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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-05-2016

Precarios o laicos?

Santiago Alba Rico
La Calle del medio


Qu es lo contrario de precario? Firme, estable, seguro. O laico? Recordemos que el trmino precario se cruza a travs del latn con el verbo italiano pregare, que en espaol quiere decir rezar o rogar y est etimolgicamente emparentado asimismo con plegaria. Precario es, por tanto, el que vive de plegarias, el que sobrevive rogando o rezando, el que no depende de s mismo para mantenerse con vida. La precariedad define la condicin religiosa de un ser humano frgil y necesitado de los dems, pero no puede extenderse al terreno poltico y social sin desmentir el carcter laico y republicano de nuestras instituciones. Soy precario como existencia mortal, s, pero no puedo serlo ni como trabajador ni como ciudadano, salvo que acepte un dios -una instancia exterior omnipotente- como fuente de mi sustento y de mis derechos.

La precariedad, como sabemos, se va imponiendo en tres ejes fundamentales. El primero es el ecolgico. Escriba Marcel Proust que con el Tiempo pasa como con la rotacin de la Tierra, que no percibimos su movimiento; y Franz Kafka deca sobre el curso de la vida que creemos que caminamos cuando en realidad caemos. Alguien ha notado la desaparicin de 27.000 ros en China en los ltimos cincuenta aos? O la de 27 especies animales -entre ellas el bucardo o el sapo dorado- en las dos ltimas dcadas? O la oscilacin masiva del eje del planeta como consecuencia del cambio climtico? Nunca las condiciones de supervivencia de la humanidad haban estado ms amenazadas, y ello como consecuencia precisamente de la intervencin humana; y nunca los individuos -o al menos los ms responsables de esta precariedad- se haban sentido ms seguros. La mitad del planeta que vive en el mercado y no en el suelo, atornillada a un imaginario de renovacin permanente y de reposicin ilimitada de recursos, se cree a cubierto de toda amenaza y acreedora de una especie de derecho a la inmortalidad; y su seguridad engaosa alimenta la fragilidad global.

El segundo eje de precariedad es el laboral. En un mundo en el que hay ms de 200 millones de desempleados y en el que la robotizacin obliga ya a distinguir entre empleo y trabajo y a emancipar el salario del empleo, el 75% de la poblacin activa trabaja de manera informal e inestable, con porcentajes de hasta el 90% en Bolivia, Per, China e India. La situacin no es mucho mejor en Europa, y es particularmente alarmante en Espaa, donde los contratos temporales, con una duracin media de 53 das, alcanzaron en 2015 la cifra astronmica de 17 millones, afectando a un 36% del empleo registrado. Lo extrao es que, en una situacin semejante, no slo haya una irrisoria cantidad de protestas y revueltas sino que, all donde pueden hacerlo, los trabajadores precarios -los que viven de plegarias y de ruegos- votan, como buenos rehenes, a los responsables de su precariedad. El caso de Espaa es tambin proverbial en este sentido: en el pas con ms paro y ms corrupcin de la UE, ms de 7 millones de espaoles dieron la victoria electoral al derechista Partido Popular. Es difcil no asociar esta indiferencia ante la propia precariedad a la penetracin cultural del mercado: a la asuncin natural -es decir- del mercado laboral como clculo de vidas (por citar a Hayek) y con el imaginario mercantil y sus pautas de consumo como vertedero de todas las ambiciones y todos los deseos.

Pero hay un tercer eje de precariedad. Tenemos el temblor del aire, que pocos advierten y mata ros y ranas, y tenemos el temblor del pan, que sus vctimas asumen con naturalidad. Y tenemos tambin -digamos- el temblor mental, en virtud del cual, en el ao 2016, en un marco social altamente tecnologizado, con naves en el espacio y pasmosos registros de ondas gravitacionales, a pesar de internet y de los avances contra el cncer, la humanidad est menos segura que nunca de lo que debe creer, de lo que debe pensar y de lo que debe saber. En mi ltimo artculo hablaba del nihilismo de la sensacin; pues bien, esta precariedad del conocimiento, que acaba pudiendo demostrar y refutar cualquier cosa, es inseparable de la definicin misma del nihilismo, segn una frmula que me atrevo a sugerir aqu: nada puede ser conocido, todo merece ser destruido, frmula en la que las dos proposiciones no mantienen entre s una relacin de coordinacin sino de yuxtaposicin. Quiero decir que lo que afirma el nihilismo, y de ah su peligrosidad, es que puesto que nada puede ser conocido, todo puede ser destruido. Si no se puede conocer la verdad del mundo, ni la realidad del hombre, el mundo y el hombre estn completamente desprotegidos; y nuestra tentacin es empujarlos al vaco. Hoy los seres humanos somos particularmente vulnerables porque no sabemos qu podemos ni qu debemos saber y, por lo tanto, acabamos desconfiando de todo y confiando, por eso mismo, en cualquier cosa .

La precariedad del conocimiento tiene una dimensin muy evidente relacionada con los medios de comunicacin. Es lo que Ignacio Ramonet ha llamado inseguridad informativa, que conduce por igual al escepticismo y a la credulidad. Si no podemos fiarnos de los medios de comunicacin, terminamos por desconfiar de todas las evidencias y considerando evidentes, por contraste, todos los ruidos y todas las conspiraciones. Pero la inseguridad informativa, que es una de sus fuentes, se inscribe en una precariedad ms amplia y, se quiere, ms radical, como resultado de la -por otro lado saludable- desacralizacin del mundo. El problema es que no ha sido ni la ciencia ni la razn -ni la compasin humana- la que ha despojado al mundo de su prestigio -la que ha despojado al mundo de su mundo- sino el relativismo acuciante del mercado. Cmo decirlo? El escepticismo es el umbral de la credulidad y, si no creemos en nada, entonces estamos en peligro de creer en lo que sea (al igual que los pollos consideran su madre al primer objeto con el que entran en contacto al nacer). Durante siglos la fe nos ha protegido de la supersticin: Dios, por decirlo as, nos ha protegido de la astrologa y, en el terreno social, la lucha de clases nos ha protegido de los extraterrestres. Quizs Dios no era una buena idea y quizs la lucha de clases no era un concepto bien afinado, pero Dios no ha sido sustituido por Darwin ni la lucha de clases por un concepto ms explicativo y movilizador. A las preguntas qu podemos conocer y qu podemos creer ha respondido el mercado con una rapsodia de identidades cortas, placeres intensos y creencias desechables e intercambiables. Nunca -desde el final del imperio romano- la sociedad ha sido ms escptica respecto de la razn y ms crdula respecto de los Annunakis o del Talismn de los Siete ngeles.

La precariedad del conocimiento, que erosiona el mundo que el mundo lleva dentro, genera y alimenta la credulidad. La credulidad, lo sabemos, es un gran negocio. El imaginario mercantil, fuente de nihilismo, convierte el nihilismo en una fuente mayor de beneficios. Digamos que convierte en capital los propios efectos desestabilizadores del capital. Es difcil encontrar datos globales, pero en los ltimos aos la proliferacin de videntes y curanderos ha convertido las consultas psquicas, por telfono o incluso en televisin, en el ms rentable fraude legal de la crisis global. El 50% de los estadounidenses -muchos sin seguro mdico- recurre, por lo dems, a la medicina alternativa, que mueve ms de 35.000 millones de dlares al ao.

Paradjicamente el mismo mercado que ha desacralizado el mundo lo ha vuelto precario, es decir religioso. Esta triple precariedad -ecolgica, econmica y mental- confa nuestro sustento y nuestros derechos a una instancia exterior, pero tan caprichosa e imprevisible que no es de extraar que, frente a ella, la tentacin del fanatismo recupere las versiones ms rotundas y normativas del Dios monotesta, bblico o islmico. Contra la precariedad del mercado y la seguridad contrapuntstica del fanatismo (dos formas de religin), sera quizs mejor desempolvar y afinar la lucha de clases -o como queramos llamarla- y reivindicar un mundo realmente laico y republicano. Y conservar nuestras supersticiones, inevitables y a veces hermosas, para el amor y para la muerte, que en cualquier otro mundo posible seguirn demandando nuestras plegarias.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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