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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-05-2016

Esa tomadura de pelo de los ninis

Alberto Quinez
Rebelin


En las ltimas dcadas, los organismos multilaterales de cooperacin y la academia norteamericana principal pero no nicamente, porque en el terreno hay otros actores que le hacen el juego-, han venido desarrollando el estudio de las nuevas problemticas de los pases en vas de desarrollo, nuevo mote de los pases subdesarrollados y de los pueblos oprimidos, explotados, saqueados y marginados en el plano de la expansin imperialista y de la configuracin de un sistema mundial de valorizacin del capital.  

El eufemismo de los pases en vas de desarrollo, debera ya lanzar una alerta sobre el pblico en general y, sobre todo, sobre el cientista social acerca de que en el discurso ofrecido como cientfico, es decir, validado por los criterios actuales e impuestos- de objetividad, operan en realidad formas de enmascarar la realidad misma (o al menos, la realidad esencial de las cosas) y, a la vez, de marginar los desarrollos tericos que en su momento han explicado, con mayor profundidad y con miras ms amplias y complejas, tales problemticas.

Tales estudios lejos de develar, de traer a la luz, arrojan un velo sobre la realidad. Embozan doblemente porque su objetivo no es slo retrotraer del estudio profundo, causal, de un fenmeno, hacia la descripcin superficial y la correlacin fortuita de las variables que dicho fenmeno involucra. No slo es eso, repito, porque el objetivo ms que epistmico es poltico: la configuracin de una episteme con su propio lenguaje y sus propias reglas, con sus estndares y sus jueces- es el hecho premeditado para establecer un proyecto poltico al cual aquella responde. Una ciencia que esconde los nodos esenciales de la realidad es una ciencia que se niega a la transformacin. Una ciencia que se construye con eufemismos baratos es una ciencia que ni siquiera est comprometida con la labor crtica del pensamiento.

En ese marco, que he delineado de forma quiz muy esquemtica, aparece como sacado de la manga de la camisa el problema de la poblacin joven [1] que no tiene acceso ni a educacin ni a empleo. La ciencia indigente ha sugerido o impuesto- uno de esos neologismos venido de las cortes de las nomenclaturas idiotas: ninis. Jvenes que ni estudian, ni trabajan. No tengo el dato exacto de la mente brillante que acu dicha categora. Lo que s s, es que siglo y medio antes ya Marx estableca como tendencia secular del capitalismo la creacin de una masa demogrfica en situaciones de exclusin. Lo que s s, es que el mismo Marx llamaba a esta masa superpoblacin relativa en su connotacin demogrfica. Y s, adems, que para ver ms all del fenmeno puramente demogrfico, Marx desarroll la categora de ejrcito laboral de reserva, que no slo alude a la existencia de una masa excluida sino que lo relaciona con el proceso de acumulacin capitalista, es decir, con la dinmica econmica.

El problema con Marx es que devela, arranca sin amabilidades hipcritas el velo de las relaciones de trabajo en la sociedad capitalista, exponiendo en carne viva el proceso de valorizacin del capital como un proceso de explotacin de la fuerza de trabajo, es decir, la apropiacin sin correspondencia de la realizacin del valor de uso de tal fuerza de trabajo por parte de aquel que brinda empleo (el capitalista), y que no genera este empleo por caridad o por inercia, lo hace para valorizar (es decir, extraer ganancias de) una masa de recursos determinada. Este proceso, siguiendo a Marx, exige que los diferentes capitales individuales que compiten en el mercado intenten innovar sus mtodos de produccin, siendo la tecnologa el principal elemento que permite minimizar costes laborales e incrementar la productividad del trabajo. En la sustitucin de fuerza de trabajo por capital constante, es decir, en el aumento de la composicin orgnica del capital y de sus derivaciones demogrficas que, como ya ha sido dicho, lleva a la generacin de una superpoblacin relativa, hecho que adems permite disminuir salarios a niveles de subsistencia y que hacen de la superpoblacin relativa una masa funcional a la valorizacin del capital, es decir, un ejercito laboral de reserva, es en ello que deben buscarse las explicaciones de la situacin de exclusin juvenil, pero en tanto exclusin y no como un abanico fenomnico recin descubierto por una ciencia social indigente. Pero ver eso es ver demasiado e invita a mover demasiadas piezas en el puzzle de unas relaciones sociales de produccin que nada tienen de juego pero s mucho de dominacin.

Uno de los colmos orgsmicos de la cuestin es que acadmicos, que por lo menos no esconden su filiacin ideolgica ni su adscripcin poltica, tienden a hacer del problema de la exclusin sistmica un problema de asimetras de informacin; la pauperizacin relativa, la marginacin y la exclusin y segregacin educativas, pasan a ser un problema de coste/beneficio que deben resolver los mal llamados ninis, tal como dej entrever una acadmica de una escuela superior de negocios, cuyo nombre no mencionar [2]. Esta posicin fue clara e incluso reiterada cuando a dicha acadmica le preguntaron, en un foro pblico [3], si a su consideracin el problema con la educacin era relativo a elecciones racionales y no a procesos de exclusin.

Tambin es deplorable que algunos de los programas esgrimidos desde el gobierno como punta de lanza para el tratamiento de la problemtica de la exclusin juvenil, resulte ser la financiacin por parte del Estado de un periodo de prueba para las y los jvenes contratados por primera vez. Es absurdo. Es seguir privatizando los recursos pblicos, que deberan ms bien ser socializados. La impertinencia de una medida as se demuestra por simple lgica, si la generacin de riqueza ha seguido creciendo, aunque sea a tasas magras, a la par que ha crecido la masa de poblacin joven desempleada, lo que ha ocurrido es un aumento de la tasa de plusvala, es decir, un incremento en la tasa de explotacin de la poblacin efectivamente empleada. Financiar con dinero pblico la contratacin o pre contratacin de poblacin juvenil significa subvencionar desde el Estado la rentabilidad de empresas que han ahondado sus procesos internos de explotar la fuerza de trabajo joven.

Pero parece que resulta obvio. En ausencia de referencias tericas, nos arrojamos al abrazo ciego de cualquier cosa medianamente estructurada para explicar los procesos de nuestra realidad. La moral de borregos que parece ser la fuente comn de la que bebe el funcionariado pblico, algunas organizaciones de la sociedad civil y la academia complacida con las payasadas del poder, les hace aplaudir y decir que s a cualquier mueco de paja que aparece en la palestra de nuestra ciencia social. Pues bien. Habremos de decir que no. No. Por resistencia, por justicia, por dignidad.


Notas

[1] En trminos generales, por poblacin joven se entiende a la poblacin cuyas edades oscilan entre los 15 y los 24 o 29 aos, segn el criterio que se tome como referencia. Esta caracterizacin puede sufrir complicaciones si se analizan los marcos normativos que positivizan el hecho sociolgico y demogrfico de ser joven, pero es un anlisis que aqu no nos importa para los fines del artculo.

[2] S lo mencionar y por una razn sencilla: porque tal declaracin merece ser debatida y ojal quienes enarbolan este ideario obcecado de inhumanidad tuvieran la apertura para un debate real sobre este y otros problemas, y no slo la disposicin a montar un monologo mal hecho, frente a otros actores de la vida nacional. Las declaraciones fueron dadas por Ada Lazo, economista de la ESEN.

[3] Presentacin del estudio Los jvenes NINI en El Salvador de Fundaungo, el 12 de mayo de 2016, en donde Ada Lazo particip como comentarista.

 

Alberto Quinez, Miembro del Colectivo de Estudios de Pensamiento Crtico (CEPC).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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