin por una simple cuestin de su vida personal que a nadie le debera interesar? El trabajo de desprestigio, sin dudas, est muy bien hecho.

El capitalismo como sistema, y su principal exponente: Estados Unidos, no descansan un segundo en su lucha frontal contra cualquier elemento que pudiera cuestionarles. De ah que, variando estilos ya no se necesitan golpes militares sangrientos sigue manejando los destinos de los pases con mano de acero, impidiendo a toda costa la organizacin del pobrero y las propuestas de cambio. La Revolucin Bolivariana no es una revolucin marxista; pero es un serio peligro para la dinmica capitalista, porque puede abrir caminos sin retorno (si se radicalizara, por ejemplo), y porque toca intereses estratgicos de Washington, tal como el detentar las reservas petrolferas ms grandes hoy conocidas. Ninguna de las experiencias de centro-izquierda mencionadas son revoluciones socialistas radicales, pero el solo hecho que hagan sombra ya es un peligro para los capitales. De all esta encarnizada lucha contra la corrupcin, que no es ms que una lucha contra cualquier posibilidad de distribucin un poco (apenas un poco!) ms justa de la riqueza nacional.

Esta es una de las razones por las que ahora, casi como efecto domin, vemos caer estos gobiernos. Pero hay ms, y quiz ms preocupante.

Procesos polticos muy dbiles, populistas, con poco arraigo popular real ms all del amor amarrado al clientelismo en juego o a un lder carismtico

Este es el otro elemento que, quiz de un modo indirecto, contribuye a la cada en serie de estos procesos. Ms all del espejismo de una revolucin socialista triunfante que puede haberse tenido del proceso venezolano en estos ltimos aos, con Chvez vivo o incluso luego de su muerte, similar en algn sentido con lo que pas en estos pases con procesos populares, la realidad muestra que nunca se sali de esquemas capitalistas.

Todos estos pases (Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Venezuela, Ecuador, quiz en menor medida Bolivia) siguieron rigindose por modelos de mercado capitalista, con oligarquas nacionales dueas de buena parte de la riqueza, con inversiones privadas multinacionales, y con Estados que siguieron defendiendo la propiedad privada de los grandes medios de produccin (capital financiero, agrario, industrial, comercial). En todo caso, lo que pudo apreciarse en estos aos pasados, son procesos de redistribucin con algo ms de sentido social (como puede haberlo sido, extremando las cosas, el gobierno de Manuel Zelaya en Honduras, o el de lvaro Colom en Guatemala), pero no ms. Es decir: administraciones que tuvieron algo ms de conciencia social, pero que no pasaron de un capitalismo de rostro humano, capitalismo keynesiano si se quiere, con las caractersticas propias de la regin (donde la corrupcin es un hecho cultural enraizado, histrico).

En todos los casos, con diferencias de detalles pero con denominadores comunes, no fueron procesos de revolucin popular; todos estos gobiernos llegaron a la casa presidencial a travs de elecciones dentro de los cnones capitalistas, respetando su institucionalidad. Esto abre la pregunta sobre cmo construir formas alternativas reales a los marcos capitalistas: est claro la experiencia de todos estos procesos lo demuestra, incluida la Revolucin Bolivariana, supuestamente el ms radical de estos estos emprendimientos que en esos moldes es imposible cambiar algo en la estructura, en lo profundo.

Eso fueron estos gobiernos (o lo son, porque muchos an se mantienen en el poder): procesos bienintencionados, con reformas superficiales que mejoran en algo las condiciones de vida de las grandes mayoras, pero que no tocan lo esencial en juego: la propiedad privada de los medios de produccin. Si se quiere ver desde una perspectiva crtica, ninguno de estos procesos, si no se radicaliza, puede sobrevivir al embate de las fuerzas conservadoras del capital.

Experiencias al respecto hubo muchas a lo largo del siglo XX en diversos puntos del sub-continente latinoamericano. Podra comenzarse con la revolucin agraria en Mxico, entre 1910 y 1920, o el peronismo en Argentina, la presidencia de Getlio Vargas en Brasil, distintas expresiones modernizadoras y progresistas como la de Velasco Alvarado en Per o la de Omar Torrijos en Panam. En esa lnea, con diferencias si se quiere, pero siempre en el nimo de un capitalismo con rostro humano y tintes nacionalistas, todos estos actuales presidentes se enmarcan en similares proyectos. El clientelismo poltico, con bastante de populismo, no falta. Regalar cosas tiene que ver con el socialismo y la construccin de una sociedad nueva?

Ahora bien: es posible construir alternativas reales de cambio con estas propuestas? Se puede cuestionar el sistema desde dentro de l mismo navegando en su institucionalidad? Pareciera que no, porque cuando se intenta ir ms all de lo permitido, la represin aparece. El caso de Salvador Allende en Chile nos lo recuerda patticamente. Pero ejemplos hay numerosos: Jean-Bertrand Aristide en Hait, o Maurice Bishop en Grenada, el mismo Mel Zelaya en Honduras. Si se pretende ir un poco ms all de lo que el sistema tolera, el sistema se encarga de recordar que no es posible.

Ninguno de los gobiernos ahora mencionados nos atrevemos a incluir tambin a la Revolucin Bolivariana, ms all de toda la parafernalia meditica levantada y las esperanzas de renovacin con su preconizado (y nunca definido) socialismo del Siglo XXI produjo un rompimiento real con las estructuras del capital. Obviamente ninguno de estos gobiernos pretendi sentirse revolucionario en sentido estricto. Todos llegaron a travs de los canales de la democracia burguesa, sin promesas de cambio revolucionario. Por qu exigrsele algo por el estilo entonces?

Est claro que ninguno de estos procesos cuestion de raz a las oligarquas de sus pases, o a la cabeza imperial. Por el contrario, en el marco de la actual avanzada financiera que predomina en el mundo globalizado, los grandes capitales bancarios son los que ms se han beneficiado, incluidos los de todos los pases reformistas (los bancos del sistema nunca ganaron tanto como con estos planteos neoliberales, defendidos finalmente tambin por los gobiernos de centro-izquierda). Si alguien sali corriendo hacia Miami espantado por el comunismo que se viene, fue una timorata clase media, siempre manipulada y mal informada. Ninguno de los grandes grupos econmicos de alguno de estos pases en estos ltimos aos (multinacionales en muchos casos, expandidos por toda Latinoamrica y resto del mundo: Telmex o Televisa de Mxico, Odebrecht o AmBev de Brasil, Techint o Arcor de Argentina, Falabella o CMPC de Chile, Grupo Polar en Venezuela, etc.) se vio perjudicado, amenazado de expropiacin o enfrentando reclamos de sus trabajadores que hicieran pensar en un prximo paso al socialismo.

Por qu ahora van cayendo o pueden estar prximos a caer los planteos redistributivos? Porque se agot la bonanza econmica de algunos aos atrs (la crisis capitalista mundial no perdona), y ahora hay menos para repartir. En el caso venezolano especficamente, porque hay proyectos globales para bajar los precios del petrleo, reduciendo de ese modo sus divisas, imponiendo climas de agobio econmico. Van cayendo porque desde que nacen, estas iniciativas reformistas tienen sus das contados, ms all de la pasin que puedan mover, las esperanzas que puedan abrir. O se radicalizan, o caen. La experiencia lo demuestra. El nico experimento socialista que se mantuvo y se ampli en Latinoamrica, porque realmente se radicaliz, fue Cuba. La Revolucin Sandinista de Nicaragua, incluso, en su intento de convivencia pacfica con el imperio fue cediendo cada vez ms. Ver dnde est Nicaragua en este momento es indicativo de lo que eso signific (con uno de los ndices de pobreza ms altos en el continente, an con un ex comandante guerrillero de presidente).

Hugo Chvez movi pasiones (y las sigue moviendo, en tanto Comandante eterno Comandante eterno dentro de un modelo socialista?, no cuadra, verdad?). Pero no se trata de mover pasiones, de clientelismo poltico, de campaas asistencialistas. Con eso se puede mantener durante un cierto perodo la ilusin de cambio, de preocupacin por los humildes y excluidos, pero eso tiene sus lmites. Incluso, los tiene muy cercanos. De ah que todos estos procesos, sabiendo que se desenvuelven en el medio de una fabulosa, sangrienta, tremenda guerra llamada lucha de clases, no pueden remontar vuelo y proponerse cambios sustanciales si no es tomando distancia de sus races, de su pasado histrico.

Hoy pareciera que estamos tan ganados por el omnmodo discurso neoliberal privatista que nos cuesta creer en nuestras propias fuerzas como campo popular. La fuerza de la cooptacin, indudablemente, no es poca: nos ha torcido el brazo en muy buena medida, y para algunos tener un gobierno decente es ya un avance. Quiz, pero seguramente podemos ir ms all.

Hacer la consideracin de posibilismo, de ubicacin con los pies sobre la tierra, pareciera una forma de justificar el reformismo en ciernes, negador de cambios ms profundos. Si seguimos pensando que un cambio real es algo ms que lo cosmtico, algo ms que repartir con alguna equidad las migajas que no consumen los sectores acomodados; si seguimos pensando que, como dijera Marx: no se trata de reformar la propiedad privada, sino de abolirla; no se trata de paliar los antagonismos de clase, sino de abolir las clases; no se trata de mejorar la sociedad existente, sino de establecer una nueva, estos pasos tibios son apenas una puerta de entrada. Si pensamos que la dignificacin del ser humano es algo ms que cobrar un salario decente, hagamos nuestra aquella mxima del Mayo Francs de 1968 que reclamaba: Seamos realistas: pidamos lo imposible.

Estos gobiernos de centro-izquierda caen, en definitiva, porque no tienen la ms mnima posibilidad de imponerse, y ms temprano que tarde el sistema tiene cmo sacudrselos. Antes, con golpes militares; ahora, con este nuevo ardid de la lucha contra la corrupcin. En Latinoamrica la corrupcin nos envuelve culturalmente, por eso es tan fcil sealarla siempre. Por eso, para un cambio genuino, el autntico enemigo a vencer no es la corrupcin, sin la injusticia. Para la construccin de alternativas es bastante evidente que tenemos que ir ms all de la institucionalidad fijada: dentro de estos estrechos mrgenes parece que no es posible ms que un capitalismo mejorado, abuenado. Y eso no lleva muy lejos parece. Una vez ms: Seamos realistas: pidamos lo imposible.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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