Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2016

Apuntes para una comprensin de la coyuntura histrico-poltica en curso [I]
Las nuevas derechas y la contrarrevolucin latinoamericana

Adrin Sotelo Valencia
Rebelin


 

Los modernos golpes de Estado parlamentarios, legales o constitucionales en Amrica Latina son el resultado de una conspiracin sistemtica, coherente, planeada y articulada por las derechas del continente con la accin contrainsurgente, abierta o velada, del gobierno de Estados Unidos.

El 22 de noviembre de 2015 el candidato de centro-derecha, Mauricio Macri, se alz con la victoria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales al derrotar por un estrecho margen al aspirante oficialista, Daniel Scioli, candidato del kirchnerismo. El 6 de diciembre de 2015 se celebraron elecciones parlamentarias en Venezuela en todos los escaos de la Asamblea Nacional Unicameral, mediante votacin universal, directa, personalizada y secreta con representacin proporcional. Los diputados electos durarn cinco aos en el ejercicio de sus funciones por un perodo constitucional comprendido entre el 5 de enero de 2016 y el 5 de enero de 2021. En esta ocasin la derecha parlamentaria se adjudic la mayora en el Congreso con lo que le confiri un duro golpe al chavismo y al gobierno bolivariano y que ha utilizado para intentar constantemente desprestigiar al presidente, sabotear los planes gubernamentales y auspiciar por todos los medios la violencia, el desconcierto y el caos entre la poblacin que, junto a la crisis econmica, coadyuven, entre otras acciones, a promover y legitimar la intervencin militar desde el exterior por ejemplo por el paramilitarismo desde Colombia o por las tropas intervencionistas de Estados Unidos, ambas acciones, por lo pronto, dirigidas contra la Repblica Bolivariana de Venezuela en el marco una reedicin y actualizacin de la Operacin Cndor diseada por las dictaduras militares y el gobierno norteamericano en los aos setenta y ochenta del siglo XX.1

El 21 de febrero de 2016, en Bolivia, el presidente Evo Morales perdi las elecciones en el referndum y el Tribunal Supremo Electoral del pas decret el triunfo de la oposicin lo que impedira realizar la reforma a la Constitucin para que el presidente y su vicepresidente, lvaro Garca Linera, pudieran ser nuevamente candidatos en 2019. Problemas con el alto mando militar en Ecuador y la investigacin judicial en curso por presunta corrupcin contra el ex-presidente Lula, as como la aprobacin por el Senado el 6 de mayo del "Impeachment" contra la presidenta Dilma Rousseff en Brasil con el objeto de destituirla por haber incurrido en supuestos "crmenes de responsabilidad" y el 12 de mayo con la admisibilidad del juicio poltico y la separacin por 180 das del cargo hasta la resolucin definitiva por el Senado del pas.

Estos son algunos acontecimientos que se esgrimen, y en muchas ocasiones maximizan, en los medios de comunicacin para solventar la tesis del "fin" del ciclo de los gobiernos progresistas de Amrica Latina que, adicionalmente, estara cobrando fuerza con las negociaciones de los "acuerdos de paz" en Colombia entre la guerrilla y el gobierno, as como con el reciente establecimiento de relaciones diplomticas entre Cuba y Estados Unidos sobre lo cual giran diversas interpretaciones polticas.

Ciertamente que en funcin del anlisis profundo y crtico este cmulo de acontecimientos no se puede menospreciar e ignorar en la lgica de que "aqu no pasa nada" y que todo ello es slo una coyuntura desfavorable, circunstancial, que "pronto pasar" y ser revertida por el fracaso de las polticas de las derechas y las luchas sociales de los movimientos populares y de los trabajadores descontentos ante el nuevo orden neoliberal que se viene restituyendo e imponiendo prcticamente en toda Amrica Latina con el concurso, abierto o velado, del gobierno norteamericano.

Despus de ms de tres lustros en que se constituyeron gobiernos de signo anti-neoliberal que pusieron en el centro de sus polticas econmicas el despliegue de programas sociales de beneficio para las grandes mayoras de la poblacin y de mejoramiento de la estructura de la distribucin de los ingresos, hoy parece resurgir una nueva ola de procesos y de fuerzas polticas retrgradas que, enarbolando la "bandera del cambio y de la renovacin", se han dado a la tarea de restituir el viejo andamiaje de las polticas neoliberales puestas en marcha en el mundo en el curso de las dcadas de los ochenta y noventa del siglo pasado.

Indagar las causas que provocaron esta situacin, evidentemente desfavorable para las grandes masas populares, para los trabajadores y, en general, para la mayora de la ciudadana, es una tarea compleja que requiere hacer algunos comentarios que contextualicen este proceso, con el objeto de valorar su permanencia y continuidad, as como las posibles alternativas que pudieran existir para superarla.

Una primera problemtica manifiesta de los llamados gobiernos progresistas latinoamericanos consiste en una profunda contradiccin entre sus propuestas de impulsar cambios favorables para las grandes mayoras sociales la vigencia del sistema capitalista y sus patrones de reproduccin sustentados en las categoras sustanciales de dicho sistema como son la existencia de la propiedad privada de los medios de produccin, de la tierra, de los productos de consumo, as como la realidad de la explotacin ejercida por la clase dominante y el capital para obtener de sus trabajadores valor y plusvala que les redite ganancias que favorezcan sus intereses de clase y, por supuesto, los reproduzcan.

Obviamente que, a diferencia de pases como Mxico, Per o Colombia cuyos gobiernos y Estados son francamente neoliberales y estn comandados por las grandes empresas trasnacionales, el gran capital internacional y la lgica de los intereses geopolticos y estratgicos del Estado norteamericano, en los pases denominados progresistas, aunque con diferencias, aquella contradiccin choca de frente y se mantiene en permanente tensin con las polticas pblicas que implementan los gobiernos relativamente favorables para las mayoras de la poblacin histricamente excluidas de los beneficios del desarrollo as como con las polticas neoliberales que fueron vigentes antes de su constitucin, es decir, desde la dcada de los ochenta del siglo anterior. De tal suerte que, mientras que por un lado se despliegan programas de mejora en la distribucin del ingreso, por ejemplo, a travs de aumentos salariales y de programas sociales en el rea de vivienda, educacin, alimentaria o de salud, por otro lado, se consiente el derecho de las clases dominantes de usufructuar porciones importantes de la plusvala social generada por los trabajadores y, en general, por las clases productoras de la riqueza.

Evidentemente que no podemos encuadrar bajo el epteto de "gobiernos progresistas" a todas las experiencias vigentes hoy en da en Amrica Latina desde Argentina, Brasil y Uruguay, pasando por Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua hasta alcanzar a l Salvador. Las diferencias son histrico-sociales, territoriales, culturales, demogrficas y de tradiciones de lucha popular; corresponden tambin a la peculiaridad de las luchas de clase internas, as como a la relacin que se establece entre Estado, gobierno y movimientos populares y revolucionarios que naturalmente reivindican sus demandas y sus intereses de clase tanto frente al Estado, como al capital y, en general, frente a las clases dominantes en cada situacin y coyuntura poltica.

La crisis, en el fondo, deriva del hecho de que, frente a esta situacin de tolerancia por parte de las fuerzas, proyectos y partidos polticos que constituyen el engranaje de las llamadas fuerzas progresistas hacia los intereses del capital y de las derechas interactuantes en la sociedad y en la poltica de dichas sociedades, estas ltimas fuerzas han sabido asimilar perfectamente bien esta realidad que no amenaza su existencia, aun bajo la radicalidad de gobiernos aparentemente ms decididos a impulsar el "socialismo del Siglo XXI", como es ntidamente el caso del gobierno bolivariano de Venezuela encabezado por el presidente Nicols Maduro y el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV).

En alguna ocasin el intelectual brasileo Ruy Mauro Marini escribi que el reformismo era la antesala de la contrarrevolucin debido a que se atreva a sacudir los cimientos de la sociedad burguesa, sin embargo, sin destruirla y superarla, por lo que preservaba lo substancial de sus atributos y contradicciones. Evidentemente que el autor en ese momento se confrontaba con las tesis e ideologas de los partidos comunistas y socialistas que promovan la "va pacfica al socialismo" y la transicin a travs preferentemente de elecciones parlamentarias. Se sabe, sin embargo, que sto no fue posible y el golpe de Estado perpetrado por los militares chilenos en septiembre de 1973 se encarg de demostrarlo.

Algo similar est ocurriendo hoy en da aun en el nuevo escenario donde los protagonistas evidentemente han cambiado desde que esas afirmaciones fueron hechas en la dcada de los setenta del siglo pasado. Ninguna de las experiencias de los gobiernos progresistas en curso ha concluido en la instauracin del socialismo en tanto modo de produccin, de vida y de trabajo, o de cualquier otra forma anticapitalista, como tampoco ha dado pasos firmes en esa direccin. Esos gobiernos han capturado el poder del Estado, que, sin embargo, permanece capitalista y neoliberal, con sus instituciones intactas, tales como los medios de comunicacin, los sistemas judiciales, las constituciones polticas, las configuraciones territoriales, el derecho, las leyes y la jurisprudencia que, en substancia, contemplan y mantienen los intereses de la sociedad capitalista y, ms an, de la sociedad dependiente que, en rigor, lo sigue siendo en funcin de la economa internacional y de los grandes poderes hegemnicos y polticos del capitalismo y del imperialismo dominantes.

Desde el triunfo de Hugo Chvez en las elecciones presidenciales de Venezuela en diciembre de 1998 se dio una continuidad que inaugur lo que podemos denominar proceso rupturista post-neoliberal que en realidad debera ser la primera era progresista en Amrica Latina despus de la imposicin del neoliberalismo ortodoxo a partir de la dcada de los ochenta del siglo pasado que continu con el gobierno de Nstor Kirchner en 2003 y de Lula en Brasil en este mismo ao; de Tabar Vzquez (2005) y Jos Mujica (2010) en Uruguay; de Evo Morales y el MAS en Bolivia (diciembre de 2005); de Rafael Correa (15 de enero de 2007 ) en Ecuador y de posteriores experiencias como la de El Salvador bajo el gobierno de Mauricio Funes en 2009 y de Salvador Snchez Cern en 2014, ambos del FMLN, entre otros. Gobiernos que, en el espectro poltico, se caracterizan por su carcter de "centro-izquierda" y que se desempean dentro del paradigma del capitalismo dependiente y subdesarrollado, con un despliegue de polticas neodesarrollistas de marcado carcter nacional y popular que los diferencia ciertamente de los gobiernos francamente neoliberales y de la derecha ortodoxa y heterodoxa a la luz de su estrecha ligazn con movimientos indgenas, de campesinos, de trabajadores, estudiantiles e incluso de las clases medias. Sin embargo, no descartan hacer alianzas polticas de colaboracin de clases con las oligarquas y el capital privado nacional y extranjero y, an, con las empresas trasnacionales, pero quizs con un mayor control del que resulta del dominio espacio-temporal del paradigma neoliberal que deja completamente el proceso econmico al libre juego de las fuerzas del mercado y reduce al Estado a desempearse como un simple garante y ejecutor de esas polticas antipopulares y pro-imperialistas tan caras a nuestros pueblos y a las clases trabajadoras de la regin.

Lo importante a destacar dentro de este contexto histrico y poltico es el hecho de que todos esos gobiernos que se han popularizado como progresistas, anti neoliberales o post neoliberales no pudieron romper, no lo hicieron, ni lo han hecho hasta la fecha por diversas razones con los modos de produccin capitalistas ni con las relaciones sociales que les corresponden, as como con las clases antagnicas y pro imperialistas que hoy disputan el poder poltico del Estado y que de alguna manera lo vienen logrando, como en Venezuela, donde la oposicin conquist la mayora en el parlamento; en Argentina, donde la coalicin de la derecha encabezada por el actual presidente Mauricio Macri triunf en las elecciones presidenciales y, recientemente, en Brasil mediante el golpe de Estado parlamentario y "legal" perpetrado por las fuerzas de la derecha conducidas por los partidos dominantes tradicionales del PMDB y el PSDB contra el gobierno constitucional y legtimo de la presidenta Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores (PT). Pero no hay que olvidar, a ste respecto, que el PMDB, partido de Cardoso y de Temer, constituy la base de la alianza que llev al poder al PT y de donde eman, al decir de Francisco de Oliveira, la formacin de una nueva fraccin burguesa durante los gobiernos de Lula-PT que no hizo ms que compartir el poder y entrar al reparto de la plusvala y de la riqueza entre los connotados miembros del gobierno y de los partidos polticos.2

Los modernos golpes de Estado y sus diferencias con los del pasado

Conviene detenernos por un momento en el significado contemporneo del golpe de Estado que se viene implementando en los ltimos aos en Amrica Latina contra los llamados gobiernos progresistas.

En primer lugar debemos sealar que en la historia poltica latinoamericana el golpe de Estado constituye la culminacin de un proceso contrarrevolucionario en contra de los movimientos de masas y de las fuerzas revolucionarias que luchan por conquistar el poder.

De acuerdo con Marini, las dictaduras militares que afloraron en Amrica latina en el curso de las dcadas de los aos sesenta y setenta del siglo pasado se caracterizaron por tres vertientes:

a) La configuracin de la doctrina de contrainsurgencia bajo el gobierno norteamericano de John F. Kennedy, caracterizada por un enfrentamiento global contra los movimientos revolucionarios desplegada en tres planos: el aniquilamiento, la conquista de las bases sociales y la institucionalizacin mediante la cristalizacin en el Estado de contrainsurgencia.

b) La segunda vertiente consiste en la modificacin del bloque dominante de poder que consiste, siempre segn Marini, en la integracin imperialista de los sistemas productivos bsicamente al sistema productivo y al ciclo econmico norteamericano que se solda mediante las inversiones directas del capital extranjero, la dependencia tecnolgica y financiera particularmente en el perodo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Cuestin que genera una burguesa dependiente de carcter monoplica ligada a la burguesa imperialista y, especialmente, en ese perodo, a la norteamericana.

c) Por ltimo, la tercera vertiente o causa de la contrarrevolucin latinoamericana consiste en el ascenso de los movimientos de masas y revolucionarios en el curso de los aos sesenta.

Estas tres vertientes se resuelven en el establecimiento de un Estado de contrainsurgencia que prcticamente se va a proyectar hasta mediados de la dcada de los ochenta del siglo pasado con el advenimiento de los llamados procesos de democratizacin que solventarn el arribo de gobiernos civiles, constitucionalistas y parlamentarios que prevalecen hasta nuestros das. Es decir, tenemos un a) inicio del proceso contrarrevolucionario caracterizado por la desestabilizacin de los sistemas polticos, b) que contina en el golpe de Estado y c) se resuelve con la instalacin de la dictadura militar. De esta forma, al decir de Marini,

"El Estado de contrainsurgencia es el Estado corporativo de la burguesa monoplica y las Fuerzas Armadas, independientemente de la forma que asuma ese Estado, es decir, independientemente del rgimen poltico vigente. Dicho Estado presenta similitudes formales con el Estado fascista, as como con otros tipos de Estado capitalista, pero su especificidad est en su peculiar esencia corporativa y en la estructura y funcionamiento que de all se generan".3

El posterior arribo de la democracia parlamentaria o de la institucionalizacin de las "democracias restringidas", "gobernables" y "viables" en Amrica Latina ser la caracterstica que comenz a operar a partir de mediados de la dcada de los setenta del siglo pasado con el gobierno de James Carter en Estados Unidos, y que se generalizar en el curso de los ochenta y noventa hasta la actualidad, en torno del cual se van a desarrollar los primeros gobierno civiles del perodo de la post-dictadura.

Al respecto, dice Marini:

"La preocupacin norteamericana que, por lo dems, trascenda a Amrica Latina para extenderse a los mismos pases avanzados se traduca en la bsqueda de principios y mecanismos que proporcionaran gobernabilidad a las democracias, segn la frmula de uno de los idelogos en boga, Samuel Huntington. En la versin que le dio el Departamento de Estado, el concepto de 'democracia gobernable' dio lugar a la consigna de 'democracia viable', entendida como un rgimen de corte democrtico-representativo tutelado por las Fuerzas Armadas. Observemos que ese modelo no constitua una verdadera ruptura con la doctrina de la contrainsurgencia, la cual estableca que, tras las fases de aniquilamiento del enemigo interno y de reconquista de bases sociales por las Fuerzas Armadas, debera seguirse una tercera fase, destinada a la reconstruccin democrtica".4

Golpes blandos, golpes parlamentarios o jurdico-institucionales

Esta "reconstruccin democrtica", aunada a la poltica de los "derechos humanos", promovida por el Departamento de Estado desde la poca de James Carter, constitua en la prctica una camisa de fuerza para impedir, por un lado, la reemergencia de las dictaduras militares y, por el otro, la radicalizacin de las masas y del proceso revolucionario que condujeran a la conquista del socialismo y del comunismo. De alguna manera este ltimo objetivo de contencin se logr en los pases progresistas si lo vemos desde la perspectiva que, si bien se cumplieron algunas tareas democrticas y de justicia social, por otro lado, se impidi la radicalizacin de los procesos revolucionarios que planteaban una salida antiimperialista y anticapitalista al socialismo. En este sentido el caso ms ilustrativo en la actualidad es el de los acuerdos de Paz que se estn negociando en La Habana entre las FARC-EP y el gobierno neoliberal colombiano encabezado por el presidente Santos. Al dejar las armas evidentemente los ex-guerrilleros se incorporarn a la vida civil y poltica del pas dejando intacto el sistema capitalista dependiente y sus bases de reproduccin y de valorizacin del capital, amn de sopesar en el futuro cmo quedar el problema del paramilitarismo tan activo en la sociedad colombiana.

Bajo este marco, la primera diferencia de los actuales golpes de Estado, suaves, institucionales o tambin denominados parlamentarios, respecto a los del pasado perpetrados por los militares y la oficialidad castrense, deriva del hecho de las prcticas polticas por parte de los gobiernos y los movimientos populares porque rebasan los marcos impuestos por las democracias gobernables, restringidas y viales diseadas por Washington.

Una segunda diferencia hoy en da respecto a los golpes e intentos de golpe de Estado en Amrica Latina, radica en que se producen en pleno proceso de prevalencia de las democracias parlamentarias y donde no se hace necesaria por lo menos hasta ahora como mostraron los casos del derrocamiento de los presidentes Manuel Celaya en Honduras en junio de 2009 y de Fernando Lugo en el Paraguay mediante juicio poltico en junio de 2012 la intervencin directa de las fuerzas armadas, sino que la derecha y la burguesa echan mano de la misma institucionalidad burguesa (elecciones, sistemas judiciales, decretos presidenciales, promulgacin de leyes como la de la amnista para liberar de las crceles a los polticos presos, o el uso de la "revocacin del mandato" en Venezuela reclamada por la oposicin de la derecha y ultraderecha atrincherada en la Mesa de la Unidad Democrtica (MUD) aunada al uso de la violencia (como las guarimbas venezolanas) en el contexto de un extendido proceso de guerra econmica, psicolgica, financiera, de desprestigio de los presidentes y sus gobiernos que encabezan, as como del uso masivo y extendido de los medios de comunicacin y de las redes sociales para introyectar en la opinin pblica nacional e internacional la conciencia de la "necesidad del cambio" y de los beneficios que acarreara el arribo de nuevos gobiernos que, siendo esencialmente neoliberales como hoy en Argentina y en Brasil, se presentan ante la sociedad como portadores del cambio, de la democracia y de la defensora de los derechos humanos, por lo que "podran superar" sin indicar cmo y mediante qu mecanismos y procedimientos la "tragedia" y la "crisis" en que los gobiernos progresistas supuestamente habran sumido a sus pueblos. Toda una cantinela que, desafortunadamente, prende en algunos sectores de las masas populares y de las clases medias que terminan por adherirse al discurso ideolgico de la derecha y a sus promesas de cambio y bienestar social, que, obviamente, nunca se concretan cuando, en su lugar, se imponen las fulminantes polticas y reformas neoliberales como en la Argentina de Macri y seguramente en el Brasil de Temer y del tucanato.

La tercera diferencia que observamos, respecto a los tradicionales golpes del pasado, es que el inicio del proceso contrarrevolucionario promovido por la derecha y la ultraderecha latinoamericana en el contorno de la crisis estructural del capitalismo y de sus patrones de reproduccin sustentados en el extractivismo y en los intereses del agronegocio, marca la pauta para que las derechas desencadenen toda una campaa de desprestigio e incriminacin de los gobiernos progresistas como responsables nicos y directos de dicha crisis econmica y social, as como en la imposibilidad de resolver las grandes carencias de la poblacin en materia de salud, alimentacin, suministro de vveres, educacin y seguridad social. Para ello cuentan ampliamente con las cadenas nacionales e internacionales de los medios de comunicacin imperialistas y dominantes, as como con las redes sociales que estn completamente adheridos a sus acciones y estrategias contrainsurgentes y violentas.

Asimismo, una cuarta diferencia consiste en el hecho de que, en vez de que el proceso contrarrevolucionario contine en el golpe de Estado con la intervencin y presencia de las fuerzas armadas, reviste, como dijimos, un carcter parlamentario que simula la esencia golpista de las acciones contrarrevolucionarias perpetradas por la derecha. Por ltimo, en vez de que el golpe culmine con la clsica dictadura militar como la que se estableci luego del golpe de Estado en Brasil en 1964 o en Chile en 1973, el proceso se resuelve con el establecimiento de un gobierno de carcter civil, profundamente reaccionario, neoliberal, conservador articulado y coordinado con las prcticas contrainsurgentes y geopolticas del imperialismo norteamericano. Por ltimo, y lo que desde cierta perspectiva sociolgica y poltica asemeja los actuales golpes parlamentarios en curso con el fascismo, es que aqullos se revisten de un cierto contenido popular, democrtico, que le confieren algunos sectores de la poblacin y, de manera sintomtica, las clases medias a las derechas y a los gobiernos golpistas, como se observa ejemplarmente en el caso de Argentina y, tambin, en el reciente de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

A diferencia del control de los aparatos del Estado por los militares, en los gobiernos civiles neoliberales la gestin la realizan directamente los miembros de las derechas y de la lumpenburguesa dependiente (industriales, agronegocios, especuladores, exportadores o grandes comerciantes) para promover y reproducir tanto sus intereses de clase o de fraccin de clase como los del gran capital nacional y extranjero y los de los empresarios transnacionales.

Democracia y socialismo: dos caras de un mismo proceso

El problema fundamental que ha orillado la crisis capitalista y del sistema de dominacin que no ha dejado intocados a los gobiernos progresistas, es la visible concepcin de stos, de sus partidos y dirigentes, del carcter etapista que deben asumir los cambios y procesos estructurales e institucionales que deberan conducir al Socialismo del siglo XXI que no peca de una ambigedad conceptual en relacin con sus contenidos conceptuales y categoriales resumidos en el hecho de si se trata verdaderamente de un cambio del modo de produccin capitalista a otro socialista y anticapitalista o, bien, de una variante de capitalismo (dependiente) como pudieran ser el "capitalismo andino-amaznico" boliviano, la "revolucin ciudadana" de Ecuador o el de los 14 motores de la revolucin bolivariana en curso que no dicen ms respecto a la abolicin de la propiedad privada, de la explotacin y de las mismas clases sociales. He aqu la ambigedad, tambin, de la palabra "progresismo" que diluye la discusin del significado que, en la actualidad, tienen los conceptos de "izquierda y derecha"; revolucin y cambio social; capitalismo, socialismo y democracia. En este sentido Marini apunta que si bien la fase de democratizacin ocurre ante la crisis del sistema econmico y de las prerrogativas autoritarias del Estado de contrainsurgencia que, por cierto, no erradica los atributos esenciales del Estado capitalista que el autor denomina Estado del Cuarto Poder correspondiente a esta nueva etapa de la historia poltica latinoamericana dicha etapa, sin embargo, no podr extenderse de manera indefinida desde la perspectiva de los trabajadores y de los pueblos oprimidos.

De este modo,

" No hay ninguna razn para suponer que la lucha democrtica que libran hoy las masas populares latinoamericanas puede extenderse indefinidamente, permitiendo que, a cierta altura, se produzca el paso natural y pacfico al socialismo. Todo indica ms bien que la lucha democrtica y la lucha socialista se interesarn para los trabajadores en un solo proceso, un proceso de duro y decidido enfrentamiento con la burguesa y el imperialismo".5

En realidad se impuso una estrategia, que adoptaron las fuerzas de la izquierda y los gobiernos progresistas en Amrica Latina, consistente en reducir todo el proceso de lucha y de cambios en el mbito de la llamada democracia para, en una siguiente etapa y de acuerdo con las condiciones polticas y de la coyuntura, pasar a implementar el socialismo sin definir con exactitud sus contenidos y caractersticas. Aclaremos: no todos los representantes de los gobiernos progresistas se inclinaron por el llamado socialismo del siglo XXI, de manera fehaciente lo hizo Hugo Chvez y el actual mandatario venezolano. En Brasil el PT y sus voceros nunca se pronunciaron en esta direccin y, ms bien, siguieron una lnea de colaboracin de clases y de lucha social cimentada en los contornos del capitalismo y de los intereses del gran capital nacional y extranjero, pero impulsando una suerte de polticas neodesarrollistas cuyo agotamiento, por cierto, es una de las causas de que la derecha haya implementado el impeachment contra la presidenta Rousseff y su partido, en virtud de que ya no le son tiles para mantener el orden en el pas entre otras cosas aprovechando el clima de desprestigio desfavorable a la presidenta y a su gobierno en gran medida promovido por los medios de comunicacin no solamente antagnicos sino activos promotores del golpe de Estado y del cambio para reinstaurar el neoliberalismo en el pas.

Los dems gobiernos siguieron por la misma senda sin pronunciarse explcitamente por la consecucin del sistema socialista, sino proclamando polticas sociales y econmicas orientadas a combatir, pero no a erradicar, la pobreza, el desempleo y la inflacin. En su lugar, se impulsaron reformas constitucionales que en el mbito mismo del Estado capitalista en algunos aspectos ciertamente favorables para el inters nacional y popular, pero sin atentar contra los cimientos que constituyen el capitalismo y las sociedades burguesas: la propiedad privada de los medios de produccin y de la tierra, el derecho del capital a explotar, y apropiarse, el trabajo asalariado; la manutencin de las estructuras de clases sociales antagnicas y, en general, la insercin de esos pases dependientes y subordinados a la economa capitalista mundial, la cual impone sus intereses, en particular, de sus transnacionales mediante la dependencia tecnolgica, comercial y financiera.

El no haber adoptado desde un principio la lucha por el socialismo simultneamente con la democracia, particularmente en el periodo ms favorable para las economas latinoamericanas y, en particular, la de los gobiernos progresistas que fue el del fuerte aumento de los precios de las materias primas, de los alimentos y lo energticos, dado que la mayor parte de esos pases mantienen economas de naturaleza primario-exportadora, fue lo que desencaden un impasse que termin por favorecer a las derechas y ultraderechas del continente, particularmente, en la actual coyuntura internacional y latinoamericana de cada de los precios de los productos de exportacin, incluyendo los energticos. Situacin trgicamente visible en Venezuela donde el imperialismo y la oposicin al gobierno atrincherada en la Asamblea Nacional vienen implementando la violencia y una sistemtica campaa de ataques al gobierno constitucional del presidente Maduro para revocarlo del mandato presidencial; el desprestigio mediante el uso masivo de los medios de comunicacin impresos y electrnicos, as como de las redes sociales, y la negativa permanente a aprobar los proyectos gubernamentales encaminados a superar la profunda crisis econmica y de escasez que experimenta esa nacin sudamericana.

El proyecto geopoltico y estratgico del imperialismo norteamericano en Amrica latina, articulado con la accin contrainsurgente de las clases dominantes y de la derecha en la regin, ha obtenido logros fundamentales que muy difcilmente podrn ser revertidos en Argentina, en Venezuela y Brasil, y ya se preparan golpes fuertes contra Bolivia, Ecuador, Nicaragua y El Salvador.


Notas

1 Al respecto vase el artculo de ngel Guerra Cabrera, "Preparativos de intervencin militar en Venezuela ", en La jornada on line, http://www.jornada.unam.mx/2016/05/19/opinion/025a1mun , 19 de mayo de 2016.

2 Vse: Francisco de Oliveira, Crtica razo dualista/O ornitorrinco, So Paulo, Boitempo, 2003, p. 146 y 147.

3 Ruy Mauro Marini, "La cuestin del fascismo en Amrica Latina", Revista Cuadernos polticos no. 18, octubre-diciembre de 1978, p. 25.

4 Ruy Mauro Marini, "La lucha por la democracia en Amrica Latina", Cuadernos Polticos nmero 44, Ediciones Era, Mxico, julio-diciembre de 1985, pp. 3-11. Disponible en: http://www.marini-escritos.unam.mx/018_democracia_es.htm.

5 Ruy Mauro Marini, "La cuestin del fascismo en Amrica Latina", Ibid., pp. 28-29.


Adrin Sotelo Valencia, Socilogo e investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos de la FCPyS-UNAM.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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