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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-05-2016

La Patria posible

Enrique Ubieta
La isla desconocida


Todos los accesos al campo de batalla han sido minados. El campo es un crculo cerrado, y en l, un grupo de ofendidos apedrea al ofensor. Si te unes a los que lanzan piedras, defiendes la libertad de expresin, la diversidad; si tratas de defender el derecho a opinar, y reconoces algn atisbo de verdad en la opinin del que se pretende estigmatizar, eres un censor. Las advertencias son claras: el articulista que ha desatado la ira y propiciado el contraataque que, esperan ellos, constituya una leccin definitiva para todos los que piensan como l, es vil, mezquino, un ser de las sombras.

Algunos transentes de las redes, ajenos al verdadero contenido de la discusin, asumen como ciertos los eptetos. Otros que saben que el supuesto ofensor lleva razn, callan, porque no quieren ser estigmatizados. El apedreado es un intruso, alguien que fue declarado con desprecio, en una contienda de elevados intelectuales, como un no intelectual, un poltico: Por ms que el inspirador de este texto () tiene nombre, blog y pupila, no lo leo como una polmica entre dos intelectuales, porque no lo es: falta uno, escribe una comentarista. Si un intelectual expresa su acuerdo o su coincidencia de criterios con el Partido, es un poltico oficialista, y no entra en la zona de prestigio trasnacional.

Pero la sentencia discriminatoria no es exacta. El articulista atacado no est indefenso, esgrime argumentos profundos que quedan sin respuesta. A cambio, recibe insultos o manipuladoras evasivas. Es un revolucionario intelectual. Su texto incluye una larga cita de uno de los ms prestigiosos intelectuales cubanos, que no va en la direccin deseada por los aludidos, y es ignorada.

En la contienda participan los que surfean en la ola de los consensos de prestigio: viene la siguiente, y son expertos en montarse, en avanzar sin caer al agua, en hacerse visibles, aplaudibles. Jams cambiaran un consenso por una verdad, es muy costoso. Aunque saben, no me cabe dudas, diferenciarlos. Los medios (re)productores de consensos en el capitalismo nos hacen comprar cualquier cosa, incluso la idea de que el suicidio el capitalismo depredador es bueno, pero sabemos (todava sabemos) que no lo es. Suelen citarse estas palabras de Allan Dulles, el fundador de la CIA: Slo unos pocos acertarn a sospechar e incluso a comprender lo que realmente sucede. Pero a esa gente la situaremos en una posicin de indefensin, ridiculizndolos, encontrando la manera de calumniarlos, desacreditarlos y sealarlos como desechos de la sociedad.

La verdad, en trminos sociales, no puede ser ajena a la tica, a la justicia. Y un revolucionario no puede defender la corriente de moda, an si fuese acatada por la mayora de la poblacin, o de los jvenes, solo porque coyunturalmente la mayora lo piense; pero es costoso para el prestigio individual ir a contracorriente, y es sin embargo imprescindible, si somos o aspiramos a ser revolucionarios. En construir mayoras estpidas desde la ignorancia pura, pero tambin desde la tecnofilia o la falsa erudicin, como la llamaba Mart, de cualquier edad, se especializa el capitalismo. A veces es inevitable administrar consensos, pero un revolucionario debe, ante todo, construirlos.

Pudiera entrar a discutir un argumento o una frase del articulista villano, decir que estoy en desacuerdo con tal razonamiento suyo para que me perdonen el desacuerdo con sus adversarios, en fin, tomar distancia de los implicados, situarme en el medio, hacer poltica bastarda; pero eso me repugna. Prefiero atenerme a las esencias: estoy de acuerdo con Iroel Snchez, que escribe como ciudadano, y lo hace con la legtima pasin de los revolucionarios. Entremos pues en el tema de los centrismos.

II

La llamada desideologizacin, o dicho de otra manera, el desgaste social de la ideologa revolucionaria, que para existir tiene que hacerse consciente y reproducirse de manera continua a diferencia del proceso de reideologizacin conservadora, que puede transcurrir sin que el sujeto lo perciba, transforma la duda en escepticismo, en abandono. El individuo se acomoda en el centro, equidistante de los puntos emisores de contenidos: es el lugar aparentemente ms cmodo, ms seguro. La tesis es que todos tienen parte de razn (la razn libresca, de espaldas a la vida), y esa sola sentencia derriba el inters por la Revolucin. El desideologizado delega en los dems la actividad poltica, mientras recarga su nueva cosmovisin.

Cuba Posible se mueve con sigilo y atrae a este sector, mostrndose de la misma manera; usufructa el cinismo, pero no lo cultiva: necesita construir las nuevas creencias para la reconversin ideolgica, y coloca, sin prisa, sus rieles. Por el momento, disecciona como forense manipula e hiperboliza, ofrece sus propias conclusiones como inobjetables puntos de partida los males de nuestra sociedad, desde una aparente pluralidad de intenciones y doctrinas, de opiniones y consejos, que provienen los ms diversos orgenes; es su manera de eludir cualquier definicin ideolgica expresa: en ocasiones se acerca al lenguaje revolucionario, en otras, parece articularse en el reformismo socialdemcrata, a veces, en el ms tradicional liberalismo.

Si el capitalismo funciona de forma inconsciente a nivel de individuo, y el socialismo lo hace de forma consciente, entonces la desideologizacin nicamente afecta a este ltimo, lo desarma. Ideologizar en el socialismo es lo opuesto a una falsa conciencia; implica tomar conciencia de s, hacerse cargo de que existimos en un mundo, en una poca, donde pasado y futuro estn interrelacionados. La presencia de todas las doctrinas en el mercado, dispersa y anula la revolucionaria. Donde no hay ideologa visible, hay ideologa capitalista. Los fundadores de Cuba Posible han dicho que se oponen al empeo por imponer un proyecto de pas nico, sin tomar en cuenta las otras propuestas que existieran. Estbamos y continuamos estando convencidos de que el gran cambio que demanda actualmente la nacin implica todo lo contrario; o sea, la capacidad para que todos los proyectos puedan compartir el pas y construirlo juntos.

Sin embargo, en lo que verdaderamente importa y tiene sentido histrico, solo hay dos proyectos de pas. El de la justicia social y la independencia, y el del capitalismo neocolonial. Lo dems son caminos que conducen a uno u otro, acertados o fallidos. Quin dijo que el pluripartidismo implica en alguna parte la existencia de muchos y diferentes proyectos de pas? Alguien cree que en los Estados Unidos, en sus zonas de poder, cohabita ms de un proyecto esencial de pas? Claro que no es lo mismo Obama que Trump o que Sanders, o que la Clinton, pero por favor, alguien cree que alguno de ellos pretende o podra construir otro pas? Que nadie pretenda traernos de contrabando, como opcin posible, al capitalismo neocolonial.

El cinismo se siente, a pesar de todo, representado en Cuba Posible, porque este grupo construye espacios tericos descontextualizados, para denunciar las grietas que el contexto ha generado entre la realidad y el discurso.

Dos formas diferentes de encarar la realidad y su conceptualizacin tienden puentes: Cuba Posible (la teora) se hace acompaar de OnCuba (la descripcin minimalista). Ambos procuran golpear los espacios de prestigio de la Revolucin: la igualdad, la solidaridad, el herosmo. Ambos son funcionales a la dominacin imperialista, pero semejan ser radicales, rebeldes. No son crticos de lo mal hecho, de los desvos y errores de nuestra Revolucin ese es el mito de presentacin, porque se sitan ms all de ella, en el perodo Post: no puede repararse lo que ya no existe.

El proceso descripcin-teora avanza a rastras, en la oscuridad, se detiene en cada descorchado de la pared, de manera que el lector llegue a creer que ese minsculo espacio es la imagen de un pas. La extraeza que el discurso de ellos provoca en nosotros y, probablemente, el de nosotros en ellos, se debe a que estamos situados en orillas diferentes: nosotros en la orilla de la conviccin, y por qu no?, de la fe (fe en el pueblo, en su capacidad de sostener y desarrollar la Revolucin), ellos en la del descreimiento o dicho de modo ms literario y autojustificativo, en la del desencanto. En este caso, la fe ve ms; el descreimiento es ciego.

Cuando, airado, Veiga uno de sus fundadores le responde a Iroel, parte de una creencia propia que enuncia como si fuese una verdad admitida por todos (en esto se parece a Obama): Cuba, su sistema, se encuentra en crisis y es preciso construir entre todos una transicin. La palabra en s porta significados dudosos, comprometidos con la historia: bajo ese trmino, por ejemplo, Espaa y Chile dieron por finalizado el perodo de salvajismo capitalista militar y abrieron el del salvajismo capitalista democrtico, mientras que los pases de Europa de Este saltaron de un socialismo trunco a un capitalismo bananero con nieve (el nico posible para recomenzar). Y no creo que aluda al perodo de trnsito al socialismo, como alegaban los manuales.

Quizs por eso apostilla que no sera una transicin al modo oligrquico o mafioso de la Europa del Este, y entonces cabra preguntarse, pero nos conducira al mismo lugar? Dice que Iroel representa el pasado y el fracaso. La Revolucin, para estos hijos de la Revolucin, ha fracasado? Son precisiones que quedan en la sombra y que nada tienen que ver con las prevenciones de Fidel y de Ral cuyas palabras manipula Veiga una y otra vez, con gestos literarios de cuadro poltico, para vender gato por liebre, ni con la actualizacin o la reforma (no tengo reparos con el trmino, porque hacer una reforma no implica ser reformista, contra lo que s tengo reparos, por cierto), que se ha propuesto hacer ms eficiente y justo nuestro socialismo. Cambiar todo lo que deba ser cambiado jams ha significado en Fidel o en Ral, o en los revolucionarios cubanos, cambiar el socialismo por el capitalismo. Cuba Posible apuesta por, e intenta construir, la Repblica posrevolucionaria y sus fundadores se perciben como consejeros o asesores de un nuevo estamento poltico, que ya se declara lealmente opositor. Una lealtad dudosa.

Es usual en discusiones como esta que los aludidos se refugien en teoras, en citas eruditas, que mezclen lenguajes y conceptos pescados en este o en aquel libro; pero tras cada palabra, spanlo ellos o no, sean o no partcipes o usufructuarios, cobren o no, palpita un inters de clase. Como deca el filsofo argentino Arturo Andrs Roig, hay que aprender a diferenciar entre discurso y direccionalidad discursiva, entre significado y sentido.

Si la derecha venezolana utiliza el lenguaje de los revolucionarios con alusiones al pueblo, a sus derechos o necesidades, a la justicia social para derrotar a los revolucionarios, ello no implica que se ha reubicado en el centro, que aspira a dialogar con la otra parte; solo procura cambiar el color de la piel, para igualarse al contexto por el que debe inevitablemente transitar, y defender los intereses de una oligarqua que es antipopular y neocolonial. Una vez en el poder, arrasar con todo vestigio de dignidad adquirida por los Sin Nada. Ya hemos visto un adelanto en el Parlamento de aquel pas. El conflicto (el de siempre) entre los Estados Unidos y Cuba ms que terico es prctico, no surge de diferentes interpretaciones sobre los derechos humanos, es un conflicto de intereses, econmicos y geopolticos, y aquellas diferencias conceptuales justifican o defienden estos intereses opuestos, estn a su servicio. A ningn congresista estadounidense se le ocurre debatir la peculiar interpretacin de los derechos humanos en Arabia Saudita o en Israel.

Tampoco es suficiente el nacionalismo a secas (porque, en primer lugar, no existe). La Patria, la de Mart, no es la tierra que pisan nuestras plantas. Es un proyecto y una experiencia colectiva de vida. Cuando, hallndose en Guatemala despus del Pacto del Zanjn, le piden a Mart que regrese a Cuba, responde: mi Patria no est all en la isla colonizada, va conmigo. El nacionalismo burgus convive de manera armnica con el anexionismo; el imperialismo jams permitira su existencia independiente.

La Patria que construimos es inclusiva. Pero los que atentan contra la justicia social y la dignidad de los otros, los que aspiran a una riqueza que se sustenta en la pobreza de las mayoras, los que intrigan y conspiran para ser colonizados as sean fervorosos voluntarios o viles mercenarios, se autoexcluyen de la Patria. Es cierto que quienes desconfan de las capacidades de su pueblo y mitifican las del vecino, no dejan de ser cubanos. Son los reformistas de siempre, los autonomistas y anexionistas del siglo XIX, los neocolonizados del XX. Recordemos la sutil diferencia que establece Fernando Ortiz entre cubanidad y cubana: los anexados son cubanos porque no pueden eludir las formas propias (costumbres, tradiciones, etc.) de la cubanidad, pero carecen de cubana, que es la forma conciente en que se asume esa pertenencia.

III

Qu significa ser extremista?, cules son los extremos del debate nacional? Para los revolucionarios cubanos, el extremista es quien adopta de manera irreflexiva consignas y frases hechas, cuyo fondo conceptual ignora o no comprende, y es incapaz por tanto de discernir qu es esencial y qu no lo es. El extremismo conduce al dogmatismo y a la doble moral. Lenin lo sentencia de manera inequvoca en una frase que el pueblo ha hecho suya: detrs de cada extremista hay un oportunista. Pero nada tiene que ver con la visin radical que va a las races, y a la postura revolucionaria frente a la realidad. No me atrevo a definir el extremismo reaccionario, porque el capitalismo no estimula ni propicia a diferencia de la Revolucin la participacin ciudadana en la poltica real. De cualquier manera, ni el socialismo revolucionario ni el capitalismo, son los extremos en una supuesta gama de ofertas polticas. El centrismo poltico descalifica toda visin radical como extrema y no necesita buscar un equivalente en la visin conservadora. Lo que no es radical, ya no es revolucionario. El centro queda a la derecha del mapa.

Por qu Veiga y algunos de sus colaboradores respondieron con ira los sealamientos de Iroel? Con su lenguaje ambiguo y su teoricismo supuestamente centrista, Cuba Posible pretende pescar en el ro revuelto de la guerra cultural. El Rey est desnudo, ha dicho Iroel, y la ilusin ha desaparecido. Mi inters no es acusarlo de complicidades espurias: no porque sean bienvenidos en Washington y en Miami, o porque sus artculos sean reproducidos y elogiados por la derecha, la ms inteligente, vamos a sospechar de sus gestores o a descartar el anlisis de sus propuestas. Pero yo quiero felicitar a Iroel Snchez, porque nos hizo pensar, raro oficio. La Cuba real contiene, al menos, dos Cubas posibles: la neocolonial e injusta del capitalismo dependiente y la de un socialismo revolucionario, ms eficiente y democrtico, pero real, por el que no dejaremos de pelear.

Fuente: http://la-isla-desconocida.blogspot.com/2016/05/la-patria-posible.html



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